Afasia de Wernicke, afasia de comprensión o afasia sensorial

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Afasia de Wernicke, afasia de comprensión o afasia sensorial
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La afasia de Wernicke, también llamada de comprensión o sensorial, como todas las afasias, constituye una afección neurológica que altera el lenguaje oral. Dentro de la clasificación de Boston —el sistema de referencia más utilizado en neuropsicología clínica para categorizar los síndromes afásicos—, la afasia de Wernicke se encuadra como el prototipo de afasia fluida con alteración predominante de la comprensión. Este tipo de trastorno se caracteriza por la afectación del lenguaje conversacional en el nivel de la comprensión, pero no interfiere en la inteligencia de la persona.

La clasificación de Boston, desarrollada por Harold Goodglass y Edith Kaplan, distingue ocho subtipos principales de afasia (Broca, Wernicke, de conducción, global, anómica, transcortical motora, transcortical sensorial y transcortical mixta), cada uno definido por un perfil específico de fluidez, comprensión y capacidad de repetición. La afasia de Wernicke se sitúa en el grupo de las afasias fluidas con comprensión alterada y repetición deficitaria.

El nombre de esta afasia fue designado en honor al neurólogo y psiquiatra alemán Carl Wernicke, quien en 1874 describió que esta afección era generada por un daño en un área temporal posterior izquierda del cerebro, la cual también recibió su nombre: el área de Wernicke (área de Brodmann 22), situada en la circunvolución temporal superior.

Quienes padecen afasia de Wernicke presentan una lesión en el hemisferio izquierdo, concretamente en el cuadrilátero de Wernicke, al final de la circunvolución temporal superior. La irrigación de esta zona depende de la división posterior de la arteria cerebral media izquierda, lo que explica que los ictus isquémicos en dicho territorio vascular constituyan la causa más frecuente de este síndrome.

Las personas que presentan este tipo de afasia tienen un flujo verbal aumentado, por ello es una afasia fluida (siendo el prototipo de este tipo de afasia) y comúnmente son consideradas verborrágicas. Pueden no darse cuenta de que están usando las palabras equivocadas o palabras inexistentes y, a menudo, no son completamente conscientes de que lo que dicen no tiene sentido.

Anosognosia: la falta de conciencia del déficit

Un rasgo especialmente característico de la afasia de Wernicke es la anosognosia, es decir, la falta de conciencia sobre el propio déficit lingüístico. A diferencia de lo que ocurre en la afasia de Broca —donde la persona suele ser plenamente consciente de sus dificultades y experimenta frustración—, en la afasia de Wernicke la persona frecuentemente no percibe que su habla es ininteligible ni que su comprensión está gravemente afectada. Esta anosognosia puede deberse a la propia alteración de los circuitos de retroalimentación auditiva y semántica. Como consecuencia, la persona puede reaccionar con confusión, irritabilidad o incluso agresividad cuando los demás no la comprenden, sin atribuir el problema a su propia producción verbal.

Causas de la afasia de Wernicke

La afasia de Wernicke ocurre cuando se daña el área temporal posterior izquierda del cerebro, zona asociada a la comprensión y el procesamiento del lenguaje. El daño en esta área implica que la persona pueda producir frases que suenan con fluidez —a diferencia de la afasia de Broca, donde la persona tiene una producción verbal reducida y laboriosa—, pero que carecen de significado.

Los accidentes cerebrovasculares (ictus) son la causa más frecuente de afasia de Wernicke. En estos casos se detiene o disminuye notoriamente el flujo sanguíneo que llega al área de Wernicke, lo que produce la muerte de las células de dicha área. Los ictus isquémicos que afectan a la división posteroinferior de la arteria cerebral media dominante son los más habitualmente implicados.

Otras causas comunes que ocasionan afasia de Wernicke son: traumatismo craneoencefálico, enfermedades neurodegenerativas —como el alzhéimer— que afectan progresivamente al lenguaje y la memoria, tumores cerebrales primarios o metastásicos, infecciones del sistema nervioso central y, en casos menos frecuentes, la afasia primaria progresiva de variante fluida.

Síntomas de la afasia de Wernicke

Las personas que padecen la afasia de Wernicke no siempre son conscientes de que las palabras que producen son incorrectas y carecen de sentido. Algunos de los síntomas más característicos son:

  • Hablan con abundantes neologismos (palabras inventadas) y, en los casos más graves, el habla puede convertirse en una jerga ininteligible (jergafasia).
  • Presentan anomias de selección (trastorno del lenguaje que imposibilita a la persona llamar las cosas por su nombre).
  • Comprenden limitadamente órdenes muy simples y su habla es ininteligible por momentos.
  • Pueden presentar trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
  • Presentan parafasias semánticas (sustituyen la palabra que desean utilizar por otra que pertenece al mismo campo semántico; por ejemplo, decir «puerta» al querer decir «ventana»).
  • Presentan parafasias fonémicas (sustitución, omisión o transposición de fonemas dentro de las palabras).
  • Presentan paragramatismos (errores en la conjugación de los verbos y en la estructura sintáctica; por ejemplo, «Ella se caí de la cama»).
  • Presentan logorrea (verborragia), con una producción verbal excesiva y difícil de interrumpir.
  • Usan habitualmente frases muletillas (como por ejemplo: «¿Qué te iba a decir?», «¿Qué le voy a hacer?»).
  • Tienen un profundo déficit de comprensión del lenguaje, incluso para palabras sueltas u oraciones simples.
  • El lenguaje automático puede estar conservado: la persona puede, por ejemplo, cantar canciones de su infancia o recitar series automatizadas (días de la semana, números).
  • Pueden encontrarse eufóricos, sobreexcitados y, paradójicamente, no deprimidos, a diferencia de las personas con afasia de Broca.
  • Muchas veces pueden dejarse llevar por la ira, especialmente cuando la comunicación resulta fallida.
  • La prosodia en algunos casos también presenta alteraciones. Repiten mal las cosas, y la lectura y la escritura están igualmente afectadas.

¿Cómo se diagnostica la afasia de Wernicke?

Como se diagnostica la afasia de Wernicke

Para diagnosticar este tipo de afasia, el especialista deberá realizar una evaluación exhaustiva del paciente siguiendo una serie de pautas clínicas estipuladas para el diagnóstico de afasias. Es fundamental un diagnóstico diferencial cuidadoso, ya que la afasia de Wernicke puede confundirse inicialmente con un cuadro confusional agudo (delirium) o con un trastorno psiquiátrico, dado que la producción verbal fluida puede enmascarar la gravedad del déficit.

Examen físico y neurológico: el especialista realizará un examen físico y neurológico completo, en el cual evaluará la fuerza, la sensibilidad, los reflejos y los pares craneales del paciente, buscando signos neurológicos focales que orienten hacia la localización de la lesión.

Pruebas de neuroimagen: el especialista solicitará una prueba de imagen. Generalmente se utiliza la resonancia magnética (RM) para identificar la localización y la extensión de la lesión. En la fase aguda del ictus, la tomografía computarizada (TC) permite descartar una hemorragia cerebral de forma rápida.

Evaluación formal del lenguaje: se somete al paciente a baterías estandarizadas de evaluación lingüística, como el Test de Boston para el diagnóstico de la afasia (BDAE) o la Batería de afasias de Western (WAB). Estas pruebas evalúan de forma sistemática la capacidad para nombrar objetos, escribir, mantener una conversación, responder preguntas sobre algo leído o escuchado —para evaluar la comprensión—, repetir oraciones o palabras sueltas y leer.

Tratamiento de la afasia de Wernicke

El tratamiento de las afasias varía de acuerdo al grado de severidad que presenta el paciente. La afasia de Wernicke puede variar de leve a severa de acuerdo a la zona cerebral que haya sido dañada y a la extensión de la lesión.

Una afasia leve puede presentar una recuperación tardía de nombres, a diferencia de la afasia grave, que puede imposibilitar a la persona para comunicarse de forma funcional. Dado que no todas las afasias se presentan de la misma manera, los tratamientos para estas son variados y deben adaptarse individualmente.

Los profesionales encargados de tratar estos tipos de trastornos reciben el nombre de logopedas. Estos se especializan en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento de las alteraciones del habla y del lenguaje. En el abordaje de la afasia de Wernicke, el equipo interdisciplinar (neurólogo, logopeda, neuropsicólogo y terapeuta ocupacional) desempeña un papel fundamental.

Los logopedas diseñan programas terapéuticos con evaluaciones y actividades basadas en el lenguaje para los pacientes que presentan afasia de Wernicke, entre otros trastornos del lenguaje. Las guías clínicas más recientes, como la guía de la European Stroke Organisation (ESO) de 2025, recomiendan una dosis mínima de 20 horas de terapia logopédica, con una frecuencia de al menos 4 días por semana y una intensidad mínima de 3 horas semanales para obtener resultados óptimos.

La terapia con logopedas es uno de los tratamientos más utilizados y con mayores resultados en la actualidad para ayudar a tratar este tipo de trastorno del lenguaje. La terapia situacional, que coloca a la persona en situaciones funcionales reales o simuladas, ha demostrado ser especialmente útil en la afasia de Wernicke, ya que fomenta el uso de estrategias comunicativas compensatorias (gestos, dibujos, comunicación aumentativa) cuando el lenguaje verbal es insuficiente.

Pronóstico de la afasia de Wernicke

El pronóstico de la afasia de Wernicke depende en gran medida de la causa subyacente, la extensión de la lesión, la edad de la persona y la precocidad con la que se inicie la rehabilitación. En términos generales, el pronóstico de la afasia de Wernicke es menos favorable que el de la afasia de Broca. Mientras que las personas con afasia de Broca suelen experimentar mejoras significativas en la producción verbal, las personas con afasia de Wernicke presentan mayor dificultad para recuperar la comprensión auditiva, que es el déficit nuclear del síndrome.

La mayor parte de la recuperación espontánea se produce en los primeros dos a tres meses tras el inicio del cuadro, con mejoras que pueden continuar hasta los seis meses. Pasado ese período, los avances suelen ser más lentos, aunque la rehabilitación logopédica mantenida puede seguir produciendo beneficios funcionales a largo plazo.

Los factores que se asocian a un mejor pronóstico incluyen: lesiones de menor extensión, edad más joven, ausencia de otras comorbilidades neurológicas, inicio temprano de la rehabilitación y un entorno familiar y social que favorezca la comunicación. El apoyo del entorno cercano y el tratamiento de posibles cuadros depresivos o cognitivos asociados resultan esenciales en el proceso de recuperación.

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Melissa Bacigalupi

Escrito por

Melissa Bacigalupi

Editora jefe

Máster en Salud Pública

University of South Florida

Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.

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