Pie cavo: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento

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Pie cavo: causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento
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Se denomina pie cavo a aquel pie que presenta un aumento anormal en la altura del arco, también llamada bóveda plantar. Debido a esto, la huella que va a presentar el pie cavo va a diferir de la huella normal. Se trata de una deformidad relativamente frecuente que puede causar dolor, inestabilidad y dificultades para la marcha si no se aborda adecuadamente.

¿Qué es el pie cavo?

La huella normal es aquella que tiene un apoyo de talón completo, de forma ovalada, que se continúa con el apoyo del borde externo o istmo de la huella, que debe ser como mínimo de un tercio y máximo de la mitad de la anchura total del pie. Continuando hacia delante se llega a la zona del antepié. Y por último, los apoyos de los cinco dedos del pie, que deben estar situados ligeramente alejados de la huella.

Además de la huella, es imprescindible obtener el contorno de la huella del pie, que se toma marcando con un lápiz en posición perpendicular respecto al suelo el borde completo de todo el pie.

Grados de pie cavo

Dependiendo del grado de elevación del arco plantar y de la afectación que podemos encontrar cuando hablamos del pie cavo podemos hacer una clasificación de las huellas plantares:

  • Grado 1: ligera disminución del istmo.
  • Grado 2: disminución severa del istmo del pie.
  • Grado 3: desaparición completa del istmo.
  • Grado 4: desaparición completa del istmo del pie con únicos apoyos realizados sobre talón y antepié.

Tipos de pie cavo según su forma

Dependiendo de la zona del pie que esté más afectada, se distinguen:

  • Pie cavo anterior: observando el pie sin apoyar en el suelo se ve cómo es la zona más distal del pie, que corresponde con el antepié y los dedos, la que se encuentra más inclinada de lo normal dando lugar a que exista un aumento del arco. Es el tipo más frecuente.
  • Pie cavo posterior: la parte de atrás del pie, que coincide con el talón, es la que se encuentra más inclinada de lo normal dando lugar a un aumento del arco plantar.
  • Pie cavo mixto: tanto la porción anterior como la posterior tienen un exceso en su inclinación. Por lo tanto aumentará el arco en ambos sentidos.

Desarrollo normal del pie en la infancia

Es importante conocer que durante el desarrollo normal del pie este pasa por varias fases de desarrollo y que en los bebés generalmente encontramos un aspecto aplanado debido a la presencia de tejido graso en la región plantar del pie. Eso no quiere decir que el pie sea plano; con el tiempo, al ir creciendo, ese tejido graso desaparecerá quedando la forma real del pie. Esto ocurre aproximadamente hacia el tercer año de vida.

Por esta razón, las revisiones podológicas en la infancia son fundamentales para detectar precozmente cualquier alteración en la formación del arco plantar, ya sea un aplanamiento excesivo o una elevación anormal.

Síntomas de pie cavo

Asociado al pie cavo, a veces, podemos encontrar cómo además del aumento del arco aparecen los dedos deformados en garra y el talón está volcado hacia fuera o hacia dentro.

Causas del pie cavo

A la hora de hablar del pie cavo es difícil conocer la causa que lo produce ya que son muchas y difieren unas de otras.

Entre las causas más frecuentes de pie cavo podemos encontrar:

  • Causas neurológicas: enfermedades del sistema nervioso que afectan a la musculatura del pie.
  • Causas osteoarticulares: alteraciones en la estructura ósea y articular del pie.
  • Causas relacionadas con partes blandas: alteraciones en la piel, músculos, vasos circulatorios y otras estructuras blandas del pie.
  • Causas idiopáticas: de origen desconocido.
  • Causas genéticas: últimamente hay muchos estudios que revelan que muchos pies cavos son de origen genético y que por lo tanto pasan de padres a hijos.

Dependiendo de que sea una causa u otra, la gravedad de la deformidad en cavo será muy variable.

¿Por qué y cómo se produce?

Causas neurológicas

Dentro de las causas relacionadas con problemas neurológicos y que suelen producir un pie cavo podemos encontrar las siguientes:

  1. Poliomielitis: aunque es una enfermedad en vías de erradicación, históricamente ha sido una causa frecuente de pie cavo.
  2. Enfermedad de Friedreich: una ataxia hereditaria que produce deformidades progresivas en los pies.
  3. Enfermedad de Charcot-Marie-Tooth: neuropatía hereditaria que afecta a los nervios periféricos y es una de las causas neurológicas más frecuentes de pie cavo en la actualidad.
  4. Otras enfermedades neurológicas: síndromes piramidales, síndromes extrapiramidales, espina bífida, parálisis cerebral, entre otras.

Estas enfermedades neurológicas producen una afectación de los nervios que controlan la musculatura del pie, por lo que hay un desequilibrio anormal de fuerzas haciendo que unos músculos tengan más fuerza que otros. De esta forma las acciones musculares producen una alteración en la forma del pie aumentando el arco plantar. Dependiendo de que la causa neurológica sea una u otra, los músculos del pie estarán paralizados, rígidos o flácidos.

Causas osteoarticulares

En el caso de que el pie cavo esté producido por causas relacionadas con alteraciones osteoarticulares, vemos cómo predomina la afectación en la estructura esquelética del pie y no en los nervios y músculos del pie. Dentro de estas causas podemos encontrar:

  • El pie cavo congénito, que aparece en el nacimiento y que es bastante raro.
  • Los pies cavos producidos por mecanismos externos que deforman el pie, como por ejemplo el uso de un calzado inadecuado.
  • Los producidos por un traumatismo o golpe.
  • Aquellos pies cavos que son el resultado de una enfermedad osteoarticular como la artritis reumatoide.

Causas por alteración de partes blandas

Dentro de las causas relacionadas con alteraciones en las partes blandas del pie podemos encontrar grandes cicatrices o quemaduras en la planta que deforman el pie en esta posición.

Síntomas del pie cavo

Los síntomas más frecuentes por los que acuden los pacientes a consulta son:

  • Alteraciones en la forma del pie: arco excesivamente elevado, giba dorsal visible.
  • Dolor: en la planta del pie, en el antepié, en el talón o en el dorso.
  • Alteraciones en la forma de caminar: marcha inestable, apoyos incorrectos.
  • Esguinces repetidos: debido a la inestabilidad del tobillo.
  • Dedos en garra: deformidad progresiva de los dedos del pie.
  • Callosidades y durezas: en las zonas de hiperpresión.
  • Metatarsalgia: dolor en la zona del antepié por sobrecarga.
  • Fascitis plantar: inflamación de la fascia plantar por la tensión excesiva.
  • Fatiga muscular: cansancio en pies y piernas tras la actividad.

Lo más frecuente es que las alteraciones en la forma se den en la infancia, pero no es hasta la adolescencia cuando empiezan a ser notorias. Entonces el paciente acude refiriendo que ha sufrido esguinces repetidos, una deformidad del arco del pie que se encuentra muy elevado, y aparece en el dorso del pie una protuberancia que coincide con la parte más alta del arco (giba dorsal). Por esta razón el niño deforma el calzado por el dorso y le cuesta más calzarse y encontrar un zapato adecuado. Además, el niño corre y camina de forma insegura, cayéndose fácilmente.

Con el tiempo, esta deformidad va progresando y se estructura primero en los músculos y partes blandas y definitivamente en el esqueleto.

Posteriormente van apareciendo lesiones en la planta que acaban llegando a ser durezas y callosidades. Se produce dolor en la zona de apoyo de los pies y a veces se inflaman las estructuras de la planta de los pies (sesamoiditis, bursitis).

¿Cómo se diagnostica?

Para realizar un correcto diagnóstico del pie cavo generalmente se empieza por realizar una exploración clínica por parte del profesional.

Estas pruebas fundamentalmente consisten en valoraciones del estado óseo, articular y muscular del individuo y luego un estudio completo de la marcha. En un segundo apartado se llevan a cabo algunas pruebas complementarias que confirman el diagnóstico.

Exploración clínica

Durante la exploración, el profesional evaluará:

  • Aspecto visual del pie: grado de elevación del arco, presencia de dedos en garra, posición del talón.
  • Movilidad articular: flexibilidad de las articulaciones del pie y tobillo.
  • Fuerza muscular: valoración de los distintos grupos musculares del pie y la pierna.
  • Sensibilidad: exploración neurológica para detectar posibles alteraciones de la conducción nerviosa.
  • Test de Coleman: prueba que permite determinar si la deformidad del retropié es flexible o rígida, colocando el borde lateral del pie sobre un bloque elevado.

Pruebas diagnósticas

  • Fotopodograma: esta técnica consiste en tomar la huella y el contorno del pie sobre papel fotográfico. Se estudia y se puede clasificar el cavismo o excavación de la huella en uno de los grados descritos anteriormente (grado 1, grado 2, grado 3 o grado 4).
  • Estudio de la marcha: trata de ver la forma de caminar en las diferentes fases de las que se compone el ciclo de la marcha. En el pie cavo de origen neurológico se observa una marcha en la que el pie apoya de forma alterada. En condiciones de normalidad, al caminar el pie apoya primero con el talón y luego el resto del pie hasta que se impulsa con los dedos. En este caso el pie apoya primero con la parte de delante o antepié y después con el talón.
  • Estudio radiológico: generalmente cuando se quiere confirmar un diagnóstico de pie cavo se suelen realizar radiografías de los pies para ver, entre otras cosas, la posición de los huesos valorando así la gravedad de la deformidad. Se miden ángulos específicos como el ángulo de Moreau-Costa-Bertani o el ángulo de Hibbs.
  • Exploración neurológica completa: es imprescindible a la hora de diagnosticar un pie cavo que se realice una exploración completa de los nervios, la conducción nerviosa y de los reflejos. Con esta exploración veremos si existe o no afectación de los nervios y podremos ver si la causa del pie cavo es neurológica. En algunos casos se puede solicitar una electromiografía.
  • Resonancia magnética o TAC: en casos complejos, estas pruebas de imagen avanzadas permiten una evaluación más detallada de las estructuras óseas y de los tejidos blandos.

Tratamiento del pie cavo

El tratamiento del pie cavo va a depender, como es lógico, de la edad de la persona que lo padezca, de la causa que lo produce y de la gravedad de la deformidad.

Tratamiento conservador

En casos menos graves, que son los más frecuentes, el tratamiento conservador incluye:

  • Plantillas ortopédicas: es necesario poner una plantilla correctora cuando se trata de un niño y una plantilla que evite los dolores en caso de personas adultas. Las plantillas deben estar diseñadas específicamente para cada paciente.
  • Calzado adecuado: además de las plantillas para pie cavo, es necesario utilizar un calzado adecuado, del tamaño correcto del pie, con la horma recta, que se sujete bien con cordones o con hebillas, de un material lo más noble posible (cuero) y con un contrafuerte resistente para mantener el pie en buena posición. Es recomendable que el calzado tenga suficiente amplitud en la zona del empeine para acomodar la giba dorsal.
  • Fisioterapia y ejercicios: también es necesario en muchas ocasiones apoyar el tratamiento con una serie de ejercicios que nos ayuden a fortalecer y estirar la musculatura responsable de mantener el arco del pie tan elevado. Los ejercicios de estiramiento del tríceps sural y de la fascia plantar son especialmente importantes.
  • Almohadillas metatarsales: ayudan a redistribuir la presión en la zona del antepié y aliviar la metatarsalgia.

Tratamiento quirúrgico

En un niño recién nacido con un pie cavo estructurado, producido por una alteración en la posición de los huesos, seguramente será necesario realizar un tratamiento mediante cirugía y con la implantación de una férula que corrija la posición anómala de los huesos.

Los pies cavos producidos por problemas neurológicos necesitan un tratamiento precoz. Cuanto antes se comience a tratar la deformidad de los pies, antes lograremos frenar la deformidad y corregirla siempre que podamos. Además, es necesario que la enfermedad neurológica esté controlada por el especialista médico.

Las opciones quirúrgicas incluyen:

  • Osteotomías: cortes controlados en los huesos del pie para corregir la alineación.
  • Transferencias tendinosas: redirigir la acción de los tendones para equilibrar las fuerzas musculares.
  • Artrodesis: fusión de articulaciones para estabilizar el pie en los casos más severos.
  • Liberación de partes blandas: cirugía sobre la fascia plantar y los tejidos blandos para reducir la tensión.

¿Cómo evitarlo?

Para prevenir el pie cavo es conveniente acudir periódicamente al médico, pediatra o al podólogo para que estos realicen revisiones del estado de los pies durante el desarrollo del niño.

Algunos consejos que ayudan a prevenir el pie cavo son:

  • Utilizar calzado de horma recta.
  • No utilizar excesivo tacón. Lo máximo recomendado son 2 cm para los hombres y 4 cm para las mujeres.
  • Calzar al niño solo cuando este comience a caminar. Es bueno que los niños tengan libertad para mover los pies sin llevar un zapato que les limite el movimiento.
  • No utilizar prendas que compriman los pies.
  • Realizar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de la musculatura del pie de forma regular.
  • Mantener un peso corporal saludable para reducir la sobrecarga en los pies.

Cuándo acudir al especialista

Ante la sospecha de presentar esta deformidad de pie cavo debe acudir a su podólogo. Este le diagnosticará y le tratará si es necesario. Es especialmente importante consultar si:

  • Nota un aumento progresivo del arco del pie.
  • Sufre esguinces de repetición.
  • Presenta dolor persistente en los pies que limita su actividad diaria.
  • Observa deformidad en los dedos (dedos en garra o en martillo).
  • Tiene dificultades para encontrar calzado cómodo.
  • Existe historia familiar de enfermedades neurológicas.

Si tiene niños pequeños es conveniente acudir al podólogo de manera preventiva, de forma que si existe una deformidad esta sea diagnosticada precozmente.

Referencias

  • Manoli, A., & Graham, B. (2005). The subtle cavus foot, “the underpronator”. Foot and Ankle International, 26(3), 256-263.
  • Burns, J., Crosbie, J., Hunt, A., & Ouvrier, R. (2005). The effect of pes cavus on foot pain and plantar pressure. Clinical Biomechanics, 20(9), 877-882.
  • Rosenbaum, A. J., Lisella, J., Patel, N., & Phillips, N. (2014). The cavus foot. Medical Clinics of North America, 98(2), 301-312.
  • Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT). Patología del pie. Recuperado de https://www.secot.es
Gabriel Giner

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Gabriel Giner

Editor

Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.

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