Albúmina baja: causas, síntomas y tratamiento
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La albúmina es una proteína producida por el hígado que cumple funciones esenciales para el buen funcionamiento del organismo. Es la razón de que sea necesario mantener niveles adecuados para evitar cualquier problema de salud. Sin embargo, la presencia de albúmina baja puede ser indicativo de que algo no está funcionando correctamente, sobre todo a nivel hepático y renal.
Estos índices bajos de concentración de albúmina pueden considerarse un síntoma de alguna causa subyacente. Cuando no existe una disminución importante, se suele relacionar con problemas de alimentación. Mientras que, si desciende de manera moderada a extrema, puede existir un problema orgánico, incluso del sistema digestivo. Por lo que requiere atención médica inmediata.
Albúmina baja en sangre
La albúmina es una de las proteínas de mayor presencia en el plasma sanguíneo, representando aproximadamente el 50-60 % de las proteínas plasmáticas totales. También puede encontrarse en la clara de huevo, la leche, el pollo, la carne de res magra y otros productos de origen animal y vegetal. Es sintetizada por el hígado a un ritmo de unos 12-25 gramos diarios, para luego ser liberada al torrente sanguíneo y metabolizada por otros tejidos.

Esta sustancia es la encargada de mantener el líquido dentro de los vasos sanguíneos gracias a su papel fundamental en la presión oncótica. De esta manera, evita que se escape a otros tejidos como los pulmones, el abdomen o las extremidades. Además, interviene en el transporte de hormonas, ácidos grasos, bilirrubina no conjugada y fármacos, y contribuye a la regulación del pH sanguíneo y del equilibrio osmótico.
Es importante tener en cuenta que la albúmina tiene una vida media de aproximadamente 21 días, lo que significa que sus niveles séricos reflejan el estado nutricional y metabólico de las semanas previas, no del momento puntual de la extracción. Además, los niveles de albúmina pueden verse afectados por el estado de hidratación del paciente: la hemodilución (exceso de líquidos) puede reducir artificialmente la concentración de albúmina sin que exista una verdadera deficiencia proteica.
Se considera normal que una persona mantenga una concentración según su edad entre:
- Adultos: 3,4 a 5,4 g/dl
- Recién nacidos prematuros: 3 a 4,2 g/dl
- Recién nacidos a término: 3,5 a 5,4 g/dl
- Niños menores de 1 año: 4,4 a 5,4 g/dl
- Niños mayores de 1 año: 4 a 5,8 g/dl
Cuando se presenta albúmina baja en sangre se habla de hipoalbuminemia. Se trata de una condición donde los niveles de albúmina se encuentran bajo los límites recomendados. Si bien puede presentarse a cualquier edad, es mucho más común en adultos mayores y en pacientes hospitalizados.
En el momento en que estos valores descienden, se considera que el paciente puede estar cursando una patología o afección que está afectando la síntesis de esta proteína, o que favorezca su pérdida o excreción.
Si se sospecha de este cuadro, el médico solicitará realizar una prueba de albúmina en sangre. Si bien ayuda a conocer la concentración de esta sustancia, también permite obtener una visión del estado general del paciente. Cabe destacar que la albúmina es un reactante de fase aguda negativo: durante procesos inflamatorios o infecciosos, sus niveles descienden como parte de la respuesta del organismo. Por ello, es frecuente que se solicite conjuntamente la proteína C reactiva (PCR), un reactante de fase aguda positivo, para diferenciar si la hipoalbuminemia se debe a inflamación, a malnutrición o a una enfermedad hepática.
¿Por qué se produce?
Presentar albúmina baja puede crear preocupación ya que se asocia mucho a problemas en el funcionamiento de los riñones o del hígado. Incluso es posible que esto ocurra cuando existe malnutrición o desnutrición. Sin embargo, también puede ocurrir que las concentraciones bajas se encuentren asociadas a un problema transitorio que no requiere tratamiento y se resuelve por sí mismo. Pero para llegar a esta conclusión es necesario que se realicen otras pruebas para descartar un problema de mayor gravedad.
La disminución de la albúmina se relaciona con la pérdida de la condición proteína/energía, lo cual ocasiona que los músculos y ácidos grasos sean los encargados de proporcionar energía al cuerpo. Como consecuencia, el paciente puede desarrollar síntomas como debilidad, sistema inmunitario debilitado, depresión, entre otros.
Causas más comunes de albúmina baja
Cuando los niveles están muy por debajo de lo normal se considera un fallo renal o hepático. Al ser producida por el hígado, la prueba resulta ideal para detectar un mal funcionamiento de este órgano. Es posible que esté ocasionada por los siguientes cuadros:
- Problemas hepáticos: se considera la causa más frecuente. Este órgano es el encargado de la producción de albúmina. Mientras menor sea la concentración, más grave se considera el fallo hepático. Está relacionada con enfermedades como hepatitis, cirrosis hepática, esteatohepatitis, cáncer hepático, entre otras.
- Problemas renales: se produce albuminuria, una condición que ocasiona la excreción excesiva de albúmina. Es común en el síndrome nefrótico o la insuficiencia renal crónica.
- Alteraciones intestinales: la mala absorción de nutrientes, en especial de las proteínas, puede conllevar un cuadro de albúmina baja debido a una pérdida importante de esta sustancia. Es común en padecimientos como enfermedad inflamatoria intestinal, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, celiaquía, entre otros.
- Desnutrición: el consumo insuficiente de alimentos, sobre todo de aquellos ricos en proteínas, puede ocasionar hipoalbuminemia.
- Procesos inflamatorios y estados críticos: situaciones como quemaduras extensas, pancreatitis, sepsis o el postoperatorio pueden causar la disminución de la albúmina. En estos casos, la respuesta inflamatoria sistémica aumenta la permeabilidad capilar, lo que provoca una redistribución de la albúmina desde el espacio intravascular al intersticial.
- Condiciones cardíacas: puede ser un síntoma asociado a enfermedades del sistema cardiovascular como insuficiencia cardíaca congestiva o pericarditis.
- Enfermedad en estado crítico: en estos casos se ven comprometidas las funciones vitales del organismo. Debido a esto, existe una distribución inadecuada de la albúmina así como una producción deficiente. Al mismo tiempo puede verse afectada su degradación.
- Cáncer: se han asociado ciertos tipos de cáncer a la disminución de su concentración en sangre, tanto por el propio proceso tumoral como por la caquexia asociada.
- Medicamentos: algunos fármacos pueden presentar como efecto secundario la hipoalbuminemia. Suele ser bastante común en medicamentos hormonales a base de estrógenos.
- Analbuminemia congénita: es una condición genética de nacimiento donde la persona siempre mantiene niveles muy bajos de albúmina, incluso menor a 1 g/dl. Sin embargo, este cuadro se ve compensado por el aumento de producción de otras proteínas plasmáticas.
- Otras causas: es posible observar este cuadro en el embarazo, la tuberculosis, el VIH, la hemodilución por sobrecarga de fluidos intravenosos, entre otros.
Niveles bajos de albúmina
Mantener niveles disminuidos de albúmina de forma sostenida supone un riesgo significativo para la salud del paciente. Según un metaanálisis publicado en Annals of Surgery que incluyó 90 estudios de cohortes y más de 291 000 pacientes, cada descenso de 10 g/l en la albúmina sérica aumentó las probabilidades de mortalidad en un 137 %, de morbilidad en un 89 % y prolongó la estancia hospitalaria en un 71 %. Esta asociación fue independiente tanto del estado nutricional como de la inflamación.
Además, la hipoalbuminemia se ha consolidado como un marcador pronóstico independiente en pacientes hospitalizados, con valor predictivo incluso tras ajustar por el índice de comorbilidad de Charlson. Dos pacientes con enfermedades similares y el mismo índice de comorbilidad pueden tener desenlaces muy diferentes si uno de ellos presenta hipoalbuminemia.

Se considera que una persona tiene albúmina baja cuando la concentración en sangre mantiene los siguientes niveles:
- Ligeramente bajos (de 3 a 3,4 g/dl): no se considera un cuadro preocupante, por lo que se solicita repetir la prueba pasado un mes para verificar si se estabilizaron los niveles. El médico puede solicitar análisis adicionales para monitorizar el funcionamiento de los riñones y el hígado. Será necesario realizar transaminasas, fosfatasa alcalina, urea y creatinina.
- Moderadamente bajos (2 a 3 g/dl): se considera motivo importante para consulta médica. Es necesario identificar la causa, por lo que se recomienda realizar las pruebas anteriormente mencionadas además de fósforo en sangre para descartar enfermedad inflamatoria digestiva. También se recomienda realizar albúmina en orina y proteína C reactiva para valorar el componente inflamatorio.
- Excesivamente bajos (menos de 2 g/dl): se considera un cuadro de gravedad, destacando por la presencia de edemas y ascitis, condiciones producidas por la acumulación de líquido. En pacientes hospitalizados con niveles inferiores a 2 g/dl, la mortalidad a corto plazo se eleva de forma muy significativa, por lo que se requiere tratamiento médico urgente.
Síntomas
Cuando se habla de niveles ligeramente bajos es posible que se presente un cuadro asintomático, lo que lleva a ignorar la condición. En general está asociado a una mala alimentación o a un proceso inflamatorio en alguna parte del cuerpo. Una vez solventadas estas situaciones, aumenta su concentración. En otros casos la persona puede presentar:
- Debilidad, fatiga o calambres musculares.
- Falta de apetito.
- Ascitis (acumulación de líquido en la cavidad abdominal).
- Edema (hinchazón en extremidades inferiores, párpados o manos).
- Piel seca y cabello frágil.
- Dificultad para la cicatrización de heridas.
¿Cómo tratar la hipoalbuminemia?
La manera en que se aborde el caso debe estar dirigida a la causa que provoca la albúmina baja. En este sentido, se deberá indicar un tratamiento para la causa subyacente y así lograr aumentar sus niveles.

Sin embargo, cuando se trata de un cuadro de malnutrición o desnutrición, la recomendación es la ingesta de una dieta equilibrada y saludable, sobre todo aumentando el consumo de proteínas, incluyendo los siguientes alimentos:
- Huevos.
- Frutos secos.
- Lácteos.
- Carne, preferiblemente pollo y pavo.
- Legumbres.
- Pescados.
Es necesario eliminar ciertos hábitos que inciden negativamente sobre la salud del paciente como el consumo de alcohol. Si continúa, puede empeorar el cuadro de hipoalbuminemia.
Infusión de albúmina intravenosa
En determinadas situaciones clínicas, la administración de albúmina humana por vía intravenosa constituye un tratamiento específico con evidencia sólida. Un ejemplo destacado es la peritonitis bacteriana espontánea (PBE) en pacientes con cirrosis hepática: un ensayo clínico publicado en The New England Journal of Medicine demostró que la infusión de albúmina (1,5 g/kg el primer día y 1 g/kg el tercer día) junto con antibióticos reduce la incidencia de insuficiencia renal y la mortalidad en comparación con el uso exclusivo de antibióticos.
Otras indicaciones para la infusión de albúmina incluyen el síndrome hepatorrenal, la paracentesis de gran volumen y la expansión de volumen en pacientes críticos con cirrosis. No obstante, su uso debe estar siempre indicado y supervisado por el equipo médico, ya que la administración indiscriminada de albúmina no ha demostrado beneficio en todos los contextos clínicos.
¿Cuándo llamar al médico?
Si bien se trata de una condición que necesita atención médica inmediata, es necesario comunicarse con un médico si se presentan los siguientes síntomas, sobre todo si ya se mantiene un tratamiento:
- Pérdida de peso involuntaria.
- Aumento de la frecuencia de las micciones.
- Dolor al orinar.
- Confusión o desorientación.
- Síntomas de hipoglucemia.
- Cambios en el ritmo de los latidos del corazón.
- Diarrea persistente.
- Hinchazón progresiva en piernas, tobillos o abdomen.
Referencias
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Vincent, J. L., Dubois, M. J., Navickis, R. J., & Wilkes, M. M. (2003). Hypoalbuminemia in acute illness: is there a rationale for intervention? A meta-analysis of cohort studies and controlled trials. Annals of Surgery, 237(3), 319-334. PubMed
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Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.