Teoría del apego
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es el apego?
- 2.Teoría del apego de Bowlby
- Los estudios de Bowlby y Robertson
- Postulados fundamentales de Bowlby
- 3.Etapas del apego
- Pre-apego (0-3 meses)
- Formación del apego (3-7 meses)
- Verdadero apego (7-11 meses)
- Formación de relaciones recíprocas (desde los 18 meses)
- 4.Contribución de Mary Ainsworth: la situación extraña
- 5.Ansiedades del proceso de apego
- Ansiedad por separación
- Ansiedad ante extraños o por falta de la figura de apego
- 6.El modelo de trabajo interno y la figura de apego
- 7.Tipos de apego
- Apego seguro
- Apego ambivalente (ansioso-resistente)
- Apego inseguro (evitativo)
- Apego desorganizado (desorientado)
- 8.El apego en la vida adulta
- 9.Cuándo buscar ayuda profesional
- 10.Preguntas frecuentes
- ¿La madre es siempre la figura de apego principal?
- ¿Se puede cambiar el estilo de apego?
- ¿El apego seguro garantiza una salud mental óptima?
- ¿Cómo puedo fomentar un apego seguro con mi hijo?
- 11.Referencias
Antiguamente, los niños eran concebidos como la versión pequeña de los adultos. La psicología infantil, una de las ramas más estudiadas de la psicología, se especializó en la mente infantil, en el estudio de los procesos psicológicos de los niños y, específicamente, en descubrir cómo estos procesos determinan su comportamiento y difieren del de los adultos. Esta rama de la psicología comprende desde el desarrollo prenatal hasta la adolescencia.
Freud afirmó en su momento que todo comportamiento del individuo adulto se remonta a su infancia; sobre todo a los primeros años de vida, donde el niño comienza a descubrir el mundo en el que habita. El apego es un pilar fundamental en el desarrollo de la personalidad; de este dependen los tipos de relaciones que se formarán a futuro. A continuación profundizaremos acerca de este proceso, sus etapas, los tipos de apego y sus implicaciones a lo largo de toda la vida.
¿Qué es el apego?
El apego puede definirse como el vínculo afectivo intenso, duradero y recíproco que se establece entre un niño y su cuidador principal. Este vínculo tiene una función adaptativa esencial: garantizar la supervivencia del bebé, que nace completamente dependiente y necesita la protección y el cuidado de un adulto para sobrevivir.
Desde una perspectiva evolutiva, las conductas de apego (llanto, sonrisa, seguimiento visual, aferrarse) actúan como señales que mantienen la proximidad con el cuidador, asegurando la protección frente a depredadores y amenazas del entorno. Esta función biológica explica por qué el apego se observa de forma universal en todas las culturas humanas.
Teoría del apego de Bowlby
La teoría del apego fue desarrollada por el psicólogo y psiquiatra británico John Bowlby (1907-1990). La misma se centra en las relaciones y vínculos entre las personas, particularmente en las relaciones duraderas, en las que se pueden incluir las relaciones entre padres e hijos, entre hermanos, amigos o entre parejas amorosas.
El vínculo emocional intenso, profundo y duradero que caracteriza al apego conecta a una persona con otra a través del tiempo y el espacio. Este vínculo no tiene por qué ser recíproco, pues un individuo puede tener apego hacia otro que no lo comparte.
Bowlby describió el apego como una conexión psicológica perdurable entre los seres humanos, y afirmó que los primeros vínculos que tienen los niños con sus cuidadores presentan un tremendo impacto que puede continuar incluso en la edad adulta.
El autor de esta teoría comenzó a investigar acerca de este proceso luego de que en 1930 realizara su trabajo como psiquiatra infantil en una Clínica de Orientación Infantil en Londres. En varias terapias trató con niños emocionalmente perturbados y con sus padres, quienes trasladaban ciertas inquietudes acerca del comportamiento estrecho y dependiente que presentaban sus hijos a cierta edad. Estas inquietudes fueron transferidas al psicoanalista, quien se interesó por comprender la ansiedad y la angustia de separación que experimentan los niños cuando se los separaba de sus padres o cuidadores principales.
Una de las primeras teorías del comportamiento infantil sugería que el apego era simplemente un comportamiento aprendido por el niño. Se propuso que este era simplemente el resultado de la relación de alimentación entre el niño y su cuidador. A causa de que el cuidador alimenta al niño y proporciona el alimento, el niño se apega.
Los estudios de Bowlby y Robertson
En 1952, Bowlby junto con la colaboración del trabajador social James Robertson, observaron y estudiaron los efectos en los niños menores de tres años que habían sido separados de su madre (cuidador principal). En los años 50, las hospitalizaciones prolongadas y los padres excluidos eran rutinarios, a pesar de que era de conocimiento común en la comunidad que los niños habían «cambiado para peor».
Bowlby y Robertson descubrieron que al ser alimentados por otras personas, la ansiedad y angustia que experimentaban los niños al estar separados de sus padres o cuidadores principales aún no cesaba. Por el contrario, notaron que el apego mostraba ciertos patrones específicos de conducta y motivación; por tanto, Bowlby sugirió que el apego era caracterizado por comportamientos específicos en los niños, por ejemplo, la proximidad a la figura del apego cuando están alterados o se sienten amenazados.
Dentro de la teoría de apego identificaron tres etapas que los niños experimentan cuando están separados de su cuidador principal: protesta, desesperación y desapego.
- Protesta: ocurre cuando el niño espera que su madre/cuidador responda a sus llantos. Cuando ella no viene el niño se angustia intensamente —para él es lo peor del mundo—; se muestra visiblemente molesto y la busca sin cesar.
- Desesperación: ocurre cuando la madre/cuidador permanece ausente. En estos momentos el niño pierde la esperanza, piensa que no volverá, se vuelve retraído y callado.
- Desapego: se muestra cuando el niño muestra más interés en su entorno y parece feliz, lo que Robertson llamó un signo de peligro. Este creía que el niño simplemente estaba tomando lo mejor de la situación, pero descubrió que cuando su madre/cuidador volvía, el niño reaccionaba como si no la conociera, y ya no llora cuando se va nuevamente.
Estas tres etapas ocurren en cualquier niño pequeño separado de su madre/cuidador durante un período de semanas y, a veces, en cuestión de días. Bowlby y Robertson pudieron presenciar de primera mano los efectos de la separación entre padres e hijos. Aunque los padres de crianza y adoptivos no son testigos de que sus hijos pasen por estas etapas, pueden imaginar y ser empáticos al abandono temprano de sus hijos.
Postulados fundamentales de Bowlby
Bowlby formuló varios principios que constituyen el núcleo de su teoría:
- Monotropía: el niño tiene una tendencia innata a establecer un vínculo de apego principal con una figura específica (habitualmente la madre, aunque no necesariamente). Este vínculo es cualitativamente diferente de los demás.
- Período sensible: existe una ventana crítica (aproximadamente los primeros 2-3 años de vida) durante la cual es especialmente importante que se establezca un apego seguro. Si no se forma durante este período, las consecuencias pueden ser más difíciles de revertir.
- Base segura: la figura de apego actúa como un punto de seguridad desde el que el niño se siente confiado para explorar el entorno. Cuando percibe una amenaza, regresa a la base segura para obtener protección y consuelo.
- Modelo interno de trabajo: las experiencias tempranas de apego generan representaciones mentales (modelos internos) sobre uno mismo, los demás y las relaciones, que tienden a mantenerse estables a lo largo de la vida y guían las expectativas y comportamientos en las relaciones futuras.
Etapas del apego

Para Bowlby, el proceso de apego se encuentra dividido en cuatro etapas: pre-apego, formación del apego, verdadero apego y formación de relaciones recíprocas.
Pre-apego (0-3 meses)
El pre-apego se comprende entre el nacimiento y los 3 meses de edad. Durante los 3 primeros meses de vida, se dice que los bebés están en la etapa de apego a la sensibilidad social indiscriminada. Todavía no muestran ningún apego particular hacia un cuidador. Reaccionan indiscriminadamente a la compañía de otras personas y responden igual a cualquiera de sus cuidadores.
Las necesidades básicas del bebé, como el hambre y la seguridad, impulsan su receptividad hacia otros humanos. En esta etapa, cualquier persona le interesa al bebé; la clara preferencia no existe para un humano sobre otro.
Formación del apego (3-7 meses)
La segunda etapa del apego ocurre a partir de los 3 meses y continúa hasta los 7 meses de edad. En este momento el bebé comienza a discriminar la capacidad de respuesta social y muestra preferencia por un cuidador sobre otro. Dirige la mayor emoción, a través de sonrisas, risas y llantos, hacia los cuidadores más cercanos. Sin embargo, siguen siendo amigables con los cuidadores extraños.
Verdadero apego (7-11 meses)
A partir de los 7 meses hasta los 11 meses de edad los bebés muestran un fuerte apego hacia su cuidador de preferencia. Durante esta etapa, los bebés y los niños pequeños forman vínculos emocionales específicos, la mayoría de las veces con sus madres.
Mientras transiten esta etapa de apego, permanecerán muy cerca de la persona con la que se ha formado el vínculo y se molestarán y angustiarán cuando esa persona no esté cerca. Luego podrán consolarse fácilmente cuando la figura de apego regresa. En esta fase, el bebé o niño también forma múltiples relaciones cercanas, sobre todo con el otro padre y su familia.
El apego fuerte brinda grandes beneficios en el desarrollo emocional del niño. El comportamiento exploratorio aumenta a medida que la figura de apego se convierte en una base segura; un punto de seguridad donde el bebé pueda sentirse cómodo jugando y explorando lejos de él, pero pueda acudir rápidamente a este si se asusta o necesita seguridad.
Formación de relaciones recíprocas (desde los 18 meses)
Esta es una etapa de ajuste y regulación mutua, donde las relaciones se dirigen a la autonomía del niño. A partir de los 18 meses el niño comienza a volverse más independiente y puede formar diferentes apegos.
En esta cuarta y última etapa los niños pueden tomar las metas de los demás y considerar ajustar sus planes de acuerdo a sus objetivos. Por ejemplo, si un niño de cinco años tiene sed, puede servirse un vaso de agua por sí solo o esperar pacientemente a que el adulto le proporcione la bebida, a diferencia de un niño de 2 años, quien aún no tiene una estructura emocional capacitada para lograr la paciencia. Esta etapa dura hasta la edad adulta.
Contribución de Mary Ainsworth: la situación extraña
La psicóloga canadiense Mary Ainsworth (1913-1999) fue una colaboradora fundamental de Bowlby y la responsable de aportar la evidencia empírica que sustentó la teoría del apego. En los años 60 y 70, Ainsworth diseñó un procedimiento de laboratorio conocido como la «situación extraña» (Strange Situation) para evaluar la calidad del apego en niños de entre 12 y 18 meses.
El procedimiento consiste en una secuencia estandarizada de ocho episodios de aproximadamente tres minutos cada uno, en los que se observa la reacción del niño ante:
- La presencia de la madre en una habitación con juguetes.
- La entrada de una persona desconocida.
- La salida de la madre (quedando el niño con el extraño).
- El regreso de la madre (reunión).
- Una segunda separación (el niño queda solo).
- La entrada del extraño.
- El segundo regreso de la madre.
A partir de las respuestas de los niños, especialmente durante las reuniones con la madre, Ainsworth identificó los tres primeros tipos de apego. Un cuarto tipo fue añadido posteriormente por Main y Solomon (1986).
Ansiedades del proceso de apego
Luego de que el apego emocional ya está formado entre el cuidador y el bebé, también aparecen los miedos. Los miedos relacionados con los apegos se manifiestan de dos formas: ansiedad de separación y ansiedad ante extraños.
Ansiedad por separación
La ansiedad por separación es la etapa en la que el niño experimenta ansiedad, como inquietud y desconfianza, cuando se separa del cuidador principal. La ansiedad por separación generalmente aparece alrededor de los 8 meses de edad y alcanza un máximo entre los 14 y los 18 meses de edad.
Con el tiempo, este tipo de ansiedad se vuelve menos frecuente e intensa, especialmente cuando los niños comienzan a comprender mejor su realidad y pueden sentirse seguros en su entorno familiar, confiando en que el cuidador regresará. En casos extremos, la ansiedad por separación puede hacer que un niño se niegue a ir a la escuela u otros lugares por temor a la separación. Cuando persiste de forma desproporcionada más allá de la edad esperada, puede diagnosticarse como trastorno de ansiedad por separación.
Ansiedad ante extraños o por falta de la figura de apego
La ansiedad por la falta de la figura de apego es una forma de angustia que los bebés y los niños pequeños sienten cuando están expuestos a personas que no conocen. Por lo general, comienza lentamente y empieza a mostrarse desde los 6 a los 12 meses de edad, particularmente entre los 8 y los 9 meses.
Este tipo de ansiedad es una señal de que el bebé está madurando psicológicamente. Significa que ha aprendido la diferencia entre personas que conoce y personas que no conoce. Comienza a comprender que su cuidador es un ser aparte de él y existen otras personas que pueden ejercer el papel de cuidador.
El modelo de trabajo interno y la figura de apego
Con la ayuda de los modelos de trabajo interno, los niños predicen el comportamiento probable de la figura de apego y planifican sus propias respuestas. Por ejemplo: si la figura de apego ha reconocido las necesidades del bebé de comodidad y protección al mismo tiempo, respetando la necesidad del bebé de exploración independiente del medio ambiente, es probable que el niño desarrolle un modelo positivo de trabajo interno, y considere a esa figura como valiosa y confiable. Por el contrario, si la figura de apego rechaza con frecuencia las demandas del bebé, es probable que el niño construya un modelo negativo de trabajo interno, y considere a la figura como indigna o incompetente.
Las personas que crecen hasta volverse relativamente estables y autosuficientes normalmente tienen padres que han sido de apoyo cuando se les pide, pero que también permiten y fomentan la autonomía. Para Bowlby, la herencia de la salud mental y de la mala salud a través del entorno familiar no es menos importante que la herencia genética, aunque esta segunda sea la principal causante de algunas psicopatologías.
Los modelos de trabajo interno tienen varias características importantes:
- Tienden a ser estables: una vez formados, influyen de manera relativamente consistente en las relaciones a lo largo de la vida.
- Operan de forma inconsciente: la persona no suele ser consciente de cómo sus modelos de apego temprano influyen en sus relaciones actuales.
- Son modificables: aunque estables, pueden transformarse mediante experiencias relacionales significativas (una pareja segura, una relación terapéutica) o mediante psicoterapia.
Tipos de apego

Existen diversos tipos de apego, los cuales se basan en la forma en que los cuidadores se relacionan y responden a las necesidades del niño.
Apego seguro
Los niños que experimentan o experimentaron el apego seguro son niños que sienten la seguridad de que su cuidador de apego estará cuando se le necesite. Estos niños generalmente son más propensos a ver a los demás como personas de apoyo y de ayuda, y a ser competentes y dignos de respeto.
Quienes presentan un apego seguro se relacionan positivamente con los demás y muestran autoconfianza, resiliencia, participan en juegos complejos y tienen más éxito en las interacciones con otros niños. Presentan grandes habilidades empáticas y confianza en las demás personas.
En la situación extraña, estos niños exploran activamente mientras la madre está presente, muestran angustia moderada cuando esta se va y la reciben con alegría cuando regresa, buscando contacto y consolándose rápidamente. Aproximadamente el 60-65 % de los niños evaluados presentan apego seguro.
Apego ambivalente (ansioso-resistente)
Los niños con apego ansioso o apego ambivalente usualmente carecen de confianza en sí mismos y en los demás, por lo tanto, ante una situación con extraños es común que se mantengan cerca de sus cuidadores principales. Pueden mostrar reacciones emocionales exageradas y mantener la distancia de sus compañeros, lo que lleva al aislamiento social.
Este tipo de apego se da cuando el cuidador se vuelve inconsistente en las respuestas a las necesidades del niño. Ocurre, por ejemplo, si la madre está inconsistentemente disponible para el niño o el bebé, y cuando realmente está disponible, se preocupa por otras cosas y no se sintoniza con este en sus respuestas. Estos patrones de comportamiento hacen que los niños no se sientan seguros acerca de si sus madres estarán realmente disponibles cuando las necesiten.
En la situación extraña, estos niños muestran mucha angustia al separarse, pero no se consuelan fácilmente al reencontrarse con la madre: pueden alternar entre la búsqueda de contacto y el rechazo enfadado. Representa aproximadamente el 10-15 % de los niños.
Apego inseguro (evitativo)
Los niños con apego inseguro evitativo generalmente son menos efectivos en el manejo de situaciones estresantes; tienden a perder el control fácilmente y es probable que se retiren y se resistan a buscar ayuda de otros, lo que les impide formar relaciones satisfactorias con los demás. Comúnmente muestran agresión y comportamiento antisocial, como la mentira y el acoso, y tienden a distanciarse de los demás para reducir el estrés emocional.
Quienes presentan apego inseguro son independientes de su figura de apego tanto física como emocionalmente. Este tipo de apego se da cuando el cuidador deja de responder de manera constante a las necesidades de protección y seguridad del niño, lo que no le permite desarrollar posteriormente el sentimiento de confianza que necesita.
En la situación extraña, estos niños no muestran angustia visible durante la separación y, al regreso de la madre, la ignoran o evitan activamente. Representa el 20-25 % de los niños.
Apego desorganizado (desorientado)
El apego desorganizado, identificado por Mary Main y Judith Solomon en 1986, hace que los niños no puedan desarrollar una estrategia organizada para hacer frente a la angustia de separación, y tienden a mostrar agresión, comportamientos disruptivos y aislamiento social. Son más propensos a ver a los demás como amenazas en vez de como fuentes de apoyo, por lo tanto, pueden cambiar entre el aislamiento social y el comportamiento defensivo agresivo.
En la situación extraña, estos niños presentan conductas contradictorias e incoherentes: pueden acercarse a la madre caminando de espaldas, quedarse paralizados o mostrar expresiones de miedo ante su presencia. Este patrón se asocia frecuentemente con experiencias de maltrato, negligencia o trauma en la relación cuidador-hijo. Representa aproximadamente el 5-10 % de los niños.
El apego en la vida adulta
La investigación ha demostrado que los patrones de apego establecidos en la infancia tienden a influir en las relaciones de pareja y en el estilo relacional durante la vida adulta. Hazan y Shaver (1987) adaptaron la clasificación de Ainsworth a las relaciones románticas adultas:
- Apego seguro en el adulto: personas que se sienten cómodas con la intimidad y la interdependencia. Confían en su pareja y se comunican de forma abierta.
- Apego ansioso en el adulto: personas que desean mucha cercanía pero temen ser abandonadas. Pueden mostrarse celosas, posesivas o necesitadas.
- Apego evitativo en el adulto: personas que valoran la independencia por encima de la intimidad. Pueden parecer emocionalmente distantes o tener dificultades para comprometerse.
Es importante señalar que el estilo de apego adulto no es una sentencia inamovible. Experiencias relacionales positivas, la psicoterapia (especialmente la terapia basada en el apego o la terapia basada en mentalización) y la reflexión consciente sobre los propios patrones relacionales pueden facilitar la transición hacia un apego más seguro, proceso que se conoce como apego seguro adquirido.
Cuándo buscar ayuda profesional
Es recomendable consultar con un profesional de la psicología infantil o de la salud mental en los siguientes casos:
- El niño muestra una ansiedad de separación extrema que no disminuye con la edad y le impide asistir al colegio o realizar actividades cotidianas.
- Se observan conductas de apego desorganizado: miedo persistente hacia el cuidador, conductas autolesivas o agresividad desproporcionada.
- El niño o adolescente presenta dificultades persistentes para establecer relaciones de amistad o confianza.
- Un adulto identifica que sus patrones de relación de pareja son recurrentemente conflictivos, evitativos o dependientes.
- Tras una situación de separación prolongada, duelo, adopción o acogimiento, el niño muestra cambios significativos de comportamiento.
Preguntas frecuentes
¿La madre es siempre la figura de apego principal?
No necesariamente. Bowlby señaló que la figura de apego principal es aquella persona que responde de forma más sensible y consistente a las necesidades del bebé. Puede ser el padre, un abuelo, un cuidador profesional o cualquier adulto que cumpla esta función de manera estable.
¿Se puede cambiar el estilo de apego?
Sí. Aunque los modelos internos de trabajo tienden a ser estables, la investigación muestra que pueden modificarse mediante relaciones significativas (una pareja segura, una amistad profunda) o mediante intervenciones terapéuticas específicas. El concepto de apego seguro adquirido describe a personas que, pese a haber tenido experiencias de apego inseguro en la infancia, han logrado desarrollar un estilo seguro en la vida adulta.
¿El apego seguro garantiza una salud mental óptima?
El apego seguro es un factor protector muy importante, pero no es una garantía absoluta. Otros factores como la genética, las experiencias vitales, el contexto socioeconómico y los eventos traumáticos también influyen en la salud mental.
¿Cómo puedo fomentar un apego seguro con mi hijo?
Las claves son la sensibilidad (percibir las señales del bebé), la responsividad (responder de forma adecuada y oportuna), la consistencia (ofrecer respuestas predecibles) y la disponibilidad emocional (estar presente no solo físicamente, sino también emocionalmente).
Referencias
- Bowlby J. Attachment and Loss: Vol. 1. Attachment. Londres: Hogarth Press; 1969.
- Bowlby J. Attachment and Loss: Vol. 2. Separation: Anxiety and Anger. Londres: Hogarth Press; 1973.
- Ainsworth MDS, Blehar MC, Waters E, Wall S. Patterns of Attachment: A Psychological Study of the Strange Situation. Hillsdale: Lawrence Erlbaum; 1978.
- Main M, Solomon J. Discovery of an insecure-disorganized/disoriented attachment pattern. En: Brazelton TB, Yogman MW, eds. Affective Development in Infancy. Norwood: Ablex; 1986:95-124.
- Hazan C, Shaver P. Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology. 1987;52(3):511-524.
- Mikulincer M, Shaver PR. Attachment in Adulthood: Structure, Dynamics, and Change. 2.ª ed. Nueva York: Guilford Press; 2016.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.