Lidiar con niños desobedientes

Los mejores trucos y técnicas para corregir la actitud y el comportamiento de niños desobedientes. También veremos cómo establecer pautas y reglas.

Se estima que el 15% de los niños presentan problemas de desobediencia de carácter grave, según datos aportados por la Asociación Española de Pediatría y Atención Primaria. Una situación que puede perjudicar de forma notable el desarrollo de los más pequeños durante su infancia, así como su vida adulta.

Una de las quejas que más se repite entre los padres es la de “el niño no hace caso a nada”; también la de “protesta por todo” o “es un desobediente”. Una situación que si se da de manera permanente puede dar lugar a un trastorno negativista desafiante.

La desobediencia dificulta de forma considerable la educación tanto por parte de los padres como de los profresores. Luchar contra la desobediencia infantil puede parecer una misión imposible para muchos padres, pero existen ciertas técnicas que pueden ser de gran ayuda. Es importante recordar que es indispensable que los padres se impliquen al 100% para revertir la situación.

¿Por qué un niño es desobediente?

¿Por qué un niño es desobediente?

Puede haber muchísimas causas detrás de un comportamiento de este tipo. En la gran mayoría de ocasiones, hay más de una causa que explica la desobediencia de los más pequeños. Es posible que el niño tenga un carácter fuerte o que cuente con unos determinados rasgos de personalidad que favorecen este tipo de comportamiento; son factores hereditarios.

Claro que otra de las causas tiene que ver con el estilo de educación de los padres; es lo que se conoce en psicología como estilo educativo parental demasiado permisivo. En líneas generales, es aquel en el que los padres no establecen ningún tipo de de normas ni límites; o, en caso de establecerlos, sucumben a las peticiones del niño para que esté más tranquilo.

También puede haber otros problemas que pueden influir en la conducta de los niños, como por ejemplo el TDHA. Aquellos pequeños que sufren de depresión o ansiedad también pueden tener este tipo de comportamientos.

También es importante destacar que la baja autoestima o la inseguridad se pueden manifestar a través de un comportamiento desobediente. No hay que olvidar que la mala conducta en ocasiones es la forma en la que los más pequeños expresan la rabia que sienten por cosas que están sucediendo a su alrededor y sobre las que no tienen ningún control.

¿Cómo educar a un niño desobediente?

A continuación explicamos algunos de los trucos y aspectos a valorar para hacer frente a situaciones en las que los más pequeños no son capaces de obedecer y adaptarse a las normas.

Saber si es un niño desobediente

Desobediencia infantil

Los expertos señalan que la desobediencia comienza a aparecer a partir de los dos o tres años de edad. Pues bien, identificar a un niño desobediente es el primer paso para corregir esta conducta. Hay varios indicios que pueden ayudar a averiguarlo.

En primer lugar, el niño muestra un patrón de comportamiento de continua desobediencia; además, tiene actitud hostil hacia cualquier figura de autoridad. Una situación a la que hay que hacer frente cuanto antes ya que, de lo contrario, puede ocasionar graves problemas en la unidad y convivencia familiar.

Motivación

La motivación es un aspecto clave para corregir la conducta de un niño desobediente. Se trata de reforzar sus aspectos positivos, evitando el castigo y haciendo especial hincapié en la educación para recetificar los negativos.

Lo mejor es mostrar una actitud colaborativa. Es decir, dejar que el más pequeño pueda expresarse con total libertad; el papel de los padres es estar ahí para escuchar sus preocupaciones, así como sus sueños y sus metas. Claro que también deben ser capaces de explicarle con calma que su actitud provoca. De este modo, lo ideal es alcanzar un acuerdo entre ambas partes, llegar a un pacto con el niño.

Establecer normas y límites

Los padres deben ser muy claros a la hora de establecer normas y límites; hay que comunicar las reglas al niño de manera clara, de forma que este sea capaz de percibir que no hay margen para tener otra actitud.

Las normas deben ser claras y razonables, adaptadas a la edad del más pequeño. En ningún caso es recomendable exigir más de lo que el más pequeño puede conseguir. Además, a la hora de explicarle las reglas, es conveniente explicarle en todo momento el por qué de cada una de ellas, y de qué modo puede beneficiarse de ellas.

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Dar órdenes no siempre resulta sencillo. Los padres deben tener en cuenta la edad de su hijo y adaptar las normas a la misma. En cualquier caso, siempre es recomendable dar las órdenes de una en una, asegurándose de que el más pequeño cumple la primera antes de dar la siguiente.

No perder los nervios

Educar a niños desobedientes

Aunque en muchos casos parezca complicado, es importante no dejarse llevar por el momento y perderlos nervios ante un niño desobediente. El papel de los padres es tratar de controlar su enfado. Para ello, una buena técnica es colocarse a la altura del niño, de modo que haya contacto visual directo; de este modo resulta mucho más sencillo hablar con él.

La mejor manera de hacerlo es con tono firme y directo, sin titubeos; de este modo se le explica al más pequeño que su comportamiento no es aceptable, haciendo hincapié en los aspectos positivos de su actitud y personalidad.

La rutina

Una de las mejores formas de corregir de actitud de un niño desobediente es establecer una rutina adecuada en función de su edad. Si por ejemplo se acuesta tarde y come a cualquier hora, significa que su ritmo de vida es caótico. Así, es incapaz de adaptarse a las normas y los límites.

Por lo tanto, los padres deben establecer un horario definido para cada actividad, teniendo en cuenta que los más pequeños necesitan tiempo libre para jugar y divertirse. Es la mejor forma de crear una actitud más colaborativa por parte del niño.

Refuerzo positivo

En la educación de un niño el refuerzo positivo por parte de sus padres es fundamental; de esta manera, el más pequeño aprende a repetir aquellas actitudes positivas y favorables para su desarrollo.

Se trata de premiar los buenos comportamientos, aunque eso no signifique que haya que regalarle algo al niño cada vez que se porte bien. La recompensa se da mediante palabras de agradecimiento y orgullo, y, por supuesto, cariño.

Flexibilidad

Por supuesto, la flexibilidad también tiene cabida en la educación del niño. En función de las circunstancias, así como de la estación del año, algunas rutinas establecidas resultan más o menos difíciles de realizar. Por ejemplo, durante las vacaciones de verano se puede ampliar el abanico del horario en el que el niño se va a dormir. De este modo, el más pequeño poco a poco va cogiendo mayor seguridad en sí mismo y en los demás.

Frustración y rabia

Rabia infantil

La frustración es ese sentimiento tan desagradable que aparece cuando no se consigue lo que uno desea. Pues bien, es importante aprender a tolerarla desde la infancia. Y para ello, el más pequeño debe experimentarla. En ocasiones los padres impiden que eso suceda, anticipándose a las consecuencias negativas de las cosas y sobreprotegiendo a su hijo, dándole todo lo que pide.

De este modo es imposible que el más pequeño experimente la frustración y, por tanto, aprenda a lidiar con ella, y manejarla. Sólo así puede aprender a tolerar las emociones negativas que acompañan a la frustración y conocer qué deben hacer con ellas. Una de las que se da con mayor frecuencia es la rabia, que se puede dar de diversas formas: golpear objetas, llanto, grito…

Los padres deben favorecer una expresión de la ira adecuada, enseñando al más pequeño a controlarla y manejarla; el niño tiene que aprender a expresar las emociones negativas, pero de un modo más adaptativo.En ningún caso se debe evitar o anular la ira, sino de darle salida de la manera adecuada.

Conclusión

Más allá de los factores genéticos o hereditarios, la educación juega un papel fundamental en el desarrollo de los más pequeños. Tal y como hemos señalado, es importante que los padres establezcan normas y límites claros y concisos, adecuados a la edad de los niños. Además, es esencial que los niños experimenten emociones negativas y aprendan a lidiar con ellas; esto les será de gran ayuda en su desarrollo emocional y sentimental.

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