Alcoholismo
Tabla de contenidos
- 1.Factores de riesgo
- Familiar alcohólico
- Problemas psicológicos
- Emociones positivas
- Relaciones sociales
- 2.Síntomas del alcoholismo
- 3.Diagnóstico
- Cuestionario AUDIT
- Evaluación clínica
- 4.Tratamiento del alcoholismo
- Tratamiento farmacológico
- Intervención psicológica y prevención de recaídas
- 5.Consecuencias del alcoholismo
- Físicas
- Psicológicas
- Sociales
- 6.Señales para identificar a una persona alcohólica
- 7.Alcohol en la adolescencia
- 8.Consejos para evitar el alcoholismo
- 9.Referencias
El alcoholismo, denominado clínicamente trastorno por consumo de alcohol (TCA) según el DSM-5, se caracteriza por un patrón problemático de ingesta de alcohol que provoca un deterioro o malestar clínicamente significativo. Esta dependencia se desarrolla, por lo general, a lo largo de un periodo prolongado y se considera un trastorno de salud de carácter grave, capaz de originar enfermedades potencialmente mortales como cáncer, cirrosis hepática o pancreatitis, entre otras.
Según la Encuesta EDADES 2024, elaborada por el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), el 76,5 % de la población española de 15 a 64 años ha consumido alcohol en los últimos 12 meses, y un 14,7 % reconoce haberse emborrachado en ese mismo periodo. Estas cifras sitúan al alcohol como la sustancia psicoactiva más consumida en España y subrayan la magnitud del problema desde una perspectiva de salud pública.
Uno de los principales problemas que plantea el alcoholismo es que la gran mayoría de personas afectadas son incapaces de reconocer la dependencia que tienen hacia el alcohol y, por tanto, no buscan ningún tipo de ayuda.
En muchos casos, son los familiares y amigos quienes advierten a las personas alcohólicas de su problema, quienes, aun así, no perciben la gravedad de la situación. Una vez este tipo de pacientes solicitan ayuda profesional, el tratamiento requiere de una intervención urgente que abarca diversos ámbitos médicos para abordar los aspectos tanto físicos como psicológicos de la dependencia.
Factores de riesgo

Existen una serie de factores de riesgo que aumentan de manera considerable las probabilidades de que una persona desarrolle una adicción al consumo de alcohol.
Familiar alcohólico
Algunas investigaciones han puesto de manifiesto que aquellas personas que han convivido con una persona alcohólica, sobre todo durante su infancia, tienen mayores probabilidades de desarrollar esta misma adicción.
Hasta hace no muchos años, los estudios apuntaban a que esto se debía a una teoría de aprendizaje/educación. No obstante, las investigaciones más recientes señalan a una hipótesis con fuerte componente genético. Se han identificado variantes en genes como el ALDH2 (aldehído deshidrogenasa 2) y el ADH1B (alcohol deshidrogenasa 1B) que influyen de manera significativa en el metabolismo del alcohol. Las personas portadoras de determinadas variantes de ALDH2 experimentan una acumulación de acetaldehído tras el consumo de alcohol, lo que genera efectos desagradables (rubor facial, náuseas, taquicardia) y actúa como factor protector. Por el contrario, ciertas variantes de ADH1B se asocian con un mayor riesgo de desarrollar dependencia alcohólica.
Problemas psicológicos
También determinados problemas psicológicos como la baja autoestima o la excesiva irritabilidad son uno de los factores de riesgo del abuso del alcohol. En estos casos, los individuos utilizan el alcohol como un mero instrumento para escapar de este tipo de sensaciones. La comorbilidad con trastornos de ansiedad, depresión o trastorno por estrés postraumático es especialmente frecuente y complica tanto el diagnóstico como el tratamiento.
Emociones positivas
En muchos casos, el alcoholismo también se da a consecuencia de las emociones positivas. Actualmente, el consumo de alcohol está plenamente aceptado en la sociedad, y es muy frecuente en cualquier tipo de evento: celebraciones, cenas con amigos, fiestas… Así, los bebedores ocasionales también presentan un riesgo importante de convertirse en alcohólicos en el medio y largo plazo, especialmente cuando el consumo se normaliza como parte de la socialización.
Relaciones sociales
Otro de los factores de riesgo en relación al consumo excesivo de alcohol tiene que ver con las relaciones sociales negativas, sobre todo con familiares y amigos: problemas económicos, falta de habilidades sociales que llevan a un individuo a beber para sentirse más seguro de sí mismo…
Síntomas del alcoholismo

El alcoholismo se define como una dependencia o adicción física y psicológica al alcohol. El DSM-5 establece que el trastorno por consumo de alcohol se manifiesta mediante un patrón problemático que incluye al menos dos de los siguientes criterios en un periodo de 12 meses:
- Consumo de alcohol en cantidades superiores o durante un periodo más largo de lo previsto.
- Deseo persistente o esfuerzos infructuosos de abandonar o controlar el consumo.
- Inversión de una gran cantidad de tiempo en actividades necesarias para obtener alcohol, consumirlo o recuperarse de sus efectos.
- Craving o deseo intenso de consumir alcohol.
- Consumo recurrente que provoca el incumplimiento de obligaciones laborales, académicas o domésticas.
- Consumo continuado a pesar de problemas sociales o interpersonales persistentes.
- Abandono o reducción de actividades sociales, laborales o recreativas importantes.
- Consumo en situaciones en las que resulta físicamente peligroso.
- Consumo continuado a pesar de saber que se padece un problema físico o psicológico causado o agravado por el alcohol.
- Tolerancia: necesidad de cantidades cada vez mayores para alcanzar el efecto deseado.
- Abstinencia: aparición de síntomas característicos al interrumpir o reducir el consumo.
El DSM-5 clasifica la gravedad del trastorno en función del número de criterios presentes: leve (2-3 criterios), moderado (4-5 criterios) y grave (6 o más criterios).
En la gran mayoría de los casos, las personas alcohólicas beben cuando se encuentran solas, de modo que tratan de ocultar su conducta tanto a sus amigos como a sus familiares.
Y, por último, destacar que el alcoholismo en muchos casos interfiere con la vida cotidiana: los individuos abandonan de manera progresiva actividades con las que antes disfrutaban, disminuye su capacidad tanto de atención como de concentración y su rendimiento laboral se ve notablemente afectado.
Diagnóstico
Tal y como hemos señalado, no es frecuente que una persona alcohólica reconozca desde un primer momento que tiene un problema. Este hecho dificulta de forma notable el diagnóstico médico. Así, en un alto porcentaje de casos, la adicción se detecta en fases muy avanzadas, cuando la tolerancia al alcohol del individuo ha tomado dimensiones considerables.
Por lo general, son las personas cercanas quienes perciben la existencia de la adicción. Lo hacen por los indicios propios de la abstinencia, tales como sudoración, náuseas, ansiedad, estado de ánimo irritable y aumento de la frecuencia cardiaca.
Cuestionario AUDIT
Una de las herramientas de cribado más utilizadas a nivel mundial es el AUDIT (Alcohol Use Disorders Identification Test), desarrollado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de un cuestionario de 10 preguntas que evalúa el consumo de alcohol, las conductas relacionadas con la bebida y los problemas derivados del consumo. Una puntuación igual o superior a 8 sugiere un consumo de riesgo, mientras que puntuaciones de 15 o más indican una probable dependencia. El AUDIT ha sido validado en población española y constituye una herramienta fundamental en atención primaria para la detección precoz del trastorno por consumo de alcohol.
Evaluación clínica
Cuando un paciente acude al médico, en primer lugar se realiza una historia clínica completa en función de los síntomas que presenta. A continuación se solicita una analítica sanguínea, la cual permite detectar si existe o no un consumo tanto excesivo como frecuente de alcohol. Entre los marcadores biológicos más relevantes se encuentran la gamma-glutamil transferasa (GGT), el volumen corpuscular medio (VCM) de los glóbulos rojos y la transferrina deficiente en carbohidratos (CDT).
También se realiza una evaluación psicológica para determinar el estado en el que se encuentra el paciente. El médico realiza una serie de preguntas tanto al paciente como a sus familiares en relación a su consumo de alcohol, así como acerca de diferentes situaciones que hayan podido llevar al desarrollo de esta adicción.
Tratamiento del alcoholismo

El tratamiento de la adicción al alcohol se compone de una serie de fases y requiere un abordaje multidisciplinar.
La primera etapa del tratamiento consiste en el reconocimiento de la adicción por parte del individuo; numerosos profesionales coinciden en que esta es la fase más complicada de todas. Las técnicas de entrevista motivacional resultan especialmente útiles en esta fase inicial para ayudar al paciente a tomar conciencia de su situación.
A continuación, cuando la persona alcohólica interrumpe el consumo de alcohol, se da lo que se conoce como síndrome de abstinencia, el cual debe ser tratado por parte de profesionales. En algunos casos se requiere el ingreso hospitalario del propio paciente. Es lo que se conoce como desintoxicación. Durante la última fase de la misma, se trabaja con el objetivo de que el paciente permanezca abstemio de forma permanente.
Tratamiento farmacológico
Existen varios fármacos aprobados para el tratamiento del trastorno por consumo de alcohol que han demostrado eficacia en la prevención de recaídas:
- Naltrexona: antagonista opioide que reduce el deseo de beber y el efecto reforzante del alcohol. Puede administrarse por vía oral o en formulación inyectable de liberación prolongada.
- Acamprosato (calcio acetilhomotaurinato): actúa sobre el sistema glutamatérgico y ayuda a mantener la abstinencia al reducir los síntomas de abstinencia prolongada, como la ansiedad, el insomnio y la disforia.
- Disulfiram: funciona como un disuasor del consumo al inhibir la enzima aldehído deshidrogenasa. Si el paciente consume alcohol mientras toma disulfiram, experimenta una reacción aversiva intensa (rubor, náuseas, vómitos, taquicardia), lo que refuerza la abstinencia.
La elección del fármaco depende del perfil del paciente, sus comorbilidades y su motivación para el tratamiento.
Intervención psicológica y prevención de recaídas
Una vez desintoxicado, el paciente debe continuar un programa de prevención de recaídas que incluya terapia cognitivo-conductual, terapia de grupo y, en función de cómo haya afectado su adicción a sus relaciones sociales, terapia familiar o de pareja. Las guías NICE (CG115) recomiendan intervenciones psicológicas específicas centradas en el alcohol como componente fundamental del tratamiento.
Consecuencias del alcoholismo
Los efectos inmediatos al consumo de alcohol son muy placenteros. Los individuos se sienten relajados y comunicativos, manteniendo una actitud extrovertida con las personas de su entorno. La siguiente fase pasa por la pérdida de memoria y la confusión mental; los individuos presentan cada vez mayores dificultades para hablar, así como para entender lo que se les dice. Y, por último, son incapaces de sostenerse en pie; también son frecuentes los vómitos en esta última etapa.
En relación a las consecuencias del abuso del alcohol a largo plazo, estas se pueden dividir en tres grandes categorías: físicas, psicológicas y sociales.
Físicas
En los siguientes puntos señalamos algunas de las enfermedades que se dan con mayor frecuencia a causa del abuso del alcohol durante un largo periodo de tiempo.
- Cirrosis: la cirrosis es un trastorno grave del hígado que en un alto porcentaje de casos se da por el alcoholismo crónico. La formación de cicatrices en este órgano impide que funcione con normalidad y, por tanto, que no pueda eliminar correctamente las sustancias perjudiciales del organismo ni limpiar la sangre. Generalmente, la cirrosis no da lugar a síntomas hasta fases avanzadas de la enfermedad; cansancio, sangrado con facilidad, sensación de picazón en la piel e ictericia son algunos de ellos.
- Pancreatitis: este trastorno se caracteriza por una inflamación generalizada en el páncreas; un órgano cuya función principal es la producción de enzimas digestivas y la regulación de la glucosa. Uno de los indicios que se presenta con mayor frecuencia es el dolor, localizado en la zona abdominal superior, que se extiende a la espalda y que empeora después de las comidas.
- Hemorragia cerebral: las personas alcohólicas tienen un mayor riesgo de sufrir una hemorragia cerebral. Se conoce como tal a una acumulación de sangre en el cerebro tras la rotura de un vaso sanguíneo. Una enfermedad potencialmente mortal que requiere de asistencia médica urgente.
- Disfunción eréctil: el alcoholismo también puede dar lugar a la disfunción eréctil en el caso de los hombres. Se conoce como tal a la incapacidad permanente tanto para lograr como para mantener una erección suficiente para poder mantener relaciones sexuales.
- Neuropatía periférica: el consumo crónico de alcohol puede dañar los nervios periféricos, provocando hormigueo, entumecimiento y dolor en las extremidades.
- Miocardiopatía alcohólica: el abuso prolongado de alcohol debilita el músculo cardiaco, lo que puede derivar en insuficiencia cardiaca.
Psicológicas

Más allá de las consecuencias a nivel físico, las personas alcohólicas también sufren trastornos psicológicos, algunos de los cuales pueden ser permanentes.
En un alto porcentaje de casos, los alcohólicos sufren depresión. Se trata de una enfermedad mental que va muchísimo más allá de la tristeza. Mientras que esta última consiste en un estado mental pasajero, la depresión supone una situación de malestar y desazón de carácter crónico. Algunos de los síntomas más frecuentes de la depresión son los siguientes: irritabilidad, estado de ánimo bajo prácticamente todo el tiempo, cansancio, falta de energía, sentimientos de odio y culpa hacia uno mismo, y cambios en el apetito.
En aquellos casos en los que las personas alcohólicas tienen pareja, la celotipia es otra consecuencia psicológica común. Un trastorno que se da en personas extremadamente posesivas, quienes sienten unos celos obsesivos hacia la persona amada. Por lo general, es una enfermedad progresiva, que con el paso del tiempo se va volviendo más intensa. Así, a medida que avanza, en la mente del individuo surgen nuevas ideas delirantes fruto de los celos compulsivos que siente.
El deterioro cognitivo es otra consecuencia relevante. El consumo crónico de alcohol afecta a funciones como la memoria, la atención, la capacidad de planificación y la toma de decisiones. En los casos más graves puede desarrollarse el síndrome de Wernicke-Korsakoff, una encefalopatía causada por la deficiencia de tiamina (vitamina B1) asociada al alcoholismo crónico.
Sociales
Por supuesto, las consecuencias del alcohol también están relacionadas con el ámbito social. Prácticamente todos los alcohólicos se aíslan de manera progresiva de su entorno y dejan de realizar actividades con las que antes disfrutaban.
Así, surgen una gran cantidad de problemas tales como desestructuración familiar o problemas laborales y económicos. Debido al abuso del alcohol, las personas que padecen este tipo de adicción pierden en muchos casos a su familia, así como el empleo, razón por la cual se dan numerosos problemas económicos.
Señales para identificar a una persona alcohólica
Hay una serie de señales que permiten identificar a una persona alcohólica, debido a cambios en su personalidad. A continuación señalamos cuáles son las más relevantes.
- Nivel de tolerancia: un alcohólico necesita consumir una cantidad cada vez mayor de alcohol para realmente sentir sus efectos. Desde el punto de vista social, este tipo de personas consumen más bebidas alcohólicas que el resto y, sin embargo, permanecen sobrias. Una situación que, de mantenerse en el tiempo, puede causar daños de carácter grave al hígado.
- Abstinencia: cuando los alcohólicos están en abstinencia, es habitual que experimenten un conjunto de síntomas tales como temblores, sudoración excesiva, aumento del ritmo cardiaco, dificultad para concentrarse… En los casos de abstinencia más graves, los síntomas engloban alucinaciones, convulsiones y confusión.
- Comportamiento: una de las principales señales para identificar a una persona alcohólica tiene que ver con cambios en su comportamiento. De manera progresiva evita actividades con las que antes disfrutaba ya que únicamente desea beber. De este modo, es habitual que poco a poco, vaya descuidando cada vez más las relaciones tanto sociales como familiares. Un hábito muy habitual en personas con este tipo de adicción es el de culpar a terceros o a situaciones ajenas de sus problemas.
- Deterioro de las relaciones: los alcohólicos tienden cada vez en mayor medida a evitar cualquier tipo de relación tanto con sus familiares como amigos. Es por ello que su grado de aislamiento va en aumento, lo cual da lugar a consecuencias tales como pérdida del empleo, divorcio, pobreza económica…
Alcohol en la adolescencia

Actualmente, la edad a la que los jóvenes comienzan a beber alcohol se sitúa en los 12 años. Según datos de la Monografía sobre Alcohol 2024 del PNSD, el 30 % de los menores de 12 y 13 años reconoce haber consumido alcohol al menos una vez en el último año. Una de las principales razones por las que se da el consumo de alcohol a edades tan tempranas tiene que ver con la necesidad de integración en grupos sociales.
La adolescencia es una etapa de transición entre la niñez y la vida adulta, en la que los jóvenes se encuentran en una fase de desarrollo tanto a nivel físico como mental. Así, las consecuencias del abuso del alcohol pueden ser más perjudiciales que las que se dan en los adultos, como por ejemplo carencias en el desarrollo del pensamiento maduro y alteraciones en la maduración cerebral.
No hay que olvidar que el alcohol también afecta de forma negativa a determinadas zonas del cerebro, sobre todo aquellas responsables de la memoria y del aprendizaje, como el hipocampo y la corteza prefrontal. Habilidades que son muy importantes en el desarrollo de los jóvenes.
Además de los riesgos relacionados con el desarrollo de los jóvenes, el consumo de alcohol puede afectar de forma notable a su conducta. Pueden presentar un comportamiento agresivo que dificulte en gran medida las relaciones sociales.
La influencia del entorno familiar juega un papel clave para que los jóvenes sigan unos hábitos saludables y de este modo eviten el consumo abusivo y continuado de alcohol.
Consejos para evitar el alcoholismo
A continuación señalamos algunos consejos que merece la pena tener en cuenta sobre cómo evitar el alcoholismo.
- Personas cercanas: una persona alcohólica debe buscar el apoyo de los familiares y amigos más cercanos; de lo contrario, la recaída es muchísimo más probable.
- Deporte: el deporte es en muchos casos la mejor herramienta complementaria ante cualquier tipo de adicción. Además de despejar la mente y mejorar el sistema cardiovascular, mantiene a las personas ocupadas.
- Alimentación: el abuso del alcohol en muchos casos provoca la pérdida de determinados nutrientes esenciales para el organismo. Es por ello que es tan importante seguir una dieta equilibrada.
- Tolerancia cero: por supuesto, una persona alcohólica, una vez comience su proceso de recuperación, debe mantener el alcohol alejado en todo momento. En ningún caso vale aquello de “es una ocasión especial” o “solo es una copa”. Y es que una simple gota puede acabar con el trabajo de meses, incluso años.
- Tiempo libre: una persona alcohólica debe mantenerse ocupada con actividades que realmente le llenen y sean especiales. Hay muchísimas opciones disponibles: viajar, leer, caminar…
- Atención profesional continuada: es fundamental mantener un seguimiento médico y psicológico a largo plazo, ya que el riesgo de recaída persiste incluso años después de alcanzar la abstinencia.
Referencias
- American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5.ª ed.). Arlington, VA: American Psychiatric Publishing, 2013.
- Babor, T. F., Higgins-Biddle, J. C., Saunders, J. B. y Monteiro, M. G. AUDIT: The Alcohol Use Disorders Identification Test. Guidelines for Use in Primary Health Care (2.ª ed.). Ginebra: Organización Mundial de la Salud, 2001. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/WHO-MSD-MSB-01.6a
- Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas en España (EDADES) 2024. Madrid: Ministerio de Sanidad, 2024. Disponible en: https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/sistemaInformacion/pdf/2024_Informe_EDADES.pdf
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Alcohol-use disorders: diagnosis, assessment and management of harmful drinking and alcohol dependence (CG115). Londres: NICE, 2011. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg115
- Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA). Informe 2024: Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España. Madrid: Ministerio de Sanidad, 2024. Disponible en: https://pnsd.sanidad.gob.es/profesionales/sistemasInformacion/informesEstadisticas/pdf/2024_OEDA-Informe.pdf
- Edenberg, H. J. y Foroud, T. «Genetics and alcoholism». Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology, 10(8), 487-494, 2013.
- Saunders, J. B. et al. «Development of the Alcohol Use Disorders Identification Test (AUDIT): WHO Collaborative Project on Early Detection of Persons with Harmful Alcohol Consumption-II». Addiction, 88(6), 791-804, 1993. PMID: 8329970.

Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.