Tripofobia: qué es, síntomas, causas y tratamiento
Tabla de contenidos
- 1.Síntomas de la tripofobia
- Síntomas físicos
- Síntomas psicológicos
- 2.Causas de la tripofobia
- Teoría evolutiva
- Teoría de la patología infecciosa
- Procesamiento visual
- Factores de riesgo
- 3.Tratamientos de la tripofobia
- Terapia de exposición
- Terapia de desensibilización sistemática
- Terapia cognitivo-conductual (TCC)
- Tratamiento farmacológico
- Terapia de realidad virtual
- 4.Tipos de tripofobia
- Tripofobia extrema
- Tripofobia en la piel
- 5.Prevalencia de la tripofobia
- 6.Cuándo acudir al profesional
- 7.Conclusiones
- 8.Referencias
La tripofobia, al contrario de muchas otras fobias, no es realmente muy conocida. Esta palabra proviene del griego, trypa significa agujero, y fobia como todos sabemos consiste en un miedo irracional que puede ser más o menos intenso. En este caso, con la tripofobia estaríamos hablando de un miedo o repulsión hacia los agujeros, también hacia cualquier patrón de figuras geométricas que se encuentren muy juntas. El término fue acuñado en 2005 en un foro de internet y desde entonces ha ganado reconocimiento tanto popular como científico.
Aunque seguramente hayas escuchado poco acerca de esta fobia, es más común de lo que puedas imaginar. Esta fobia no aparece en el manual diagnóstico de los trastornos mentales (en la actualidad el DSM-5-TR). Sin embargo, son miles de personas las que reconocen padecer de tripofobia, ya que les genera repulsión y una ansiedad significativa el hecho de observar patrones de pequeños agujeros que se encuentran juntos.
Se trata de una fobia muy particular, ya que en la propia naturaleza encontramos estos patrones característicos como: hormigueros, panales de abejas, semilla del loto, corales o esponjas. Sin ir más lejos, si aumentamos la visión de nuestra piel nos encontramos ante miles de poros que siguen este patrón de pequeños orificios aglomerados.
Este miedo irracional suele ser ante varios agujeros, que se presenten en gran cantidad, más bien pequeños y no grandes. Las personas que sufren de esta fobia argumentan testimonios como: “cuando estoy nerviosa o ansiosa por cualquier otra cosa, no puedo dormir, cierro los ojos y solo veo eso, agujeros”, “tengo ganas de arrancarme la piel porque siento que lo tengo pegado, como cuando parten una cabeza de ajo. Es horrible”, “temo que por alguno de esos agujeros pueda salir algo”.
Las personas que padecen de esta fobia no significa que estén enfermas, ya que no se trata de ninguna enfermedad en sentido estricto. Simplemente sienten una ansiedad elevada, preocupación e incluso angustia o pánico ante alguna imagen que contenga infinidad de agujeros pequeños agrupados. Está claro que esto puede interferir en el bienestar de la persona que padece la fobia, y en sus actividades básicas de la vida diaria, por eso es conveniente acudir a un profesional para que realice el diagnóstico y se inicie el tratamiento que más convenga, dependiendo de cada caso.
Síntomas de la tripofobia
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Las personas que padecen de esta fobia, aunque no le hayan puesto nombre aún, saben bien lo que les incomoda, lo que les genera un profundo miedo y malestar. Para que realmente se pueda considerar esta repulsión hacia patrones repetitivos de figuras geométricas agrupadas, sobre todo en pequeños orificios, como tripofobia, es necesario que cumpla con las siguientes condiciones de lo que supone una fobia:
- Se trata de un temor irracional, persistente en el tiempo, que aparece con la presencia del estímulo, o su anticipación, generándole un gran malestar. En el caso de la tripofobia, la observación de estos patrones geométricos tan característicos.
- La respuesta que provoca el estímulo es desproporcionada, generando síntomas de ansiedad y de querer irremediablemente huir de la situación, provocando angustia y un profundo malestar.
- Estos síntomas interfieren habitualmente en la vida cotidiana, repercutiendo en actividades como el trabajo, las relaciones sociales, estudios y actividades rutinarias.
- Se intenta evitar a toda costa situaciones en las que pueda estar presente el estímulo, mediante una sensación percibida de malestar y ansiedad.
Síntomas físicos
Además de las condiciones que hemos detallado, las personas con tripofobia pueden experimentar una amplia variedad de síntomas físicos al exponerse al estímulo:
- Náuseas e incluso vómitos.
- Cosquilleos, comezón o picazón en el cuerpo, especialmente en la piel.
- Sudoración excesiva.
- Taquicardia o palpitaciones.
- Temblores y escalofríos.
- Dificultad para respirar o sensación de ahogo.
- Tensión muscular.
- Sensación de mareo o desmayo.
- Piel de gallina (piloerección).
Síntomas psicológicos
- Ansiedad intensa o ataques de pánico.
- Asco o repulsión profunda.
- Pensamientos intrusivos relacionados con los patrones de agujeros.
- Malestar emocional persistente tras la exposición.
- Evitación activa de situaciones o imágenes que puedan contener dichos patrones.
- Hipervigilancia: estar constantemente alerta ante posibles estímulos tripofóbicos.
Causas de la tripofobia
Muchas de las fobias que ya conocemos, como las que tienen relación con miedo a situaciones como a las alturas (acrofobia), a los espacios abiertos (agorafobia), o miedo a los espacios cerrados (claustrofobia), tienen su origen en miedos culturales aprendidos. Sin embargo, la tripofobia no se trata de este tipo de miedo. Esto es lo que se ha podido comprobar a través de las primeras investigaciones científicas que se han hecho acerca de esta fobia.
Teoría evolutiva
La investigación al respecto es limitada pero creciente. Sus principales investigadores Arnold Wilkins y Geoff Cole, del Centro Brain Science, de la Universidad británica de Essex, en Colchester, indican que ciertamente esta fobia está poco estudiada, y está más extendida en la población de lo que se podía creer en un principio. Indican que su causa podría estar en una función visual evolutiva en el ser humano, que se fue desarrollando en relación a la presencia de algunos animales venenosos. Esto daría lugar a la explicación de una fobia que no se basa, al igual que otras, en un componente cultural aprendido.
Como bien sabemos, algunos de los animales más venenosos y mortíferos que existen como: algunas arañas, escorpiones y la cobra real tienen en la superficie de su piel estos patrones bien marcados. Por lo que se entiende que este miedo tan característico se trate de algo evolutivo. Teniendo en cuenta que formaría parte de nuestro desarrollo para la supervivencia, el alejarnos de este tipo de animales que pueden ser letales.
Este miedo adquirido gracias a nuestro desarrollo evolutivo, en su momento, ayudaría a los seres humanos a huir de este tipo de animales con los que estaban habituados a encontrarse. Aunque la gran mayoría de personas que tienen esta fobia no hayan necesitado pasar por una experiencia de encontrarse con ninguno de estos animales, el miedo ha sido troquelado por algo irracional, como es el aspecto visual de esta aglomeración de orificios que se asocia a lo peligroso y mortífero.
Teoría de la patología infecciosa
Investigaciones más recientes, como las realizadas por Tom Kupfer y An Thi Dinh Le (2018), sugieren que la tripofobia podría estar relacionada con un mecanismo de evitación de enfermedades infecciosas y parásitos. Muchas enfermedades de la piel (viruela, sarampión, sarna) producen patrones de lesiones agrupadas similares a los que desencadenan la tripofobia. Esta teoría explicaría por qué la reacción predominante es de asco y no de miedo, como ocurre en otras fobias.
Procesamiento visual
Otra línea de investigación sugiere que las imágenes que desencadenan tripofobia comparten propiedades espectrales específicas (frecuencias espaciales) que resultan incómodas para el sistema visual humano. Estas imágenes requieren un mayor esfuerzo de procesamiento cerebral, lo que generaría malestar.
Factores de riesgo
Se han identificado ciertos factores que pueden predisponer a una persona a desarrollar tripofobia:
- Antecedentes de otros trastornos de ansiedad o fobias específicas.
- Personalidad con alto neuroticismo (tendencia a experimentar emociones negativas).
- Experiencias traumáticas previas relacionadas con insectos, enfermedades de la piel u objetos con patrones de agujeros.
- Sensibilidad al asco elevada.
Tratamientos de la tripofobia
Afortunadamente, existen varias formas de abordar esta problemática. Las personas que padecen de tripofobia pueden superar este miedo irracional que les genera tanta angustia, y en muchos casos hasta les impide realizar sus actividades básicas de la vida cotidiana. Quien sufre de esta fobia, en cualquier caso, debe acudir a un profesional especializado (psicólogo clínico), para que tras la evaluación y el diagnóstico prepare un tratamiento que se adapte lo mejor posible a la persona y problemática en particular.
Estos son algunos de los tratamientos más eficaces y que mejores resultados han obtenido para reducir los síntomas producidos por la tripofobia:
Terapia de exposición
Cualquier persona que presente un diagnóstico de tripofobia, ya sea más o menos grave, puede conseguir que su malestar se reduzca significativamente al realizar la terapia de exposición. Esta terapia, en el caso de la tripofobia, consiste en exponerse a imágenes tripofóbicas, que cumplan con las características de lo que produce el malestar.
Esta exposición suele ser efectiva para la mayoría de fobias. Se puede aplicar de forma gradual, aumentando la intensidad del estímulo, por ejemplo, comenzando desde lo que provoca una menor ansiedad, hasta lo que provoca la ansiedad más intensa. Esta gradación se planifica a través de lo que se conoce como “jerarquía de miedos”. Es importante que en todo momento la persona que padece de tripofobia esté acompañada por el profesional de salud mental encargado de su caso.
Para poder realizar este tipo de terapia, la persona que va a exponerse a sus miedos debe estar de acuerdo y querer hacerlo. Si no es así, habrá que pasar a otro tipo de terapia. No se puede, en ningún caso, obligar a la persona a realizar esta terapia.
Terapia de desensibilización sistemática
Es un tipo de terapia utilizada en el enfoque cognitivo-conductual que también suele ser efectiva para los casos de fobia. Es menos intrusiva que la terapia de exposición y requiere de más tiempo, esfuerzo y compromiso por parte de la persona que padece tripofobia.
Se trata de una negociación entre psicoterapeuta y paciente para ver cómo se va a ir trabajando el miedo. Habitualmente, a través de la imaginación el psicoterapeuta irá introduciéndolo a su paciente en sus miedos, de una forma suave y paulatina, anotando la frecuencia e intensidad de sus síntomas. Sesión tras sesión se va dando un paso más, hasta que la intensidad de los síntomas va reduciéndose. Se suele combinar con técnicas de relajación como la relajación muscular progresiva de Jacobson, que el paciente utiliza para reducir la ansiedad durante las sesiones.
Finalmente, esta terapia concluye con la exposición del paciente al estímulo que más ansiedad le causaba, ya pudiendo afrontarlo sin que se dispare su ansiedad y angustia.
Terapia cognitivo-conductual (TCC)
Además de las técnicas de exposición, la TCC aborda los pensamientos disfuncionales asociados a la fobia. El terapeuta ayuda al paciente a:
- Identificar pensamientos irracionales relacionados con los patrones de agujeros.
- Reestructurar cognitivamente esas creencias distorsionadas.
- Desarrollar estrategias de afrontamiento más adaptativas.
- Aprender técnicas de manejo de la ansiedad que pueda aplicar de forma autónoma.
Tratamiento farmacológico
Este tipo de tratamiento, el farmacológico, se ha mostrado menos eficaz que los enfocados a la terapia. Las terapias que hemos visto anteriormente funcionan bastante bien con todo tipo de fobia y se emplean desde hace décadas, por lo que ya están consolidadas como la mejor solución para abordar una fobia.
No obstante, el tratamiento farmacológico sirve para disminuir de forma temporal los síntomas producidos por la ansiedad. Son especialmente útiles para la fobia social y la agorafobia. Los medicamentos que se suelen administrar son los ansiolíticos (benzodiacepinas) y antidepresivos (ISRS como sertralina o fluoxetina).
Se recurre al tratamiento farmacológico, sobre todo, cuando la fobia es tremendamente angustiante en el día a día de la persona que la padece. Cuando los síntomas son incontrolables e interfieren de una forma significativa en su vida diaria. Para los casos en los que los síntomas no se presenten con tanta intensidad frecuentemente, se recomienda la terapia psicológica y algunos métodos que puedan ir ayudando a controlar la ansiedad, como la meditación, el yoga o el mindfulness.
Terapia de realidad virtual
En los últimos años, la terapia de exposición mediante realidad virtual se ha convertido en una herramienta prometedora para el tratamiento de fobias específicas. Permite una exposición controlada y gradual en un entorno seguro, con la ventaja de poder ajustar la intensidad del estímulo en tiempo real.
Tipos de tripofobia

Aunque como hemos dicho anteriormente no está descrita esta fobia en el manual diagnóstico de los trastornos mentales, los investigadores han determinado dos tipos de tripofobia, al ir comprobando cómo era vivida por cada una de las personas que la padecían:
Tripofobia extrema
Se considera como tripofobia extrema cuando la persona que padece dicha fobia tiene una baja tolerancia a los patrones repetitivos de esta aglomeración de figuras geométricas. En este caso, la vida de la persona se ve gravemente afectada, ya que la presencia de este tipo de estímulos le genera una ansiedad elevada que puede deteriorar gravemente su salud. Es algo que hay que tratar cuanto antes puesto que de forma recurrente acaba visualizando este tipo de patrones e imágenes que le causan malestar en cualquier sitio. Las personas con tripofobia extrema pueden experimentar:
- Ataques de pánico frecuentes.
- Aislamiento social para evitar estímulos.
- Dificultad para trabajar o estudiar.
- Trastornos del sueño.
- Desarrollo de otros trastornos de ansiedad o depresión como comorbilidad.
Tripofobia en la piel
Este tipo de tripofobia está más asociada a unos estímulos en concreto como son los producidos por la piel. Este miedo irracional es parecido al de la dermatopatofobia, que es una preocupación frecuente que genera altos picos de ansiedad ante erupciones y afecciones que se puedan presentar en la piel.
En este caso de tripofobia la persona afectada está pendiente sobre todo al estímulo de la piel, por lo que le genera miedo ver esas pautas repetitivas en cualquier tipo de piel. Puede verse desencadenada por:
- Poros de la piel vistos de cerca.
- Enfermedades cutáneas que producen lesiones agrupadas.
- Cicatrices o marcas en la piel.
- Imágenes editadas que simulan agujeros en la piel.
Prevalencia de la tripofobia
Aunque no se dispone de estudios epidemiológicos a gran escala, las investigaciones disponibles sugieren que la tripofobia es bastante frecuente. Un estudio publicado en Psychological Science (2013) por Cole y Wilkins estimó que aproximadamente el 16% de la población general experimenta algún grado de malestar ante imágenes tripofóbicas.
La prevalencia parece ser más alta en mujeres que en hombres, y se ha observado que la sensibilidad a estos patrones puede variar entre culturas, aunque la reacción básica parece ser transcultural.
Cuándo acudir al profesional
Es recomendable buscar ayuda de un psicólogo clínico cuando:
- La tripofobia interfiere en las actividades cotidianas.
- Se evitan lugares o situaciones por miedo a encontrar estímulos tripofóbicos.
- Los síntomas generan un malestar emocional significativo.
- Se han desarrollado conductas de evitación que limitan la calidad de vida.
- Se experimentan ataques de pánico frecuentes.
- La fobia ha provocado aislamiento social.
Conclusiones
Ya sea al ver una colmena, una esponja, los agujeros del micrófono, los poros de la piel, etc., cualquier visión de un lienzo poroso con hoyos y figuras geométricas repetitivas representa una gran amenaza para la persona que padece de tripofobia. Aunque es algo irracional e incomprensible, este miedo se produce como un sistema defensivo originado evolutivamente por el ser humano a modo de supervivencia, respondiendo así a un rechazo evolutivo o, según investigaciones más recientes, a un mecanismo de evitación de patógenos.
Tal y como hemos comprobado, este tipo de fobia, aunque es poco conocida, se presenta en miles de personas de todo el mundo. Si crees que padeces este tipo de fobia no dudes en tratarla cuanto antes, ya que la ansiedad que provocan dichos estímulos puede ir en aumento. La efectividad y tiempo del tratamiento depende de cada caso, sin embargo cuanto más se ha cronificado más costoso resulta el tratamiento.
La ansiedad y la angustia suele ser la respuesta habitual ante este tipo de estímulos que hemos descrito, y aunque el tratamiento farmacológico puede aliviar de alguna manera estos síntomas, el problema seguirá su curso hasta que no se haya tratado a través de terapia psicológica.
Dependiendo de cada persona, cada caso de tripofobia puede ser diferente, lo que mide la gravedad del miedo es la frecuencia y la intensidad que se presenta ante el estímulo al que se le teme. No todos los casos son iguales y por eso cada terapia debe ir adaptada a las necesidades y posibilidades de cada persona en cuestión.
Referencias
- Cole, G. G., & Wilkins, A. J. (2013). Fear of holes. Psychological Science, 24(10), 1980-1985.
- Kupfer, T. R., & Le, A. T. D. (2018). Disgusting clusters: trypophobia as an overgeneralised disease avoidance response. Cognition and Emotion, 32(4), 729-741.
- Le, A. T. D., Cole, G. G., & Wilkins, A. J. (2015). Assessment of trypophobia and an analysis of its visual precipitation. The Quarterly Journal of Experimental Psychology, 68(11), 2304-2322.
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.). DSM-5-TR.
- Martínez-Aguayo, J. C., et al. (2018). Trypophobia: What Do We Know So Far? A Case Report and Comprehensive Review of the Literature. Frontiers in Psychiatry, 9, 15.
