ALT GPT baja: causas y cómo aumentar sus valores
Tabla de contenidos
La presencia de ALT GPT baja por lo general no se considera una situación alarmante. En la mayoría de los casos tiene su origen en causas benignas, pudiendo aumentar estos valores llevando una alimentación más nutritiva y equilibrada. Sin embargo, cuando persisten valores disminuidos de esta transaminasa, es necesario investigar si existe alguna patología o enfermedad que esté afectando su producción.
Debido a que la ALT cumple un papel fundamental en el metabolismo hepático de los aminoácidos, resulta necesario identificar y tratar la causa subyacente para que el organismo funcione correctamente. Si bien una analítica de sangre puede indicarnos su concentración, esta información debe acompañarse de otros estudios complementarios para determinar el origen de la disminución, ya que se trata de una condición que no presenta síntomas propios.
¿Qué significa tener ALT GPT baja?
La alanina aminotransferasa (ALT), también conocida como GPT (glutamato-piruvato transaminasa), es una enzima que se encuentra predominantemente en el hígado. Cuando los valores de ALT se sitúan por debajo del límite inferior del rango de referencia, se habla de hipotransaminasemia. Los rangos de referencia normales de ALT varían según el laboratorio, pero generalmente se sitúan entre 7 y 56 U/L, con valores ligeramente distintos según el sexo: aproximadamente de 7 a 35 U/L en mujeres y de 7 a 40 U/L en hombres. Valores por debajo del límite inferior (habitualmente por debajo de 7 U/L) pueden indicar una actividad enzimática reducida.

Es importante señalar que la ALT requiere piridoxal-5’-fosfato (la forma activa de la vitamina B6) como cofactor para su actividad enzimática. Esto significa que una deficiencia de vitamina B6 puede reducir la actividad de la ALT, dando lugar a valores falsamente bajos en la analítica. Por tanto, no siempre una ALT baja refleja una verdadera reducción de la masa hepatocelular, sino que en ocasiones se debe a un déficit de este cofactor esencial.
Cabe destacar que en personas de edad avanzada, niveles bajos de ALT se han asociado con fragilidad, sarcopenia y un aumento de la mortalidad. Diversos estudios han demostrado que valores de ALT por debajo de 19 U/L en ancianos se correlacionan con un mayor riesgo de desarrollar fragilidad y discapacidad funcional, y que cada descenso de 5 U/L en la ALT sérica se asocia con un incremento de la mortalidad por todas las causas. Por ello, en la población geriátrica, la ALT baja no debe interpretarse como un hallazgo inocuo, sino como un posible marcador de deterioro funcional.
No obstante, en la mayoría de los casos, tener la ALT GPT baja se relaciona con una deficiencia en la alimentación que se resuelve al adoptar una dieta más saludable y variada.
Causas de ALT GPT baja
Al no tratarse habitualmente de un hallazgo alarmante, muchos profesionales sanitarios no profundizan en esta situación. La hipotransaminasemia no presenta una sintomatología específica, ya que los posibles síntomas suelen estar asociados a la patología o enfermedad de base. Por ello, solicitar los valores de ALT GPT forma parte de los análisis de rutina para valorar la función hepática.
Las principales causas por las que puede producirse una disminución de la ALT son:
Enfermedades intestinales
Cuando se padece algún trastorno que afecte al funcionamiento del aparato digestivo puede producirse una disminución de las transaminasas. En la mayoría de los casos, esto ocurre porque existe una dificultad en el proceso de absorción de nutrientes y proteínas, lo que repercute en la disponibilidad de aminoácidos y cofactores necesarios para la síntesis enzimática. No obstante, hay que tener en cuenta que estas mismas enfermedades pueden también elevar los niveles de ALT GPT en sangre en determinadas fases, lo cual resulta bastante inespecífico.
Entre las enfermedades del tracto intestinal que se asocian a ALT GPT baja se encuentran:
- Enfermedad de Crohn: se trata de un trastorno inflamatorio crónico que afecta a las paredes del tracto gastrointestinal. Es una enfermedad que no tiene cura, por lo que su tratamiento se dirige a controlar la inflamación y ralentizar su progresión, mejorando la calidad de vida del paciente. Se caracteriza por un curso clínico en brotes y períodos de remisión. La presentación clínica varía según el segmento intestinal afectado, siendo los síntomas más frecuentes: diarrea, anemia, fiebre, dolor abdominal, abscesos perianales, pérdida de peso e hinchazón.
- Enfermedad celíaca: este trastorno autoinmune afecta al intestino delgado y dificulta la absorción de nutrientes. Los pacientes que la padecen presentan intolerancia al gluten, una proteína presente en ciertos cereales como el trigo, la cebada y el centeno. La eliminación del gluten de la dieta es la base del tratamiento. La forma de presentación varía según la edad: en lactantes se manifiesta con un estancamiento pondoestatural o retraso del desarrollo, mientras que en niños mayores y adultos es habitual la diarrea, el dolor abdominal, la astenia, la fatiga y la pérdida de peso.
- Enfermedad de Whipple: es una enfermedad infecciosa poco frecuente causada por la bacteria Tropheryma whipplei. Cuando este microorganismo coloniza la mucosa del intestino delgado, produce lesiones que dificultan la absorción de nutrientes. También puede afectar al corazón, los pulmones, las articulaciones y el sistema nervioso central. Los síntomas más frecuentes son: dolor abdominal, fiebre, diarrea, artralgias, pérdida de memoria, hiperpigmentación cutánea en zonas expuestas al sol, pérdida de peso y alteraciones cognitivas.
Trastornos renales
Aunque no se trata de una causa frecuente, un fallo renal crónico puede asociarse a valores de ALT GPT baja. Esto se debe en parte a una alteración del metabolismo del piridoxal fosfato, que se ve afectado en la insuficiencia renal, así como a la hemodilución y otros factores metabólicos propios de la enfermedad renal.
Dieta poco saludable
Aunque una persona consuma cantidades suficientes de comida al día, si su alimentación no incluye los nutrientes y proteínas necesarios para el organismo, se puede producir una disminución de las transaminasas. El cuerpo humano es capaz de sintetizar algunos aminoácidos (aminoácidos no esenciales), pero existen otros (aminoácidos esenciales) que deben ser aportados obligatoriamente a través de la dieta.

Además, es indispensable un aporte adecuado de proteínas, nutrientes esenciales para la síntesis de globulinas y albúmina. Una alimentación deficiente en estos macronutrientes puede comprometer tanto la función hepática como la actividad de las transaminasas.
Deficiencia de vitamina B6
La vitamina B6 (piridoxina) es una vitamina hidrosoluble, lo que significa que se disuelve en agua y el organismo no puede almacenarla en cantidades significativas. Por ello, es necesario obtenerla de forma regular a través de la alimentación, lo que requiere una dieta equilibrada rica en alimentos que la contengan, como carnes, pescados, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
Desde el punto de vista bioquímico, el piridoxal-5’-fosfato (P5P), la forma activa de la vitamina B6, actúa como cofactor indispensable de la ALT. Sin una cantidad suficiente de P5P, la enzima no puede llevar a cabo la reacción de transaminación de forma eficiente, lo que se traduce en una actividad enzimática reducida y, por tanto, en valores bajos de ALT en la analítica. De hecho, algunos laboratorios añaden P5P a sus reactivos para evitar resultados falsamente disminuidos.
El déficit de vitamina B6 no solo se observa cuando existe una mala alimentación. Es relativamente frecuente en mujeres embarazadas, en período de lactancia, en niños en fase de crecimiento y en personas de edad avanzada. También puede producirse en pacientes que toman determinados fármacos (como la isoniazida) o en personas con consumo crónico de alcohol.
Hepatitis C
Se trata de una infección viral que provoca inflamación del hígado. Cuando no se trata adecuadamente puede evolucionar hacia una cirrosis hepática o incluso un hepatocarcinoma. Se considera uno de los tipos de hepatitis de mayor gravedad.
Lo más preocupante de esta enfermedad es que puede cursar de forma asintomática durante años, manifestándose clínicamente cuando ya se encuentra en una fase avanzada. Entre los síntomas más característicos se encuentran: ictericia, prurito generalizado, hiporexia, tendencia al sangrado, aparición de hematomas y pérdida de peso.
En las fases de escasa replicación viral o cuando existe un daño hepático crónico con reducción significativa de la masa hepatocelular, los valores de ALT pueden encontrarse paradójicamente bajos, lo que no debe interpretarse como un signo de mejoría hepática.
Embarazo
Durante la gestación se producen numerosos cambios fisiológicos y hormonales que pueden afectar a los parámetros analíticos. En lo que respecta al hígado, puede experimentar adaptaciones funcionales propias de este estado.
En estos casos, es posible observar una ALT GPT baja que no constituye un signo de alarma. No obstante, es importante estar atenta a determinados síntomas que sí requieren valoración médica urgente, como dolor en el hipocondrio derecho, náuseas intensas, vómitos persistentes e ictericia, ya que podrían indicar patologías hepáticas graves del embarazo como el síndrome HELLP o la colestasis intrahepática gestacional.
Una vez finalizada la gestación, los valores analíticos suelen normalizarse de forma espontánea.
Fragilidad y sarcopenia en personas mayores
En la población geriátrica, la ALT baja se ha identificado como un marcador independiente de fragilidad y sarcopenia (pérdida de masa y función muscular). La ALT se encuentra no solo en el hígado, sino también en el músculo esquelético, por lo que una pérdida de masa muscular se refleja en una menor producción de esta enzima.
Estudios prospectivos han demostrado que los pacientes ancianos con valores de ALT por debajo de 19 U/L presentan un riesgo significativamente mayor de fragilidad, discapacidad funcional y mortalidad. Por ello, en el contexto geriátrico, la ALT baja debe considerarse un indicador de vulnerabilidad clínica que merece seguimiento.
¿Cómo aumentar la ALT GPT baja?
En la mayoría de los casos, se trata de una condición relacionada con una alimentación deficiente o un déficit de determinados nutrientes. La forma más sencilla de abordar la disminución de esta transaminasa es llevar una dieta variada, equilibrada y nutritiva, con especial atención a un aporte adecuado de proteínas y vitamina B6 (presente en carnes, pescados, legumbres, plátanos y cereales integrales).

En el caso de que la ALT baja sea consecuencia de alguna patología o enfermedad subyacente, se deberá acudir a un médico especialista para que realice el diagnóstico correspondiente y establezca el tratamiento más adecuado según la causa identificada.
Es importante recordar que la interpretación de los valores de ALT siempre debe realizarse en el contexto clínico del paciente, teniendo en cuenta su edad, estado nutricional, medicación y comorbilidades.
Referencias
-
Vespasiani-Gentilucci, U., et al. (2018). Low Alanine Aminotransferase Levels in the Elderly Population: Frailty, Disability, Sarcopenia, and Reduced Survival. The Journals of Gerontology: Series A, 73(7), 925-930. PubMed
-
Elinav, E., et al. (2006). Correlation between serum alanine aminotransferase activity and age: An inverted U curve pattern. American Journal of Gastroenterology, 100(10), 2201-2204.
-
Le Couteur, D.G., et al. (2010). The association of alanine transaminase with aging, frailty, and mortality. The Journals of Gerontology: Series A, 65(7), 712-717. PubMed
-
Ramaty, E., et al. (2014). Low Blood ALT Activity and High FRAIL Questionnaire Scores Correlate with Increased Mortality and with Each Other. A Prospective Study in the Internal Medicine Department. Nutrients, 10(11), 1580. PMC
-
Rej, R. (1985). Review of pyridoxal phosphate and the transaminases in liver disease. Annals of Clinical Biochemistry, 22(Pt 4), 411-418. PubMed
-
Pratt, D.S., & Kaplan, M.M. (2000). Evaluation of abnormal liver-enzyme results in asymptomatic patients. New England Journal of Medicine, 342(17), 1266-1271.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.