Segunda tópica de Freud: ello, yo y superyó
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Dentro de la teoría psicoanalítica, Freud describe la mente humana como un aparato psíquico que, al igual que cualquier aparato, se compone de diferentes piezas u órganos. Según este modelo teórico, dicho aparato funciona a partir de placeres y displaceres o energías libres y represiones.
Para Freud, el ser humano se encuentra empujado por el deseo, el instinto, la conciencia y la moral, fuerzas que interactúan en una dinámica cuya protagonista es la mente. Detrás de todo individuo, según esta perspectiva, se hallan distintas fuerzas que pugnan continuamente por tener el control; estas fuerzas operan dentro de la mente y son las que, de acuerdo con el psicoanálisis, configuran la personalidad de cada sujeto.
Freud propuso dos modelos o tópicas para explicar la estructura de la personalidad humana. La primera tópica hace referencia al consciente, preconsciente e inconsciente. La segunda tópica, que detallaremos a continuación, se refiere a las tres instancias psíquicas: ello, yo y superyó.
Ello
Según Freud, el ello constituye una parte fundamental de la personalidad, ya que es la instancia presente desde el nacimiento y la que permite satisfacer las necesidades básicas del individuo. En el marco de esta teoría, el ello representa la parte más primitiva de la mente humana e incluye todos los componentes heredados de la personalidad, entre ellos la pulsión sexual (Eros) y la pulsión agresiva (Tánatos) (Freud, 1923/1961).
El ello se rige por el principio de placer, dado que está vinculado con lo instintivo y lo placentero. Según Freud, esta instancia no conoce el bien ni el mal, ni la ética ni la moral; solo reconoce sus propios deseos y necesidades, y permite que la energía psíquica del sujeto fluya libremente.
El ello pretende satisfacer sus necesidades sin importar el contexto en que se encuentre el sujeto: solo busca su propia satisfacción e intenta evitar el displacer. Por ejemplo, si un bebé tiene hambre o necesita un cambio de pañal, llora por instinto, impulsado por el ello, para satisfacer esa necesidad. Cuando el ello logra satisfacer sus demandas, experimentamos placer; cuando no lo consigue, experimentamos displacer. Desde esta perspectiva, el ello es la parte de la mente que impulsa al bebé a llorar cuando necesita algo.
El ello involucra pensamientos primitivos e irracionales que se manifiestan en el proceso primario (modo de funcionamiento del aparato psíquico). Vive en el presente inmediato y no puede diferir la gratificación. Además, no está regulado por las limitaciones del mundo exterior, pues estas limitaciones corresponden a otra instancia de la mente.
Yo

El yo es “la parte del ello que ha sido modificada por la influencia directa del mundo externo.”
(Freud [1923], 1961, p. 25)
El yo, según Freud, es la instancia que comienza a desarrollarse durante los primeros años de vida, cuando el niño empieza a interactuar con el entorno, y surge con el fin de mediar entre el ello y la realidad.
A diferencia del ello, que representa los impulsos primitivos, el yo representa el sentido común y se encuentra relacionado con el proceso secundario: la capacidad de pensar, razonar y vincularse con la realidad. El yo se basa en el principio de realidad (Freud, 1911/1991).
Cuando entra en funcionamiento el yo, la energía psíquica es primeramente ligada antes de fluir de forma controlada, a diferencia del ello, donde la energía fluye libremente.
Si bien el yo también intenta satisfacer las demandas del ello, tiene presente que existe una realidad con otras personas, por lo que en ocasiones aplaza la satisfacción de sus necesidades en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior. El yo intentará aprovechar la energía del ello y la regulará para alcanzar la satisfacción dentro de los límites impuestos por la realidad.
El yo se ocupa de que nuestras interacciones y relaciones con los demás fluyan de manera saludable. También comprende que las otras personas están impulsadas por sus propios instintos (sus propios “ellos”) y que dejarse llevar por los impulsos egoístas no conduce a resultados positivos e incluso puede resultar problemático. El yo reconoce que hay personas a su alrededor y que sus decisiones pueden influir directamente en ellas, por lo que debe actuar con mayor precaución a la hora de satisfacer sus necesidades.
Esta instancia funciona como intermediaria entre el ello y el superyó. La función principal del yo consiste en convertir, desviar y transformar las fuerzas del ello en modos de satisfacción más útiles y realistas.
Al final de la etapa fálica —etapa del desarrollo psicosexual— comienza a desarrollarse el superyó.
Superyó
El superyó es, dentro de la teoría freudiana, la instancia moral de la mente humana: la parte que refleja los límites culturales y sanciona lo que considera una conducta inaceptable. El superyó no es una parte innata del ser humano; según Freud, aparece aproximadamente a partir de los 5 o 6 años (al inicio del período de latencia) y con él aparece el mecanismo de defensa de la sublimación.
Para Freud, el superyó es la conciencia moral del individuo, formada a partir de la interiorización de las normas parentales. Esta instancia busca la integración del individuo en la sociedad y, por este motivo, se desarrolla de acuerdo con las restricciones morales y éticas que exige la sociedad en la que se encuentra el sujeto (Freud, 1923/1961).
A medida que el individuo crece y evoluciona su desarrollo cognitivo, comienza a interiorizar ciertos estándares transmitidos por sus padres y cuidadores; por ejemplo: que la mentira es mala, que no se debe utilizar la violencia, que robar es malo o que no se debe gritar. Esos mismos estándares son los que, según esta teoría, generan culpa y represión en el sujeto; por ejemplo, sentirse culpable cuando miente.
El cometido del superyó es restringir los impulsos del ello, y lo hace reprimiendo aquellos impulsos psíquicos que considera inaceptables para la sociedad en la que se encuentra el sujeto. Por ejemplo, si un niño se enfada con un compañero, será el superyó el encargado de hacerle entender que la violencia no es la solución adecuada. Según la segunda tópica freudiana, el superyó controla el sentido de lo correcto y lo incorrecto, y ayuda al sujeto a insertarse en la sociedad, haciendo que actúe de manera socialmente aceptable.
El superyó se compone de dos sistemas: la conciencia moral y el ideal del yo (imagen mental de lo que el sujeto debería ser). La conciencia puede castigar al yo provocando sentimientos de culpa. Por ejemplo, si el yo cede a las demandas del ello, el superyó generará en el sujeto un sentimiento de culpa.
Los impulsos psíquicos sancionados por el superyó quedan en el inconsciente como impulsos reprimidos.
Según Freud, con la formación del superyó aparece también el complejo de Edipo. Freud hizo hincapié en la importancia del complejo de Edipo para el desarrollo psicosexual del individuo, ya que, según su modelo, si una persona no atraviesa el Edipo o no lo resuelve de manera adecuada, quedaría fijada en una etapa del desarrollo psicosexual y no podría avanzar a la siguiente. Un complejo de Edipo mal resuelto podría generar, según esta teoría, traumas y trastornos psicológicos a lo largo de la vida de una persona.
Referencias
- Freud, S. (1961). The ego and the id. En J. Strachey (Ed. y Trad.), The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (Vol. 19, pp. 1-66). Hogarth Press. (Obra original publicada en 1923).
- Freud, S. (1991). Formulations on the two principles of mental functioning. En J. Strachey (Ed. y Trad.), The standard edition of the complete psychological works of Sigmund Freud (Vol. 12, pp. 213-226). Hogarth Press. (Obra original publicada en 1911).
- Laplanche, J. y Pontalis, J.-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. Paidós.
- Nasio, J. D. (1996). Enseñanza de 7 conceptos cruciales del psicoanálisis. Gedisa.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.