Helicobacter pylori: síntomas, contagio, diagnóstico y tratamiento

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Helicobacter pylori: síntomas, contagio, diagnóstico y tratamiento
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El Helicobacter pylori es una de las bacterias que más personas alberga en el mundo: se calcula que infecta a la mitad de la población mundial y, en España, a alrededor de un 50-60 % de los adultos. La mayoría convive con ella sin enterarse, pero en una parte de los casos es la responsable de gastritis crónica, úlceras de estómago y duodeno e, incluso, de un mayor riesgo de cáncer gástrico.

En este artículo repasamos en profundidad qué es el Helicobacter pylori, qué síntomas produce, cómo se contagia, qué pruebas se usan para detectarlo y cuál es el tratamiento actual para erradicarlo, según las últimas recomendaciones de consenso.

¿Qué es el Helicobacter pylori?

El Helicobacter pylori (a menudo abreviado como H. pylori) es una bacteria con forma de espiral que vive en el revestimiento del estómago y de la primera parte del intestino delgado (el duodeno). Fue descrito en 1982 por los investigadores australianos Barry Marshall y Robin Warren, un hallazgo que revolucionó la gastroenterología y les valió el Premio Nobel de Medicina en 2005. Hasta entonces se creía que ninguna bacteria podía sobrevivir en el ambiente extremadamente ácido del estómago.

Y es que la gran particularidad de esta bacteria es precisamente esa: su capacidad para sobrevivir en el ácido gástrico. Lo consigue gracias a varias adaptaciones:

  • Produce una enzima llamada ureasa, que transforma la urea en amoniaco y crea a su alrededor una pequeña “nube” que neutraliza el ácido.
  • Su forma de espiral y sus flagelos le permiten “atornillarse” y refugiarse bajo la capa de moco que protege la pared del estómago, donde la acidez es menor.
  • Se adhiere con firmeza a las células de la mucosa gástrica, protegiéndose de ser arrastrada.

Una vez instalada, la bacteria irrita de forma continuada la mucosa y provoca una inflamación crónica (gastritis). En muchas personas esta inflamación no da la cara, pero en otras acaba dañando la pared del estómago y desencadenando problemas.

Mujer sentada en un sofá con las manos sobre el abdomen por dolor de estómago

Síntomas del Helicobacter pylori

Conviene dejar claro un punto importante: la mayoría de las personas infectadas no tienen ningún síntoma y nunca desarrollarán una enfermedad por causa de la bacteria. Se estima que solo entre un 10 y un 20 % de los infectados llegará a presentar problemas relevantes.

Cuando sí aparecen síntomas, suelen estar relacionados con la irritación del estómago (gastritis) o con la aparición de una úlcera, e incluyen:

  • Dolor o ardor en la parte alta del abdomen (la llamada “boca del estómago” o epigastrio), que puede empeorar con el estómago vacío.
  • Sensación de plenitud o hinchazón después de comer, aunque se coma poco.
  • Náuseas y, en ocasiones, vómitos.
  • Ardor de estómago y acidez.
  • Eructos frecuentes.
  • Pérdida de apetito y, en casos más marcados, pérdida de peso involuntaria.
  • Digestiones pesadas (dispepsia).

En algunos casos, la infección se manifiesta también con una anemia por déficit de hierro que no se explica por otra causa, o con un déficit de vitamina B12, ya que la bacteria puede interferir en su absorción.

Síntomas de alarma: cuándo acudir al médico sin demora

Hay una serie de señales que obligan a consultar cuanto antes, porque pueden indicar una complicación como una úlcera sangrante:

  • Vómitos con sangre o con aspecto de “posos de café”.
  • Heces negras, pegajosas y de olor muy fuerte (melenas), señal de sangrado digestivo.
  • Dolor abdominal intenso y persistente.
  • Dificultad para tragar.
  • Anemia, cansancio extremo o palidez.
  • Pérdida de peso sin motivo aparente.

Ante cualquiera de estos signos hay que acudir al médico —o a urgencias— sin esperar.

¿Cómo se contagia el Helicobacter pylori?

La bacteria se transmite de persona a persona, aunque las vías exactas todavía no se conocen con total precisión. La infección suele adquirirse en la infancia, y las principales vías de contagio propuestas son:

  • Vía oral-oral: a través de la saliva, por ejemplo al compartir cubiertos, vasos o cepillos de dientes, o mediante besos. Es la razón por la que a menudo se dan varios casos dentro de una misma familia.
  • Vía fecal-oral: por el consumo de agua o alimentos contaminados con restos fecales, algo más frecuente en zonas con condiciones higiénico-sanitarias deficientes.

Los principales factores de riesgo para adquirir la infección son vivir en condiciones de hacinamiento, no disponer de agua potable segura, convivir con personas ya infectadas y residir en países en vías de desarrollo, donde la prevalencia es mucho mayor.

Que la infección tienda a “correr en familias” no significa que sea hereditaria: no se hereda a través de los genes, sino por la convivencia estrecha y los hábitos compartidos.

Enfermedades asociadas al Helicobacter pylori

La infección crónica por H. pylori está detrás de varias enfermedades digestivas de importancia:

Gastritis crónica

Es la consecuencia más habitual. La bacteria mantiene una inflamación permanente de la mucosa del estómago que, con los años, puede ir dañándola. Muchas gastritis crónicas tienen su origen en esta infección.

Úlcera péptica

El H. pylori es la causa más frecuente de úlcera péptica, por delante del uso de antiinflamatorios. Se calcula que está implicado en la mayoría de las úlceras gástricas y en la gran mayoría de las úlceras duodenales. Al debilitar la barrera de moco que protege la pared, el ácido acaba erosionando el tejido y formando una llaga.

Cáncer de estómago

Este es el motivo por el que se toma tan en serio la infección. La Organización Mundial de la Salud clasifica el H. pylori como carcinógeno de tipo 1 (es decir, cancerígeno probado para el ser humano). La inflamación mantenida durante décadas puede favorecer cambios en la mucosa que, en una minoría de personas, deriven en un cáncer de estómago o en un tipo de linfoma llamado linfoma MALT.

Conviene poner esto en perspectiva para no alarmar: aunque el riesgo relativo aumenta, la inmensa mayoría de las personas infectadas nunca desarrollará un cáncer. Aun así, erradicar la bacteria es hoy la principal estrategia para reducir ese riesgo.

Manos de una persona sujetándose el abdomen por molestias digestivas

Diagnóstico: pruebas para detectar el Helicobacter pylori

Existen varios métodos para detectar la bacteria, que se dividen en no invasivos (sin necesidad de gastroscopia) e invasivos (que requieren tomar una muestra de la mucosa mediante endoscopia).

Pruebas no invasivas

  • Test del aliento con urea marcada: se considera la prueba más precisa para detectar la infección activa y también para comprobar que se ha erradicado tras el tratamiento. El paciente ingiere una solución con urea marcada y, si la bacteria está presente, su ureasa la descompone y se detecta en el aire espirado. Es sencilla, rápida y no dolorosa.
  • Test de antígeno en heces: detecta proteínas de la bacteria en una muestra de heces. Es una técnica fiable, comparable al test del aliento, tanto para el diagnóstico inicial como para confirmar la erradicación.
  • Análisis de sangre (serología): detecta anticuerpos frente a la bacteria. Tiene una limitación importante: indica que ha habido contacto con el H. pylori, pero no distingue si la infección es actual o ya pasada, por lo que no sirve para comprobar la curación.

Pruebas invasivas

  • Gastroscopia con biopsia: mediante una endoscopia digestiva alta se introduce una sonda flexible con una cámara y se toman pequeñas muestras de la mucosa. Sobre ellas se puede hacer un test rápido de ureasa, un estudio al microscopio o un cultivo. Está indicada sobre todo cuando hay síntomas de alarma, en mayores de cierta edad o cuando se quiere estudiar directamente el estado del estómago.

Importante para que la prueba sea fiable: tanto el test del aliento como el de antígeno en heces pueden dar falsos negativos si se han tomado recientemente ciertos medicamentos. Por eso se recomienda suspender los inhibidores de la bomba de protones (como el omeprazol) unas 2 semanas antes, y los antibióticos y sales de bismuto al menos 4 semanas antes. Sigue siempre las indicaciones de tu médico sobre cómo prepararte.

Profesional sanitario revisando un informe médico con una paciente en la consulta

Tratamiento del Helicobacter pylori

El tratamiento del H. pylori consiste en combinar varios antibióticos con un fármaco que reduce la producción de ácido (un inhibidor de la bomba de protones o IBP), durante un periodo de entre 10 y 14 días. El objetivo es la erradicación: eliminar por completo la bacteria.

Por qué ya no se usa el tratamiento “clásico”

Durante años, el tratamiento estándar fue la llamada terapia triple (un IBP + dos antibióticos, habitualmente claritromicina y amoxicilina). El problema es que la bacteria se ha vuelto cada vez más resistente a la claritromicina: en España las tasas de resistencia rondan el 14-18 %, de las más altas de Europa. Por eso, las guías actuales desaconsejan la terapia triple clásica cuando la resistencia local supera el 15 %.

Tratamiento de primera línea actual

Siguiendo las recomendaciones de la V Conferencia Española de Consenso, hoy se emplean pautas cuádruples (cuatro fármacos), preferiblemente durante 14 días:

  • Terapia cuádruple concomitante (sin bismuto): IBP + claritromicina + amoxicilina + metronidazol.
  • Terapia cuádruple con bismuto: IBP + sales de bismuto + tetraciclina + metronidazol. Existe una presentación que combina tres de estos componentes en una sola cápsula para facilitar el cumplimiento.

En personas alérgicas a la penicilina, el tratamiento de elección es la terapia cuádruple con bismuto, ya que no incluye amoxicilina.

Claves para que el tratamiento funcione

El éxito depende en gran medida del paciente. Estas pautas son fundamentales:

  • Completa todo el tratamiento, incluso si te sientes mejor a los pocos días. Dejarlo antes de tiempo es la principal causa de que la bacteria sobreviva y se vuelva resistente.
  • Respeta los horarios y las dosis de cada fármaco.
  • Ten paciencia con los efectos secundarios: son frecuentes las molestias digestivas, el sabor metálico en la boca (por la claritromicina o el metronidazol) o el ennegrecimiento de las heces y la lengua (por el bismuto, algo normal e inofensivo).
  • No consumas alcohol si tu pauta incluye metronidazol, porque la combinación puede provocar una reacción muy desagradable (náuseas, vómitos, enrojecimiento).

Comprimidos blancos saliendo de un bote de medicamento sobre una superficie de color

Comprobar que la bacteria se ha eliminado

Terminado el tratamiento, es imprescindible confirmar que la erradicación ha sido efectiva, sobre todo si había úlcera. Para ello se repite un test del aliento o de antígeno en heces, al menos 4 semanas después de haber acabado los antibióticos (y con el IBP suspendido los días previos). Si la bacteria persiste, el médico indicará una pauta de rescate distinta, con otra combinación de antibióticos.

Dieta y recomendaciones durante la infección

No existe una “dieta” que cure el Helicobacter pylori —para eso hacen falta los antibióticos—, pero sí algunas medidas que ayudan a calmar los síntomas y a cuidar el estómago mientras dura el proceso:

  • Come poca cantidad y más veces al día, evitando las comidas copiosas.
  • Reduce los irritantes gástricos: picantes, fritos, cafeína, bebidas con gas, cítricos en exceso y comidas muy grasas.
  • Evita el alcohol y el tabaco, que irritan la mucosa y dificultan la cicatrización.
  • Se investiga el papel de algunos alimentos que podrían ayudar a controlar la bacteria, como el brócoli (por su contenido en sulforafano) o los probióticos, que podrían mejorar la tolerancia al tratamiento y reducir sus efectos secundarios, aunque no sustituyen a los antibióticos.

Piensa en la dieta como un apoyo para encontrarte mejor, nunca como un tratamiento alternativo.

Preguntas frecuentes sobre el Helicobacter pylori

¿El Helicobacter pylori se cura del todo? Sí. Con el tratamiento antibiótico adecuado, la bacteria se erradica en la gran mayoría de los casos. Es fundamental completar la pauta y confirmar después, con una prueba, que ha desaparecido.

¿Se puede volver a contraer tras haberlo eliminado? La reinfección en adultos es poco frecuente en países desarrollados (en torno al 1-2 % anual). La mayoría de las veces que “reaparece” se debe en realidad a que la primera erradicación no fue completa.

¿Es contagioso? ¿Debe tratarse toda la familia? Puede transmitirse por convivencia estrecha. No se recomienda tratar a toda la familia de forma rutinaria, pero sí puede plantearse estudiar a los convivientes con síntomas o cuando hay antecedentes familiares de cáncer de estómago. Consúltalo con tu médico.

¿Hay que tratar siempre la infección aunque no dé síntomas? No siempre. La decisión depende de cada caso: se trata cuando hay úlcera, ciertas gastritis, antecedentes familiares de cáncer gástrico u otras indicaciones concretas. En personas sin síntomas, será el médico quien valore si conviene erradicarla.

¿El estrés causa Helicobacter pylori? No. La infección la produce la bacteria, no el estrés ni la alimentación. Ahora bien, el estrés y la dieta sí pueden empeorar los síntomas de una gastritis ya existente.


El Helicobacter pylori es una infección extraordinariamente común y, en la mayoría de las personas, inofensiva. El problema surge en esa minoría en la que provoca úlceras, gastritis crónica o, a largo plazo, un mayor riesgo de cáncer de estómago. La buena noticia es que se diagnostica con pruebas sencillas y se cura con un tratamiento antibiótico bien pautado.

Si tienes molestias digestivas persistentes —ardor, dolor en la boca del estómago, digestiones pesadas— no te automediques: acude a tu médico para que valore si conviene descartar esta infección y, en su caso, indique el tratamiento adecuado.

Este artículo tiene una finalidad informativa y no sustituye el consejo de un médico. Ante síntomas digestivos persistentes o de alarma, consulta siempre con un profesional sanitario.

Marta Vicente

Escrito por

Marta Vicente

Redactora

Redactora especializada en salud y nutrición en eSalud.

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