Alexitimia: causas, síntomas y tratamiento
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Es posible que alguna vez te hayas topado con alguien a quien le cuesta expresar sus emociones. A muchos los consideran personas poco empáticas o incluso egocéntricas. Sin embargo, puede tratarse de una condición conocida como alexitimia, la cual impide que la persona sea capaz de reconocer y gestionar sus emociones, así como las de los demás.
Aunque a grandes rasgos no pueda parecer una complicación grave, sí que puede afectar de forma significativa la calidad de vida de la persona. La mayoría tiene problemas para entablar relaciones sociales afectivas, convirtiéndose en individuos aislados. A pesar de todo esto, su organismo es capaz de sentir emociones aunque ellos no tengan conciencia de ellas.
¿Qué es la alexitimia?
La alexitimia es un constructo clínico que designa la incapacidad de una persona para reconocer y expresar sus propias emociones. Esta dificultad también puede extenderse a la comprensión del estado emocional de los demás. El término fue acuñado en 1973 por el psiquiatra Peter Sifneos y tiene origen griego: deriva de a (ausencia), lexis (lenguaje) y thymos (emociones). En este sentido, podría traducirse de forma literal como «ausencia de palabras para expresar las emociones».

De esta forma, se reconoce que si bien las personas con alexitimia no presentan ausencia de emociones y son capaces de sentirlas, tienen una dificultad que les impide identificarlas y, en consecuencia, ponerles nombre. Es así como también se observa una marcada escasez de lenguaje emocional. Como resultado, no son capaces de dar una respuesta adecuada a las emociones de otras personas ni de empatizar con los demás.
Se estima que esta condición se puede observar entre un 10 % y un 15 % de la población general, con una mayor incidencia en hombres que en mujeres. Por este motivo, se considera un trastorno con mayor prevalencia en la población masculina, que puede llegar a perturbar de manera notable la convivencia del individuo en su entorno social.
Hay que tener cuidado con no confundir la alexitimia con otras afecciones. Es frecuente su confusión con la anafectividad, en la que existe una incapacidad total para sentir emociones. Ambos cuadros difieren considerablemente, ya que en la alexitimia sí existen las emociones, aunque no se puedan identificar. Tampoco debe confundirse con la anhedonia, en la que la persona tiene dificultad para experimentar placer o satisfacción.
A pesar de que ocasiona ciertos problemas en el funcionamiento del individuo, la alexitimia no ha sido clasificada como una patología dentro del DSM-5. Aun así, figura como un síntoma asociado a ciertos desórdenes, como el trastorno de estrés postraumático o los trastornos de la conducta alimentaria.
La alexitimia no es una enfermedad
Como se ha señalado, la alexitimia no cumple los criterios para ser considerada una patología en sentido estricto. Toda persona afectada por este cuadro será capaz de sentir emociones. Sin embargo, tendrá dificultades para asociar esas reacciones con los cambios fisiológicos que se producen de forma natural en el organismo.
Es habitual que la persona presente sudoración, aumento de la frecuencia cardíaca, malestar estomacal, tensión muscular, entre otros síntomas somáticos. Los individuos con alexitimia tienden a relacionar estas manifestaciones con una enfermedad física, dado que no son capaces de identificar la emoción subyacente. Lo perciben como algo anormal o patológico.
Causas
Hasta el momento no se conocen con certeza las causas que originan la alexitimia. Muchos investigadores consideran que existen factores tanto genéticos como ambientales que pueden incidir en su desarrollo. Se contempla la posibilidad de que exista un daño o lesión a nivel de la ínsula, una estructura cerebral implicada en las habilidades sociales y el procesamiento emocional.
En este sentido, se considera que la alexitimia se ve influenciada por los siguientes factores:
Factores biológicos
Si bien ya se ha mencionado un posible déficit en la ínsula, también pueden verse implicadas otras estructuras cerebrales. Muchas de ellas desempeñan funciones asociadas a las habilidades de comunicación y el procesamiento de las emociones. Entre las principales se encuentran:
- Lóbulo frontal: esta región del cerebro se encarga de la regulación emocional, la planificación, la toma de decisiones, entre otras funciones ejecutivas.
- Amígdala: su función está centrada en el procesamiento emocional, permitiendo al individuo experimentar cada una de estas reacciones. Se la ha relacionado especialmente con el miedo y la ansiedad.
- Giro temporal superior: si bien también se encuentra vinculado a la percepción y expresión de las emociones, sus funciones abarcan el procesamiento del lenguaje verbal y no verbal.
- Córtex cingulado anterior: mantiene conexiones con la amígdala, por lo que interviene en la respuesta emocional, así como en la resolución de conflictos.
Factores genéticos
Se ha observado una alta incidencia de alexitimia en casos donde existen antecedentes familiares de este trastorno. En este sentido, se baraja la posibilidad de que se hereden variantes genéticas que aumenten el riesgo de desarrollar esta condición.

Factores ambientales
Este factor está relacionado con el entorno en el que se desarrolla o desenvuelve el individuo. Puede tener su origen durante la infancia, en situaciones de negligencia en el cuidado del menor. También existe evidencia de que puede ser producto de abusos, traumas o cuadros de estrés crónico. Igualmente, la ausencia de un apego seguro durante las primeras etapas del desarrollo se ha identificado como un factor de riesgo relevante.
Otra de las circunstancias que se contemplan es haber recibido una educación deficiente en cuanto a la responsabilidad emocional. En estos casos, la persona fue obligada a reprimir o silenciar sus emociones, lo cual puede desencadenar este cuadro a largo plazo.
Trastorno del espectro autista
El TEA abarca una gran diversidad de trastornos que afectan al desarrollo cerebral, y que pueden expresarse con dificultades en las capacidades de comunicación, lenguaje e interacción social. Incluso puede incidir sobre la percepción que se tiene del entorno. Si bien se mantienen ciertos estereotipos en torno a estas condiciones, lo que sí se sabe es que un porcentaje significativo de personas con TEA pueden presentar alexitimia comórbida. Esto genera dificultades adicionales en el manejo de las emociones, su identificación y la capacidad empática.
Afecciones relacionadas
Algunos trastornos mentales y otras patologías pueden presentar alexitimia como síntoma asociado. Sin embargo, esto no quiere decir que vaya a manifestarse en todos los pacientes. Se ha observado con mayor frecuencia en:
- Depresión.
- Esquizofrenia.
- Enfermedad de Alzheimer.
- Enfermedad de Parkinson.
- Epilepsia.
- Esclerosis múltiple.
- Accidente cerebrovascular.
- Enfermedad de Huntington.
- Distonía.
- Trastornos por consumo de sustancias.
Síntomas
A simple vista se trata de un cuadro en el que existen emociones pero se dificulta su identificación, incluidas las de otras personas. Por ello, resulta complicado para el entorno detectar los síntomas de esta afección. No obstante, se pueden observar las siguientes manifestaciones:
- Dificultad para gestionar las emociones o expresarlas, tanto las propias como las ajenas.
- Problemas para crear lazos emocionales. Tienden a mostrarse distantes y fríos.
- Evitación de situaciones con carga emocional.
- Incapacidad para establecer y mantener relaciones íntimas.
- Dificultad para comprender el componente emocional de la comunicación verbal y no verbal.
- Marcada reducción de la capacidad empática.
- Ausencia de la capacidad de toma de decisiones de forma emocional, basándose siempre en el aspecto racional. Desconocen lo que es la intuición.
- Angustia al momento de tomar decisiones personales.
- Tendencia al aislamiento social y la búsqueda de la soledad.
- Incapacidad para reconocer los cambios fisiológicos que provocan las emociones.
- Pueden presentar episodios de ira, pánico y confusión aparentemente desproporcionados.
- Rechazo al contacto afectivo en algunos casos.
- Tendencia a adoptar una postura corporal rígida y sin expresión emocional visible.
- Posibilidad de comportamiento impulsivo.
- Lenguaje neutro y monótono al expresarse, sin variaciones en el tono de voz.
- Aparentan carecer de imaginación, no suelen soñar ni fantasear. En realidad, todo apunta a una falta de interés en utilizar esta capacidad.
- Dificultad para realizar introspecciones o conectar con su mundo interior. Prefieren ocuparse de estímulos externos.
- Mayor riesgo de desarrollar disfunciones sexuales.
- Dificultad para establecer y mantener relaciones de pareja.
- Pensamiento predominantemente lógico y orientado a lo concreto.
Diagnóstico
Al no estar reconocida como entidad independiente dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), no existe una prueba diagnóstica específica para esta condición. Aun así, a pesar de no ser considerada un trastorno mental como tal, es imprescindible acudir a un profesional de la salud mental para obtener una evaluación adecuada.

Durante la consulta, el profesional indaga acerca de cada uno de los síntomas presentes. Además, se realizará una serie de preguntas que, según las respuestas del paciente, permitirán orientar el diagnóstico.
El instrumento de evaluación más utilizado a nivel internacional es la Escala de Alexitimia de Toronto (TAS-20), desarrollada por Bagby, Parker y Taylor en 1994. Se trata de un cuestionario autoadministrado de 20 ítems que evalúa tres dimensiones fundamentales: la dificultad para identificar sentimientos, la dificultad para describir sentimientos y el pensamiento orientado hacia lo externo. Una puntuación igual o superior a 61 puntos se considera indicativa de alexitimia.
Para determinar si la causa es de origen biológico, es posible que se solicite una resonancia magnética para obtener imágenes de las estructuras cerebrales. Si bien todas estas herramientas son de utilidad, el profesional de la salud puede requerir tiempo para establecer un diagnóstico certero, dado que no existe un protocolo estandarizado único para la alexitimia.
Tratamiento
Por lo general, la persona suele buscar el apoyo de un psicólogo en el momento en que los síntomas se vuelven incapacitantes. El tratamiento más recomendable es la terapia psicológica. A través de esta será posible proporcionar las herramientas necesarias y orientar al paciente, permitiendo que sea capaz de conocer más acerca de las emociones, cómo diferenciarlas y expresarlas. Dentro de esto se incluye el aprendizaje sobre los cambios fisiológicos que experimenta el cuerpo. El psicólogo será quien determine cuál es la modalidad terapéutica más adecuada para cada caso en particular.
Entre los enfoques terapéuticos con mayor evidencia para el abordaje de la alexitimia destacan:
- Terapia basada en la mentalización (MBT): desarrollada originalmente por Bateman y Fonagy, se centra en mejorar la capacidad del paciente para comprender sus propios estados mentales y los de los demás. Resulta especialmente útil, ya que la alexitimia puede entenderse como un déficit en la mentalización afectiva.
- Terapia centrada en las emociones (EFT): ayuda al paciente a acceder, procesar y transformar sus experiencias emocionales. Se trabaja de forma activa con las emociones en sesión para favorecer su identificación y regulación.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): permite identificar patrones de pensamiento y conducta que dificultan el reconocimiento emocional, ofreciendo estrategias prácticas para mejorar la conciencia emocional.
- Terapia dialéctico-conductual (TDC): incorpora técnicas de mindfulness y regulación emocional que pueden resultar beneficiosas para personas con alexitimia, especialmente cuando coexiste con trastornos de la personalidad.
Es posible que sea necesaria la asistencia de un psiquiatra en los casos en que se requiera prescribir medicación, como en pacientes con depresión o esquizofrenia. El tratamiento farmacológico podría mejorar los síntomas asociados y servir de apoyo al proceso terapéutico.
Referencias
- Sifneos, P. E. (1973). The prevalence of “alexithymic” characteristics in psychosomatic patients. Psychotherapy and Psychosomatics, 22(2-6), 255-262. https://doi.org/10.1159/000286529
- Bagby, R. M., Parker, J. D. A. y Taylor, G. J. (1994). The twenty-item Toronto Alexithymia Scale-I. Item selection and cross-validation of the factor structure. Journal of Psychosomatic Research, 38(1), 23-32. https://doi.org/10.1016/0022-3999(94)90005-1
- Taylor, G. J., Bagby, R. M. y Parker, J. D. A. (1994). The twenty-item Toronto Alexithymia Scale-II. Convergent, discriminant, and concurrent validity. Journal of Psychosomatic Research, 38(1), 33-40. https://doi.org/10.1016/0022-3999(94)90006-X
- Samur, D., Tops, M., Schlinkert, C., Quirin, M., Cuijpers, P. y Koole, S. L. (2013). Four decades of research on alexithymia: Moving toward clinical applications. Frontiers in Psychology, 4, 861. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00861
- Pinna, F., Sanna, L., Ferrannini, A., Moro, M. F., Mura, T. y Ruggiero, S. (2020). The impact of alexithymia on treatment response in psychiatric disorders: A systematic review. Frontiers in Psychiatry, 11, 311. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2020.00311

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.