Ácido fólico bajo: síntomas, causas y cómo tratar
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El ácido fólico se ha considerado como un nutriente de grandes beneficios para el organismo, siendo esencial durante el embarazo para el correcto desarrollo del feto. La presencia de ácido fólico bajo puede desencadenar una serie de trastornos y síntomas que interfieren en la realización de las actividades cotidianas de una persona.
Cuando se detectan concentraciones bajas de esta vitamina, es estrictamente necesario que el médico indique algún suplemento para aumentar estos valores. Sin embargo, se ha comprobado que acompañar este tratamiento con una dieta rica en ácido fólico puede ayudar a recuperar su concentración mucho más rápido. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta diaria de 400 μg de folato para adultos sanos, cifra que asciende a 600 μg durante el embarazo.
¿Qué es el ácido fólico?
El ácido fólico es el nombre con que se conoce de manera común a la vitamina B9, perteneciente al complejo B. También se le puede llamar bajo el nombre de folato o folacina. El folato es la forma natural presente en los alimentos, mientras que el ácido fólico es la forma sintética utilizada en suplementos y alimentos fortificados. Destaca por ser una vitamina hidrosoluble, lo que facilita su absorción. Además, es imprescindible para que el organismo lleve a cabo funciones esenciales como la síntesis de ADN, la división celular y la formación de glóbulos rojos.
Este último caso es por el cual es más reconocida esta vitamina: resulta necesario consumirla antes de buscar el embarazo para disponer de suficientes reservas. De hecho, las guías clínicas recomiendan iniciar la suplementación entre uno y tres meses antes de la concepción para reducir de forma significativa el riesgo de defectos del tubo neural en el feto.
Se trata de un nutriente que se encuentra en muchos alimentos, sobre todo en aquellos de hojas verdes. También se puede hallar en hígado, la yema del huevo, legumbres como las lentejas y los garbanzos, setas, y frutos secos como la semilla de girasol, entre otros.
Aunque existen muchas fuentes para obtener el ácido fólico, esta vitamina destaca por destruirse fácilmente cuando se cocinan los alimentos a altas temperaturas. Por ello, se estima que la cocción prolongada puede reducir el contenido de folato entre un 50 % y un 90 %. Es aconsejable consumir los alimentos crudos, al vapor o ligeramente cocidos para preservar la mayor cantidad posible de este nutriente.

En general, los niveles saludables se ubican entre 2,7 y 17,0 nanogramos por mililitro en suero, aunque esto puede variar según cada laboratorio. Si los valores están por debajo de este rango, se considera que existe ácido fólico bajo en el organismo, lo cual puede provocar la aparición de distintos trastornos de salud.
Entre ellos, las personas pueden sufrir de depresión y cuadros de ansiedad y estrés. También pueden aparecer problemas gastrointestinales e incluso complicaciones respiratorias. Además, cuando esto ocurre, es bastante común observar que la persona se siente fatigada, con debilidad o cansancio generalizado.
Síntomas del ácido fólico bajo
Si bien se han mencionado algunos de los problemas de salud que se producen a raíz de un nivel de ácido fólico bajo, la realidad es que la mayoría de las personas no muestran síntomas evidentes en las fases iniciales. Es posible que, en caso de presentarlos, no se asocien a este déficit. De hecho, en muchas situaciones suele ser diagnosticado de forma incidental al realizar analíticas por otros motivos.

Por lo general, puede o no haber anemia, pero sí un aumento del tamaño de los glóbulos rojos (macrocitosis), lo que hace pensar que existe un déficit de esta vitamina o de vitamina B12. Por lo que, en general, la persona puede desarrollar:
- Anemia megaloblástica o macrocítica, caracterizada por la presencia de glóbulos rojos anormalmente grandes e inmaduros. A su vez, la persona cursa con síntomas similares a cualquier otro tipo de anemia: fatiga, disnea y palidez.
- Aparición de molestias en zonas como la boca o la piel. Es posible que se formen llagas o aftas, e incluso que se sienta quemazón en la lengua (glositis).
- Se han registrado casos de desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Algunas personas pueden presentar trombosis venosa profunda, asociada a niveles elevados de homocisteína.
- Riesgo de padecer infertilidad, sobre todo en mujeres.
- Alteraciones psiquiátricas y cognitivas, como falta de concentración, pérdida de memoria e irritabilidad. En casos graves, es posible que aparezca demencia.
- Durante el embarazo aumenta el riesgo de que el feto desarrolle defectos del tubo neural, como espina bífida o anencefalia, especialmente durante las primeras semanas de gestación.
- Alteraciones gastrointestinales como pérdida del apetito, estreñimiento, diarrea o dolor abdominal.
- Cambios de humor y ansiedad.
- En cuadros clínicos más graves, es posible que disminuyan los niveles de glóbulos blancos (leucopenia) y las plaquetas (trombocitopenia), lo que incrementa el riesgo de infecciones y sangrados.
- Piel seca, cabello frágil y uñas quebradizas.
- Mareos y debilidad generalizada.
- La homocisteína puede elevarse (hiperhomocisteinemia), aumentando el riesgo de padecer problemas cardíacos y accidentes cerebrovasculares.
- Piel pálida.
- En los niños y adolescentes puede observarse un retraso en su crecimiento y desarrollo.
- Las mujeres durante la menopausia pueden padecer sofocos más intensos.
Causas del ácido fólico bajo
Algo que destaca en el ácido fólico es que no se almacena en grandes cantidades dentro del organismo. Los niveles de esta sustancia disminuyen semanas después de haberse consumido, por lo que se requiere mantener una dieta rica en folato para que sus reservas permanezcan en concentraciones adecuadas. Las reservas corporales de folato suelen agotarse en un periodo de entre dos y cuatro meses si la ingesta es insuficiente.
Aun así, las razones por las que se produce este déficit son variadas, siendo las más comunes:
- Dieta pobre en ácido fólico: se considera la causa más frecuente. Por lo general se debe a un consumo bajo de alimentos frescos o poco cocidos. Esto suele ser bastante común en personas que reciben nutrición intravenosa a largo plazo. Además, es un cuadro que se observa con frecuencia en niños, ancianos y personas con dietas muy restrictivas.
- Se sufre de algún síndrome de malabsorción, lo cual impide que el intestino absorba adecuadamente el ácido fólico. Es muy común en caso de celiaquía, enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa.
- Consumo excesivo de alcohol: las personas que padecen alcoholismo tienen problemas para absorber y asimilar el ácido fólico, ya que el alcohol interfiere tanto en su absorción intestinal como en su metabolismo hepático.
- El cuerpo necesita más ácido fólico de lo habitual, como en el caso de los bebés prematuros, las mujeres embarazadas, durante la lactancia o en periodos de crecimiento rápido.
- Se padece de alguna enfermedad que genera un gasto elevado de ácido fólico, como la leucemia, determinados tipos de anemia hemolítica, cáncer y algunas enfermedades inflamatorias crónicas.
- Existe una pérdida de folato ocasionada por una hemodiálisis.
- La administración de ciertos medicamentos puede provocar una disminución de los niveles de ácido fólico en el organismo. Entre los fármacos más relevantes se encuentran el metotrexato, el trimetoprima, la fenitoína, el fenobarbital y la sulfasalazina. Estos medicamentos actúan como antagonistas del folato o interfieren en su metabolismo.
- Se está bajo tratamiento de diálisis renal.
- El consumo de tabaco está asociado a una disminución de las vitaminas del complejo B, incluido el ácido fólico.
- Se padece de algún trastorno genético, como la mutación del gen MTHFR, que impide la correcta síntesis del folato, causando así una disminución de su concentración en sangre.
Si bien estas son algunas de las causas más comunes por las que los niveles de ácido fólico pueden disminuir, es posible que existan otros factores que influyan. Será el médico quien determine cuáles son las pruebas necesarias para identificar la causa subyacente.
¿Cómo se diagnostica el déficit de ácido fólico?
Cuando se sospecha que existe ácido fólico bajo en el organismo, es posible que se soliciten analíticas de sangre para determinar su concentración. Esto puede lograrse a través del folato sérico o del folato eritrocitario (en los glóbulos rojos), siendo esta última la opción más fiable, ya que refleja mejor las reservas de folato a largo plazo. Además, se observará el volumen corpuscular medio (VCM) de los glóbulos rojos: un VCM elevado es un indicativo de que puede existir una deficiencia.
Complementariamente, el médico puede solicitar la determinación de los niveles de homocisteína en sangre, que tienden a elevarse cuando hay déficit de folato, así como los niveles de vitamina B12 para descartar una deficiencia combinada.
En realidad, si bien esta prueba no puede utilizarse para saber cuánto es el consumo de ácido fólico diario, sí puede servir para conocer si se mantiene una ingesta adecuada de esta vitamina. Para la prueba será necesario estar en ayunas al menos 6 horas antes de la extracción de sangre, por lo que no se puede comer ni beber nada durante este periodo de tiempo.
¿Cómo aumentar los niveles de ácido fólico en el organismo?
Cuando las pruebas determinan que se padece de un cuadro de ácido fólico bajo, en primera instancia se recetan suplementos que ayuden a elevar los niveles de esta vitamina. La dosis habitual de suplementación para corregir el déficit suele ser de 5 mg diarios de ácido fólico por vía oral, durante un periodo de cuatro meses, aunque el médico ajustará la pauta según la causa y la gravedad del déficit. Para la prevención general, la dosis recomendada es de 400 μg diarios en adultos sanos.
En el caso de mujeres que planifican un embarazo, se recomienda comenzar la suplementación con al menos 400 μg diarios (o 5 mg si existen antecedentes de defectos del tubo neural) entre uno y tres meses antes de la concepción y mantenerla durante las primeras doce semanas de gestación como mínimo.

Adicionalmente, se recomienda aumentar el consumo de alimentos que sean ricos en folato.
Entre las mejores opciones figuran los vegetales de hojas verdes como la espinaca, la lechuga, la acelga, entre otros. También se puede comer brócoli, col, espárragos, zanahoria o alcachofa. Se recomienda cocinar estas verduras al vapor o consumirlas crudas para preservar al máximo el contenido de folato.
Se pueden incorporar frutas como el aguacate, las fresas, el kiwi, la naranja, el melón, la papaya o las frambuesas. Los frutos secos y las legumbres (lentejas, garbanzos, judías) también son una excelente fuente de este nutriente.
Es importante señalar que las personas en tratamiento con fármacos antagonistas del folato, como el metotrexato, deben consultar siempre con su médico antes de iniciar la suplementación, ya que esta podría interferir con el efecto terapéutico del medicamento.
Referencias
- World Health Organization. Serum and red blood cell folate concentrations for assessing folate status in populations. Geneva: WHO; 2015. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789241549523
- National Institutes of Health, Office of Dietary Supplements. Folate: Fact Sheet for Health Professionals. Bethesda: NIH; 2022. Disponible en: https://ods.od.nih.gov/factsheets/Folate-HealthProfessional/
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Anaemia - B12 and folate deficiency: How should I manage folate deficiency anaemia? NICE Clinical Knowledge Summary. Disponible en: https://cks.nice.org.uk/topics/anaemia-b12-folate-deficiency/
- De-Regil LM, Peña-Rosas JP, Fernández-Gaxiola AC, Rayco-Solon P. Effects and safety of periconceptional oral folate supplementation for preventing birth defects. Cochrane Database Syst Rev. 2015;(12):CD007950. doi:10.1002/14651858.CD007950.pub3
- Ministerio de Sanidad, Gobierno de España. Recomendaciones sobre suplementación con ácido fólico para la prevención de defectos del tubo neural. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.