Sigmund Freud: biografía y su teoría del psicoanálisis

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Sigmund Freud: biografía y su teoría del psicoanálisis
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Cuando la psicología surgió como disciplina independiente, separada de la biología y la filosofía, se comenzaron a crear diferentes corrientes o escuelas de pensamiento psicológico para intentar comprender la conducta humana. Dentro de estas corrientes, el psicoanálisis —creado por Sigmund Freud— fue una de las más polémicas y populares, por los métodos que utilizaba y los resultados logrados.

A continuación aportamos un repaso sobre la vida y obra de Sigmund Freud y su teoría del psicoanálisis.

Biografía

Sigmund Freud (1856-1939) fue un neurólogo austríaco y el precursor del psicoanálisis, también llamado “el padre del psicoanálisis”. El psicoanálisis es un método utilizado para el tratamiento de psicopatologías y también una teoría que explica el comportamiento humano.

A sus 4 años de vida, Freud se trasladó con su familia a Viena, donde vivió y trabajó la mayor parte de su vida. Después de su graduación en Medicina (1881), el Dr. Freud rápidamente comenzó con la práctica privada y empezó a tratar varios trastornos psicológicos. En 1886 contrajo matrimonio con Martha Bernays, del cual nacieron seis hijos, de los cuales la más pequeña —Anna— se convirtió en una distinguida psicoanalista.

Influencias y primeros trabajos

Freud estudió con Jean-Martin Charcot en París en 1885-1886, donde aprendió sobre la histeria y la hipnosis. Posteriormente, colaboró con Josef Breuer en el tratamiento de pacientes histéricas, lo que resultó en la publicación de Estudios sobre la histeria (1895), considerada una obra fundacional del psicoanálisis. Fue durante esta colaboración cuando Freud comenzó a desarrollar la idea de que los síntomas histéricos tenían un origen psicológico inconsciente.

Su esfuerzo por entender el camino del conocimiento y la conducta humana lo llevó a crear ciertas prácticas que le ayudarían a comprender mejor los mecanismos de la mente humana. En 1899 publicó La interpretación de los sueños, obra que marcó el nacimiento oficial del psicoanálisis como disciplina.

Sus teorías sobre la sexualidad infantil, la energía sexual, el ego y el inconsciente, entre otros temas, fueron algunos de los conceptos académicos más influyentes del siglo XX. Además de introducir una gran variedad de términos que son utilizados en el ámbito científico, pero también tienen un uso cotidiano; algunos de los términos son: la libido, la negación, la represión, lo catártico, lo neurótico.

Últimos años y legado

En 1923, Freud fue diagnosticado con cáncer de paladar, enfermedad que le acompañaría durante los últimos 16 años de su vida y que requirió más de 30 intervenciones quirúrgicas. En 1938, tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, Freud se vio obligado a exiliarse a Londres, donde falleció el 23 de septiembre de 1939.

En su teoría del comportamiento, Freud afirmaba que cuando explicamos nuestro propio comportamiento a nosotros mismos o a otros, rara vez decimos la verdad; no porque queramos mentirnos ni mentirle al otro, sino porque nos autoengañamos. El ser humano rara vez tiene la capacidad de reconocer su propio comportamiento sin engañarse a sí mismo, pues es la mente quien nos engaña la mayoría del tiempo.

Psicoanálisis

Freud descubrió que algunos deseos y recuerdos de la infancia de sus pacientes a menudo eran muy dolorosos para que estos los reconocieran, de manera que profundizó en esos deseos y recuerdos, y pudo afirmar que dicha información estaba encerrada en la mente inconsciente mediante mecanismos de defensa, en este caso el proceso de represión.

Según Freud, en el inconsciente se encuentra la clave para comprender los comportamientos y pensamientos conscientes.

El inconsciente es el lugar del cerebro donde se deposita todo el contenido mental que no se encuentra en la consciencia y donde se realiza la mayor parte de los trabajos de la mente. La mente inconsciente funciona como depósito de deseos primitivos, impulsos y habilidades automáticas tales como caminar o hablar. También es la fuente de la intuición y los sueños, y es quien da comienzo al procesamiento de la información.

El psicoanálisis se basa en un proceso que implica que el paciente debe acudir a varias sesiones con el psicoanalista para lograr un tratamiento exitoso. Durante una consulta de psicoanálisis, el psicoanalista intentará ayudar al paciente a acceder a su mente inconsciente, de esta forma se pretende que el paciente saque a flote sus pensamientos y deseos que han sido reprimidos.

Se introduce el método de asociación libre, en el cual el paciente habla de todo pensamiento, deseo o temor que irrumpa en su mente sin censura ni filtro. También se le anima al paciente a hablar sobre sus sueños, pues en el psicoanálisis los sueños juegan un papel muy importante como “la vía regia al inconsciente”.

Técnicas del psicoanálisis

Además de la asociación libre, el psicoanálisis clásico emplea otras técnicas fundamentales:

  • Interpretación de los sueños: Freud consideraba los sueños como la expresión disfrazada de deseos inconscientes. Distinguió entre el contenido manifiesto (lo que recordamos) y el contenido latente (el significado oculto).
  • Análisis de la transferencia: fenómeno por el cual el paciente proyecta en el analista sentimientos y actitudes que originalmente estaban dirigidos hacia figuras significativas de su infancia (padres, cuidadores).
  • Análisis de los actos fallidos: los lapsus linguae, los olvidos y los errores cotidianos no son casuales según Freud, sino que revelan deseos o conflictos inconscientes.
  • Análisis de las resistencias: las dificultades del paciente para seguir asociando libremente o para aceptar ciertas interpretaciones revelan contenidos inconscientes que se resisten a emerger a la consciencia.

Teorías del psicoanálisis

Psicoanálisis

Teoría del desarrollo afectivo-sexual

Freud propuso una teoría de la personalidad basada en las etapas del desarrollo psicosexual, a la que llamó desarrollo afectivo-sexual. Esta teoría generó una gran revolución en el pensamiento científico de la época. La misma habla de la sexualidad en su amplio sentido, incluyendo aspectos afectivos y emocionales, no solo como sexualidad genital.

Las etapas del desarrollo psicosexual son:

  1. Etapa oral (0-18 meses): el placer se centra en la boca (succión, mordida). Si se produce una fijación en esta etapa, puede manifestarse en la vida adulta como dependencia, oralidad excesiva o pasividad.
  2. Etapa anal (18 meses-3 años): el placer se centra en el control de esfínteres. La fijación puede dar lugar a personalidades excesivamente ordenadas o, por el contrario, desordenadas y desafiantes.
  3. Etapa fálica (3-6 años): el interés se centra en los genitales. Es durante esta etapa cuando surge el complejo de Edipo (en niños) y el complejo de Electra (término acuñado posteriormente por Jung).
  4. Periodo de latencia (6-12 años): la energía sexual se sublima hacia actividades intelectuales, deportivas y sociales.
  5. Etapa genital (pubertad en adelante): resurgimiento de los intereses sexuales, ahora dirigidos hacia relaciones maduras con personas fuera del entorno familiar.

Dentro de esta teoría, Freud aporta una serie de conceptos que luego serían utilizados por diferentes científicos; entre ellos el concepto de libido, pulsión, diferencia entre necesidad y deseo, entre otras. -> Leer más sobre Teoría del desarrollo afectivo-sexual.

Proceso primario y proceso secundario

Dentro de esta teoría, Freud propone dos procesos que son modos de funcionamiento del aparato psíquico. El proceso primario está caracterizado por el sistema inconsciente y el proceso secundario por el sistema preconsciente-consciente. En el proceso primario se trata la energía psíquica que fluye libremente, a diferencia del proceso secundario, donde se habla de una energía psíquica que es controlada antes de fluir. Se puede decir que el proceso primario funciona a través de la acción del “ello” y el proceso secundario a través de la acción del “yo”. -> Leer más sobre Proceso primario y Proceso secundario.

Primera tópica freudiana: consciente, preconsciente e inconsciente

Freud formuló dos tópicas para describir el aparato psíquico; según la primera tópica, el aparato psíquico está compuesto por tres elementos: consciente, preconsciente e inconsciente.

El consciente está compuesto por todos los procesos mentales de los cuales somos conscientes. Esta mente le permite al sujeto tener percepción de la realidad, pues se encuentra situada en el presente.

La mente preconsciente está compuesta por los procesos mentales que no se encuentran en la mente consciente, pero tampoco se esconden en la mente inconsciente. Son contenidos accesibles a la consciencia mediante un esfuerzo de atención o memoria (como un número de teléfono que no estamos recordando en este momento pero que podemos evocar si lo intentamos).

El inconsciente es la fuente primaria del comportamiento humano; está compuesto por los procesos mentales que no son accesibles a la consciencia. Dentro del inconsciente se encuentran impulsos y deseos reprimidos por el sujeto; estos impulsos y deseos reprimidos se encuentran encerrados mediante los mecanismos de defensa. -> Leer más sobre Primera tópica de Freud.

Segunda tópica freudiana: ello, yo y superyó

Segunda tópica freudiana: ello, yo y superyo

En esta tópica Freud propone otro sistema de funcionamiento del aparato psíquico, en este sistema la mente funciona en base a tres elementos conocidos como: ello, yo y superyó. Esta segunda tópica, publicada en El yo y el ello (1923), no sustituye a la primera sino que la complementa.

El ello es el elemento que nos permite satisfacer nuestras necesidades básicas. Este se encuentra presente cuando nacemos y se va ocultando a medida que crecemos y nos regimos por las órdenes del yo.

El ello está relacionado con lo instintivo y lo placentero, con los impulsos y la energía libre. Este involucra impulsos primitivos y pensamientos irracionales; además intenta satisfacer todas las necesidades del individuo sin importar el contexto en el que se encuentre. Funciona según el principio del placer: busca la satisfacción inmediata sin considerar consecuencias.

El yo es desarrollado en la fase oral e intenta mediar entre el ello y el superyó. Este elemento del aparato psíquico modera la energía de la psique para que esta no fluya libremente mediante impulsos de placer, pero también intenta satisfacer las demandas del ello. A diferencia del ello, el yo tiene presente que existe una realidad con personas involucradas en ella. Funciona según el principio de realidad: busca satisfacer los deseos del ello de manera socialmente aceptable y realista.

El superyó está compuesto por la consciencia moral y el yo ideal. La función de este es restringir los impulsos del ello. El superyó pretende ocultar los impulsos psíquicos que considere inaceptables para la sociedad. Los impulsos serán reprimidos y guardados en la mente inconsciente. Se desarrolla entre los 3 y 5 años, internalizando las normas morales y valores transmitidos por los padres y la sociedad. A la par de la aparición del superyó tiene lugar el Complejo de Edipo. -> Leer más sobre Segunda tópica de Freud

Los mecanismos de defensa

Freud (y posteriormente su hija Anna Freud) describió una serie de mecanismos psicológicos inconscientes que el yo utiliza para protegerse de la ansiedad generada por los conflictos entre el ello, el superyó y la realidad. Los principales son:

  • Represión: exclusión de pensamientos, recuerdos o deseos dolorosos de la consciencia.
  • Negación: rechazo a aceptar una realidad desagradable.
  • Proyección: atribución a otros de los propios sentimientos o impulsos inaceptables.
  • Racionalización: justificación lógica de comportamientos motivados por razones inconscientes.
  • Sublimación: canalización de impulsos inaceptables hacia actividades socialmente valoradas (arte, deporte, trabajo).
  • Desplazamiento: redirección de un impulso hacia un objeto o persona sustitutiva menos amenazante.
  • Formación reactiva: adopción de actitudes opuestas a los verdaderos sentimientos inconscientes.

El caso de Dora

El caso Dora fue un caso de histeria publicado por el padre del psicoanálisis en 1905. Freud describió este caso como un cuadro que al parecer no era muy interesante, solo se encontraba constituido por el psicoanálisis regular de una paciente, Ida Bauer. En este caso también ocurrió un fracaso, dado que la paciente no completó el tratamiento. De todos modos, Freud pensó que sería útil mostrar una ilustración de sus conceptos, métodos y de su técnica de análisis de sueños.

Dora (Ida Bauer) era una joven de 18 años; su padre (Philip Bauer), quien había sido tratado por Freud, envió a su hija a comenzar un tratamiento de psicoanálisis. La paciente presentaba una gran variedad de síntomas, que incluían: afonía, disnea (dificultad para respirar), tos y cefalea, ansiedad, depresión y comportamiento considerado “anormal”.

En sus primeras sesiones, Dora habló sobre la relación con su familia; la buena relación que mantenía con su hermano mayor, Otto Bauer —quien se convertiría en un miembro clave del movimiento austromarxista—, la cercana relación que mantenía con su padre y la escasa relación que mantenía con su madre Katharina Gerber, quien fue diagnosticada con una psicosis obsesiva por la limpieza y el orden.

Luego de hablar sobre la relación familiar, Dora comienza a contar lo que más adelante podría ser la causa de su histeria.

Su padre fue tratado por una tuberculosis, y mientras se sometía a un tratamiento de “cura de reposo” en un sanatorio, este había desarrollado una fuerte amistad con el señor K. —quien será un pilar fundamental en este análisis—, pero sobre todo, había desarrollado un fuerte vínculo con su esposa, la señora K. En varias sesiones siguientes, Dora acusa al señor K. de acoso, afirmando que este la besó y acosó sexualmente en reiteradas ocasiones. La joven habría informado todo lo sucedido a su padre, pero cuando este lo enfrentó, el señor K. lo negó todo, invirtiendo los papeles. El padre de Dora —que mantenía una aventura con la señora K.— se rehúsa a cortar su relación con el señor K. —para poder mantener la relación amorosa con la señora K.— e invalida los relatos de Dora, diciéndole que eran “cosas de su imaginación”. Para Freud estas vivencias eran las causantes del trauma psicológico que padecía la joven.

El análisis de Freud se centró en la interpretación de los sueños de Dora. “Hay fuego en casa. Mi padre ha acudido a mi alcoba a despertarme y está en pie al lado de mi cama. Me visto a toda prisa. Mamá quiere poner aún en salvo el cofrecito de sus joyas. Pero papá protesta: No quiero que por causa de su cofrecito ardamos los chicos y yo. Bajamos corriendo. Al salir a la calle me despierto”. Este fue un sueño recurrente de Dora.

Cuando Freud anunció sus conclusiones a Dora, ella inmediatamente dejó el tratamiento. Más tarde, se volvió a conectar con Freud, informándole que después de dejar su tratamiento, se había enfrentado a su padre y al matrimonio K. En este punto, sus síntomas histéricos remitieron.

Este caso ha sido objeto de numerosas relecturas y críticas a lo largo del tiempo, especialmente desde perspectivas feministas que cuestionan la interpretación freudiana y destacan que Freud no reconoció adecuadamente la dimensión del acoso que Dora sufrió.

Críticas al psicoanálisis

Es importante señalar que el psicoanálisis ha recibido numerosas críticas desde diversas perspectivas:

  • Falta de evidencia empírica: muchos de los conceptos freudianos son difíciles de comprobar o refutar mediante el método científico, lo que ha llevado al filósofo Karl Popper a calificarlo de pseudociencia.
  • Sesgo cultural: las teorías de Freud reflejan en gran medida la sociedad vienesa de finales del siglo XIX, lo que limita su universalidad.
  • Sobrevaloración de la sexualidad: otros psicoanalistas (como Alfred Adler, Carl Jung o Karen Horney) cuestionaron la primacía que Freud otorgaba a los instintos sexuales.
  • Eficacia terapéutica: aunque el psicoanálisis sigue practicándose, otras formas de psicoterapia (como la terapia cognitivo-conductual) cuentan con mayor evidencia empírica de eficacia para muchos trastornos.

No obstante, la influencia de Freud en la psicología, la psiquiatría, la filosofía, el arte y la cultura occidental es innegable. Conceptos como el inconsciente, la represión, los mecanismos de defensa y la importancia de las experiencias infantiles en el desarrollo de la personalidad son hoy ampliamente aceptados, aunque muchas veces reformulados.

Referencias

  • Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. Amorrortu Editores.
  • Freud, S. (1923). El yo y el ello. Amorrortu Editores.
  • Gay, P. (1988). Freud: A Life for Our Time. W. W. Norton & Company.
  • Laplanche, J. y Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de Psicoanálisis. Paidós.
  • American Psychological Association. (2023). Psychoanalysis. https://www.apa.org/topics/psychoanalysis
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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