Cómo afrontar una separación de pareja o divorcio

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Cómo afrontar una separación de pareja o divorcio
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Las rupturas de pareja y los procesos de divorcio constituyen una de las principales fuentes de malestar psicológico, pudiendo desencadenar trastornos como la depresión o la ansiedad.

Afrontar adecuadamente este difícil proceso es lo que nos permitirá retomar nuestro ritmo de vida de la mejor manera posible, superando el dolor que supone la pérdida de uno de los vínculos afectivos más significativos que podemos establecer.

Terapia de divorcio

En muchas ocasiones, las personas que atraviesan un proceso de divorcio buscan ayuda terapéutica para organizar sus sentimientos y decidir si desean continuar con el matrimonio o iniciar la separación. Este objetivo puede abordarse tanto en una terapia individual como en una terapia de pareja.

La finalización de un matrimonio puede ser un acontecimiento emocionalmente traumático. Existen numerosas razones por las cuales los matrimonios se disuelven y, según diversas investigaciones, muchas parejas presentan una combinación de factores que las llevan a decidir la separación.

Algunos de los factores más frecuentes que generan una ruptura de pareja o divorcio son:

  • Casarse por compromiso o de manera apresurada
  • Incompatibilidad de caracteres o valores
  • Infidelidades
  • Falta de comunicación o tendencia a la discusión constante
  • Desigualdad en el reparto del trabajo doméstico o el cuidado de los hijos
  • Falta de respeto hacia la otra persona
  • Manipulación o chantaje emocional
  • Actitud defensiva permanente
  • Falta de empatía hacia la pareja
  • Problemas financieros y desacuerdos sobre la gestión económica
  • Abuso de sustancias
  • Dependencia emocional
  • Desconfianza y falta de autoconfianza

La terapia individual durante el divorcio se emplea cuando una persona que está atravesando este proceso experimenta sentimientos de culpa, miedo, ansiedad, sensación de fracaso personal o depresión. Al trabajar con su terapeuta, el paciente puede obtener una perspectiva objetiva y racional sobre lo que está sucediendo. La terapia individual proporciona las herramientas necesarias para superar las dificultades asociadas al divorcio.

La terapia de pareja durante el divorcio puede resultar beneficiosa tanto para parejas que aún no han iniciado formalmente el proceso como para aquellas que desean lograr una disolución del matrimonio más saludable y constructiva. Habitualmente, el terapeuta actúa como conciliador, ayudando a la pareja a encontrar formas adecuadas de expresar sus emociones. Además, puede facilitar la resolución de otras cuestiones relacionadas, como los acuerdos sobre la vivienda, las responsabilidades parentales y los aspectos financieros.

Quienes recurren a la terapia de pareja durante el divorcio suelen lograr llegar a un acuerdo a través del proceso de mediación que facilita el terapeuta. En este acuerdo, puede darse que ambas partes queden satisfechas o que una de ellas ceda en ciertos aspectos para evitar conflictos prolongados.

La terapia de divorcio también puede ayudar a las parejas a mejorar su comunicación futura, un aspecto esencial para lograr una separación saludable. Esto resulta especialmente importante cuando hay hijos de por medio, ya que el efecto que un divorcio puede generar en los hijos dependerá en gran medida de cómo los progenitores gestionen dicho proceso.

Terapia de divorcio

Pautas para afrontar una separación de pareja

Comprender lo sucedido

Lo primero que debemos valorar es la forma en la que se ha producido la ruptura. Comprender lo que ha ocurrido nos permitirá dar forma a nuestro dolor, buscando una explicación que, sin hacer que desaparezca el sufrimiento, nos ayude a evitar el círculo vicioso en el que nuestros pensamientos nos llevan a buscar justificaciones y esas mismas justificaciones alimentan una rumiación constante.

Entrar en esta espiral es uno de los patrones más perjudiciales tras una ruptura, ya que intensifica el malestar emocional. Saber aclarar lo acontecido y situar en el tiempo cada una de las causas nos ayudará a evitarlo.

Establecer límites saludables

En una ruptura amistosa debemos pensar ante todo en nuestro propio bienestar. Aunque se haya pactado mantener la amistad, es recomendable crear una distancia natural con esa persona, manteniendo siempre el respeto a la vez que reforzamos nuestra autonomía.

Lejos de entrar en discusiones, conviene asumir que esa persona ya no forma parte de nuestra vida de manera central y debe situarse en el nuevo espacio que le corresponde. Si no establecemos estos límites, resultará mucho más difícil superar la ruptura, ya que estaremos asignando a esa persona un rol que ya no le pertenece.

Valorar la estrategia de contacto cero

También es importante valorar hasta qué punto resulta aconsejable el llamado contacto cero. Se trata de una estrategia útil cuando queremos facilitar el proceso de desvinculación emocional, siempre que se lleve a cabo de forma adecuada. El contacto cero implica desprenderse de todos los elementos que puedan recordarnos a esa persona: guardar fotografías, regalos, cartas y eliminar vías de comunicación directa.

Reducir al mínimo las asociaciones con esa persona permite que su presencia vaya disminuyendo paulatinamente en nuestra mente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta estrategia puede resultar frágil ante situaciones de estrés elevado o de fuerte carga emocional, en las que el impulso de retomar el contacto puede ser intenso.

Recurrir al divorcio exprés cuando sea necesario

Si deseamos resolver la situación legal con rapidez o si la otra parte no colabora lo suficiente e incluso pone trabas al proceso, es posible recurrir al divorcio exprés. Para llevar a cabo este tipo de divorcio solo se necesita la voluntad de una de las partes, tal como establece la legislación española vigente.

Priorizar el bienestar propio

Sentirnos perdidos, solos o experimentar dificultades en otras áreas de la vida puede empujarnos a contactar con la expareja, lo cual puede provocar un impacto emocional mucho más intenso si hemos mantenido un período prolongado sin contacto.

Todo ello hace que nuestra prioridad durante la separación sea mantenernos fieles a nosotros mismos. Ser activos, no descuidar otras esferas de nuestra vida y gestionar el contacto con la expareja de forma racional y reflexiva. No es negativo querer saber de esa persona mientras mantengamos la correspondiente distancia emocional, que es, en última instancia, la mejor señal de superación.

Referencias

  1. Amato, P. R. (2010). Research on divorce: Continuing trends and new developments. Journal of Marriage and Family, 72(3), 650-666.
  2. Sbarra, D. A., & Emery, R. E. (2005). The emotional sequelae of nonmarital relationship dissolution: Analysis of change and intraindividual variability over time. Personal Relationships, 12(2), 213-232.
  3. Nolen-Hoeksema, S., Wisco, B. E., & Lyubomirsky, S. (2008). Rethinking rumination. Perspectives on Psychological Science, 3(5), 400-424.
  4. Amato, P. R., & Keith, B. (1991). Parental divorce and the well-being of children: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 110(1), 26-46.
  5. Emery, R. E. (2012). Renegotiating family relationships: Divorce, child custody, and mediation (2nd ed.). Guilford Press.
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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