Segunda tópica de Freud: ello, yo y superyó

Freud describe la mente humana como un aparato psíquico, el cual -como todo aparato- se compone por diferentes piezas u órganos. Este aparato funciona a partir de placeres y displaceres o energías libres y represiones.

Para este autor, el ser humano es simplemente un actor que se encentra empujado por el deseo, el instinto, la conciencia y la moral para dramatizar una obra donde la principal protagonista es la mente. Detrás de todo individuo, se encuentran distintas fuerzas poderosas que luchan continuamente por tener el control, estas fuerzas se encuentran ocultas dentro de la mente y son las que crean la personalidad de cada sujeto.

Existen dos teorías o tópicas creadas por Freud que explican la estructura de la personalidad humana; la primera tópica Freudiana hace referencia al consciente, pre-consciente e inconsciente y la segunda tópica se refiere al tema que detallaremos a continuación: ello, yo y superyó.

Ello

Según Freud, el ello forma una parte importante de nuestra personalidad, pues es quien se encuentra presente cuando nacemos y quien nos permite mantener satisfechas nuestras necesidades básicas. Ésta es la parte egoísta de la mente humana, que muestra todos los componentes heredados de la personalidad desde el momento del nacimiento, incluyendo el instinto sexual  y el instinto agresivo.

El “ello” se activa con el principio de placer, puesto que está relacionado con lo instintivo y lo placentero; éste no conoce ni el bien, ni el mal, ni la ética, ni la moral, solo reconoce sus propios deseos y necesidades, y a su vez permite que la energía psíquica del sujeto fluya libremente.

El “ello”pretende satisfacer sus necesidades sin importar en el contexto que se encuentre el sujeto, solo busca su propia satisfacción e intenta evitar el displacer. Por ejemplo, si un bebé tiene hambre o necesita un cambio de pañal, esté llora, por instinto, impulsado por el “ello” para satisfacer esa necesidad. Cuando el ello logra satisfacer sus demandas, experimentamos placer, pero cuando se niega experimentamos displacer. El “ello” es la parte de la mente que obliga al bebé a llorar cuando necesita algo, lo que le garantiza una evolución sana y feliz.

El ello involucra pensamientos primitivos e irracionales, los cuales vemos en el proceso primario (modo de funcionamiento del aparato psíquico), vive en el presente inmediato y no puede diferir con el placer. El mismo no está regulado por las limitaciones del mundo exterior, pues estas limitaciones se encentran en otro nivel de la mente.

Yo

Yo

El yo es “la parte del ello que ha sido modificada por la influencia directa del mundo externo.’’

(Freud [1923], 1961, p. 25)

El “yo”, para Freud, es la segunda parte del preconsciente o subconsciente humano, y comienza a desarrollarse a partir de los 3 años, en la fase oral, cuando el niño comienza a participar con el entorno, y se desarrolla con el fin de mediar entre el ello y la realidad.

A diferencia del “ello” que representa los impulsos primitivos, el “yo” representa el sentido común, y se encuentra relacionado con el proceso secundario -la capacidad de pensar, razonar y vincularse con la realidad. El “yo” se basa en el principio de realidad.

Cuando se da lugar al “yo”, la energía es primeramente ligada antes de fluir en forma controlada, a diferencia del ello (donde la energía fluye libremente).

Si bien el yo también intenta satisfacer las demandas del ello, este tiene presente que existe una realidad con personas dentro de ella, por este motivo en ocasiones aplaza sus necesidades en función a las condiciones impuestas por el mundo exterior. Éste intentará aprovechar el poder del “ello”, y lo regulará para alcanzar la satisfacción a pesar de los límites impuestos la realidad.

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El “yo” se ocupa de que nuestras interacciones y relaciones con los demás fluyan de manera saludable. También comprende que las otras personas también son impulsadas por sus propios instintos (sus propios “ellos”), y que dejarse llevar por los impulsos egoístas no lleva a ningún lado, incluso la mayoría de las veces puede ser problemático.El “yo” sabe que hay personas que lo rodean y que sus decisiones pueden influir directamente en las mismas, por tanto debe tener más precaución a la hora de satisfacer sus necesidades.

Esta parte de la mente funcionará como intermediario entre el ello y el “super-yo”. La función principal del “yo” es convertir, desviar y transformar las poderosas fuerzas del “ello” en modos de satisfacción más útiles y realistas.

Al final de la etapa fálica -etapa del desarrollo psicosexual- se comienza a desarrollar el superyó.

Superyó

El “superyó” es la parte moral de la mente humana, es la parte que refleja los límites culturales y reprende lo que considera “mala conducta”. El “superyó” no es una parte innata del ser humano, aparece a partir de los 6 años (donde comienza el periodo de latencia) y con él aparece el mecanismo de defensa de la sublimación.

Para Freud, el “superyó” es la conciencia moral de un individuo, la que proviene de nuestros padres. Éste busca la integración del individuo en la sociedad, por este motivo se desarrolla de acuerdo a las restricciones morales y éticas que exige la sociedad en la que se encuentra el sujeto.

A medida que el individuo crece y evoluciona su desarrollo cognitivo, comienza a  interiorizar ciertos estándares brindados por sus padres y cuidadores, por ejemplo: que la mentira es mala, que no se debe utilizar la violencia, que robar es malo,  que no se debe gritar, etc; esos mismos estándares son los que crean la culpa y van generando represión en el sujeto, por ejemplo: sentirse culpable cuando miente o.

El cometido del “superyó” es restringir los impulsos del ello, y lo hará reprimiendo los impulsos psíquicos que considere que son inaceptables para la sociedad en la que se encuentra el sujeto. Por ejemplo, si un niño se enoja con un compañero, será el “superyó” el encargado de hacerle entender que la violencia no es la solución correcta. Según la segunda tópica freudiana, el “superyo” controla el sentido de lo correcto y lo incorrecto, y  ayuda al sujeto a insertarse en la sociedad, haciendo que éste actúe de manera socialmente aceptable.

El “superyó” se compone de dos sistemas: la conciencia y el yo ideal (imagen mental de lo que debería ser). La conciencia puede castigar al yo provocando sentimientos de culpa. Por ejemplo, si el yo cede a las demandas del ello, el superyó hará que se presente en el sujeto sentimiento de culpa.

Los impulsos psíquicos sancionados por el superyó quedaran en el inconsciente como impulsos reprimidos.

Según Freud con la aparición del superyó aparece también el complejo de Edipo. Freud hizo hincapié en la importancia del complejo de Edipo para el desarrollo psicosexual del individuo, pues para él si una persona no atraviesa el Edipo o no lo resuelve de la manera correcta se quedaría fijada en una etapa del desarrollo psicosexual y no podría pasar a la siguiente etapa.
Un complejo de edipo mal resuelto podría generar traumas y trastornos psicológicos a lo largo de la vida de una persona.

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