¿Qué hay que observar cuando un niño juega?

· Actualizado: Salud mental
¿Qué hay que observar cuando un niño juega?
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El juego ha sido identificado como un componente vital para el desarrollo cognitivo normal de los niños. Se considera necesario para lograr un desarrollo normal físico, social y cognitivo, y constituye una de las herramientas más poderosas de las que dispone la infancia para aprender, comunicarse y crecer.

Mediante el juego, el niño puede desplegar su imaginación, manipular información percibida y poner a funcionar su mente de manera extraordinaria. El juego no es simplemente una actividad de ocio: es la forma natural que tiene el niño de explorar el mundo, procesar sus experiencias y desarrollar habilidades fundamentales que utilizará a lo largo de toda su vida.

El juego permite a los niños crear, deshacer y darle el valor que ellos creen a personajes u objetos dentro de su mundo de juegos; esto puede depender de su estado de ánimo o de la relación que este tenga con el objeto o personaje creado. También es una herramienta de gran utilidad que les permite practicar la resolución de conflictos.

Por qué es tan importante observar el juego infantil

Observar cómo juega un niño proporciona información valiosa sobre su desarrollo emocional, cognitivo y social. A través del juego, los niños expresan lo que sienten, lo que piensan y cómo perciben el mundo que les rodea. En muchos casos, el juego funciona como un lenguaje no verbal mediante el cual el niño comunica estados internos que aún no puede expresar con palabras.

Para los padres, educadores y profesionales de la salud mental, prestar atención al juego infantil permite:

  • Detectar posibles retrasos en el desarrollo: si un niño no alcanza los hitos de juego esperados para su edad, puede ser indicativo de un problema en su desarrollo cognitivo, motor o social.
  • Identificar dificultades emocionales: los niños a menudo representan en el juego situaciones que les generan ansiedad, miedo o conflicto. Un cambio brusco en la forma de jugar puede ser señal de un problema emocional.
  • Evaluar habilidades sociales: la capacidad del niño para compartir, negociar, respetar turnos y cooperar con otros se manifiesta claramente durante el juego.
  • Comprender el mundo interno del niño: el juego simbólico (jugar a ser mamá, a ser médico, a cocinar) refleja cómo el niño interpreta las relaciones y los roles de su entorno.

Forma de juego según la edad

De acuerdo con Piaget y su teoría del desarrollo cognitivo, los niños atraviesan diferentes etapas de juego dependiendo de su edad. Cada etapa se caracteriza por un tipo de juego predominante que refleja el nivel de maduración del niño.

De 0 a 12 meses: juego sensoriomotor

En los primeros meses de vida, el juego del bebé se centra en la exploración sensorial y motora. El niño descubre su propio cuerpo y los objetos que le rodean a través de los sentidos: toca, chupa, sacude y observa todo lo que está a su alcance. A esta edad, el juego se basa en la repetición de acciones que producen resultados interesantes (como agitar un sonajero para escuchar el sonido).

Qué observar en esta etapa:

  • Si el bebé muestra interés por los objetos y su entorno.
  • Si responde a estímulos visuales y auditivos.
  • Si desarrolla la capacidad de manipular objetos con las manos.
  • Si muestra los primeros signos de interacción social (sonrisa social, balbuceo).

De 12 a 36 meses: juego solitario y simbólico emergente

Un niño de hasta tres años de edad presentará un juego de tipo egocéntrico, espontáneo, que tiende más que nada a investigar el objeto; el sentido de realidad en esta etapa es más subjetivo, por lo tanto representará en el jugar aquello que quiere.

A los bebés generalmente les gusta jugar por su cuenta. Explorar todos los aspectos de su entorno y conocer el mundo que los rodea —un mundo completamente nuevo y lleno de sorpresas—. Hasta los 18 meses el bebé continúa asombrándose con el sonido de su propia voz, observa todo con gran curiosidad, le gusta tirar cosas, chupar y hacer sonar cualquier objeto que se le presente.

A partir de los 18 meses hasta los 36 meses el niño ya ha desarrollado otras facetas que le permiten comunicarse y ser parte de su entorno. En esta etapa les gusta construir, dibujar, pintar, inventar personajes, jugar a imitar las tareas que realiza mamá o papá. Comienza el juego simbólico: el niño es capaz de usar un objeto para representar otro (un palo se convierte en espada, una caja en coche).

Qué observar en esta etapa:

  • Si el niño comienza a realizar juego simbólico (simular que come, que habla por teléfono, que cuida a un muñeco).
  • Si muestra curiosidad por explorar su entorno de forma activa.
  • Si utiliza los objetos de manera funcional (un lápiz para dibujar, un vaso para beber).
  • Si comienza a mostrar interés por otros niños, aunque todavía no juegue directamente con ellos.

De 4 a 7 años: juego paralelo y asociativo

De los cuatro a los siete años se da una mayor aproximación a lo real, debido al proceso de socialización que permite ver al otro como alguien distinto. Y ya a partir de los siete hasta los once años tendremos que observar la aparición o no del juego reglado.

En esta etapa los niños ya pueden comunicarse con claridad y socializar con los demás. Es una etapa de interacción donde se busca jugar con otros niños. Pueden participar en actividades similares o actividades totalmente diferentes, pero les gusta estar con otras personas de su misma edad.

Comienza el juego interactivo, donde pueden compartir ideas y juguetes. A través de esta modalidad de juego, los niños comienzan a desarrollar habilidades sociales como compartir, colaborar, conocer reglas y esperar turnos.

Qué observar en esta etapa:

  • Si el niño es capaz de compartir juguetes y respetar turnos.
  • Si puede seguir reglas sencillas durante el juego.
  • Si muestra empatía hacia los compañeros de juego.
  • Si el juego simbólico se enriquece y se vuelve más complejo (creación de historias, asignación de roles).
  • Si es capaz de resolver pequeños conflictos durante el juego sin recurrir siempre a la agresión o al llanto.

A partir de 7 años: etapa cooperativa

Proceso de psicodiagnostico en niños

Esta etapa consiste en realizar actividades organizadas que se encuentran caracterizadas por roles sociales.

Luego de los 7 años, a los niños les interesan más los juegos interactivos, generalmente con niños de su misma edad, mayores o adultos. Es posible que dejen de lado sus muñecos y comiencen a jugar con objetos de su entorno, por ejemplo: jugar a realizar las tareas del hogar.

A esta edad, algunos niños ya prefieren ver la televisión o jugar a videojuegos en vez de salir a jugar al aire libre. Como padres debemos evitar que esto ocurra en exceso, pues el niño todavía se encuentra en plena etapa de desarrollo y el juego activo es un factor indispensable que ayuda a estimular el buen desarrollo cognitivo del niño.

Qué observar en esta etapa:

  • Si el niño es capaz de participar en juegos con reglas complejas y respetarlas.
  • Si puede trabajar en equipo y asumir diferentes roles dentro del grupo.
  • Si muestra capacidad de planificación y estrategia en el juego.
  • Si mantiene un equilibrio entre el juego digital y el juego activo al aire libre.
  • Si las relaciones con los compañeros de juego son generalmente positivas y estables.

Tipos de juego y lo que revelan

Más allá de la evolución por edades, existen diferentes tipos de juego que ofrecen información específica sobre el desarrollo del niño:

Juego funcional o de ejercicio

Es el tipo de juego más primitivo. Consiste en repetir acciones por el placer que producen: correr, saltar, trepar, lanzar objetos. Predomina en los primeros años de vida pero se mantiene a lo largo de toda la infancia. Favorece el desarrollo motor y la coordinación.

Juego simbólico o de ficción

Aparece alrededor de los 2 años y alcanza su máxima expresión entre los 3 y los 6 años. El niño representa situaciones de la vida real o imaginaria, asume roles y utiliza objetos de forma simbólica. Este tipo de juego es fundamental para el desarrollo del lenguaje, la creatividad, la regulación emocional y la comprensión de las relaciones sociales.

Señales a observar: si un niño no desarrolla juego simbólico después de los 3 años, o si este es extremadamente repetitivo y rígido, puede ser conveniente consultar con un profesional del desarrollo infantil.

Juego de construcción

Implica crear algo con diferentes materiales (bloques, piezas, arena, plastilina). Favorece el desarrollo de la motricidad fina, la planificación, la resolución de problemas y el pensamiento espacial. Está presente desde los primeros años y se complejiza con la edad.

Juego reglado

Aparece a partir de los 6-7 años y se basa en normas previamente acordadas. Incluye juegos de mesa, deportes y juegos de patio con reglas. Favorece el desarrollo del pensamiento lógico, la aceptación de normas sociales, la tolerancia a la frustración y la capacidad de competir de forma saludable.

Proceso de psicodiagnóstico en niños

Si nos encontramos frente a un proceso de psicodiagnóstico, vamos a tener como herramienta a la hora de jugar la caja de juegos, pero como padres también se puede observar ciertos elementos cuando sus hijos se disponen a jugar.

En primer lugar hay que observar cómo el niño se acerca a la caja o a los juguetes en general. Dicha observación tanto en el caso del psicólogo como de los propios padres debe ser aproximada pero a distancia, es decir, sin participación activa, tratando de tomar distancia del mundo interno del niño y preguntándonos, a su vez, si para poner en marcha la función lúdica el niño:

  • Espera que el entrevistador o los padres lo motiven, lo que daría cuenta de un rasgo de dependencia.
  • Se aproxima lentamente, tomando distancia de los juguetes, evitando el juego.
  • Toma los juguetes dubitativamente pero los deja sin saber qué hacer.
  • Toma los materiales bruscamente, dando cuenta de una acción caótica o impulsiva.
  • El juego presenta un principio, un desarrollo y un final, o sea, una lógica temporal, una unidad coherente para su edad.
  • Genera un acercamiento previo representando en su mente lo que hay, lo que le permitiría estructurar el campo previamente para luego desarrollar una actividad.

Elementos adicionales que observar en el juego libre

Además de la forma de acercamiento a los juguetes, los profesionales y padres atentos deben prestar atención a:

  • El contenido temático del juego: ¿qué temas aparecen con frecuencia? Los niños que han vivido experiencias difíciles a menudo las recrean en el juego como forma de procesarlas.
  • Los personajes y roles: ¿qué personajes elige el niño? ¿Se identifica con roles de poder, de cuidado, de sumisión? ¿Los personajes son agresivos, protectores, temerosos?
  • Las emociones durante el juego: ¿el niño disfruta, se frustra con facilidad, se muestra ansioso, se enfada?
  • La duración de la atención: ¿puede mantener una actividad de juego durante un tiempo razonable para su edad, o cambia constantemente de una cosa a otra?
  • La creatividad y flexibilidad: ¿el niño inventa historias nuevas o repite siempre el mismo guion de forma rígida?
  • La relación con los pares: ¿busca activamente a otros niños para jugar, los evita, o intenta dominar la situación?

Señales de alerta en el juego infantil

Otro de los elementos básicos a analizar cuando un niño juega es si el niño tiene preferencia por el juego solitario. Si bien el juego solitario es necesario para el conocimiento de sí mismo y la estimulación cognitiva, el niño a partir de los 4 años sentirá la necesidad de compartir su juego e interactuar con otras personas. Si esto no ocurre y el niño siempre juega solo, podemos estar ante un problema de desarrollo.

Además del juego solitario persistente, existen otras señales que pueden indicar la necesidad de consultar con un profesional:

  • Ausencia de juego simbólico después de los 3 años: puede ser indicativo de un retraso en el desarrollo cognitivo o de un trastorno del espectro autista.
  • Juego excesivamente repetitivo y estereotipado: alinear objetos repetidamente, girarlos o mirarlos fijamente sin interacción funcional.
  • Contenido violento o perturbador de forma persistente: aunque cierto grado de agresividad en el juego es normal, un patrón persistente de violencia excesiva puede señalar un problema emocional.
  • Regresión en el juego: un niño que ha alcanzado un nivel de juego más avanzado y retrocede a formas de juego propias de etapas anteriores puede estar experimentando estrés emocional significativo.
  • Incapacidad para jugar con otros niños: dificultad persistente para compartir, negociar o respetar turnos después de los 5-6 años.
  • Excesiva dependencia del adulto para jugar: el niño no es capaz de iniciar o mantener el juego sin la presencia y dirección constante de un adulto.
  • Evitación del juego: el niño muestra poco o ningún interés por jugar, lo que puede indicar un estado depresivo o un problema de desarrollo.

El papel de los padres en el juego

Los padres desempeñan un papel fundamental en el juego infantil. Algunas recomendaciones para favorecer un juego saludable y enriquecedor incluyen:

  • Proporcionar tiempo y espacio para el juego libre: no todo el tiempo del niño debe estar ocupado con actividades estructuradas. El juego libre, sin dirección del adulto, es esencial para el desarrollo de la creatividad y la autonomía.
  • Participar en el juego cuando el niño lo pida: seguir la iniciativa del niño en lugar de dirigir el juego fomenta su autoestima y su sensación de competencia.
  • Ofrecer materiales variados y adecuados a la edad: no es necesario que los juguetes sean costosos. Materiales sencillos como cajas, telas, pinturas o elementos naturales estimulan la creatividad.
  • Limitar el tiempo de pantallas: la Organización Mundial de la Salud recomienda evitar las pantallas antes de los 2 años y limitar su uso a un máximo de una hora diaria entre los 2 y los 5 años.
  • Observar sin juzgar: prestar atención al juego del niño sin intervenir excesivamente ni corregir constantemente permite obtener información valiosa sobre su mundo interno.

Cuándo consultar con un profesional

Si como padre o educador se detectan varias de las señales de alerta mencionadas, o si existe una preocupación persistente sobre la forma en que un niño juega, es recomendable consultar con un profesional de la salud mental infantil o un pediatra del desarrollo. Una evaluación temprana permite intervenir a tiempo y favorecer el desarrollo óptimo del niño.

Referencias

  • Piaget J. La formación del símbolo en el niño. Fondo de Cultura Económica; 1961.
  • Winnicott DW. Realidad y juego. Editorial Gedisa; 1971.
  • American Academy of Pediatrics. The Power of Play: A Pediatric Role in Enhancing Development in Young Children. Pediatrics. 2018;142(3):e20182058.
  • Organización Mundial de la Salud (OMS). Guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age. 2019. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789241550536
  • Vygotsky LS. El papel del juego en el desarrollo del niño. En: El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Editorial Crítica; 1979.
  • Aberastury A. El niño y sus juegos. Editorial Paidós; 1968.
  • MedlinePlus. El desarrollo de los niños. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/childdevelopment.html
Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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