Divorcio: cómo afecta a los niños
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Algunos padres están tan preocupados por las consecuencias que puede generar el divorcio en la salud psíquica de sus hijos que permanecen en matrimonios infelices, creyendo que así protegerán a sus hijos de algún tipo de trauma posdivoricio. Sin embargo, la evidencia científica indica que este planteamiento puede resultar contraproducente, ya que la exposición prolongada al conflicto interparental también causa daño emocional en los menores (1).
Los niños dentro del divorcio
Cuando los padres se divorcian, la mayoría de los niños sienten que su mundo se desmorona. Experimentan una pérdida de identidad familiar y temen perder la relación con alguno de sus progenitores. Esto puede generar una angustia profunda, así como sentimientos de inseguridad y abandono.
Según la investigación longitudinal llevada a cabo por la psicóloga E. Mavis Hetherington en la Universidad de Virginia, los niños sufren cuando las madres y los padres se separan (2). Su estudio, que abarcó casi tres décadas de seguimiento, encontró que muchos niños experimentan efectos negativos a corto plazo tras el divorcio, especialmente ansiedad, ira, conmoción e inseguridad.
No obstante, los estudios también señalan que solo un pequeño porcentaje de los niños experimenta problemas graves a largo plazo derivados del divorcio, y que la mayoría se adapta adecuadamente con el tiempo (2, 3).
Efectos del divorcio en los niños
Algunos de los efectos que pueden experimentar los niños a causa del divorcio de sus padres son los siguientes:
- Se enferman con mayor frecuencia y se recuperan de la enfermedad más lentamente.
- Son más propensos a sufrir situaciones de desprotección o maltrato infantil.
- Pueden mostrar conductas agresivas.
- Presentan ansiedad y malestar psicológico.
- Son propensos a sufrir ataques de pánico.
- Muestran inseguridad emocional.
- Presentan alteraciones en la conducta y en la personalidad.
- Pueden presentar episodios de depresión y padecer estrés.
- Experimentan cambios en el apetito y posibles trastornos alimentarios.
- Tienden a presentar baja autoestima.
- Pueden presentar trastornos del sueño, como por ejemplo insomnio.
- En la adolescencia, existe mayor riesgo de consumo de sustancias y de implicación en conductas de riesgo (4).
Es importante señalar que estos efectos no se producen de forma inevitable. La intensidad y duración de los síntomas dependen en gran medida de cómo los padres gestionen el proceso de separación (3).
Hijos rehenes

Un divorcio puede convertirse en un evento traumático para los niños si se gestiona de manera inadecuada. Siempre es preferible separarse antes de que la convivencia se deteriore gravemente cuando existe una mala relación de pareja.
Cuando el divorcio se produce en malos términos, además de todos los trámites legales que conlleva, se coloca a los niños en una situación muy incómoda. Algunos progenitores optan por utilizar a los hijos para obtener ventaja dentro del proceso de divorcio, poniéndolos en contra del otro progenitor, obligándolos a posicionarse, e incluso tomándolos como rehenes e impidiéndoles ver a su otro padre o madre.
Este fenómeno, conocido en psicología como alienación parental, implica que uno de los progenitores manipula emocionalmente a los hijos para que rechacen al otro. En ocasiones, alguno de los padres recurre a la extorsión emocional poniendo por delante a sus hijos, quienes terminan siendo las principales víctimas del conflicto. También se dan casos en los que se solicita la custodia basándose en acusaciones infundadas y difamaciones hacia la otra parte (5).
Siempre es necesario tener en cuenta que los hijos nunca deben ser utilizados como instrumento de presión entre sus padres. Para un niño, el padre siempre es padre y la madre siempre es madre. No hay reemplazos. Esto debe ser aceptado y abordado con responsabilidad.
Habitualmente, los niños tienden a identificarse con el progenitor del mismo sexo. Las hijas se identifican con sus madres y los hijos se identifican con sus padres, independientemente de si los padres están divorciados o no.
Si los niños reciben el mensaje «no seas como tu padre» o «no seas como tu madre», su desarrollo puede verse afectado. Incluso si el ejemplo de ese progenitor ha sido negativo, los niños se identificarán y podrán actuar de manera similar, pero más adelante tratarán de corregir aquellos aspectos que percibieron como la causa de la separación.
Cuando el niño se encuentra inmerso en un “secuestro emocional”, su salud psíquica tiende a desestabilizarse; esto puede actuar como desencadenante de trastornos de ansiedad, depresión o incluso trastornos de personalidad graves (5). Los niños a menudo sufren las consecuencias de los divorcios o separaciones, pero dependerá exclusivamente de los padres la intensidad con la que lo padezcan, el tiempo que necesiten para procesarlo y los efectos psicológicos posteriores que puedan derivarse de esta situación.
Consejos para lograr un divorcio saludable
En primer lugar, es fundamental comprender que el divorcio no tiene por qué ser un evento traumático si se aborda de la manera adecuada.
Es necesario que los padres tengan en cuenta que el bienestar emocional de sus hijos ante esta situación depende de cómo ellos gestionen el proceso. Por ello, resulta imprescindible que sea manejado de forma pacífica y constructiva.
Lo más beneficioso para los niños es que los padres mantengan una buena relación como progenitores y que el divorcio se realice en buenos términos. Los padres pueden repartir el tiempo con sus hijos de forma que la ausencia de uno de los progenitores en el hogar no resulte tan abrupta para los menores (6).
Además, siempre puede recurrirse a la terapia familiar para ayudar a manejar los aspectos relacionados con el divorcio o la separación. Estas terapias suelen ser de gran ayuda para los hijos, puesto que les ayudan a comprender mejor la situación y les proporcionan un espacio seguro donde poder expresar sus sentimientos (7).
Referencias
- Cummings, E. M., & Davies, P. T. (2010). Marital Conflict and Children: An Emotional Security Perspective. Guilford Press.
- Hetherington, E. M., & Kelly, J. (2002). For Better or for Worse: Divorce Reconsidered. W.W. Norton & Company.
- Amato, P. R. (2010). Research on divorce: Continuing trends and new developments. Journal of Marriage and Family, 72(3), 650–666.
- Lansford, J. E. (2009). Parental divorce and children’s adjustment. Perspectives on Psychological Science, 4(2), 140–152.
- Baker, A. J. L., & Darnall, D. (2006). Behaviors and strategies employed in parental alienation. Journal of Divorce & Remarriage, 45(1-2), 97–124.
- Kelly, J. B. (2007). Children’s living arrangements following separation and divorce: Insights from empirical and clinical research. Family Process, 46(1), 35–52.
- Lebow, J. L., & Rekart, K. N. (2007). Integrative family therapy for high-conflict divorce with disputes over child custody and visitation. Family Process, 46(1), 79–91.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.