Por qué el aceite de palma es tan malo para la salud
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El aceite de palma es una sustancia que se extrae de la palma africana. Más del 40 % de los productos que consumimos a diario contienen aceite de palma. Este dato explica su sobreexplotación y ha generado un intenso debate en torno a la deforestación que provoca su producción. Solo el aceite de soja lo supera en volumen de producción, con la diferencia de que este último procede de cultivos con menor impacto ambiental.
Para qué sirve el aceite de palma
El debate medioambiental, más allá de centrarse en las excesivas deforestaciones que provoca la producción de este aceite, se debe a los pocos beneficios de este aceite para la salud. Los usos del aceite de palma son generalmente industriales: creación de biocombustibles, alimentación animal y, en muchos casos, fritura en la cocina.
Actualmente, ha desplazado en gran medida a las grasas hidrogenadas en su uso culinario. Esto se debe a que la Organización Mundial de la Salud determinó que las grasas trans eran nocivas para la salud. Sin embargo, desde el punto de vista nutricional, el aceite de palma no resulta un sustituto idóneo, ya que es rico en grasas saturadas.
En cuanto a sus usos como biocombustible, se emplea por su elevado poder calorífico, lo que lo convierte en un buen combustible para hornos industriales. También se utiliza en sistemas de calefacción domésticos e industriales.
Es utilizado en la creación de cosméticos y productos de limpieza, pero lo más alarmante es el uso que le dan las compañías de dulces al utilizarlo en la cocción de muchos de sus productos. Es muy común en cremas de avellana, snacks, galletas, entre otros productos de consumo habitual.
De dónde proviene este aceite

El aceite se obtiene mediante el prensado mecánico de la fruta de la palma africana (Elaeis guineensis), una especie muy cultivada en Indonesia y Malasia, motivo por el cual estos países son los mayores productores mundiales. La palma produce frutos óptimos a partir de su primera cosecha, pero el rendimiento disminuye con los años, de modo que tras agotar la producción, es necesario deforestar y volver a plantar.
Una vez extraído, el aceite virgen de palma (conocido como aceite rojo) es almacenado y posteriormente refinado para uso industrial. Durante este proceso de refinado a altas temperaturas se generan contaminantes como los ésteres de glicidilo y los ésteres de 3-MCPD, sustancias que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) identificó como potencialmente perjudiciales para la salud en su evaluación de 2016. Además, con el paso del tiempo, el aceite se oxida y genera productos de oxidación nocivos, como aldehídos y grasas trans, que deterioran aún más su perfil nutricional.
Esta no es una práctica nueva: hace 5000 años la civilización africana ya extraía aceite de la palma, principalmente en Guinea, donde se producía en mayor cantidad. La diferencia es que en aquel entonces se consumía el aceite fresco, recién extraído de la planta, cuando sus componentes son más beneficiosos para el organismo.
Actualmente, Indonesia y Malasia son los principales productores de este aceite. La industrialización ha provocado que el producto sea sometido a procesos de refinado agresivos y llegue al consumidor con un perfil nutricional muy inferior al del aceite virgen.
Europa es uno de los principales compradores. En Latinoamérica, Colombia y Ecuador son los principales productores, pero están sometidos a rigurosos reglamentos ambientales para evitar que la deforestación se salga de control.
Composición química
El aceite de palma está constituido aproximadamente en un 40-50 % por ácidos grasos saturados. La principal sustancia que se observa es el ácido palmítico, el ácido graso saturado más común en nuestra dieta, presente también en la carne y muchos productos lácteos. Curiosamente, el nombre «napalm» procede de la combinación de ácido nafténico y ácido palmítico, ya que ambas sustancias se utilizaron durante la Segunda Guerra Mundial para producir este agente incendiario.
También contiene un 35-45 % de ácidos grasos monoinsaturados, principalmente ácido oleico. Este pertenece a la serie omega 9 y contribuye a la salud cardiovascular al ayudar a reducir el colesterol LDL.
Asimismo, presenta un 5-10 % de ácidos grasos poliinsaturados, beneficiosos para la salud cerebral y cardíaca por su contenido en omega 6 y, en menor medida, omega 3.
Esta es su composición en estado virgen, cuando recién se ha extraído de la fruta de la palma africana. Sin embargo, con el paso del tiempo el aceite se oxida, lo que no aumenta la proporción de grasas saturadas, sino que genera productos de oxidación perjudiciales como aldehídos, peróxidos lipídicos y pequeñas cantidades de ácidos grasos trans. Estos compuestos son potencialmente tóxicos y se asocian con estrés oxidativo e inflamación.
Impacto de su consumo en el ser humano

El consumo elevado de ácido palmítico se ha asociado con un mayor riesgo cardiovascular según la OMS, ya que eleva los niveles de colesterol LDL en sangre, aumentando las probabilidades de sufrir infartos de miocardio y enfermedades coronarias.
Además, el refinado del aceite de palma a temperaturas superiores a 200 °C genera ésteres de glicidilo, sustancias genotóxicas y carcinógenas según la EFSA, así como ésteres de 3-MCPD, que pueden dañar los riñones y la fertilidad masculina. Los niveles más altos de estos contaminantes se encuentran precisamente en el aceite de palma refinado, muy por encima de otros aceites vegetales.
Lamentablemente, el contenido de omega 9 que posee no justifica su uso excesivo. De hecho, existen alternativas con mejores perfiles nutricionales, como el aceite de oliva virgen extra, el aceite de girasol alto oleico o el aceite de colza, que ofrecen un equilibrio de ácidos grasos mucho más favorable para la salud.
¿Por qué es tan consumido?
El aceite de palma es una sustancia fácil de extraer y procesar, y su producción requiere menos tiempo que la de otros aceites. Esto lo convierte en una alternativa barata tanto como combustible como para uso alimentario. Es un aceite versátil en la cocina porque se puede utilizar para freír y también como sustituto de la mantequilla gracias a su textura semisólida a temperatura ambiente. Para los intereses industriales, resulta mucho más rentable de producir que sus sustitutos naturales (coco y soja), que ofrecen mejores propiedades nutricionales. Las industrias consumen cantidades ingentes de aceite de palma al año en muchos de sus productos, por lo que necesitan un suministro constante y económico.
Impacto ambiental
Al agotarse el rendimiento de las plantaciones de palma africana, es necesario iniciar nuevos procesos de cultivo cada vez que se desea obtener fruta fresca para su extracción. Esto ha obligado a los productores a recurrir a la deforestación masiva para encontrar nuevos terrenos donde plantar y producir.
El impacto ambiental es devastador. Actualmente, el 70 % de los cultivos de palma en Malasia se encuentran en terrenos que alguna vez fueron bosques tropicales. En Indonesia, el 50 % de los bosques han sido sustituidos por plantaciones de palma, lo que afecta no solo a la flora, sino también a la fauna, al destruir el hábitat de especies en peligro crítico como el orangután de Borneo y el tigre de Sumatra, acelerando sus procesos de extinción.
Organizaciones como la RSPO (Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible) promueven certificaciones para garantizar una producción más responsable, aunque los críticos señalan que estas medidas resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
Referencias
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EFSA Panel on Contaminants in the Food Chain (CONTAM). «Risks for human health related to the presence of 3- and 2-monochloropropanediol (MCPD), and their fatty acid esters, and glycidyl fatty acid esters in food». EFSA Journal, 14(5):4426, 2016. Disponible en: https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4426
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Organización Mundial de la Salud (OMS). «Diet, Nutrition and the Prevention of Chronic Diseases». WHO Technical Report Series 916. Ginebra, 2003. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/924120916X
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Vijay, V., Pimm, S. L., Jenkins, C. N., & Smith, S. J. «The Impacts of Oil Palm on Recent Deforestation and Biodiversity Loss». PLOS ONE, 11(7):e0159668, 2016. Disponible en: https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0159668
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