¿Qué es la ataraxia y cómo identificarla?

· Actualizado: Salud mental
¿Qué es la ataraxia y cómo identificarla?
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El término ataraxia procede del griego ataraksia (ἀταραξία), que significa literalmente «ausencia de perturbación». Sin embargo, esta misma palabra se emplea hoy en dos contextos muy diferentes: como ideal filosófico de serenidad interior y como condición clínica de aplanamiento emocional. Confundir ambos significados puede llevar a malinterpretar tanto la filosofía antigua como los síntomas de un trastorno neurológico o psiquiátrico.

En este artículo distinguiremos con claridad ambas acepciones, exploraremos los síntomas de la ataraxia clínica y revisaremos las opciones de tratamiento disponibles.

La ataraxia como ideal filosófico

En la filosofía griega, la ataraxia designa un estado de ecuanimidad y tranquilidad interior que se alcanza mediante el ejercicio de la razón y la virtud. Lejos de ser una ausencia patológica de emociones, se trata de una serenidad cultivada de forma consciente. Tres grandes corrientes filosóficas situaron la ataraxia en el centro de su ética:

Epicureísmo

Para Epicuro (341-270 a. C.), el mayor bien consistía en alcanzar la ataraxia —tranquilidad del alma y ausencia de temor— junto con la aponía (ausencia de dolor corporal). El camino hacia este estado pasaba por el conocimiento de la naturaleza, la moderación de los deseos y el cultivo de la amistad. La ataraxia epicúrea no implica dejar de sentir, sino liberarse del miedo irracional —especialmente el miedo a la muerte y a los dioses— para poder disfrutar de placeres sencillos y sostenibles.

Pirronismo

Pirrón de Elis (c. 360-270 a. C.) y los escépticos posteriores entendían la ataraxia como el resultado natural de la epoché o suspensión del juicio. Al abstenerse de afirmar o negar creencias no evidentes, el escéptico se libera de la ansiedad que genera la necesidad de certezas absolutas. Para el pirronismo, la ataraxia no es un objetivo que se persiga directamente, sino una consecuencia que «sobreviene» a quien deja de dogmatizar.

Estoicismo

Los estoicos —Zenón de Citio, Epicteto, Séneca, Marco Aurelio— valoraban la ataraxia, aunque no la consideraban el fin último de la vida, que para ellos era vivir conforme a la virtud y la razón (logos). La tranquilidad del ánimo se alcanzaba distinguiendo entre lo que depende de nosotros (nuestros juicios y actitudes) y lo que no (los acontecimientos externos). El sabio estoico siente emociones, pero no se deja arrastrar por las pasiones (pathé) desordenadas.

En las tres escuelas, la ataraxia filosófica es un logro positivo: una forma de bienestar psicológico alcanzada mediante el autoconocimiento y la disciplina interior, no una carencia emocional.

La ataraxia como condición clínica

Ataraxia

En el ámbito médico y psicológico, el término ataraxia se ha utilizado para describir un estado patológico de aplanamiento emocional (emotional blunting) o apatía profunda. A diferencia del ideal filosófico, aquí no se trata de una serenidad elegida, sino de una incapacidad para experimentar emociones —tanto positivas como negativas— causada por un daño o una disfunción cerebral.

Este cuadro clínico se corresponde con lo que la neurología y la psiquiatría contemporáneas denominan apatía o embotamiento afectivo: una reducción significativa de la motivación y la reactividad emocional que no se debe a una disminución del nivel de conciencia ni a un deterioro cognitivo global.

Bases neurológicas

La apatía clínica se asocia a lesiones o disfunciones del eje córtex prefrontal-ganglios basales. En particular, la investigación neurocientífica ha identificado las siguientes estructuras implicadas:

  • Corteza orbitofrontal y prefrontal ventromedial: su afectación se relaciona con la pérdida de reactividad emocional y la dificultad para valorar las consecuencias de las propias acciones.
  • Corteza cingulada anterior: su deterioro se asocia a una reducción de la iniciativa y la conducta dirigida a metas.
  • Ínsula: su atrofia se vincula específicamente con el embotamiento emocional.

Entre las causas médicas que pueden provocar este cuadro se encuentran la esclerosis múltiple, las demencias frontotemporales, los traumatismos craneoencefálicos, los accidentes cerebrovasculares, el abuso crónico de alcohol y los efectos secundarios de determinados fármacos (antipsicóticos, algunos antidepresivos).

Síntomas de la ataraxia clínica

Cuando el aplanamiento emocional tiene origen neurológico o psiquiátrico, suele manifestarse a través de los siguientes signos:

Falta de iniciativa

Es habitual que estas personas no tomen la iniciativa ni den el primer paso en ninguna actividad. Se dejan guiar por otros sin considerar las consecuencias de sus acciones. La incapacidad para tomar decisiones está asociada a una disfunción de la corteza prefrontal. Al no experimentar emociones que orienten la conducta, desaparece la motivación para elegir y actuar.

Ausencia de emociones intensas

Síntomas de la ataraxia

La persona es incapaz de sentir emociones como respuesta a las situaciones que vive. Destaca el hecho de que no expresa sentimientos como ira, enfado, ansiedad o tristeza. De la misma manera, tampoco es capaz de experimentar alegría o entusiasmo. Ante cualquier acontecimiento se muestra tranquila y calmada, sin que nada parezca afectarle.

En general, las personas de su entorno la perciben como alguien sin sentimientos y apática. Parece no mostrar ni mantener interés por nada. Independientemente de la situación que viva, permanecerá inalterable.

Falta de empatía

Este rasgo está estrechamente vinculado a la incapacidad de sentir emociones. Como consecuencia, son personas que no comprenden los sentimientos de los demás ni pueden ponerse en su lugar. Esto les confiere una característica que puede afectar gravemente a la manera en que se relacionan con otras personas. No son capaces de sentir culpa o remordimiento, por lo que no identifican cuándo hacen daño a otros.

Si bien pueden pedir perdón cuando asimilan racionalmente que algo es incorrecto, carecen de la resonancia emocional necesaria para comprender el efecto que sus acciones tienen sobre los demás.

Al tener en cuenta esto, conviene saber que no es posible buscar apoyo emocional en ellas. La razón radica en que no son capaces de procesar las emociones ajenas, por lo que no comprenderán cuándo tu estado de ánimo es bueno o malo.

No reconocen los límites

La ausencia de emociones y sentimientos les impide reconocer si están actuando de manera correcta o no. Esto puede llevarles a sobrepasar los límites en sus interacciones con otras personas, especialmente al actuar o hablar.

Por lo general, dicen las cosas tal como las piensan sin filtro emocional. Esto puede provocar rupturas en sus relaciones, ya que resultan excesivamente directos sin medir cómo afectan sus palabras a los demás.

No sienten frustración

Ausencia de emociones

Para muchos puede parecer un efecto positivo, ya que la persona aparenta mantener el control de la situación a pesar de que haya ocurrido algo negativo. La realidad es que no posee el más mínimo sentimiento de frustración, pues desconoce este estado.

No se muestra afectada cuando no cumple sus objetivos. No existe una reacción emocional ante el fracaso, lo cual le permite continuar con su vida como si nada hubiera ocurrido. En muchos casos, esto le lleva a no volver a intentarlo porque le resulta indiferente no haberlo logrado.

Apatía

Existe una tendencia a perder el interés por todo, ya que no hay ninguna motivación ante las situaciones o eventos que ocurren. Esto también les impide disfrutar de cualquier actividad. Como consecuencia, no sienten ganas de realizar nada. Se relaciona con el hecho de que, al no existir emoción, se reduce la liberación de dopamina, lo que disminuye la sensación de placer y recompensa.

Se considera uno de los efectos más incapacitantes de la ataraxia clínica. Al no haber motivación, la persona no encuentra razón para realizar actividades cotidianas como trabajar o estudiar, lo cual puede deteriorar significativamente su calidad de vida.

La ataraxia como mecanismo psicológico de defensa

Desde la psicología, la ataraxia también puede entenderse como un mecanismo de defensa mediante el cual una persona, tras una experiencia traumática o emocionalmente abrumadora, «congela» sus sentimientos para evitar el sufrimiento. A diferencia del cuadro neurológico, aquí la causa es funcional, no estructural.

Este mecanismo permite un cierto grado de autocontrol a corto plazo, pero a largo plazo impide el procesamiento emocional saludable y puede derivar en dificultades relacionales, alexitimia o trastornos del estado de ánimo.

Tratamientos efectivos

La manera de abordar la ataraxia dependerá de su origen:

Ataraxia de origen psicológico

Cuando el aplanamiento emocional tiene su raíz en un mecanismo de defensa, el tratamiento se centra en la terapia cognitivo-conductual (TCC) y, en algunos casos, en enfoques como la terapia de aceptación y compromiso (ACT) o la terapia centrada en emociones.

En primera instancia se busca identificar la causa o el evento que desencadenó el bloqueo emocional. A partir de ahí, se traza un plan terapéutico que permita el afloramiento gradual de las emociones. A través de la terapia se proporcionan al paciente las herramientas necesarias para identificar, tolerar y regular sus emociones, mejorando así su calidad de vida y sus relaciones interpersonales.

Ataraxia de origen neurológico o psiquiátrico

Cuando la apatía se debe a una lesión cerebral o a un trastorno neurológico, es necesario tratar las causas subyacentes. Dependiendo del caso, pueden emplearse fármacos que actúen sobre la vía dopaminérgica, rehabilitación neuropsicológica y terapia ocupacional para recuperar la mayor funcionalidad posible.

En los casos en los que el embotamiento emocional sea un efecto secundario de la medicación (como ciertos antipsicóticos o inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), el profesional sanitario valorará un ajuste de dosis o un cambio de tratamiento.

Referencias

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  • Warren, J. (2009). The Cambridge Companion to Epicureanism. Cambridge University Press.
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  • «Epicurus». Stanford Encyclopedia of Philosophy. Disponible en: https://plato.stanford.edu/entries/epicurus/
  • «Pyrrho». Stanford Encyclopedia of Philosophy. Disponible en: https://plato.stanford.edu/entries/pyrrho/
  • Levy, R. y Dubois, B. (2006). Apathy and the functional anatomy of the prefrontal cortex–basal ganglia circuits. Cerebral Cortex, 16(7), 916-928.
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  • Kumfor, F. et al. (2013). Behavioural and emotional symptoms of apathy are associated with distinct patterns of brain atrophy in neurodegenerative disorders. Journal of Neurology, 260(10), 2481-2490.
  • Marin, R. S. (1991). Apathy: A neuropsychiatric syndrome. The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences, 3(3), 243-254.
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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