En qué consiste la rizolisis y para qué está indicada
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es la rizolisis?
- ¿Qué son las articulaciones facetarias?
- 2.Tipos de rizolisis
- Rizolisis lumbar
- Rizolisis cervical
- Rizolisis dorsal
- 3.Tipos de radiofrecuencia utilizados
- 4.¿Cómo se realiza?
- 5.¿Cuándo se recomienda realizar?
- 6.Riesgos de realizar una rizolisis
- 7.Eficacia y duración de los resultados
- 8.Recuperación tras una rizolisis
- 9.Alternativas a la rizolisis
- 10.¿Cuál es el precio de esta intervención?
- 11.Preguntas frecuentes
- ¿La rizolisis es dolorosa?
- ¿Cuántas veces se puede repetir la rizolisis?
- ¿La rizolisis puede empeorar el dolor?
- ¿Qué diferencia hay entre rizolisis y bloqueo facetario?
- 12.Cuándo consultar al médico
- 13.Referencias
En la actualidad, los problemas a nivel de la columna son bastante comunes, sobre todo por el sedentarismo, las posturas inadecuadas y el uso prolongado de equipos tecnológicos. Cuando el dolor de espalda llega a convertirse en una molestia insoportable, y los fármacos no hacen efecto, llega el momento de acudir a un especialista, y muchas veces se considera realizar una rizolisis como alternativa efectiva para eliminar el dolor.
Se considera una intervención mínimamente invasiva, aunque solo recomendada cuando se trata de un caso de dolor crónico de origen facetario que no ha respondido a tratamientos conservadores. Si crees que debes consultar a un médico para realizar este tratamiento, aquí te damos toda la información referente a la rizolisis para que conozcas de qué se trata y si es adecuada para tu caso.
¿Qué es la rizolisis?
La rizolisis, también denominada neurotomía por radiofrecuencia, denervación facetaria o rizotomía, es un procedimiento médico mínimamente invasivo indicado únicamente en casos de dolor crónico lumbar, cervical o dorsal cuyo origen es facetario. A través de esta intervención se busca destruir el nervio responsable de transmitir la señal de dolor desde la articulación facetaria hasta el cerebro, interrumpiendo así la transmisión del dolor. Este procedimiento se realiza mediante radiofrecuencia.
De esta manera, se logra un bloqueo de los nervios que se encuentran junto a las facetas articulares, permitiendo la desaparición o reducción significativa del dolor.
¿Qué son las articulaciones facetarias?
Las articulaciones facetarias (también llamadas articulaciones cigapofisarias) son pequeñas articulaciones situadas en la parte posterior de la columna vertebral que conectan las vértebras entre sí. Cada vértebra tiene dos pares de facetas: una superior y otra inferior, que se articulan con las vértebras adyacentes. Su función principal es estabilizar la columna y permitir los movimientos de flexión, extensión y rotación.
Con el paso del tiempo, estas articulaciones pueden sufrir desgaste (artrosis facetaria), inflamarse o irritarse, generando un dolor conocido como síndrome facetario. Este dolor se caracteriza por:
- Ser de tipo mecánico, es decir, empeora con el movimiento y mejora con el reposo.
- Localizarse en la zona lumbar, dorsal o cervical, sin irradiarse a las extremidades (a diferencia de una hernia discal).
- Aumentar al extender la espalda o al girar el tronco.
- No asociarse a déficits neurológicos (hormigueo, pérdida de fuerza).
Tipos de rizolisis
Dependiendo de la ubicación del dolor, la manera en que se aborde el procedimiento será diferente. Todo buscando favorecer la labor al cirujano y la comodidad del paciente. En este sentido, encontramos dos formas principales de realizar la rizolisis:
Rizolisis lumbar
Se realiza una punción en la zona del ramo medial del nervio. Se inicia con una doble estimulación sensitiva y motora, de esta manera se asegura que la punta del electrodo se encuentra en la ubicación correcta. La estimulación sensitiva puede llegar a producir dolor, siendo un signo positivo para realizar el procedimiento. En el caso de la estimulación motora, solo debe provocar una ligera contracción pulsátil de la musculatura paravertebral.

Rizolisis cervical
Se trata de una punción a nivel del ramo medial del nervio cervical. Se recomienda realizar un abordaje lateral para lograr una mejor localización de las zonas a tratar. Para realizar el procedimiento, se utiliza una visión radiológica de túnel. Se inicia con una estimulación sensitiva de cada aguja que provoca una sensación de presión en la zona estimulada, pudiendo llegar a producir dolor pero sin distribución radicular. Luego se procede a realizar la estimulación motora, la cual puede provocar fasciculaciones de la musculatura paraespinal sin distribución radicular.
Rizolisis dorsal
Aunque menos frecuente, la rizolisis también puede realizarse a nivel dorsal (torácico) en pacientes con dolor de origen facetario en esa región. La técnica es similar a la lumbar, adaptando la orientación de las agujas a la anatomía de la columna torácica.
Tipos de radiofrecuencia utilizados
Existen dos modalidades principales de radiofrecuencia empleadas en la rizolisis:
- Radiofrecuencia convencional (térmica): es la técnica más utilizada. Se aplica una corriente de radiofrecuencia que genera calor (80-90 °C) durante 60-90 segundos, produciendo una lesión térmica controlada que destruye las fibras nerviosas responsables de la transmisión del dolor. Es la modalidad con mayor evidencia científica para el dolor facetario.
- Radiofrecuencia pulsada: se aplican pulsos de corriente que elevan la temperatura a solo 42 °C, lo que modula la transmisión del dolor sin destruir completamente el nervio. Es una técnica menos agresiva y con menor riesgo de efectos secundarios, aunque su eficacia puede ser menor y su duración más limitada. Se reserva para zonas donde la radiofrecuencia convencional podría provocar efectos adversos.
¿Cómo se realiza?
Dependiendo del cuadro clínico, cambiará la manera en que se aborda la rizolisis. Si el paciente presenta dolor lumbar o dorsal, se realizará una rizolisis lumbar o dorsal. En el caso de que se trate de dolor cervical, se procederá a realizar una rizolisis cervical.
Esta intervención se realiza utilizando anestesia local. En algunos casos, especialmente en pacientes ansiosos, es posible realizar una sedación suave. El procedimiento sigue estos pasos:
- Posicionamiento del paciente: el paciente se coloca en decúbito prono (boca abajo) para la rizolisis lumbar y dorsal, o en decúbito supino (boca arriba) para la cervical.
- Desinfección y anestesia local: se limpia la zona y se aplica anestesia local en la piel y el tejido subcutáneo.
- Introducción de las agujas: el cirujano introduce las agujas-electrodo de radiofrecuencia a través de pequeñas incisiones cutáneas, guiándose mediante fluoroscopia (rayos X en tiempo real) o ecografía para posicionar con precisión la punta de la aguja junto al nervio diana.
- Pruebas de estimulación: se realizan pruebas de estimulación sensitiva (para confirmar la reproducción del dolor habitual) y motora (para descartar proximidad a raíces nerviosas motoras).
- Aplicación de la radiofrecuencia: una vez confirmada la posición correcta, se aplica la corriente de radiofrecuencia durante 60-90 segundos para producir la lesión del nervio.
- Finalización: el procedimiento suele tardar de 15 a 45 minutos dependiendo del número de niveles tratados.
Al tratarse de una intervención ambulatoria, tras su finalización el paciente quedará en observación y luego podrá irse a casa.
¿Cuándo se recomienda realizar?
Aunque se trate de un procedimiento ambulatorio, no es un tratamiento recomendado para todo paciente con dolor de espalda. Está indicado específicamente en las siguientes situaciones:
- Dolor crónico de origen facetario (no irradiado) a nivel lumbar, cervical o dorsal.
- Fracaso del tratamiento conservador: analgésicos, antiinflamatorios, fisioterapia y rehabilitación durante al menos 3-6 meses.
- Respuesta positiva a los bloqueos facetarios diagnósticos: antes de realizar una rizolisis, se realizan una o dos infiltraciones con anestésico local en la articulación facetaria o en el ramo medial del nervio. Si el paciente experimenta un alivio significativo del dolor (superior al 50-80 % según los protocolos), se confirma el origen facetario del dolor y se considera candidato a la rizolisis.

La rizolisis no está indicada en:
- Dolor de espalda de origen discal (hernias discales, protrusiones con radiculopatía).
- Dolor irradiado a las extremidades con signos neurológicos (ciática, cruralgia).
- Dolor de causa no bien identificada.
- Embarazo.
- Infección activa en la zona de punción.
- Coagulopatías no controladas.
- Pacientes con marcapasos cardíacos (para la radiofrecuencia convencional, aunque la pulsada puede ser una alternativa).
Riesgos de realizar una rizolisis
Si bien la rizolisis es una intervención de bajo riesgo, el paciente puede llegar a presentar ciertos inconvenientes, aunque son de baja incidencia:
- Dolor localizado postprocedimiento: es el efecto secundario más frecuente. Suele ser de tipo neurítico (sensación de quemazón o dolor punzante en la zona tratada) y puede durar de unos días a varias semanas.
- Reacción alérgica al anestésico: infrecuente pero posible.
- Infección: riesgo muy bajo dada la naturaleza mínimamente invasiva del procedimiento y las medidas de asepsia empleadas.
- Quemaduras cutáneas: extremadamente raras, pueden ocurrir por mal posicionamiento de los electrodos o fallo técnico.
- Hematoma en la zona de punción: generalmente leve y autolimitado.
- Déficit motor o sensitivo transitorio: en casos muy excepcionales puede presentarse alguna alteración motora o sensitiva pasajera si la radiofrecuencia afecta a una raíz nerviosa adyacente. Se trata de un riesgo casi nulo cuando el procedimiento se realiza con las pruebas de estimulación adecuadas.
Eficacia y duración de los resultados
La eficacia de la rizolisis depende fundamentalmente de una correcta selección del paciente, lo que incluye una respuesta positiva previa a los bloqueos facetarios diagnósticos. Cuando la indicación es adecuada:
- Aproximadamente el 60-80 % de los pacientes experimentan un alivio significativo del dolor.
- La duración del efecto es variable, pero suele oscilar entre 6 meses y 2 años.
- Los nervios tratados se regeneran con el tiempo (neuroregenación), por lo que el dolor puede reaparecer. En estos casos, la rizolisis puede repetirse con una tasa de éxito similar.
- Algunos estudios sugieren que la primera rizolisis tiende a ser más eficaz y duradera que las posteriores, aunque la evidencia al respecto no es concluyente.
Recuperación tras una rizolisis
Tras someterse a una rizolisis, el paciente podrá volver a su vida normal, aunque con recomendaciones de reposo relativo. Los resultados del procedimiento no se notarán inmediatamente; por lo general, los beneficios aparecen entre una a tres semanas tras el procedimiento, una vez que la inflamación posoperatoria haya remitido.

Una vez que el paciente sale de la intervención, deberá seguir estas recomendaciones:
- Permanecer recostado de 30 a 60 minutos antes de conseguir el alta.
- Descansar el resto del día de la intervención.
- No realizar esfuerzos físicos intensos durante los próximos 5-7 días tras la rizolisis.
- No conducir durante las primeras 24 horas si se ha administrado sedación.
- Mantener la zona de punción limpia y seca durante 24-48 horas.
- Tomar los analgésicos prescritos si hay dolor postprocedimiento.
- La aplicación de frío local durante las primeras 48 horas y posteriormente de calor puede ayudar a aliviar las molestias.
Es normal sentir adormecimiento, dolor y hormigueo en la zona tratada tras la operación. En caso de persistir las molestias más allá de 2-3 semanas o empeorar el dolor de forma significativa, es necesario consultar a un especialista para realizar una revisión.
Alternativas a la rizolisis
Antes de considerar la rizolisis, existen otras opciones terapéuticas que se intentan de forma escalonada:
- Tratamiento farmacológico: analgésicos (paracetamol, metamizol), antiinflamatorios no esteroideos (AINE), relajantes musculares y, en casos seleccionados, neuromoduladores del dolor (gabapentina, pregabalina).
- Fisioterapia y rehabilitación: ejercicios de fortalecimiento de la musculatura paravertebral, estiramientos, terapia manual, electroterapia.
- Infiltraciones facetarias con corticoides: inyecciones de corticoides directamente en la articulación facetaria inflamada. Proporcionan alivio temporal y sirven como prueba diagnóstica.
- Bloqueos del ramo medial: infiltraciones anestésicas en el nervio que inerva la faceta, útiles tanto para diagnóstico como para tratamiento temporal.
- Tratamiento con ozono (ozonoterapia): algunos centros ofrecen infiltraciones de ozono como alternativa, aunque la evidencia científica es más limitada.
- Cirugía (artrodesis vertebral): reservada para casos muy graves de inestabilidad vertebral cuando todos los tratamientos previos han fracasado.
¿Cuál es el precio de esta intervención?
La rizolisis suele ser aplicada en centros privados, por lo que sus precios son bastante variados. Esto dependerá no solo de la clínica donde se realice, sino que además se toma en cuenta cada caso de manera individual para determinar el coste total.
Por lo general los precios varían entre 1.500 € y 2.000 €, pudiendo llegar a costar hasta 6.000 € en los presupuestos más altos, dependiendo del número de niveles vertebrales tratados y de si se requiere sedación. Como recomendación, lo más adecuado es consultar en distintas clínicas, además de obtener información acerca de financiación o seguros con los que trabajen.
En el sistema público de salud, la rizolisis puede realizarse en unidades del dolor de algunos hospitales, aunque las listas de espera suelen ser largas.
Preguntas frecuentes
¿La rizolisis es dolorosa?
El procedimiento se realiza con anestesia local, por lo que el dolor durante la intervención es mínimo. Las pruebas de estimulación sensitiva pueden provocar una molestia similar al dolor habitual del paciente, pero de corta duración. La mayoría de los pacientes describen el procedimiento como tolerable.
¿Cuántas veces se puede repetir la rizolisis?
La rizolisis puede repetirse cuando el efecto se desvanece, generalmente tras 1-2 años. No existe un límite estricto en el número de repeticiones, siempre que el paciente siga respondiendo al tratamiento y se confirme de nuevo el origen facetario del dolor.
¿La rizolisis puede empeorar el dolor?
En las primeras semanas tras el procedimiento es posible experimentar un aumento temporal del dolor debido a la inflamación local. Esto es normal y suele resolverse espontáneamente. Si el dolor empeora significativamente o aparecen síntomas nuevos, debe consultarse con el especialista.
¿Qué diferencia hay entre rizolisis y bloqueo facetario?
El bloqueo facetario es una infiltración con anestésico local (con o sin corticoides) que proporciona un alivio temporal del dolor y sirve como prueba diagnóstica. La rizolisis es un procedimiento definitivo que destruye el nervio para interrumpir la transmisión del dolor de forma más prolongada. Generalmente, se requieren bloqueos facetarios positivos previos antes de indicar una rizolisis.
Cuándo consultar al médico
Acude al médico si presentas:
- Dolor de espalda crónico (más de 3 meses) que no mejora con analgésicos ni fisioterapia.
- Dolor que se intensifica con la extensión de la columna o al girar el tronco.
- Dolor que limita significativamente tu actividad diaria y tu calidad de vida.
- Cualquier complicación tras una rizolisis, como fiebre, dolor creciente, signos de infección o pérdida de fuerza en las extremidades.
Referencias
- Cohen, S.P. et al. “Consensus practice guidelines on interventions for lumbar facet joint pain.” Regional Anesthesia and Pain Medicine, 2020. Disponible en: PubMed
- Manchikanti, L. et al. “Lumbar facet joint nerve blocks in managing chronic facet joint pain.” Pain Physician, 2020.
- Sociedad Española del Dolor (SED). Guías clínicas sobre técnicas intervencionistas del dolor. Disponible en: SED
- MedlinePlus. “Dolor de espalda.” Disponible en: MedlinePlus
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). “Radiofrequency denervation for chronic low back pain.” Disponible en: NICE

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.