Ejemplos de mecanismos de defensa

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Ejemplos de mecanismos de defensa
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Sigmund Freud, a lo largo de su obra, hizo especial hincapié en los procesos del inconsciente para almacenar y procesar la información emocional. A estos procesos los denominó mecanismos de defensa, un concepto que posteriormente su hija Anna Freud sistematizó y amplió en su obra El yo y los mecanismos de defensa (1936).

Los mecanismos de defensa son un conjunto de procesos psíquicos inconscientes que permiten a la mente resolver conflictos internos que de otro modo resultarían intolerables. Operan dentro del inconsciente, donde diversas fuerzas —pulsiones, normas morales y exigencias de la realidad— se confrontan entre sí para preservar el equilibrio psíquico. Su función principal consiste en proteger al yo de impulsos, sentimientos o recuerdos que podrían generar ansiedad, disminuir la autoestima o desestabilizar el funcionamiento psicológico del sujeto.

El sentimiento de ansiedad desempeña un papel central en la teoría psicoanalítica: actúa como una señal de alarma que indica al «yo» que el equilibrio psíquico está en peligro y que los mecanismos de defensa deben activarse para proteger al organismo.

El «yo» se sitúa en el centro de fuerzas considerablemente poderosas: la realidad exterior, la sociedad —representada por el superyó— y las necesidades pulsionales —representadas por el ello—. Los mecanismos de defensa median entre las demandas del «ello» y el «superyó», permitiendo que el «yo» mantenga su estabilidad y pueda adaptarse a la realidad.

Los mecanismos de defensa según la teoría psicoanalítica

Los principales mecanismos de defensa descritos por Freud y desarrollados por autores psicoanalíticos posteriores son los siguientes:

Introyección

La introyección consiste en la incorporación inconsciente de características, actitudes o valores de otras personas al propio aparato psíquico. El sujeto va introyectando modelos identificatorios: elementos de la madre, del padre y de otras figuras significativas de la vida cotidiana.

Desde el punto de vista del desarrollo psicosexual, este mecanismo surge fundamentalmente en la fase oral. Por este motivo, en psicoanálisis se habla de ansiedad oral cuando una persona busca calmar su malestar emocional —y no el hambre real— mediante la ingesta de alimento: se introyecta algo para aliviar la angustia.

Proyección

La proyección es el proceso inverso a la introyección. Consiste en atribuir a otros aspectos propios que resultan inaceptables para el sujeto. Bajo este mecanismo, el individuo deposita en otras personas —generalmente aquellas con las que mantiene un vínculo afectivo— sus propios pensamientos, sentimientos o deseos no reconocidos.

Ejemplo clínico: el bebé llora porque experimenta un malestar físico o angustia, pero al no poder discriminar entre el yo y el no-yo, si él está mal, todo está mal. Sin embargo, cuando un adulto deposita sistemáticamente en el exterior aquello que le ocurre internamente, este funcionamiento se aproxima a lo patológico, cercano a la psicosis, al delirio o a la paranoia. Esto no significa que la proyección no se utilice puntualmente en momentos críticos de la vida.

Generalmente, los contenidos proyectados son aquellos que generan algún tipo de perturbación en la mente del sujeto. Los pensamientos más frecuentemente proyectados son los que producen culpabilidad, como deseos sexuales considerados indebidos, sentimientos de odio o fantasías agresivas.

Sublimación

La sublimación es, para Freud, el mecanismo de defensa más evolucionado y adaptativo. Desde el punto de vista del desarrollo psicosexual, es el último en aparecer y no necesariamente se desarrolla en todos los sujetos. Se manifiesta en la adolescencia tardía o en la edad adulta.

Mediante este mecanismo, la energía pulsional de origen sexual se desvía y canaliza hacia actividades no sexualizadas que poseen valor social y cultural, como la creación artística, la actividad intelectual o el trabajo. En otras palabras, los impulsos o las ideas socialmente inaceptables se transforman inconscientemente en acciones o comportamientos socialmente valorados.

Para poder sublimar se requiere un modelo identificatorio que oriente la canalización de la pulsión.

Represión

Represion

La represión fue el primer mecanismo de defensa descubierto por Freud y constituye la piedra angular de la teoría psicoanalítica. Es un proceso mediante el cual se impide que los pensamientos dolorosos o inaceptables accedan a la consciencia, retirando de ella sentimientos y representaciones perturbadores y enviándolos al inconsciente.

Bajo la acción de este mecanismo, el sujeto hace caso omiso —sin advertirlo conscientemente— de un evento o situación que resulta perturbador o perjudicial. Los pensamientos que con mayor frecuencia son reprimidos son aquellos que generarían sentimientos de culpa por parte del «superyó». Un ejemplo paradigmático es el complejo de Edipo, en el cual los deseos hostiles hacia el progenitor del mismo sexo son reprimidos de manera casi inmediata para evitar la angustia en el niño.

El material reprimido no siempre permanece inaccesible: en ocasiones puede manifestarse a través de sueños, actos fallidos o síntomas neuróticos, lo que Freud denominó «el retorno de lo reprimido».

Negación

La negación es el mecanismo mediante el cual el sujeto bloquea de la consciencia hechos de la realidad externa que le resultan insoportables o amenazantes. El individuo se niega a percibir hechos dolorosos y traumáticos como forma de proteger su equilibrio psíquico.

Con la negación, el sujeto intenta evadir la realidad, escapar de pensamientos, situaciones y emociones que son intolerables para su psique.

La negación puede llegar hasta el punto de ver algo y afirmar «no lo creo», «no está». Para el sujeto, en efecto, eso no existe. Quien niega, desmiente: aunque en cierto momento pueda tomar consciencia de que ese algo sí está presente, retrocede y vuelve a desmentirlo.

Desde la perspectiva del desarrollo, este mecanismo surge en la fase anal y no se limita al ámbito de la sexualidad. Es un mecanismo considerado primario que distorsiona la percepción de la realidad de forma persistente. En situaciones extremas, el sujeto recurre a la negación para poder seguir funcionando psíquicamente.

Racionalización

La racionalización consiste en una distorsión cognitiva de los hechos que permite que un acontecimiento o un impulso resulte menos amenazante. Es un mecanismo más evolucionado que aparece en la etapa preescolar del desarrollo.

Pasar todo por la razón es lo que más aleja al individuo del contacto con lo afectivo, puesto que conectar con los afectos podría generar demasiada angustia y desbordar al sujeto. Incluso a las situaciones emocionales se les busca una explicación racional.

Es el mecanismo de defensa más fácil de identificar y el que más cerca de la consciencia se encuentra. Se utiliza con frecuencia en la vida cotidiana; un ejemplo común es cuando las personas se dan excusas a sí mismas para justificar su comportamiento.

Formación reactiva

Este mecanismo genera en el individuo un comportamiento opuesto a lo que realmente piensa o siente. El sujeto tiende a actuar de manera contraria a sus impulsos inconscientes: es, en esencia, reaccionar de forma inversa a lo que verdaderamente se desea.

Cuando la formación reactiva está en funcionamiento, el «ello» obtiene una satisfacción disfrazada mientras el «yo» permanece ignorante de los verdaderos motivos subyacentes.

Evolutivamente, este mecanismo está relacionado con la fase anal del desarrollo psicosexual y se vincula con los mecanismos de tipo obsesivo.

Anulación

La anulación es un mecanismo por el cual el sujeto afirma algo y acto seguido lo niega: «pensándolo bien, no». Implica un movimiento de ida y vuelta que busca neutralizar un pensamiento o acto percibido como peligroso.

El problema surge cuando estos elementos se vuelven paralizantes para la vida del sujeto, cuando su existencia gira en torno a este vaivén y se convierte en una fuente de sufrimiento. En estos casos, la anulación puede transformarse en un síntoma clínico.

Este mecanismo se observa característicamente cuando el sujeto da un paso adelante y otro atrás de forma sucesiva.

Regresión

Este mecanismo produce un retroceso a etapas anteriores del desarrollo psicológico cuando la persona se enfrenta a situaciones altamente estresantes o conflictivas.

La regresión puede darse en cualquier etapa de la vida, pero es necesario haber avanzado en el desarrollo para poder regresar. Un bebé, por ejemplo, no podría realizar una regresión, puesto que su desarrollo psíquico es aún limitado.

La regresión consiste en volver a etapas previas y conocidas para intentar resolver conflictos actuales. Cada sujeto regresa a etapas diferentes, no a cualquier punto, sino a aquellos donde se produjo una fijación: un momento en el que hubo una experiencia significativa de placer o displacer.

Conviene distinguir la regresión de la fijación: en la fijación, el sujeto queda detenido en una etapa y no puede avanzar psíquicamente; en la regresión, el sujeto puede continuar su desarrollo y en un momento determinado retorna temporalmente a una fase anterior, lo que se considera un mecanismo comparativamente más sano.

Aislamiento

Aislamiento

En el aislamiento, el sujeto separa un pensamiento o recuerdo de su carga afectiva asociada, de modo que el contenido puede permanecer en la consciencia pero desprovisto de su significado emocional. El aislamiento intenta proteger la psique evitando que los pensamientos perturbadores generen un impacto emocional.

Ejemplo: algunas personas que temen sufrir un desengaño se aíslan de cualquier tipo de contacto interpersonal por temor a que dañen sus sentimientos. En el ámbito clínico, este mecanismo se observa frecuentemente en estructuras de tipo obsesivo.

Identificación con el agresor

Este mecanismo, descrito por Anna Freud, se presenta en situaciones extremas como la tortura o la violencia doméstica. Contiene aspectos sádicos evidentes, y un ejemplo paradigmático es el síndrome de Estocolmo, en el que los rehenes se identifican con sus captores.

Este fenómeno se produce cuando una persona se encuentra paralizada por el miedo: si un individuo siente un temor intenso hacia otro, bajo este mecanismo tiende a conquistar su miedo imitándolo, volviéndose como él. Desde la perspectiva psicoanalítica, detrás de este mecanismo se encuentra la pulsión de muerte (Tánatos). Se trata de un mecanismo de alto riesgo, muy difícil de sostener a largo plazo y con consecuencias potencialmente graves para la salud mental del sujeto.

Referencias

  1. Freud, S. (1894). Las neuropsicosis de defensa. En Obras Completas, Vol. III. Amorrortu Editores.
  2. Freud, A. (1936). El yo y los mecanismos de defensa. Paidós.
  3. Laplanche, J. y Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Paidós.
  4. Vaillant, G. E. (1992). Ego Mechanisms of Defense: A Guide for Clinicians and Researchers. American Psychiatric Press.
  5. Cramer, P. (2006). Protecting the Self: Defense Mechanisms in Action. Guilford Press.
  6. Bleichmar, H. (2001). El cambio terapéutico a la luz de los conocimientos actuales sobre la memoria y los múltiples procesamientos inconscientes. Aperturas Psicoanalíticas, 9.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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