Tipos de madre

En el sistema social de la familia tradicional, ambos padres están involucrados en criar y fomentar la crianza sus hijos. Sin embargo, las madres tienden a ser las principales cuidadoras que influyen de manera única en el crecimiento de sus hijos.

La relación entre una madre y su hijo en los primeros años de vida es esencial para un sano desarrollo del niño, pero a medida que transcurre el tiempo una madre tiene que ir adaptándose a los nuevos cambios y necesidades de su hijo.

Las madres tienen un impacto significativo en sus hijos en la medida en que la forma en que se comportan en sus últimos años se atribuye a la relación con su madre. Ninguna persona entiende mejor a un niño que una madre. Desde el momento en que nace hasta su edad adulta, el niño nutre un vínculo profundo con su madre. Esta relación es esencial para el desarrollo y la salud emocional del niño.

En muchas ocasiones las madres se pueden preguntar ¿cuál es la mejor manera de educar, criar, cuidar…? Pero no existe una respuesta exacta para esa pregunta, pues cada madre se adapta a las necesidades de su niño, y cada niño es un mundo aparte de otro.

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Relación madre-hijo

La relación madre-hijo ocurre desde antes del nacimiento. Ocurre desde ese momento en el que una mujer se entera que un nuevo ser está siendo gestado en su vientre. A partir de ese momento comienza la relación más pura y hermosa que existe.

Según estudios, a partir de la semana 16 de gestación el bebé ya puede escuchar algunos sonidos del exterior, pero el sonido que más siente y llama su atención es el de la voz de su madre.

Desde el momento en que el feto comienza a escuchar se genera una conexión extraordinaria entre una madre y su hijo, por eso, es recomendable que todas las embarazadas le hablen a sus hijos cuando estos se encuentran en su vientre. Pueden contarles que están haciendo, con quienes están, cantarle canciones e incluso leerles cuentos; todo esto estimulará al bebé y aumentará la conexión entre ambos.

A partir del nacimiento una nueva conexión surge entre una madre y su hijo. Durante las primeras horas y días posteriores al nacimiento del bebé, la madre está en constante contacto físico con su bebé ya sea amamantando o simplemente dándole sostén.

Los momentos íntimos entre una madre y su hijo después del nacimiento ayudan a establecer vínculos duraderos y apego. Según investigaciones,  la capacidad de la madre para comprender las necesidades de su bebé es muy importante para establecer una relación segura entre madre e hijo.

La lactancia materna es uno de los momentos más lindos de la maternidad. El bebé se alimenta de su madre, aún continúan conectados. A través del tacto, la respuesta y la mirada también se seguirá fomentando el vínculo madre-hijo.

A medida que el bebé crece, va adquiriendo más independencia. Ya se reconoce como un individuo diferente a su madre, con capacidades propias. Hasta los 3 años el vínculo madre-hijo continúa siendo muy estrecho. Es a partir de esta edad que el niño comienza a desarrollarse de manera más independiente. Comienza el preescolar, se integra con otros niños, con maestros.

Un estudio sobre la relación madre-hijo ha llegado ha realizar una clasificación de madres. Esta clasificación crea un prototipo de madres de acuerdo al comportamiento de las mismas con sus hijos.

Tipos de madre

Madres impulsivas

En este tipo de madres el estado de ánimo prima sobre la actitud reflexiva de ver lo que su hijo realmente necesita. Son ansiosas, en momentos algregres, en momentos enojadas y excesivamente emocionales.

Si estan de mal humor son capaces de mostrarse hirientes e incluso agresivas ante un problema insignificante; por el contrario si estan de buen humor pueden ser las persona más comprensivas y dejar pasar por alto algunas faltas más graves.

A estas madres, en ocaciones, les es difcir ser estabes y diferenciar sus problemas personales de la crianza de sus hijos. A menudo crean problemas en su mente a través de sus emociones y relaciones, y los transmiten directa o indirectamente a sus hijos.

Ante la inestabilidad de la madre, el hijo puede presentar cuadros de angustia e incluso ir adaptando su personalidad a la inestabilidad de la madre, convirtiendose en un niño inestable e inseguro.

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Madre sobreprotectora

Madres sobreprotectoras

Estas madres no son capaces de ver a sus hijos como individuos separados y estos tienden a ser auto-absorbidos por las mismas. Son madres que exageran en el cuidado y protección de sus hijos, y de esta manera le quitan su posibilidad de autonomía y desarrollo independiente.

Las madres sobreprotectoras, generalmente son madres llenas de temores por lo que les pueda suceder a sus hijos. Estos temores ocacionalmente pueden haber sido generados en su propia infancia a traves de ciertos tipos de traumas.

Los hijos de madres sobreprotectoras pueden presentar inseguridad emocional y les puede resultar difícil confiar en sus propios sentimientos en cualquier asunto, porque considera que la opinión de su madre es más importante y poderosa que la suya.

Madres hipercríticas

Este tipo de madres tienen muchas expectativas y esperanzas puestas en su hijo. Pretenden que sus hijos sean los mejores en prácticamente todo; que sean inteligentes, buenos atletas, tenga buenos modales, en otras palabras buscan la perfección en sus hijos.

Pueden llegar a ser excesivamente controladoras, críticas y ansiosas. El sistema de criticar lo utilizan porque creen que de esa forma su hijo va a aprender mejor, pero este es un grave error, pues “educar es enseñar, no corregir“. Las criticas no son para nada efectivas y crean en el niño sensación de inseguridad y lo sofocan.

Según Poulter los hijos de madres hipercríticas sienten que el mundo esta observandolos y juzgandolos constantemente, además creen las opiniones de los demas son más importantes y estan por encima de las suyas.

Madres ausentes

Son madres que hacen caso omiso a la maternidad y la responsabilidad de criar a sus hijos, y delegan sus responsabilidades a otras personas: padres, abuelos, niñeras, guarderías, etc.

Esta ausencia puede ser física o emocional. La ausencia física es cuando la madre abandona el hogar dejando a sus hijos al cuidado de otras personas y la ausencia emocional es cuando aún estando presentes en el mismo hogar, solo comparten con sus hijos el tiempo que les sobra, que generalmente es limitado o nulo.

También en este grupo entran las madres que abandonan a sus hijos por algunos períodos de tiempo y luego les invade la culpa y vuelven a querer recomponer esa relación que perdieron, sin darse cuenta de las consecuencias de sus actos.

El vínculo entre una madre y un hijo es único e intransferible, por eso ante la ausencia de la madre o ante su falta de presencia activa, el niño se sentira solo, decepcionado, culpable y poco seguro.

Los hijos de madres ausentes tienden a padecer problemas de inseguridad a largo o corto plazo. A su vez buscan obtener la aceptación de las demás personas, esforzandose por no cometer errores que decepcionen al resto, siempre con el temor de volver a sentirse abandonados.

Madres completas

Este es el tipo de madre que cumple con la mayoría de las expectativas de “madre”. Según Poulter, solo el 10% de las madres cumple con los requisitos para ser una madre completa.

Estas madres combinan los mejores elementos de los otros cuatro tipos de madres y más.

Son madres emocionalmente equilibradas, que no mezclan sus circunstancias emocionales con su maternidad y están comprometidas con la misma, independientemente de otras responsabilidades fuera del hogar.

Los hijos de madres completas usualmente son estables, independientes y seguros de sí mismos, están preparados para sumir riesgos e iniciar relaciones sin temor a ser rechazados.

La reacción materna

Algunos estudios realizados para comparar la reacción materna, indican que la corteza orbitofrontal -relacionada con la toma de decisiones- se activa a mayor nivel en el cerebro de una madre cuando mira a su propio hijo en comparación con otros niños, independientemente de la situación o el estado de ánimo de su hijo. Esta área cerebral también mostró una mayor activación cuando una madre veía a su hijo cuando éste lloraba, en lugar de cuando lo veía en situación de juego.

La corteza orbitofrontal, que guía el comportamiento materno muestra una correlación positiva no solo con los sentimientos agradables sino también con los sentimientos de ansiedad que experimentan las madres.

En resumen… se ha llegado a la conclusión de que el comportamiento materno está guiado por complejos mecanismos neuronales que crean una perfecta conexión entre una madre y su hijo.

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