Artritis reumatoide: qué es, síntomas, diagnóstico y tratamiento
Tabla de contenidos
- 1.Síntomas de la artritis reumatoide
- Manifestaciones extraarticulares
- 2.Cómo se diagnostica la artritis reumatoide
- Criterios de clasificación ACR/EULAR 2010
- Pruebas complementarias
- 3.Causas de la artritis reumatoide
- Factores de riesgo
- 4.Tratamiento de la artritis reumatoide
- Tratamiento farmacológico
- Cambios en el estilo de vida
- Medicamentos para el alivio sintomático
- 5.Pronóstico de la artritis reumatoide
- 6.Referencias
La artritis es un término general que engloba más de cien enfermedades caracterizadas por la inflamación de una o varias articulaciones. Entre las formas más frecuentes se encuentran la artrosis (artritis degenerativa), la artritis reumatoide, la artritis psoriásica y la gota. Cada tipo tiene causas, mecanismos y tratamientos diferentes, por lo que es fundamental un diagnóstico preciso.
Este artículo se centra en la artritis reumatoide (AR), una enfermedad autoinmune crónica de carácter inflamatorio que afecta principalmente a las articulaciones sinoviales. Se manifiesta de manera simétrica y en forma de dolor, rigidez o entumecimiento articular. Normalmente, cuando una rodilla (o cualquier otra articulación) se ve afectada, la otra también lo hace.
De manera general, la AR afecta más al sexo femenino que al masculino, con una proporción aproximada de 3:1. Aunque es más frecuente entre los 40 y los 60 años, puede presentarse a cualquier edad, incluso en personas jóvenes. Su prevalencia en España se estima en torno al 0,5 % de la población adulta.
Síntomas de la artritis reumatoide
El síntoma cardinal de la artritis reumatoide es el dolor articular acompañado de inflamación, aunque las personas que la padecen pueden presentar también manifestaciones extraarticulares.
Los síntomas más habituales son:
- Dolor articular de carácter inflamatorio, que empeora con el reposo.
- Tumefacción articular (hinchazón) en las articulaciones afectadas.
- Hormigueo y entumecimiento en las extremidades.
- Pérdida de movilidad en la articulación afectada.
- Sensación de calor en la piel de la zona afectada, a veces con enrojecimiento.
- Rigidez matutina que dura al menos 30 minutos y va desapareciendo según avanza el día. Una rigidez matutina superior a 60 minutos es muy sugestiva de causa inflamatoria.
- Fatiga y astenia. A menudo es una manifestación de la enfermedad que precede a los problemas articulares.
Manifestaciones extraarticulares
En casos más avanzados o agresivos, la AR puede producir afectación sistémica:
- Nódulos reumatoides: tumoraciones subcutáneas, generalmente en zonas de presión como los codos.
- Afectación pulmonar: enfermedad pulmonar intersticial, pleuritis.
- Vasculitis reumatoide.
- Sequedad ocular y bucal (síndrome de Sjögren secundario).
- Mayor riesgo cardiovascular, ya que la inflamación crónica acelera la aterosclerosis.
Cómo se diagnostica la artritis reumatoide
Si se presentan los síntomas anteriormente mencionados o se sospecha artritis reumatoide, lo más adecuado es acudir al médico de cabecera. En caso de que el facultativo lo considere conveniente, derivará al paciente al reumatólogo para confirmar el diagnóstico.
Criterios de clasificación ACR/EULAR 2010
El diagnóstico de la AR se apoya actualmente en los criterios de clasificación ACR/EULAR de 2010, que valoran cuatro dominios:
- Afectación articular: número y tipo de articulaciones inflamadas (se puntúan de 0 a 5).
- Serología: presencia del factor reumatoide (FR) y/o anticuerpos antipéptidos cíclicos citrulinados (anti-CCP/ACPA). Los ACPA son muy específicos de la AR y predicen un curso más agresivo.
- Reactantes de fase aguda: velocidad de sedimentación globular (VSG) y proteína C reactiva (PCR) elevadas.
- Duración de los síntomas: si la sinovitis persiste 6 semanas o más, se incrementa la puntuación.
Se requiere una puntuación igual o superior a 6 (sobre 10) para clasificar a un paciente como AR definida.

Pruebas complementarias
Además de la exploración física, el médico solicitará habitualmente:
- Análisis de sangre: hemograma, VSG, PCR, factor reumatoide (FR) y anticuerpos anti-CCP.
- Pruebas de imagen: radiografías de manos y pies para detectar erosiones óseas. La ecografía musculoesquelética permite valorar sinovitis subclínica y la resonancia magnética detecta cambios precoces.
- En ocasiones se puede solicitar una artrocentesis (extracción de líquido sinovial) para el análisis del líquido articular.
El diagnóstico precoz es esencial, ya que existe una ventana de oportunidad terapéutica en los primeros meses de la enfermedad durante la cual el tratamiento es más eficaz para prevenir el daño articular irreversible.
Causas de la artritis reumatoide
Se desconocen las causas exactas de la artritis reumatoide. La medicina sabe que es una enfermedad autoinmune, es decir, una dolencia en la que el sistema inmunitario ataca por error a los tejidos sanos, en concreto a la membrana sinovial que recubre las articulaciones. Sin embargo, la causa por la cual se desencadena esta respuesta no está completamente esclarecida.
Factores de riesgo
- Predisposición genética: determinados alelos del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA-DR4, HLA-DRB1) se asocian a un mayor riesgo.
- Tabaquismo: es el factor de riesgo ambiental más consistente. Las personas fumadoras tienen una incidencia significativamente mayor de AR, especialmente de las formas con ACPA positivos.
- Factores hormonales: la mayor incidencia en mujeres sugiere una influencia hormonal. La enfermedad puede mejorar durante el embarazo y reactivarse en el posparto.
- Infecciones: se ha postulado que ciertas infecciones virales o bacterianas podrían actuar como desencadenantes en personas genéticamente predispuestas.
- Microbiota: investigaciones recientes señalan una posible relación entre alteraciones de la microbiota intestinal y oral con el desarrollo de AR.
Es importante distinguir la AR de la artrosis, que se origina por el desgaste natural del cartílago debido a la edad y no tiene un mecanismo autoinmune.
Tratamiento de la artritis reumatoide
El objetivo del tratamiento actual es alcanzar la remisión clínica o, al menos, una baja actividad de la enfermedad, siguiendo la estrategia de tratamiento dirigido a objetivo (treat-to-target). El abordaje es multidisciplinar e incluye tratamiento farmacológico y no farmacológico.
Tratamiento farmacológico
FAME convencionales sintéticos (FAMEc)
Los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (FAME) constituyen la base del tratamiento. Su objetivo no es solo aliviar los síntomas, sino frenar la progresión de la enfermedad y prevenir el daño articular.
- Metotrexato (MTX): es el FAME de primera línea según las recomendaciones de EULAR y de la Sociedad Española de Reumatología (SER). Se administra habitualmente una vez por semana (vía oral o subcutánea) junto con ácido fólico para reducir sus efectos adversos.
- Leflunomida: alternativa al metotrexato en caso de contraindicación o intolerancia.
- Sulfasalazina e hidroxicloroquina: pueden usarse en monoterapia en formas leves o en combinación con metotrexato.
Glucocorticoides
Los glucocorticoides (como la prednisona) se utilizan a dosis bajas como tratamiento puente al inicio de la enfermedad o durante los brotes, mientras los FAME alcanzan su efecto pleno. Se recomienda su uso durante el menor tiempo posible y a la dosis más baja eficaz, dada la posibilidad de efectos adversos a largo plazo.
FAME biológicos y FAME sintéticos dirigidos
Cuando la respuesta al metotrexato y a otros FAMEc es insuficiente, se dispone de terapias más avanzadas:
- Inhibidores del TNF-alfa (anti-TNF): adalimumab, etanercept, infliximab, golimumab y certolizumab. Fueron los primeros biológicos empleados en AR y continúan siendo ampliamente utilizados.
- Anti-CD20 (rituximab): indicado especialmente en pacientes con FR y/o ACPA positivos.
- Inhibidores de la IL-6: tocilizumab, sarilumab.
- Moduladores de la coestimulación de linfocitos T: abatacept.
- Inhibidores de JAK (JAKi): tofacitinib, baricitinib, upadacitinib, filgotinib. Son FAME sintéticos dirigidos que se administran por vía oral.
El reumatólogo seleccionará el tratamiento más adecuado en función del perfil del paciente, la actividad de la enfermedad y las comorbilidades.
Cambios en el estilo de vida
Para mejorar la calidad de vida de la persona con AR, es importante hacer algunos ajustes en los hábitos diarios.
La práctica de ejercicio de manera regular puede ayudar a mejorar la rigidez de las articulaciones, a reducir el dolor y a aumentar la vitalidad del paciente. El aumento de masa muscular contribuye de manera positiva a aliviar los síntomas, además de fortalecer a la persona y ayudarla a que enfrente su día a día con más energía y mejor ánimo.

El médico puede recomendar ejercicios aeróbicos de bajo impacto como caminar, bicicleta elíptica o natación. También son beneficiosos los ejercicios destinados a incrementar la flexibilidad. Deben evitarse los ejercicios de alto impacto como saltar o correr sobre superficies duras.
Dependiendo del grado de afectación, el profesional sanitario puede indicar sesiones de fisioterapia, aplicación de frío o calor, hidroterapia, masajes o la colocación de férulas para ayudar a mejorar ciertas posiciones.
A nivel individual, el paciente puede adoptar algunas medidas sencillas:
- Descansar las horas necesarias para que la fatiga no sea invalidante. Si es necesario, pueden echarse siestas cortas a lo largo del día.
- Reducir el estrés mediante prácticas como el yoga, la meditación o el taichí.
- No permanecer en la misma posición durante mucho tiempo.
- Evitar posturas forzadas que causen más dolor en las articulaciones.
- Seguir una dieta equilibrada rica en alimentos con vitamina E (antioxidante) y ácidos grasos omega-3, presentes en pescados azules, semillas de calabaza o nueces.
- Evitar el tabaco, dado su papel como factor de riesgo demostrado. Limitar el consumo de alcohol.
- Controlar el peso corporal: el sobrepeso incrementa la carga sobre las articulaciones y puede dificultar la respuesta al tratamiento.
Medicamentos para el alivio sintomático
De manera puntual, pueden utilizarse analgésicos como el paracetamol o antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno para aliviar el dolor, aunque su uso prolongado puede tener efectos secundarios gastrointestinales, renales y cardiovasculares. Es importante no automedicarse y consultar siempre con el médico responsable.
Pronóstico de la artritis reumatoide
El pronóstico de la AR ha mejorado notablemente en las últimas décadas gracias al diagnóstico precoz, la estrategia de tratamiento dirigido a objetivo y la disponibilidad de FAME biológicos y sintéticos dirigidos.
Con un tratamiento adecuado iniciado de forma temprana, muchos pacientes alcanzan la remisión clínica o una baja actividad de la enfermedad, lo que permite preservar la función articular y mantener una buena calidad de vida.
La artritis reumatoide puede presentarse de manera permanente, aunque lo habitual es que se sufran brotes alternados con períodos de menor actividad o remisión. Cuanto antes se inicie el tratamiento, mejor será el pronóstico, ya que se puede evitar el daño articular irreversible y las deformidades derivadas de él.
Es fundamental el seguimiento periódico por parte del reumatólogo para ajustar el tratamiento según la evolución de la enfermedad y vigilar posibles complicaciones.
Referencias
- Aletaha D, Neogi T, Silman AJ, et al. 2010 Rheumatoid arthritis classification criteria: an American College of Rheumatology/European League Against Rheumatism collaborative initiative. Arthritis Rheum. 2010;62(9):2569-2581. PubMed
- Smolen JS, Landewé RBM, Bergstra SA, et al. EULAR recommendations for the management of rheumatoid arthritis with synthetic and biological disease-modifying antirheumatic drugs: 2022 update. Ann Rheum Dis. 2023;82(1):3-18. PubMed
- Sociedad Española de Reumatología (SER). Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Artritis Reumatoide (GUIPCAR). SER
- Sociedad Española de Reumatología (SER). Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Artritis Reumatoide — Actualización. GuíaSalud
