Trastornos alimentarios: anorexia y bulimia

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Trastornos alimentarios: anorexia y bulimia
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Falta de apetito, impulsos de comer en exceso y purgarse después, preocupación desmedida por la imagen corporal, dolores abdominales intensos, ansiedad, alteraciones hormonales, fatiga, mareos y cefaleas recurrentes: estos son algunos de los síntomas que pueden indicar la presencia de un trastorno de la conducta alimentaria (TCA).

¿Qué son los trastornos de la conducta alimentaria?

Los trastornos de la conducta alimentaria son psicopatologías que afectan al individuo tanto en su salud mental como física. Se manifiestan a través de una preocupación persistente por la imagen corporal, el peso y la alimentación, y se acompañan de conductas alimentarias gravemente alteradas. Pueden afectar a personas de todas las edades, sexos, etnias y niveles socioeconómicos.

El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición) clasifica los principales trastornos alimentarios en: anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón. Este último, reconocido como diagnóstico independiente desde 2013, se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta compulsiva sin conductas compensatorias (como el vómito o el uso de laxantes), y constituye el TCA más prevalente en la población adulta.

Si bien los trastornos alimentarios son complejos y multifactoriales, muchos comienzan con una pérdida o aumento de peso significativos, ya sea accidental o deliberado, que puede desencadenar conductas poco saludables para controlar el peso corporal.

Causas de los trastornos alimentarios

No se ha identificado una causa única que explique el desarrollo de los trastornos alimentarios. La evidencia científica actual indica que son el resultado de la interacción de múltiples factores biológicos, psicológicos y socioculturales, entre los que se incluyen: predisposición genética, experiencias traumáticas, presión social y escolar, discriminación, antecedentes familiares de trastornos alimentarios y rasgos de personalidad como el perfeccionismo.

Aunque los trastornos alimentarios pueden aparecer a cualquier edad, la adolescencia representa un período de especial vulnerabilidad. Los cambios físicos, emocionales y sociales propios de esta etapa, sumados a la presión del entorno, incrementan el riesgo de desarrollar estas patologías.

El acoso escolar constituye uno de los factores de riesgo más documentados. Los adolescentes que han sufrido discriminación o acoso desde la infancia presentan una mayor probabilidad de desarrollar trastornos alimentarios como la anorexia o la bulimia nerviosa. Estos trastornos también pueden presentarse en entornos familiares con altos niveles de exigencia y perfeccionismo, donde la apariencia física recibe una atención desproporcionada.

Se ha documentado igualmente que las personas que han sido víctimas de abuso o han vivido experiencias traumáticas son más propensas a desarrollar trastornos alimentarios. En algunos casos, la restricción alimentaria o las conductas purgativas pueden funcionar inconscientemente como una forma de ejercer control sobre el propio cuerpo ante situaciones que generaron indefensión.

Causas de los trastornos alimenticios

Los trastornos alimentarios en la adolescencia

La adolescencia es un período de cambios intensos a nivel físico, hormonal, emocional y social que puede generar una gran cantidad de estrés, confusión y ansiedad. La transformación corporal que tiene lugar durante esta etapa suele acompañarse de sentimientos de autoconciencia, baja autoestima y comparación constante con los iguales.

Esta etapa resulta particularmente desafiante para quienes presentan vulnerabilidad a los trastornos alimentarios. Las preocupaciones por la imagen corporal se intensifican y, cuando se combinan con la presión de los compañeros, la discriminación o la falta de redes de apoyo, pueden constituir factores de riesgo significativos para el desarrollo de un TCA.

Bulimia y anorexia

La bulimia y la anorexia nerviosa son trastornos graves de la conducta alimentaria, potencialmente mortales si no reciben tratamiento adecuado. Las primeras señales de alarma suelen aparecer en adolescentes de entre 15 y 17 años. Es frecuente que un cuadro que comenzó como anorexia en esa franja de edad evolucione hacia bulimia a los 18 o 20 años, especialmente cuando la persona comienza a tomar conciencia de la enfermedad.

La diferencia entre una persona que cuida su alimentación de forma saludable y una persona con un TCA radica, entre otros aspectos, en el grado de preocupación y el tiempo que dedica diariamente al control del peso y la ingesta. Tanto las personas con bulimia como con anorexia tienden a desarrollar una preocupación obsesiva por su peso: su vida gira en torno a lo que han comido, el ejercicio realizado, las fluctuaciones de peso y la ropa que les queda. Esta preocupación puede alcanzar tal intensidad que llegan a desarrollar conductas ritualizadas y un lenguaje propio relacionado con la comida y el cuerpo que solo ellas comprenden.

Un fenómeno clínico frecuente en los TCA es la comprobación corporal (body checking): la persona dedica un tiempo excesivo a examinar y comparar su cuerpo con el de otras personas, a calcular visualmente el peso ajeno y a buscar confirmación de su propia percepción corporal distorsionada. Esta conducta refleja la insatisfacción corporal y la distorsión de la imagen propia, y no guarda relación con la orientación sexual de la persona.

La vida de quien padece un TCA gira en torno a la enfermedad. Las estrategias que desarrolla para controlar su peso o aliviar su malestar, lejos de proporcionar alivio, terminan reforzando la obsesión y perpetuando el trastorno.

Síntomas generales

  • Evitan situaciones sociales que impliquen comer en presencia de otras personas
  • Realizan varias horas diarias de ejercicio físico de forma compulsiva
  • Restringen la ingesta en público (en el caso de las personas con bulimia, pueden darse episodios de ingesta compulsiva nocturna, consumiendo grandes cantidades de alimentos de la nevera o la despensa)
  • Utilizan diuréticos, laxantes u otros métodos purgativos para eliminar lo ingerido
  • Se examinan repetidamente ante espejos o superficies reflectantes sin lograr una percepción realista de su cuerpo
  • Desarrollan estrategias posturales para disimular partes del cuerpo que perciben como defectuosas
  • Desarrollan mecanismos para facilitar el vómito autoinducido
  • Presentan una distorsión significativa de la imagen corporal
  • Suelen tener una baja autoestima marcada
  • Experimentan un conflicto interno persistente, con temor intenso al aumento de peso
  • Pueden recurrir a conductas autolesivas ante la angustia o situaciones estresantes
  • Frecuentemente presentan comorbilidad con cuadros depresivos
  • Manifiestan fatiga física y emocional
  • Son personas inseguras de sí mismas
  • Tienen escasa autoconfianza
  • Presentan rasgos obsesivos
  • Tienden al perfeccionismo y al pesimismo
  • Manifiestan estados emocionales compulsivos: ira, ansiedad, irritabilidad
  • Frecuentemente presentan cambios de humor y pueden sufrir ataques de pánico

Las personas con anorexia y bulimia tienden a ocultar sus conductas alimentarias. Con frecuencia inventan excusas para no sentarse a la mesa y evitar comer delante de los demás, lo que contribuye al aislamiento social progresivo.

Anorexia nerviosa

Anorexia nerviosa

Etimológicamente, anorexia significa “falta de apetito”. Sin embargo, clínicamente las personas que padecen este trastorno no pierden el deseo de comer, sino que ejercen un control extremo sobre su ingesta alimentaria.

El DSM-5 distingue dos subtipos de anorexia nerviosa:

  • Tipo restrictivo: la pérdida de peso se consigue mediante la restricción calórica severa, el ayuno prolongado o el ejercicio excesivo, sin conductas purgativas.
  • Tipo con atracones/purgas: la persona recurre regularmente a atracones, vómitos autoinducidos, laxantes o diuréticos.

La personalidad de las personas con anorexia presenta rasgos característicos que se repiten con frecuencia en la práctica clínica. Suelen ser personas con una disciplina rígida, exigentes y estrictas en todos los ámbitos de su vida. Para alcanzar el peso deseado, desarrollan conductas restrictivas: ayunos prolongados, ejercicio físico excesivo y, en el subtipo purgativo, vómitos autoinducidos o uso de laxantes y diuréticos.

En muchos casos, la anorexia cursa sin conciencia de enfermedad. Las personas afectadas no reconocen la gravedad de su estado. Un signo clínico relevante en mujeres es la amenorrea (ausencia de menstruación). Padecer anorexia no implica ausencia de hambre: la persona siente hambre, pero se niega a comer. El estado nutricional se deteriora progresivamente, con un índice de masa corporal significativamente inferior al normal. A nivel físico, pueden aparecer alteraciones dermatológicas (lanugo, piel seca), caída del cabello y fragilidad ungueal.

Epidemiológicamente, la bulimia nerviosa es más prevalente que la anorexia: se estima una proporción aproximada de tres casos de bulimia por cada caso de anorexia.

Bulimia nerviosa

La presentación clínica de la bulimia difiere considerablemente de la anorexia. La persona con bulimia suele experimentar una culpa persistente por lo que come y por las conductas compensatorias que emplea. Puede pasar varias horas sin comer para después ingerir grandes cantidades de alimentos de forma compulsiva, generalmente a solas. A diferencia de la anorexia, en la mayoría de los casos las personas con bulimia son conscientes de padecer una enfermedad. Su peso suele mantenerse dentro de un rango normal, aunque con fluctuaciones frecuentes.

Estas personas presentan una distorsión significativa de la imagen corporal: al mirarse al espejo se perciben con un tamaño mayor al real. Esta alteración perceptiva puede manifestarse incluso en la estimación del espacio que necesitan para moverse. Son capaces de recurrir a cualquier método para que los alimentos ingeridos no afecten a su peso.

Un porcentaje elevado de los casos de bulimia cursan con comorbilidad depresiva. Además, son frecuentes los cambios de humor marcados. La culpa y la vergüenza contribuyen al aislamiento social progresivo.

A nivel físico, las personas con bulimia suelen presentar hipertrofia de las glándulas parótidas, erosiones en los nudillos de las manos (signo de Russell, producido por el vómito autoinducido), erosión del esmalte dental con caries frecuentes (pudiendo llegar a la pérdida de piezas dentales), debilitamiento del cabello y polidipsia (ingesta excesiva de agua).

A diferencia de las personas con anorexia, las personas con bulimia no pierden peso por restricción alimentaria. El ciclo característico consiste en: restricción, seguida de un episodio de atracón (ingesta compulsiva de grandes cantidades de alimento en un período corto), purga (vómito autoinducido, laxantes o ejercicio excesivo), culpa intensa y vuelta a la restricción. Este ciclo genera un sufrimiento psicológico considerable y tiende a perpetuarse.

Trastorno por atracón

El trastorno por atracón, reconocido como entidad diagnóstica independiente en el DSM-5, se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta compulsiva de grandes cantidades de alimento en un período breve, acompañados de una sensación de pérdida de control. A diferencia de la bulimia, no se acompañan de conductas compensatorias (vómitos, laxantes, ejercicio excesivo).

Las personas con este trastorno suelen experimentar un malestar intenso tras los episodios de atracón, con sentimientos de culpa, vergüenza y disgusto consigo mismas. Es el trastorno alimentario más frecuente y está asociado a comorbilidades como la obesidad, la diabetes tipo 2, la depresión y los trastornos de ansiedad.

¿Cómo tratar la anorexia y la bulimia?

El tratamiento de los trastornos alimentarios requiere un enfoque multidisciplinar que incluya profesionales de la psiquiatría, la psicología clínica, la medicina interna y la nutrición. Este enfoque debe integrar: evaluación médica integral, psicoterapia individual y familiar, rehabilitación nutricional destinada a restaurar un estado nutricional saludable y modificar los patrones alimentarios disfuncionales.

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es el abordaje psicoterapéutico con mayor evidencia científica para el tratamiento de la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. Este tipo de psicoterapia ayuda a las personas afectadas a identificar y modificar los pensamientos distorsionados sobre la alimentación, el peso y la imagen corporal, y a desarrollar estrategias de afrontamiento más adaptativas. Para la anorexia nerviosa, especialmente en adolescentes, el tratamiento basado en la familia (modelo Maudsley) ha demostrado también una eficacia significativa.

El tratamiento debe basarse siempre en una evaluación integral del individuo y su entorno familiar, adaptándose a las necesidades específicas de cada caso.

Importante: Si sospechamos que alguien de nuestro entorno padece un trastorno alimentario, es fundamental facilitar que reciba ayuda profesional. En caso de que la persona niegue su padecimiento o se resista a buscar ayuda, debemos contactar con un profesional especializado que pueda orientarnos sobre cómo actuar.

Si tú o alguien cercano está pasando por una crisis relacionada con un trastorno alimentario, puedes llamar al teléfono de atención a la conducta suicida: 024 (disponible las 24 horas en toda España). También puedes contactar con la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB): 900 102 021.

Referencias

  1. American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing.
  2. National Institute for Health and Care Excellence (NICE). (2017). Eating disorders: recognition and treatment (NICE guideline NG69). Recuperado de https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
  3. Treasure, J., Duarte, T. A., & Schmidt, U. (2020). Eating disorders. The Lancet, 395(10227), 899-911.
  4. Academy for Eating Disorders (AED). (2016). Eating Disorders: A Guide to Medical Care (3rd ed.). Reston, VA: AED.
  5. Fairburn, C. G. (2008). Cognitive Behavior Therapy and Eating Disorders. New York: Guilford Press.
  6. Lock, J., & Le Grange, D. (2013). Treatment Manual for Anorexia Nervosa: A Family-Based Approach (2nd ed.). New York: Guilford Press.
  7. Ministerio de Sanidad de España. (2009). Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. Madrid: Ministerio de Sanidad y Política Social.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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