Cigarrillo electrónico: ¿bueno o malo?

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Cigarrillo electrónico: ¿bueno o malo?
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Los cigarrillos electrónicos se pusieron de moda hace años como un medio para ayudar a los fumadores a dejar el tabaco. No obstante, desde un inicio han estado en el punto de mira ya que se consideran nocivos para la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que los cigarrillos electrónicos son perjudiciales y no los recomienda como herramienta para dejar de fumar [1].

¿Qué son los cigarrillos electrónicos?

Fue en el año 2003 cuando los cigarrillos electrónicos llegaron al mercado chino; no obstante, hasta 2006 no llegaron a Estados Unidos y Europa. A diferencia de los cigarrillos tradicionales, inicialmente se comercializaron con escasa regulación, aunque en la actualidad están sujetos a normativas específicas tanto en la Unión Europea como en España.

En la UE, la Directiva de Productos del Tabaco (TPD, 2014/40/UE) regula los cigarrillos electrónicos desde 2016, estableciendo límites en la concentración de nicotina (máximo 20 mg/mL), el volumen de los depósitos y los requisitos de etiquetado. En España, el Real Decreto 579/2017 transpone esta directiva y regula la venta, publicidad y composición de estos productos [2].

Este tipo de cigarrillos se componen de: un reservorio en el que se deposita el líquido, un atomizador que calienta el líquido y genera vapor, un sensor que activa el atomizador cada vez que los usuarios realizan una inhalación y una batería.

Así, el funcionamiento del dispositivo es el siguiente: los usuarios activan el atomizador, lo cual pueden hacer mediante la inhalación o pulsando un botón. A continuación el atomizador calienta el líquido almacenado en el depósito y genera un vapor bastante similar al humo de los cigarrillos tradicionales.

¿Qué sustancias contienen los cigarrillos electrónicos?

Efectos del cigarrillo electrónico

Tal y como hemos explicado en el apartado anterior, este tipo de cigarrillos vaporizan un líquido, el cual se compra por separado. Debido al auge de los cigarrillos electrónicos existen en el mercado miles de sabores diferentes.

La gran mayoría de líquidos contienen las siguientes sustancias: nicotina, propilenglicol, glicerina vegetal, y diversos aditivos. Además, se han detectado metales pesados como estaño, plomo, níquel y cromo, así como nitrosaminas y compuestos fenólicos [3].

Un componente especialmente preocupante es el diacetilo, un aditivo aromatizante presente en algunos líquidos con sabor a mantequilla o dulce. La inhalación de diacetilo se ha asociado con la bronquiolitis obliterante, conocida coloquialmente como «pulmón de palomitas» (popcorn lung), una enfermedad pulmonar grave e irreversible [4].

En relación al nivel de nicotina de estos cigarrillos, las concentraciones más habituales son las siguientes: 6 mg/mL, 12 mg/mL, 18 mg/mL y 20 mg/mL (el máximo permitido en la UE). No obstante, algunos estudios han señalado que el nivel de nicotina presente en los cigarrillos electrónicos es muchas veces mayor al certificado por el fabricante.

¿Los cigarrillos electrónicos son malos para la salud?

Esta es una cuestión que lleva sobre la mesa desde que este tipo de cigarrillos llegaron al mercado. Aunque algunos estudios sugieren que podrían contener menos sustancias tóxicas que los cigarrillos convencionales, la acumulación de evidencia científica demuestra que no son inocuos y que presentan riesgos propios para la salud [5].

La crisis del EVALI

Entre 2019 y 2020, Estados Unidos registró un brote de lesiones pulmonares asociadas al uso de cigarrillos electrónicos y productos de vapeo, conocido como EVALI (E-cigarette or Vaping Product Use-Associated Lung Injury). Se notificaron más de 2.800 hospitalizaciones y 68 muertes. La investigación identificó al acetato de vitamina E, un aditivo utilizado en cartuchos de THC del mercado ilegal, como el principal agente causal [6].

Esta crisis puso de manifiesto los riesgos de utilizar líquidos de procedencia desconocida y la importancia de adquirir productos regulados.

Regulación en España y la Unión Europea

Lo cierto es que determinados países como Brasil, Argentina y Colombia no permiten la comercialización de cigarrillos electrónicos. En la Unión Europea, la Directiva de Productos del Tabaco establece un marco regulatorio que incluye:

  • Límite de nicotina de 20 mg/mL en los líquidos.
  • Volumen máximo de 10 mL para los envases de recarga y 2 mL para los depósitos integrados.
  • Obligación de etiquetado con advertencias sanitarias.
  • Prohibición de publicidad transfronteriza.

En España, además del Real Decreto 579/2017, está prohibido vapear en determinados espacios públicos, centros de trabajo, centros sanitarios y educativos, y en el transporte público [2].

Nicotina

Los cigarrillos electrónicos con nicotina son los más perjudiciales ya que esta es una sustancia que causa una gran adicción, así como diversos daños a la salud tanto física como mental. Diversos estudios han demostrado que la nicotina aumenta la probabilidad de padecer determinadas enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio. Además, en mujeres embarazadas, puede causar un retraso en el desarrollo del feto [7].

Investigaciones recientes también han asociado el uso de cigarrillos electrónicos con disfunción endotelial, aumento de la rigidez arterial y elevación de la presión arterial, factores de riesgo cardiovascular relevantes incluso a corto plazo [8].

Otras sustancias

Uno de los factores que más se está debatiendo en torno a este tipo de cigarrillos son los sabores artificiales del líquido. Los fabricantes señalan que los aromas artificiales son seguros y no suponen ningún tipo de riesgo para la salud. No obstante, la seguridad de estos aromas únicamente ha sido estudiada en cuanto a la ingesta de los mismos; poco se sabe sobre sus efectos cuando se vaporizan e inhalan.

Los peligros de los cigarrillos electrónicos para la salud

Daños del cigarrillo electrónico

Este tipo de cigarrillos resultan dañinos para la salud de las personas; además, algunos estudios han demostrado que son igual de adictivos que el tabaco.

Diversas investigaciones han mostrado que una proporción significativa de los usuarios de cigarrillos electrónicos continúan fumando cigarrillos tradicionales (uso dual), lo que puede incluso aumentar la exposición total a sustancias tóxicas [9].

La OMS ha señalado que la evidencia disponible no respalda el uso de cigarrillos electrónicos como ayuda para dejar de fumar y que estos productos pueden servir como puerta de entrada al tabaquismo, especialmente entre los jóvenes [1].

5 cosas que merece la pena saber sobre los cigarrillos electrónicos

Hay muchísimas dudas y preguntas en torno a esta forma de fumar. Vamos a explicar algunas de ellas.

¿Son menos nocivos que el tabaco?

Algunos estudios sugieren que los cigarrillos electrónicos podrían exponer al usuario a menos sustancias tóxicas que los cigarrillos convencionales a corto plazo. Sin embargo, en su composición se han identificado sustancias carcinogénicas, incluyendo metales pesados, nitrosaminas y compuestos fenólicos, aunque generalmente en concentraciones menores que en el tabaco [3].

No obstante, la OMS advierte que «menos dañino» no equivale a «seguro» y que los cigarrillos electrónicos presentan riesgos propios que no deben minimizarse [1].

Además, los cigarrillos electrónicos que incorporan nicotina pueden provocar un aumento de la frecuencia cardíaca, por lo que no son recomendables en personas que sufran cualquier tipo de enfermedad cardiovascular.

¿Los cigarrillos electrónicos son malos para los pulmones?

Sin lugar a dudas, este tipo de cigarrillos provocan alteraciones en el sistema respiratorio. Se ha demostrado que el vapor de los cigarrillos electrónicos causa inflamación de las vías respiratorias, estrés oxidativo y daño en el epitelio pulmonar [5].

Una de las patologías documentadas es la neumonía lipoidea; se han detectado casos en grandes consumidores debido al almacenamiento de glicerol en los pulmones. Además, como se ha mencionado, la exposición al diacetilo presente en algunos líquidos puede causar bronquiolitis obliterante [4].

La crisis del EVALI demostró que el vapeo puede provocar lesiones pulmonares graves, incluso mortales, especialmente con productos no regulados [6].

¿Causan daño en el cerebro?

En relación al cerebro, solo producen efectos significativos aquellos cigarrillos electrónicos que contienen nicotina en el líquido del contenedor para el vapeo. La nicotina afecta al desarrollo cerebral en adolescentes y adultos jóvenes, pudiendo alterar la memoria, la concentración y el aprendizaje [7].

Aunque algunos usuarios refieren que el vapeo con nicotina alivia los síntomas del síndrome de abstinencia del tabaco, la evidencia científica no respalda los cigarrillos electrónicos como método eficaz para dejar de fumar [1].

Los cigarrillos electrónicos aumentan el riesgo de padecer neumonía

Una investigación realizada en la Universidad Queen Mary de Londres analizó los efectos del vapor de los cigarrillos electrónicos tanto en humanos como en ratones.

Las conclusiones del estudio fueron publicadas en la revista European Respiratory Journal y son muy claras: el vapor de los cigarrillos electrónicos aumenta de forma considerable el riesgo de padecer neumonía porque ayuda a las bacterias que causan esta enfermedad a adherirse a las células que recubren las vías respiratorias [10].

Los investigadores explican que las bacterias neumocócicas están presentes en nuestro sistema respiratorio sin causar ningún tipo de afección. No obstante, cuando invaden las células que recubren las vías respiratorias causan neumonía. Así, el vapor de este tipo de cigarrillos contribuye a que eso ocurra.

Conclusión

La evidencia científica acumulada hasta la fecha indica que los cigarrillos electrónicos no son inofensivos. Aunque podrían exponer al usuario a menos sustancias tóxicas que el tabaco convencional, presentan riesgos propios para la salud cardiovascular, pulmonar y neurológica. La OMS no los recomienda como herramienta para dejar de fumar y advierte especialmente sobre su uso entre jóvenes.

Si deseas dejar de fumar, lo más recomendable es consultar con un profesional sanitario que pueda orientarte hacia métodos con evidencia demostrada de eficacia.

Referencias

  1. Organización Mundial de la Salud (OMS). Tabaco: cigarrillos electrónicos. WHO Fact Sheet, 2024. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/tobacco
  2. Real Decreto 579/2017, de 9 de junio, por el que se regulan determinados aspectos relativos a la fabricación, presentación y comercialización de los productos del tabaco y los productos relacionados. BOE núm. 138, de 10 de junio de 2017.
  3. Goniewicz ML, Knysak J, Gawron M, et al. Levels of selected carcinogens and toxicants in vapour from electronic cigarettes. Tob Control. 2014;23(2):133-139.
  4. Allen JG, Flanigan SS, LeBlanc M, et al. Flavoring Chemicals in E-Cigarettes: Diacetyl, 2,3-Pentanedione, and Acetoin in a Sample of 51 Products, Including Fruit-, Candy-, and Cocktail-Flavored E-Cigarettes. Environ Health Perspect. 2016;124(6):733-739.
  5. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. Public Health Consequences of E-Cigarettes. Washington, DC: The National Academies Press; 2018.
  6. Blount BC, Karwowski MP, Shields PG, et al. Vitamin E Acetate in Bronchoalveolar-Lavage Fluid Associated with EVALI. N Engl J Med. 2020;382(8):697-705.
  7. U.S. Department of Health and Human Services. E-Cigarette Use Among Youth and Young Adults: A Report of the Surgeon General. Atlanta, GA: CDC; 2016.
  8. Olfert IM, DeVallance E, Englen MC, et al. Chronic exposure to electronic cigarettes results in impaired cardiovascular function in mice. J Appl Physiol. 2018;124(3):573-582.
  9. Hartmann-Boyce J, McRobbie H, Lindson N, et al. Electronic cigarettes for smoking cessation. Cochrane Database Syst Rev. 2021;4(4):CD010216.
  10. Miyashita L, Suri R, Dearing E, et al. E-cigarette vapour enhances pneumococcal adherence to airway epithelial cells. Eur Respir J. 2018;51(2):1701592.
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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