Fiebre tifoidea

Toda la información sobre la fiebre tifoidea, una enfermedad infecciosa sistémica caracterizada por fiebre elevada y diarrea.

La fiebre tifoidea es a día de hoy una enfermedad muy poco frecuente en países desarrollados, aunque continúa dándose en países tanto en desarrollo como subdesarrollados. Aunque puede afectar a personas de todas las edades, se desarrolla sobre todo en niños.

Este trastorno se propaga mediante el agua y los alimentos contaminados; también puede darse por el contacto cercano con una persona infectada, aunque no es lo más habitual. En lo relacionado con los síntomas de la fiebre tifoidea, los más frecuentes son: fiebre elevada, dolor de cabeza y abdominal, estreñimiento y diarrea. Así, en muchos casos se confunde con otros trastornos digestivos.

En un alto porcentaje de casos, una vez realizado el diagnóstico y establecido el tratamiento con antibióticos, la enfermedad comienza a remitir en unos pocos días. La tasa de mortandad de la fiebre tifoidea es reducida.

¿Qué es?

La fiebre tifoidea es una enfermedad infecciosa sistémica caracterizada por fiebre elevada y síntomas que por lo general afectan al aparato digestivo.

Actualmente, la incidencia de esta enfermedad en España es muy baja. Además, prácticamente el 100% de los casos que se diagnostican son de viajeros procedentes de zonas endémicas. La tasa de casos de fiebre tifoidea en nuestro país se sitúa actualmente en 0,15 casos por cada 100.000 habitantes.

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Causas de la fiebre tifoidea

Es la bacteria Salmonella typhi la causa directa de esta enfermedad, la cual puede propagarse de diferentes modos.

Agua y alimentos contaminados

Prácticamente todos los pacientes que sufren fiebre tifoidea han contraido esta enfermedad debido al consumo de agua o alimentos contaminados, generalmente debido a las malas condiciones de higiene.

La bacteria S. typhi se transmite por las heces, y, en ocasiones, también por la orina. Así, una persona puede contraer esta enfermedad si consume alimentos que han sido manipulados por alguien con fiebre tifoidea que no se haya lavado las manos de forma adecuada después de ir al baño. También puede infectarse al consumir agua contaminada con esta bacteria.

Personas con fiebre tifoidea

Una vez se inicia el tratamiento con antibióticos, la fiebre tifoidea no desaparece del organismo de un día para otro. Es más, incluso aquellos pacientes que ya se han recuperado por completo y que no presentan ningún síntoma, continúan alojando la bacteria durante varios años.

A estas personas se las denomina “portadores crónicos”, y eliminan la bacteria responsable de la fiebre tifoidea a través de las heces, pudiendo así infectar a otras personas.

Síntomas de la fiebre tifoidea

Síntomas de la fiebre tifoidea

Los indicios propios de la fiebre tifoidea se manifiestan de manera gradual. En la gran mayoría de pacientes comienzan entre una y tres semanas después del contagio.

Los primeros indicios de esta enfermedad incluyen la fiebre, la cual puede aumentar hasta los 40,5ºC; es un tipo de fiebre muy característica porque sufre grandes oscilaciones a lo largo del día. También se presentan otros síntomas como cansancio, dolor de cabeza, sudoración, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento y pérdida de apetito.

Ante estos síntomas es esencial acudir al médico ya que, de lo contrario, estos pueden agravarse y dar lugar a diferentes complicaciones potencialmente mortales. Los indicios más graves de la fiebre tifoidea son delirios y lo que se conoce como estado tifoideo; la persona se queda inmóvil y exhausta, con los ojos medio cerrados.

Diagnóstico y tratamiento

Una vez se presentan los síntomas descritos en el punto anterior, es importante acudir al médico a la mayor brevedad posible para que realice el diagnóstico oportuno y establezca el tratamiento más adecuado para el mismo.

El médico en primer lugar realiza la historia clínica del paciente, en función de los síntomas descritos, así como si recientemente ha realizado un viaje a una zona endémica.

A continuación, si existe sospecha de fiebre tifoidea, procede a realizar un análisis de sangre, así como de heces y orina, para detectar la presencia de la bacteria tifoidea. En algunos casos puede ser necesario el cultivo de médula osea.

Una vez confirmada la enfermedad, el médico establece una terapia a base de antibióticos, el tratamiento más efectivo para este trastorno. Uno de los medicamentos más recetados es Ciprofloxacina.

Además, es importante beber líquidos en abundancia para evitar la deshidratación a la que puede dar lugar la fiebre durante un periodo de tiempo prolongado, así como la diarrea. En caso de que se hayan perforado los intestinos a causa de la fiebre tifoidea, una potencial complicación de este trastorno.

Factores de riesgo

Existen una serie de factores de riesgo que merece la pena conocer y tener en cuenta, sobre todo a la hora de viajar a países endémicos como la India, el sureste asiático, algunas zonas de África y Sudamérica.

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Tal y como hemos señalado, los niños presentan un mayor riesgo de sufrir fiebre tifoidea, aunque sus síntomas son más leves que los de los adultos.

Es importante prestar especial atención a los alimentos y bebidas que se consumen. En el caso de los alimentos, hay que asegurarse de que se han manipulado correctamente y de que están bien cocinados; es importante evitar los alimentos crudos. En cuanto a las bebidas, es importante beber agua siempre embotellada.

Complicaciones de la fiebre tifoidea

Complicaciones de la fiebre tifoidea

Lo cierto es que las complicaciones de la fiebre tifoidea no son demasiado frecuentes. No obstante, si estas se presentan son en la gran mayoría de los casos de carácter grave. Es por ello que resulta tan importante acudir al médico en cuanto se presenten los primeros síntomas de la enfermedad.

Las complicaciones se desarrollan en la tercera semana después de producirse el contagio. Las más frecuentes son las siguientes.

  • Perforación intestinal: se da cuando se origina un orificio en los intestinos, delgado o grueso. De este modo, el contenido que hay en el interior de los intestinos se filtra a la cavidad abdominal, dando así lugar a una serie de síntomas graves; dolor abdominal constante y de gran intensidad, náuseas, vómitos, e incluso sepsis. Se trata de una condición potencialmente mortal que requiere de atención médica urgente.
  • Miocarditis: la miocarditis es la inflamación del músculo cardíaco, conocido como miocardio. Este trastorno reduce la capacidad de bombear del corazón, dando así lugar a ritmos cardíacos más rápidos de lo normal. En caso de miocarditis grave, el corazón se debilita, de modo que el resto del cuerpo no recibe la sangre que necesita.
  • Endocarditis: la endocarditis es la infección del endocardio, el recubrimiento interno tanto de las válvulas como de las cavidades del corazón. Si no se trata con urgencia, esta enfermedad puede causar daños en el órgano, dando lugar a complicaciones potencialmente mortales.
  • Neumonía: la neumonía es la infección de uno o ambos pulmones. Sus causas son muy variadas, aunque en un gran número de casos son las bacterias, los virus o los hongos. Los síntomas más habituales son fiebre alta, escalofríos, dolor en el pecho al respirar y dificultad de respiración.
  • Infección en la vejiga: la infección en la vejiga, también conocida como cistitis, da lugar a síntomas como necesidad de orinar y dolor o ardor durante la micción.
  • Meningitis: la meningitis es una inflamación de las membranas que se encuentran alrededor del cerebro y la médula espinal. Los síntomas que se repiten con mayor frecuencia son dolor de cabeza, fiebre y rigidez del cuello.
  • Psicosis paranoica: más allá de las complicaciones físicas, la fiebre tifoidea también puede causar una psicosis paranoica. Un trastorno mental en el que el paciente tiene pensamientos delirantes, que nada tienen que ver con la realidad.

¿Cómo prevenir la fiebre tifoidea?

¿Cómo prevenir la fiebre tifoidea?

Aunque no hay ninguna medida 100% infalible para evitar esta enfermedad, hay una serie de precauciones que minimizan en gran medida el riesgo de contraer la fiebre tifoidea.

  • Vacuna: existen dos vacunas de la fiebre tifoidea, aunque ninguna de ellas es del todo efectiva. La primera de ellas se inyecta en única dosis al menos una semana antes de realizar el viaje. Y, la segunda vacuna se administra por vía oral en un total de cuatro cápsulas.
  • Lavado de manos: lavarse de manos con frecuencia y de forma adecuada es esencial para evitar contraer infecciones. Es importante hacerlo sobre todo antes de comer o de preparar los alimentos, así como después de ir al baño. Una buena idea es llevar un desinfectante de manos.
  • Agua: por supuesto, es importante evitar beber agua sin tratar. Es por ello que sólo se recomienda beber agua embotellada.
  • Alimentos: en cuanto a los alimentos, es aconsejable evitar las verduras crudas, así como cualquier tipo de plato que no haya sido cocinado. Otra buena recomendación es optar por alimentos calientes.

Fiebre tifoidea y fiebre paratifoidea

Por último, cabe destacar la diferencia entre ambos tipos de fiebres. Mientras que la fiebre tifoidea se origina por la infección de la bacteria Salmonella Typhi, la fiebre paratifoidea está causada por la bacteria Salmonella serotipos Paratyphi A, B y C.

Conclusión

Tal y como hemos señalado, la fiebre tifoidea no es un trastorno común en los países desarrollados. No obstante, a la hora de viajar a zonas endémicas hay que prestar especial atención a los alimentos y bebidas que se consumen, así como lavarse las manos con frecuencia.

Las complicaciones de la fiebre tifoidea son de carácter grave, por lo que es importante acudir al médico cuando se sientan los primeros síntomas.


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