Ansiedad en niños

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Ansiedad en niños
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La ansiedad es una emoción normal del ser humano que puede aparecer tanto en niños como en adultos. Todos los niños se angustian de vez en cuando; la vida no es ni mucho menos un camino de rosas, y también los más pequeños pueden experimentar esa sensación de angustia de forma ocasional. El problema surge cuando dicho estado de ansiedad se intensifica, se vuelve cada vez más frecuente y comienza a interferir en su rendimiento escolar, en las relaciones con sus amigos y familiares, y en su desarrollo emocional general.

Los trastornos de ansiedad afectan aproximadamente al 10-15 % de los niños y adolescentes, con una prevalencia mayor en niñas. Según la guía clínica de la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP), se encuentran entre los trastornos psiquiátricos más frecuentes en la infancia. Pueden manifestarse desde edades tempranas: en niños de entre 3 y 6 años suelen estar relacionados con el miedo a la separación de las figuras de apego, mientras que a partir de los 7 años la ansiedad social se vuelve más habitual.

Es importante distinguir entre la ansiedad evolutiva normal —propia de determinadas etapas del desarrollo— y un trastorno de ansiedad clínicamente significativo. La ansiedad evolutiva suele ser transitoria y proporcional a la situación, mientras que el trastorno se caracteriza por una respuesta excesiva, persistente y desproporcionada que genera un deterioro funcional.

Síntomas del trastorno de ansiedad en niños

Ansiedad en niños

Los síntomas de los trastornos de ansiedad en los más pequeños pueden ser muy variados y dependen fundamentalmente de dos factores: por un lado, la edad del niño y, por otro, el tipo de trastorno de ansiedad y sus desencadenantes.

Cuando el trastorno surge en la primera infancia, lo más habitual es que los niños se muestren inquietos y lloren de forma frecuente sin razón aparente. Además, algunos pequeños pierden el apetito y sufren alteraciones del sueño, como pesadillas recurrentes o dificultad para conciliar el sueño solos. En ocasiones también pueden negarse a separarse de sus padres.

Cuando el trastorno de ansiedad aparece en niños más mayores y adolescentes, la señal de alerta más visible suele ser la falta de comunicación con las personas de su entorno y la evitación de situaciones sociales. Además, pierden la capacidad de concentración y atención, lo cual puede provocar un deterioro significativo en su rendimiento académico. Es frecuente que aparezcan también irritabilidad, perfeccionismo excesivo y preocupaciones desproporcionadas sobre el rendimiento escolar o las relaciones sociales.

Síntomas físicos

Hay una serie de síntomas físicos que pueden presentarse en niños de cualquier edad y que conviene vigilar: fatiga, tensión muscular, molestias estomacales, náuseas, sudoración, dolor de cabeza frecuente, taquicardia y dificultad para respirar. En la consulta pediátrica, las quejas somáticas son a menudo la primera manifestación de un trastorno de ansiedad subyacente.

Tipos de trastornos de ansiedad infantil

Trastorno de ansiedad en niños

Podemos encontrar diferentes tipos de trastornos de ansiedad en los más pequeños, cada uno con características y criterios diagnósticos específicos.

Trastorno de ansiedad por separación

Son muchos los niños que presentan ansiedad ante la posibilidad de separarse de alguien a quien quieren mucho, generalmente sus figuras de apego principales. Este trastorno es especialmente frecuente en niños pequeños y puede agravarse en contextos como una separación de los progenitores, un cambio de centro escolar o el inicio de la escolarización. Los niños afectados pueden negarse a dormir solos, tener pesadillas sobre la separación o presentar síntomas físicos cuando anticipan la despedida.

Trastorno de ansiedad social (fobia social)

Es a partir de los siete años aproximadamente cuando los niños desarrollan una mayor autoconciencia social. A partir de ese momento pueden experimentar un miedo intenso y persistente a ser evaluados, juzgados o humillados por terceras personas. Este trastorno de ansiedad social puede llevarles a evitar participar en clase, hablar en público o relacionarse con iguales, lo que afecta gravemente a su desarrollo social y académico.

Mutismo selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad en el que el niño, a pesar de tener capacidad para hablar, no consigue comunicarse verbalmente en determinados contextos sociales, como el colegio, mientras que en el entorno familiar habla con normalidad. Se considera relacionado con la ansiedad social y suele manifestarse al inicio de la escolarización.

Fobias específicas

Las fobias específicas implican un miedo intenso e irracional a un objeto o situación concretos: animales, oscuridad, tormentas, sangre, inyecciones, alturas, etc. Son relativamente frecuentes en la infancia y, aunque muchas remiten espontáneamente, pueden requerir intervención cuando generan una evitación significativa que interfiere en la vida cotidiana del niño.

Trastorno de ansiedad generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por una preocupación excesiva y difícil de controlar sobre múltiples aspectos de la vida: rendimiento escolar, salud de los familiares, catástrofes naturales, puntualidad, etc. Los niños con TAG suelen ser perfeccionistas, buscan constante aprobación y necesitan reafirmación frecuente por parte de los adultos.

Ansiedad escolar

Actualmente es uno de los problemas de ansiedad más frecuentes tanto en niños como en adolescentes. Los niños afectados se sienten incapaces de acudir al colegio o experimentan un malestar intenso al hacerlo. Las causas pueden ser diversas: desde una situación de acoso escolar hasta un volumen excesivo de tareas o dificultades de adaptación social.

Consecuencias del trastorno de ansiedad en niños

Cuando los niños sufren un trastorno de ansiedad, es importante tener en cuenta que esta patología puede tener consecuencias significativas a medio y largo plazo. Entre ellas destacan las dificultades en el aprendizaje, el aislamiento social, la baja autoestima, problemas para adaptarse a nuevos entornos y, en los casos más graves, el desarrollo de otros trastornos comórbidos como la depresión o los trastornos de conducta.

La investigación longitudinal muestra que los trastornos de ansiedad no tratados en la infancia aumentan el riesgo de trastornos de ansiedad y depresión en la adolescencia y la edad adulta.

Se trata de una situación muy frustrante para los padres, ya que se ven incapaces de solucionar el problema que sufre su hijo; de nada sirve restar importancia a los miedos que este siente o intentar tranquilizarle sin más. Cuando se sospecha que un niño puede sufrir un trastorno de ansiedad, lo mejor es consultar con un psicólogo clínico infantil o psiquiatra infantojuvenil; debe ser un profesional especializado quien evalúe y aplique el tratamiento correspondiente. Sin lugar a dudas, el pronóstico mejora sustancialmente cuando se interviene en las etapas iniciales del trastorno.

Evaluación y diagnóstico

El diagnóstico de un trastorno de ansiedad infantil debe realizarlo un profesional de la salud mental con formación específica en población infantojuvenil. La evaluación suele incluir entrevistas clínicas con el niño y sus padres, observación conductual y la aplicación de cuestionarios estandarizados.

Entre las herramientas de cribado más utilizadas y validadas se encuentran la Spence Children’s Anxiety Scale (SCAS) y el Screen for Child Anxiety Related Emotional Disorders (SCARED). La SCAS, desarrollada por Susan Spence en 1998, evalúa seis dominios de ansiedad: ansiedad por separación, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo, pánico y agorafobia, miedo al daño físico y ansiedad generalizada. Dispone de versiones para niños y para padres, lo que permite un enfoque multiinformante.

Tratamiento

El tratamiento de los trastornos de ansiedad infantil debe ser individualizado y adaptado a la edad del niño, el tipo de trastorno y su gravedad.

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento de primera línea para los trastornos de ansiedad en niños y adolescentes, con un sólido respaldo científico. La guía clínica de la AACAP (2020) la sitúa como la intervención psicológica con mayor evidencia de eficacia. La TCC ayuda a los niños a identificar y modificar los pensamientos distorsionados que generan ansiedad, a desarrollar estrategias de afrontamiento y a exponerse de manera gradual a las situaciones temidas.

En niños más pequeños (menores de 7-8 años), la TCC se adapta incorporando elementos de terapia de juego, con técnicas más visuales y lúdicas. En estos casos, la participación activa de los padres en la terapia es especialmente importante.

La TCC puede aplicarse en formato individual o grupal, y ambas modalidades han demostrado ser eficaces. Las intervenciones grupales ofrecen, además, la ventaja de normalizar la experiencia del niño y practicar habilidades sociales en un entorno seguro.

Participación de los padres

La implicación de los padres en el tratamiento es un componente esencial. Los programas de formación parental enseñan a los padres a evitar reforzar involuntariamente las conductas de evitación del niño y a fomentar la exposición gradual a las situaciones temidas, al tiempo que proporcionan apoyo emocional.

Tratamiento farmacológico

En los casos más graves o cuando la TCC por sí sola resulta insuficiente, puede considerarse el tratamiento farmacológico como segunda línea. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) son los fármacos con mayor evidencia de eficacia y seguridad en población infantil. Su uso debe realizarse siempre bajo supervisión médica estricta, con un seguimiento estrecho de los posibles efectos secundarios y con una duración limitada y planificada.

Es importante señalar que la medicación debe utilizarse con precaución en niños y, según las directrices clínicas vigentes, preferiblemente en combinación con terapia psicológica. Las benzodiazepinas no se recomiendan como tratamiento habitual en la población infantojuvenil debido al riesgo de dependencia y a la escasa evidencia de eficacia en este grupo de edad.

¿Qué hago si mi hijo tiene ansiedad?

Tal y como hemos señalado, cuando un niño presenta un trastorno de ansiedad, lo mejor es poner el caso en manos de un profesional especializado. No obstante, hay una serie de pautas que pueden ayudar de forma notable en el día a día.

Una de las actitudes más habituales que adoptan los padres cuando su hijo sufre ansiedad es hacer todo lo posible por evitar aquellas situaciones que lo angustian. Sin embargo, esto solo consigue que su ansiedad aumente a largo plazo. En vez de tratar de rescatarlo de esas situaciones, lo más eficaz es ayudarle a afrontar sus miedos de manera gradual y motivarle reconociendo su esfuerzo y valentía.

Además, es importante recordar que los niños, sobre todo cuando son pequeños, tienden a imitar tanto las conductas como las emociones que expresan sus padres. Por lo tanto, es esencial que los padres gestionen su propia ansiedad y eviten mostrarse excesivamente nerviosos delante del niño.

Otras pautas recomendables incluyen:

  • Validar las emociones del niño: reconocer que su miedo es real, sin minimizarlo ni exagerarlo.
  • Mantener rutinas estables: la previsibilidad aporta seguridad al niño ansioso.
  • Fomentar la autonomía: permitir que el niño resuelva problemas por sí mismo, con el apoyo necesario.
  • Limitar la exposición a noticias o contenidos que generen preocupación.
  • Promover hábitos saludables: ejercicio físico regular, sueño adecuado y una alimentación equilibrada contribuyen a reducir los niveles de ansiedad.

Referencias

  • Walter, H. J., Bukstein, O. G., Abright, A. R., Keable, H., Ramtekkar, U., Ripperger-Suhler, J., & Rockhill, C. (2020). Clinical Practice Guideline for the Assessment and Treatment of Children and Adolescents With Anxiety Disorders. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 59(10), 1107-1124. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32439401/
  • Spence, S. H. (1998). A measure of anxiety symptoms among children. Behaviour Research and Therapy, 36(5), 545-566. https://www.scaswebsite.com/
  • National Institute for Health and Care Excellence (NICE). (2013). Social anxiety disorder: recognition, assessment and treatment (CG159). https://www.nice.org.uk/guidance/CG159
  • U.S. Preventive Services Task Force. (2022). Screening for Anxiety in Children and Adolescents: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. https://www.uspreventiveservicestaskforce.org/uspstf/recommendation/screening-anxiety-children-adolescents
  • Higa-McMillan, C. K., Francis, S. E., Rith-Najarian, L., & Chorpita, B. F. (2016). Evidence base update: 50 years of research on treatment for child and adolescent anxiety. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 45(2), 91-113.
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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