Desarrollo afectivo sexual

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Desarrollo afectivo sexual
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Cuando Freud comienza a hablar de sexualidad infantil se refiere al desarrollo afectivo-sexual, una de las teorías más controvertidas del psicoanálisis, que generó una gran revolución en el pensamiento científico de la época. En este artículo revisamos los conceptos fundamentales de esta teoría y las fases libidinales que Freud describió en el desarrollo psicosexual.

Teoría del desarrollo afectivo-sexual según el psicoanálisis

Freud maneja la idea de sexualidad no como genital sino en sentido amplio, incluyendo no solo la descarga sexual sino también los aspectos afectivo-emocionales, generando una concepción más amplia e innovadora de la vida relacional y vincular de los sujetos, que incluye además el concepto de libido. La libido es la energía sexual que se mueve en cada momento de la vida de una manera diferente.

Establece una primera tópica, la cual será modificada posteriormente por una segunda tópica. En las tópicas habla de lugares psíquicos; en la primera son: consciente, preconsciente e inconsciente, y en la segunda: ello, yo y superyó. Cabe remarcar que no hay una correspondencia lineal de una tópica a otra, sino que son dos formulaciones diferentes, elaboradas en épocas distintas de la obra freudiana, pero en ambas recae el modelo de implicación del funcionamiento psíquico de la libido movida por la pulsión.

Cuando Freud describe el concepto de pulsión lo diferencia del de instinto. La pulsión, tal como lo dice el propio Freud, cabalga entre lo biológico y lo psíquico, es decir, tiene una fuerza impulsora que tiene que ver con lo orgánico pero va más allá de eso. El instinto se reservaría fundamentalmente para las otras especies animales, pues en el ser humano, además de la necesidad biológica y fisiológica, aparece el deseo, otro registro que no puede inscribirse en el cuerpo biológico.

La diferencia entre necesidad y deseo es muy temprana. Cuando el bebé nace, lo primero que aparece es la necesidad de alimentarse, pero cuando es satisfecha esa necesidad deja las primeras huellas en la memoria, y es a lo que el individuo va a remitir sus experiencias a lo largo de toda la vida. Las primeras experiencias del bebé son de placer-displacer y cuando se satisface la necesidad empezamos a hablar de deseo.

Entonces, la pulsión, si bien tiene en su aparición un aspecto biológico, se despega de eso y apunta a lo afectivo. La fuente de la pulsión es un estado de tensión y el fin es el placer que se consigue con la descarga. Para Freud, la energía sexual recorre todas las instancias y va a ir desplegándose de un lado a otro. La pulsión es lo que mueve la libido: es un empuje, una fuerza. El lugar donde se produce una excitación es un estado de tensión, una zona erógena, la cual puede ser cualquier zona de revestimiento cutáneo o mucoso susceptible de ser excitada; es decir, cualquier parte del cuerpo puede ser una zona erógena.

Con respecto a la sexualidad infantil, Freud señala que hay ciertas zonas privilegiadas, por lo que la idea de que cualquier parte del cuerpo pueda ser una zona erógena no es tan exacta. Las zonas erógenas que se corresponden con cada momento de la sexualidad infantil se apoyan en una función fisiológica. Las zonas erógenas que predominan son tres: la boca, el ano y los genitales externos. La boca se apoya en la función fisiológica de nutrición, el ano en la excreción y defecación, y los genitales externos en la micción. Esta es la noción de apuntalamiento, es decir, que cada zona erógena se apoya en una función biológica. A su vez, cada uno de esos momentos que se dan alrededor de una zona corresponde a una fase libidinal.

Fases libidinales del desarrollo afectivo-sexual

Fase oral

Dentro del desarrollo afectivo-sexual podemos encontrar tres fases, las cuales detallaremos a continuación:

Fase oral

Se concentra todo el interés, las necesidades y deseos en la boca, los labios y la mucosa interna de la boca.

La fase oral va desde el nacimiento hasta los 18 meses. En esta fase el bebé se centra en los placeres orales, principalmente la succión. El bebé durante la etapa oral se guía por sus pulsiones e intenta satisfacer sus necesidades de cualquier manera. Para Freud, si esta fase era interrumpida de manera abrupta, por ejemplo, un destete antes de tiempo o el impedimento de explorar el mundo a través de la boca, podía generar a futuro ciertos problemas de comportamiento. El padre del psicoanálisis sugirió que si esta etapa no era completada satisfactoriamente se crearía una fijación en la misma y, con el paso de los años, el niño o adulto volvería mediante el mecanismo de defensa de regresión a estancarse en ella.

Según la teoría del desarrollo afectivo-sexual, la fijación en la etapa oral puede conducir a que en la adultez las personas presenten una mayor tendencia a fumar, beber alcohol, comer en exceso, morderse las uñas y presentar una mayor dependencia emocional.

Fase anal

La zona erógena que concita la atención es el ano y la mucosa del aparato digestivo.

La fase anal va desde los 18 meses (cuando finaliza la fase oral) hasta los tres años. En esta fase, el objetivo de placer se encuentra en el control de esfínteres. Cuando el niño logra controlar su vejiga y sus deposiciones siente que ha conseguido un gran objetivo. Esto les brinda mayor seguridad emocional e independencia.

En esta etapa del desarrollo afectivo-sexual es muy importante la intervención adecuada de los padres, ya que se deben respetar los tiempos del niño y no obligarlo ni hacerlo sentir mal cuando algo no le sale bien. Una intervención temprana puede generar en el niño presión, inseguridad y angustia por no estar capacitado para lograr ese objetivo. En ese caso se puede crear una fijación en esta fase, lo que puede resultar posteriormente en personas obsesivas, perfeccionistas o desorganizadas, inseguras emocionalmente y controladoras.

Fase fálica

Esta etapa transcurre desde los tres años hasta los seis (en algunos casos puede demorar más en comenzar). La zona de placer en esta fase se centra en los genitales. La atención está puesta en el pene en el varón y el clítoris en la mujer.

Según Freud, el niño en esta etapa del desarrollo afectivo-sexual desarrolla deseos sexuales inconscientes hacia su progenitor de sexo opuesto, a lo que él denominó “complejo de Edipo y complejo de Electra”. En ambos complejos se crea un sentimiento de atracción y amor excesivo por el progenitor de sexo opuesto y un rechazo y rivalidad por el progenitor del mismo sexo. A la par del complejo de Edipo, se produce en el niño el complejo de castración, un miedo inconsciente de que su figura paterna le quite su masculinidad con el fin de eliminar la amenaza que supone para la atención de su madre.

Para más información acerca de las fases y períodos del desarrollo afectivo-sexual te recomendamos leer nuestro artículo fases del desarrollo afectivo-sexual.

Referencias

  • Freud, S. (1905). Tres ensayos sobre teoría sexual. Obras completas, Vol. VII. Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1923). El yo y el ello. Obras completas, Vol. XIX. Amorrortu Editores.
  • Laplanche, J. y Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Paidós.
  • Bleichmar, S. (2014). Las teorías sexuales en psicoanálisis. Paidós.
  • Nasio, J.-D. (2015). El Edipo: El concepto crucial del psicoanálisis. Paidós.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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