Drogas de síntesis
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Las drogas de síntesis, también denominadas análogos o drogas químicas (anteriormente conocidas de forma incorrecta como “drogas de diseño”), son sustancias psicoactivas fabricadas en laboratorios clandestinos mediante la combinación de productos químicos. Su objetivo principal es simular los efectos de otras sustancias ya existentes en el mercado ilícito.
Aunque algunas de estas drogas llevan en circulación más de medio siglo —como es el caso del MDMA, sintetizado por primera vez en 1912—, su aparición supuso un nuevo reto tanto para las familias como para los profesionales sanitarios. La capacidad de generar sustancias prácticamente ilimitadas mediante combinaciones químicas hace que sus efectos sean impredecibles y potencialmente mortales.
Para los productores de estas sustancias, las ventajas logísticas son evidentes: no necesitan cultivos agrícolas, pueden fabricarlas cerca del punto de venta sin recurrir a rutas internacionales de transporte, tienen la posibilidad de adaptar el producto a la demanda del momento y, además, el coste de producción es considerablemente inferior al de otras drogas, lo que las convierte en más accesibles económicamente para los consumidores.
Origen e historia

El origen de las drogas de síntesis se remonta a la década de los años sesenta. Paradójicamente, su aparición se debe a las restricciones impuestas al mercado farmacéutico de las anfetaminas durante esa década. Estas limitaciones dieron lugar al surgimiento de los primeros laboratorios clandestinos que, con recursos muy limitados, lograron sintetizar sustancias con efectos similares a las anfetaminas, así como una amplia variedad de compuestos cuyos efectos eran en gran medida desconocidos.
El uso de estas sustancias se extendió rápidamente en los entornos de ocio juvenil. Una de las drogas sintéticas más conocidas y difundidas en los años ochenta fue el speed (del inglés, “velocidad”), una metanfetamina de mayor potencia y duración, con efectos más nocivos que las anfetaminas convencionales.
A partir de los años setenta, el mercado clandestino se inundó con una gran variedad de estas sustancias, presentadas bajo distintos nombres y composiciones químicas. Fue entonces cuando adoptaron el nombre genérico de “drogas de diseño”, ya que podían “diseñarse” según las preferencias del consumidor. Este término coincidía, además, con la corriente cultural del momento, en la que todo lo “de diseño” evocaba vanguardia y modernidad.
Vinculación con movimientos musicales
En los años ochenta, el consumo de estas drogas se vinculó a determinados movimientos musicales. Destaca especialmente el acid house, que cobró protagonismo en Ibiza y se asoció al consumo de sustancias psicoactivas. Este género musical, diseñado fundamentalmente para ser bailado, se caracterizaba por una marcada percusión y ritmos repetitivos a gran velocidad.
Este movimiento musical fue el precursor de otro fenómeno de gran repercusión social en España, especialmente en la zona de Levante: la denominada “ruta del bakalao”. Consistía en un recorrido por diferentes locales donde se escuchaba este tipo de música y donde se consumían drogas sintéticas, fundamentalmente MDMA, con el objetivo de “aguantar” sin dormir durante todo un fin de semana. Este formato se extendió rápidamente a otras comunidades autónomas hasta generalizarse en gran parte del territorio español.
En la actualidad, estas sustancias se enmarcan dentro de las llamadas “drogas recreativas”, asociadas al ocio nocturno y al deseo de prolongar la actividad festiva al máximo.
Clasificación y efectos
Resulta inviable abarcar la totalidad de las drogas de síntesis presentes en el mercado clandestino, por lo que a continuación se describen las más relevantes, agrupadas en cuatro categorías principales.
MDA (3,4-metilendioxianfetamina)
La MDA comenzó a fabricarse y consumirse en la década de los años sesenta. Fue desarrollada inicialmente como anorexígeno (supresor del apetito), aunque nunca llegó a comercializarse en farmacias. En los años setenta fue declarada sustancia peligrosa, momento en el que alcanzó su máxima difusión en los mercados clandestinos.
Se trata de una anfetamina con efectos euforizantes atenuados en comparación con las anfetaminas convencionales. Entre vendedores y consumidores se le atribuyeron propiedades afrodisíacas, por lo que recibió el sobrenombre de “píldora del amor”, aunque en ocasiones se distribuye también bajo la denominación de “éxtasis”.
MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina)
La MDMA fue sintetizada antes que la MDA, concretamente en 1912 por los laboratorios Merck, aunque con un propósito diferente al recreativo. Se utilizó durante unos pocos años en la década de los setenta en Norteamérica dentro de la práctica psicoterapéutica, hasta su prohibición.
Uno de los efectos más característicos de esta sustancia es la inducción de un estado emocional de empatía e intimidad emocional. No obstante, la intensidad y naturaleza de los efectos dependen en gran medida de la dosis ingerida y de la frecuencia de consumo. Entre sus riesgos más graves se encuentran la hipertermia, la deshidratación y la neurotoxicidad serotoninérgica.
DOM (2,5-dimetoxi-4-metilanfetamina)
El DOM es el componente principal de la sustancia conocida como STP (siglas de Serenidad-Tranquilidad-Paz). Se trata de un compuesto asociado al movimiento hippie y con gran repercusión durante la década de los años sesenta.
Sus efectos más destacados incluyen temblores, taquicardia, aumento de la presión arterial y, dependiendo de la dosis, alucinaciones y diversas alteraciones de la percepción. Una droga sintética muy similar en composición y efectos es la DOET (dimetoxietilanfetamina).
PCP (fenciclidina)
La fenciclidina data también de los años sesenta y fue considerada altamente peligrosa prácticamente desde su aparición. Cabe destacar que fueron los propios consumidores quienes la calificaron de muy peligrosa, sobre todo por su capacidad de generar alucinaciones intensas, generalmente de carácter negativo. Originalmente fue desarrollada como anestésico de uso veterinario.
Al igual que ocurre con otras drogas sintéticas, la PCP adoptó distintos nombres en el mercado clandestino para atraer a posibles consumidores: “polvo de ángel”, “barco del amor”, “píldora de la paz”, “nube mágica” o “tranquilizante de caballos”, entre otros.
Consumo y riesgos para la salud

El consumo de drogas de síntesis ha estado vinculado a movimientos musicales desde sus inicios. En la actualidad se enmarcan dentro de las “drogas recreativas”, consumidas con frecuencia durante fines de semana con el objetivo de prolongar la actividad sin descanso.
La mayoría de estas sustancias se administran por vía oral, en forma de pastilla o cápsula. No obstante, sustancias como el MDMA también pueden inhalarse e incluso inyectarse. Algo similar ocurre con el PCP, que se presenta en forma de polvo blanco para disolver en agua u otro líquido, y que rara vez se consume por vía intravenosa.
Una característica notable del consumo de drogas sintéticas es que los consumidores habituales tienden a no mezclarlas con alcohol, optando preferentemente por el agua, aunque esta práctica no elimina los riesgos asociados.
El grado de peligrosidad varía considerablemente en función del tipo de sustancia, la dosis, la frecuencia de consumo y la combinación con otras drogas. Lo más relevante es que sus efectos sobre el organismo resultan impredecibles, especialmente a largo plazo, ya que la investigación sobre las consecuencias crónicas de muchas de estas sustancias sigue en curso.
Principales efectos adversos
- Cardiovasculares: taquicardias, arritmias y otras alteraciones del ritmo cardíaco. En casos graves pueden producirse crisis hipertensivas.
- Musculares: temblores, movimientos involuntarios y trismo (contracción involuntaria de la mandíbula).
- Cutáneos: sensación de hormigueo, adormecimiento y ardor intenso en la piel.
- Visuales: visión borrosa, alucinaciones visuales y otras alteraciones de la percepción.
- Otros: sudoración profusa, náuseas, vómitos, sequedad bucal y parestesias.
Complicaciones graves
Los consumidores habituales presentan un mayor riesgo de sufrir un golpe de calor (hipertermia), que puede provocar hipotensión arterial y pérdida del conocimiento. Otra complicación frecuente son los denominados flashbacks o reaparición de alucinaciones incluso en períodos de abstinencia, es decir, sin haber consumido la sustancia en ese momento.
En los casos más graves, el consumo de drogas de síntesis puede provocar insuficiencia renal aguda, rabdomiólisis, coagulación intravascular diseminada e incluso la muerte.
Referencias
- Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (EMCDDA). Informe Europeo sobre Drogas: Tendencias y novedades. Oficina de Publicaciones de la Unión Europea. Disponible en: https://www.emcdda.europa.eu
- Plan Nacional sobre Drogas. Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España (EDADES). Disponible en: https://pnsd.sanidad.gob.es
- Colado MI, O’Shea E, Granados R, Mishra B, Peña I, Green AR. A study of the neurotoxic effect of MDMA (‘ecstasy’) on 5-HT neurones in the brains of mothers and neonates following administration of the drug during pregnancy. Br J Pharmacol. 1997;121(4):827-833.
- Green AR, Mechan AO, Elliott JM, O’Shea E, Colado MI. The pharmacology and clinical pharmacology of 3,4-methylenedioxymethamphetamine (MDMA, “ecstasy”). Pharmacol Rev. 2003;55(3):463-508.
- National Institute on Drug Abuse (NIDA). Synthetic Cathinones (“Bath Salts”) DrugFacts. Disponible en: https://nida.nih.gov
- United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). World Drug Report. Disponible en: https://www.unodc.org/unodc/en/data-and-analysis/world-drug-report.html

Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.