¿Cómo ser una persona optimista?
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El optimismo es una capacidad que nos permite valorar positivamente cada aspecto de la vida, ya sea favorable o adverso. De este modo, ayuda al individuo a buscar soluciones y a percibir el lado positivo de las situaciones. Las personas con una elevada capacidad de optimismo logran afrontar los obstáculos con mayor ánimo y perseverancia.
¿Cómo incide el optimismo en nuestro bienestar?
El optimismo se ha señalado como un factor evolutivo importante para la supervivencia humana. Se ha demostrado que mantener pensamientos negativos, de enojo o depresivos de forma prolongada tiene consecuencias en nuestra salud psíquica y física (Conversano et al., 2010). Por otro lado, cuando practicamos el optimismo, comenzamos a encontrar soluciones y respuestas en lugar de estancarnos en problemas aparentemente irresolubles, lo que nos permite gozar de una mejor salud y aumentar nuestra vitalidad.
Shelley E. Taylor, profesora de psicología de la Universidad de California en Los Ángeles, argumentó en su libro Positive Illusions (1989) que las distorsiones positivas de los atributos personales, el sentido de control y la evaluación del futuro son generalizadas y que, en realidad, el verdadero signo de las personas psicológicamente sanas es el optimismo y el deseo de avanzar.
Estudios recientes han comprobado que las personas con mentalidad optimista tienen mayores probabilidades de gozar de una salud psíquica y cardiovascular adecuada (Boehm y Kubzansky, 2012). Estas investigaciones también confirman la relación entre el optimismo y el buen estado de salud, con resultados que abarcan desde las madres optimistas que dan a luz bebés más saludables hasta los pacientes con VIH que mantienen una actitud optimista y presentan una mejor evolución clínica.
El optimismo se relaciona con resultados positivos que van desde una mayor esperanza de vida hasta mejoras en la salud física y mental. También se encuentra correlacionado con un mayor rendimiento en áreas deportivas, laborales y escolares, mejores tasas de recuperación tras intervenciones cardíacas y estrategias de afrontamiento más eficaces ante la adversidad (Carver et al., 2010).
Se estima que un bajo nivel de optimismo en las madres primerizas puede ser un factor determinante de la depresión posparto. Este tipo de depresión surge cuando las madres no logran afrontar el cambio radical que conlleva la llegada de un nuevo miembro a la familia, por lo que se agobian y comienzan a percibir todo de manera pesimista. Hay que tener en cuenta que el pesimismo y la depresión generalmente van de la mano. Lo mismo ocurre en pacientes con afecciones clínicas graves, donde el pesimismo reduce la calidad de vida y hace al paciente más propenso a agravar enfermedades o a desarrollar otras nuevas. Estos ejemplos se fundamentan en la estrecha relación que existe entre la salud psíquica y la salud física, donde la mente influye en el cuerpo y el cuerpo influye en la mente. Por este motivo, al afrontar con un mínimo de optimismo las circunstancias que nos acontecen, podemos estar generando un cambio positivo en nuestro interior.
Relación entre optimismo y pesimismo

Como bien sabemos, el optimismo y el pesimismo son opuestos. Por tanto, si el optimismo tiende a definirse como una disposición positiva que genera en las personas esperanza, motivación y ganas de avanzar, el pesimismo tenderá a definirse como una disposición negativa que genera en los individuos ganas de rendirse, sensación de estancamiento, desmotivación y desesperanza.
Según Seligman, en su libro The Optimistic Child (1995), el pesimismo es un hábito mental arraigado que tiene consecuencias profundas: ánimo deprimido, baja autoestima, resignación, bajo rendimiento e incluso una salud física inesperadamente deficiente.
A diferencia de las personas optimistas, que generalmente intentan resolver situaciones y buscar soluciones de la mejor manera posible, las personas pesimistas tienden a verlo todo negro, se estancan en sus pensamientos negativos y solo ven problemas sin solución; incluso, a veces se niegan a buscar alternativas, aunque saben que existen.
Las personas pesimistas son más propensas a presentar alteraciones anímicas y trastornos de personalidad.
Se ha demostrado que los pacientes optimistas gozan de una mejor calidad de vida que los pacientes pesimistas. También se ha observado que los pacientes con enfermedades graves que mantienen la capacidad de ver su situación de forma positiva se recuperan más rápidamente que los pacientes pesimistas, los cuales tienden a sumergirse en un estado anímico depresivo y desesperanzado (Rasmussen et al., 2009).
¿Cómo ser una persona optimista?
A continuación se detallan una serie de habilidades y estrategias que puedes poner en práctica para que tus días estén llenos de energía positiva.
Piensa en positivo
Puedes mantener una actitud positiva sin hacer la vista gorda ante los momentos difíciles de la vida. Esto significa que se puede mantener el optimismo sin ignorar la realidad. Conviene ser consciente de lo que ocurre y conservar la esperanza y la autoconfianza durante los malos tiempos. Al fin y al cabo, la esperanza es un componente fundamental para alcanzar el bienestar y contribuir a una mente más clara.
Busca soluciones
Para lograr ser optimista debes concentrarte en encontrar soluciones y no en buscar problemas. Problemas podrás encontrar muchos, pero lo importante es dedicar tu energía a hallar las soluciones adecuadas.
Cree en ti mismo
Cambia tu mentalidad y motívate. Es de suma importancia, si quieres lograr cualquier objetivo, que modifiques tu forma de pensar. Debes dejar la inseguridad de lado, pues solo si lo deseas realmente y tienes confianza en ti mismo podrás lograrlo de forma satisfactoria. Pero también recuerda que el pensamiento positivo no sirve de nada si no va acompañado de verdadera motivación y constancia.
Disfruta al máximo
Cada momento de tu vida es especial. Disfruta de las grandes y pequeñas cosas, pues a veces en los pequeños placeres podemos encontrar grandes momentos de felicidad. Ábrete a recibir afecto y a brindarlo a quienes te rodean. Realiza también actividades que te llenen de alegría y buena energía.
Persevera y triunfarás
Debes ser consciente de que cualquier cosa que te propongas podrás lograrla si tienes perseverancia y confianza en ti mismo. Sé paciente, concéntrate en lo que deseas lograr y cree en ti.
Comienza tu día con un propósito
Valora lo que tienes y agradécelo. Al terminar el día, piensa en todo lo que has logrado y realiza diariamente una introspección que te ayude a mantener una buena autocrítica y a ser mejor persona.
Celebra tus logros y acepta tus fracasos
Sé consciente de tus logros, disfrútalos, celébralos y valora el esfuerzo realizado para llegar a ellos. También acepta tus fracasos, pues no existe persona que no haya fallado en sus propósitos. Aprende de tus errores y utilízalos para construir sobre ellos.
No aceptes críticas destructivas
No permitas que las personas con pensamientos negativos piensen o tomen decisiones por ti. Somos seres únicos e independientes y no todos pensamos igual. Por tanto, quienes te rodean pueden equivocarse al intentar comprenderte, guiándote con consejos que quizás no te ayudan a crecer.
Tu mente es única en el mundo: aprecia su valor y hazla valer.
Sé feliz
Decídete a querer ser feliz sin ponerte barreras. Sé consciente de que la única persona que puede influir de forma determinante en tu vida eres tú mismo. Tú decides ser feliz o no serlo.
Referencias
- Boehm, J. K. y Kubzansky, L. D. (2012). The heart’s content: the association between positive psychological well-being and cardiovascular health. Psychological Bulletin, 138(4), 655-691.
- Carver, C. S., Scheier, M. F. y Segerstrom, S. C. (2010). Optimism. Clinical Psychology Review, 30(7), 879-889.
- Conversano, C., Rotondo, A., Lensi, E., Della Vista, O., Arpone, F. y Reda, M. A. (2010). Optimism and its impact on mental and physical well-being. Clinical Practice and Epidemiology in Mental Health, 6, 25-29.
- Rasmussen, H. N., Scheier, M. F. y Greenhouse, J. B. (2009). Optimism and physical health: a meta-analytic review. Annals of Behavioral Medicine, 37(3), 239-256.
- Seligman, M. E. P. (1995). The Optimistic Child. Houghton Mifflin.
- Taylor, S. E. (1989). Positive Illusions: Creative Self-Deception and the Healthy Mind. Basic Books.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.