Apego evitativo: qué lo causa y cómo se manifiesta
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La manera en que las personas nos relacionamos con los demás puede afectar profundamente al ámbito afectivo. El apego evitativo se manifiesta como una respuesta ante una infancia en la que no se creó un vínculo emocional sólido con el cuidador, marcada por actitudes de abandono o escasa atención a las necesidades del bebé o del niño.
Según la teoría del apego formulada por John Bowlby (1969), los seres humanos nacemos con un sistema de apego biológico cuya función es garantizar la proximidad con una figura protectora. Cuando este sistema se ve comprometido por la falta de respuesta emocional del cuidador, el individuo crece con una notable dificultad para entablar relaciones sociales, incluidas las de pareja. Además, le cuesta expresar sus emociones y tiende a resolver las situaciones por su propia cuenta. Y, a pesar de que se muestra como un ser independiente, puede resultarle difícil mantener relaciones saludables y afectivas con otras personas.
¿Qué es el apego evitativo?
En primer lugar, es necesario comprender qué es el apego. Este término, en el ámbito psicológico, hace referencia al vínculo afectivo que se desarrolla entre dos individuos. Afianzar dicho vínculo repercute directamente en la formación de nuestro carácter y personalidad. Y, a su vez, puede determinar la manera en que nos relacionamos con los demás.
Mary Ainsworth y sus colaboradores (1978), a través de su célebre procedimiento experimental conocido como la Situación Extraña (Strange Situation), identificaron inicialmente tres estilos de apego: seguro, ansioso-ambivalente y evitativo. Posteriormente, Main y Solomon (1986) añadieron un cuarto estilo, el desorganizado. El apego evitativo es, por tanto, uno de los cuatro estilos de apego reconocidos en la psicología del desarrollo.
En el caso del apego evitativo, hablamos del desarrollo de un patrón vincular que comienza a formarse desde las primeras etapas de vida. Suele destacar porque la persona presenta un comportamiento marcadamente independiente, demostrando no necesitar el apoyo ni la ayuda de los demás.

Un rasgo característico de las personas con este estilo de apego es que evitan desarrollar cercanía o intimidad emocional, lo cual les lleva a adoptar actitudes evitativas hacia quienes podrían considerarse figuras de apego. Además, evitan mostrar sus sentimientos, llegando a desconectar de sus propias emociones.
Su origen se encuentra en la infancia cuando, si bien el cuidador puede cubrir las necesidades básicas del bebé, a nivel emocional no muestra afecto ni disponibilidad. De esta manera, el infante tiende a presentar dificultades para expresar sus emociones, las cuales finalmente puede llegar a reprimir. Es así como desarrolla una suerte de coraza que le ayuda a protegerse del sufrimiento emocional.
A medida que llega a la adultez, el individuo puede mostrarse inseguro bajo una apariencia de autosuficiencia. Crea una fachada de seguridad ante los demás, transmitiendo que es una persona capaz de cubrir sus necesidades en su totalidad. Pero, sobre todo, demuestra no necesitar apego emocional, al considerarlo una fuente de vulnerabilidad. Bartholomew y Horowitz (1991) distinguieron dos subtipos dentro de este patrón: el estilo evitativo-dismissivo (desvalorizador), que mantiene una imagen positiva de sí mismo y negativa de los demás, y el evitativo-temeroso, que tiene una percepción negativa tanto de sí mismo como de los otros.
Características del apego evitativo
Como se ha señalado, las personas que desarrollan apego evitativo desde la infancia no muestran interés en crear vínculos afectivos con otros. Como consecuencia, evitan demostrar sentimientos como amor o cariño, además de mostrarse como personas que no sienten miedo o temor. Esto provoca que tampoco deseen recibir muestras de cariño de los demás.
Durante la infancia, aunque se mantienen cerca de su cuidador y parece existir confianza hacia este, pueden rechazar el contacto físico más allá del estrictamente necesario para cubrir sus necesidades. Una vez que llegan a la etapa adulta, pueden presentar el siguiente comportamiento:
- No son capaces de confiar en otras personas, lo que dificulta el desarrollo de relaciones sanas.
- Tienen problemas para desenvolverse en la intimidad, sobre todo a nivel sexual. Este tipo de situaciones les hace sentirse vulnerables, lo cual les lleva a evitarlas.
- Tratan de mantener el control total sobre sus emociones, hasta tal punto que les resulta difícil conectar con ellas.
- Les abruma mantener relaciones de pareja donde la otra persona busca demostrar sus sentimientos o ser cariñosa. Lo consideran empalagoso.
- Presentan dificultades para entablar relaciones con personas que han desarrollado un estilo de apego distinto.
- Evitan tanto sus propias emociones como las de los demás. Esto provoca que repriman sus sentimientos.
- Tienden a ser retraídos, siendo capaces de enfrentar cualquier situación o evento por su cuenta.
- Cuando algo les molesta, no suelen quejarse, aunque sí insinúan o expresan de alguna manera su incomodidad.
- Sienten miedo al rechazo, lo cual les lleva a no crear vínculos afectivos con nadie.
Causas del apego evitativo
Como se ha mencionado, el origen del apego evitativo se sitúa en las primeras etapas de la infancia. Es una respuesta ante la presencia de un cuidador que no muestra conexión emocional con el bebé o el niño, limitándose únicamente a cubrir sus necesidades básicas. En algunos casos, existe incluso un abandono total del infante. Además, es posible que el bebé haya llorado repetidamente sin recibir atención, lo cual le lleva a asumir que nadie se hará cargo de su bienestar emocional.
Esto afecta de forma notable a la manera en que el niño confía en los adultos y en otras personas, al sentirse abandonado y descuidado. Se crea un vínculo inseguro, restándole importancia al papel esencial que cumple el cuidador. Esta dinámica suele ser habitual con padres o madres que no se sienten cómodos con las demostraciones afectivas, lo que obliga al niño a actuar de la misma manera. Es así como el estilo de crianza suele caracterizarse por:
- Desconocer estrategias adecuadas con las cuales apoyar emocionalmente a su hijo.
- No mostrar signos de empatía o carecer de ella.
- Tener reacciones de desapego o enfado en situaciones donde el niño se muestra temeroso.
- Sentir que no pueden con la responsabilidad de ser padre o madre.
- Carecer de compromiso con la maternidad o la paternidad.
- Mostrar, a su vez, signos de apego evitativo (transmisión intergeneracional del patrón).
- Ignorar el llanto o las llamadas de atención del bebé o del niño.
- Invalidar los sentimientos del hijo, sobre todo cuando llora.

Todas estas situaciones llevan a que el niño quiera cubrir sus propias necesidades, incluida la capacidad de calmarse o regular sus emociones por sí mismo. La investigación en psicología del desarrollo ha demostrado que estos patrones de crianza generan en el niño lo que Bowlby denominó un modelo operativo interno (internal working model) en el que las figuras de apego se perciben como poco fiables o emocionalmente inaccesibles.
A su vez, el apego evitativo puede presentarse como consecuencia de las siguientes situaciones:
Situación de rechazo
El cuidador se considera la principal figura de apego de los bebés y los niños. Cuando esta persona muestra actitudes de rechazo hacia la responsabilidad de cuidar del menor, a pesar de su corta edad, el niño es capaz de percibir la situación y el comportamiento del adulto. Por lo tanto, tiende a mostrarse distante y con un comportamiento evitativo, desarrollando una coraza para protegerse del daño emocional.
Padres sobreprotectores
A diferencia del caso anterior, los cuidadores buscan cubrir cada aspecto de la vida de su hijo, llegando a coartar su independencia y su capacidad de hacerse cargo de sí mismo. Al sentirse privado de su libertad y al percibir que controlan cada aspecto de su vida, el niño busca ser evitativo como una forma de reivindicar su independencia.
Abandono o negligencia
El hecho de que un cuidador no sea capaz de atender las necesidades de un bebé lleva a que este desarrolle la capacidad de autocuidarse desde edades tempranas. Esto incluye la posibilidad de desarrollar una autorregulación emocional prematura, que en realidad supone una supresión de las emociones más que una gestión saludable de las mismas.
El apego evitativo en las relaciones de pareja
Aunque pueda sorprender, es frecuente que estas personas sean capaces de entablar relaciones de pareja, pudiendo disfrutar de la compañía del otro y pasar tiempo de calidad. Sin embargo, su conducta evitativa se manifiesta en el momento en que la relación busca avanzar hacia un nivel más íntimo.
En ese instante tienden a mostrarse distantes e incapaces de corresponder las muestras de afecto. Llegados a este punto, es posible que deseen terminar la relación para evitar que afloren los sentimientos o que se cree una conexión sentimental profunda.
Este distanciamiento puede expresarse como un disgusto hacia la pareja, llegando a mostrarse incómodos incluso con la apariencia física y el comportamiento de la otra persona. Además, tienden a centrarse en sus propias necesidades, dejando de lado las de su pareja. Y, por lo general, abandonan a esa persona para entablar una nueva relación, destacando así por mantener relaciones de corta duración y sin implicación emocional significativa.
¿Cómo tratar el apego evitativo?
Es importante saber que los estilos de apego no son inmutables. La investigación ha demostrado que, con la intervención adecuada, es posible desarrollar lo que se denomina un apego seguro ganado (earned secure attachment). El apego evitativo puede abordarse eficazmente a través de la terapia psicológica, siendo de mayor efectividad cuando se interviene durante la infancia. En esta etapa, se recomienda también que los cuidadores reciban terapia para lograr un apego efectivo y resolver cualquier situación que les lleve a adoptar actitudes de desapego.

En el caso de los adultos, es necesario que, en primer lugar, reconozcan que existe una dificultad para crear conexiones afectivas e íntimas. Al tomar conciencia de este hecho, resulta más fácil aceptar la intervención de un terapeuta para resolver los conflictos internos, lo que permite la construcción de relaciones más estrechas y sanas. Además, la terapia le permite comprender mejor las actitudes de sus cuidadores y cómo estas afectaron a su desarrollo emocional y afectivo. Entre los enfoques terapéuticos más utilizados se encuentran la terapia centrada en las emociones (EFT), la terapia de esquemas y las terapias basadas en la mentalización.
Referencias
- Ainsworth, M. D. S., Blehar, M. C., Waters, E. y Wall, S. (1978). Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Lawrence Erlbaum Associates.
- Bartholomew, K. y Horowitz, L. M. (1991). Attachment styles among young adults: A test of a four-category model. Journal of Personality and Social Psychology, 61(2), 226-244.
- Bowlby, J. (1969/1982). Attachment and Loss: Vol. 1. Attachment. Basic Books.
- Main, M. y Solomon, J. (1986). Discovery of an insecure-disorganized/disoriented attachment pattern. En T. B. Brazelton y M. W. Yogman (Eds.), Affective Development in Infancy (pp. 95-124). Ablex Publishing.
- Mikulincer, M. y Shaver, P. R. (2007). Attachment in Adulthood: Structure, Dynamics, and Change. Guilford Press.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.