Metacognición

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Metacognición
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El concepto de metacognición está especialmente presente en áreas como la educación y la psicología. Se trata de uno de los pilares básicos del aprendizaje, la reflexión y la autoconciencia. También es considerado como una de las capacidades que más nos diferencia de otros animales, ya que representa una habilidad innata en el ser humano que se desarrolla y perfecciona a lo largo de la vida.

En este artículo profundizamos en qué es la metacognición, cómo funciona, qué tipos existen, cuál es su relación con la salud mental y el bienestar, y cómo podemos potenciar nuestras habilidades metacognitivas para mejorar tanto el aprendizaje como la calidad de vida.

Definición de metacognición

Su uso y estudio concierne al ámbito de las ciencias de la conducta, la cognición, la educación y la psicología, ya que tiene que ver con la forma de tomar conciencia de nuestro propio pensamiento, nuestra manera de realizar juicios, aprender y generar ideas.

Este concepto, que no solemos utilizar comúnmente en nuestro lenguaje, es utilizado frecuentemente en el campo científico y entre la comunidad académica. De forma sencilla, podemos definir la metacognición como la capacidad de «pensar sobre el propio pensamiento», es decir, la habilidad de reflexionar sobre cómo pensamos, aprendemos y procesamos la información.

Sin embargo, no está actualmente aceptado por la Real Academia Española de la Lengua (RAE). Por lo que su definición queda expuesta a los ámbitos donde se estudia y desarrolla este término, especialmente en el de la psicología, donde se propuso y donde nace, en estrecha relación con la teoría de la mente.

¿Qué es la metacognición?

Actividades de la metacognicion

Como hemos mencionado, no existe una definición oficial propuesta por la RAE. No obstante, el Instituto Cervantes sí ofrece una definición: «El concepto de metacognición se refiere a la capacidad de las personas para reflexionar sobre sus procesos de pensamiento y la forma en que aprenden. Gracias a la metacognición, las personas pueden conocer y regular los propios procesos mentales básicos que intervienen en su cognición.»

Esta capacidad, de la que disponemos los seres humanos, nos permite tomar conciencia de nuestras acciones para aprender de la experiencia propia y también de la experiencia de los demás.

Componentes fundamentales de la metacognición

La metacognición se compone de dos grandes dimensiones que trabajan de forma conjunta:

  1. Conocimiento metacognitivo: lo que sabemos acerca de nuestros propios procesos cognitivos (qué estrategias funcionan mejor para nosotros, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades cognitivas).
  2. Regulación metacognitiva: la capacidad de planificar, supervisar y evaluar nuestras actividades cognitivas mientras las realizamos.

Ambas dimensiones interactúan constantemente. Por ejemplo, cuando un estudiante sabe que le cuesta memorizar datos aislados (conocimiento metacognitivo), puede decidir crear mapas conceptuales para organizar la información (regulación metacognitiva).

Desarrollo de la metacognición

Esta capacidad tan importante del ser humano comienza a activarse durante el período de la infancia, alrededor de los 3 años de edad. Aunque se encuentra presente desde el nacimiento, no es hasta este momento cuando se pone en funcionamiento gracias a la estimulación adecuada.

A partir de este período comenzamos a utilizar la metacognición, ya sea inconsciente o conscientemente.

El desarrollo metacognitivo sigue una progresión que puede resumirse en las siguientes etapas:

  • 3-5 años: los niños comienzan a entender que las personas tienen pensamientos y creencias, y que estos pueden ser diferentes a la realidad (teoría de la mente).
  • 6-8 años: se desarrolla una mayor capacidad para reflexionar sobre el propio pensamiento y para distinguir entre lo que se sabe y lo que no se sabe.
  • 9-12 años: los niños empiezan a utilizar estrategias metacognitivas de forma más deliberada, como planificar antes de una tarea o revisar su trabajo.
  • Adolescencia y edad adulta: la metacognición se sofistica, permitiendo el pensamiento abstracto, la autorreflexión compleja y la regulación emocional avanzada.

Es importante señalar que cuando existen alteraciones en el desarrollo de la metacognición, como puede ocurrir en el trastorno del espectro autista, se originan dificultades relacionadas con la teoría de la mente y la comprensión de los estados mentales propios y ajenos.

Niveles metacognitivos

A nivel de pensamiento, la metacognición se sitúa en un orden superior, al caracterizarse por niveles altos de conciencia y control voluntario. Se utiliza para realizar una gestión de otros procesos mentales más primarios.

Decimos que es fundamental en el desarrollo del aprendizaje gracias a que nos permite planificar actividades cognitivas, y entender cómo funcionan nuestros procesos intelectuales, de manera que elaboramos estrategias para conseguir aprender y adquirir conocimientos de una forma más eficaz. Posiblemente esta sea una de las claves que dé respuesta al desarrollo y evolución constante del ser humano.

Origen e historia del concepto

Para qué sirve la metacognición

Uno de los pioneros en emplear este término fue el teórico cognitivo estadounidense John Hurley Flavell, en 1976.

Este investigador afirmaba dos cuestiones acerca de lo que se refiere la metacognición: por un lado, se refiere «al conocimiento que uno tiene acerca de los propios procesos y productos cognitivos o cualquier otro asunto relacionado con ellos. Por ejemplo, las propiedades de la información relevantes para el aprendizaje» y, por otro, «a la supervisión activa y consecuente regulación y organización de estos procesos, en relación con los objetos o datos cognitivos sobre los que actúan, normalmente en aras de alguna meta u objetivo concretos».

Otros autores relevantes

Además de Flavell, otros investigadores han contribuido significativamente al estudio de la metacognición:

  • Ann Brown (1978): distinguió entre el conocimiento sobre la cognición y la regulación de la cognición, enfatizando los procesos de planificación, supervisión y evaluación.
  • Mario Carretero (2001): catedrático de psicología, se refirió a la metacognición como una especie de conocimiento que construyen las personas con respecto a su propio funcionamiento cognitivo.
  • Nelson y Narens (1990): propusieron un modelo de metacognición basado en la relación entre un nivel meta (supervisión) y un nivel objeto (ejecución de la tarea).
  • Schraw y Dennison (1994): desarrollaron instrumentos de medición de la metacognición que siguen siendo ampliamente utilizados en investigación educativa.

Características de la metacognición

Desde las primeras investigaciones han surgido diversas áreas de estudio en torno a la metacognición, todas ellas con el objetivo de contribuir a las nuevas concepciones del aprendizaje y la instrucción. Las ideas constructivistas han ido adquiriendo una mayor notoriedad debido a la relación que tienen con este concepto.

Este enfoque acerca de cómo aprendemos las personas, y en especial los alumnos en el ámbito educativo, pone de manifiesto el papel activo de la persona que aprende, mediante una consciencia y regulación sobre el propio aprendizaje.

Las principales características de la metacognición incluyen:

  • Es un proceso consciente: implica darse cuenta de los propios procesos mentales.
  • Es intencional: se activa de forma deliberada cuando nos enfrentamos a tareas que requieren planificación y reflexión.
  • Es reguladora: permite ajustar las estrategias durante la realización de una tarea.
  • Es transferible: las habilidades metacognitivas adquiridas en un contexto pueden aplicarse a otros.
  • Es entrenable: se puede desarrollar y mejorar con práctica y orientación adecuada.

Diferencia entre conocimiento metacognitivo y control metacognitivo

La definición del pensamiento

La metacognición se puede subdividir en dos apartados fundamentales. Por un lado, el conocimiento metacognitivo y, por otro, el control metacognitivo, consistentes ambos con la distinción entre el conocimiento declarativo «saber qué» y el conocimiento procedimental «saber cómo».

El conocimiento metacognitivo posee una naturaleza declarativa, mientras que el control metacognitivo tiene más bien un carácter procedimental. Ambos tipos de metacognición tienen un papel relevante en el proceso de aprendizaje y se relacionan entre sí.

Conocimiento metacognitivo

Este tipo de metacognición se divide a su vez en tres apartados:

  • Conocimiento de la persona

Tiene relación con el conocimiento que tenemos acerca de nosotros mismos, de la manera en cómo aprendemos, de las potencialidades que somos capaces de desarrollar, y las limitaciones cognitivas que consideramos que tenemos con respecto al rendimiento de ciertas tareas. Este tipo de metacognición está estrechamente relacionado con la conciencia y el autoconocimiento sobre las propias posibilidades y facultades personales.

  • Conocimiento de la tarea

Mediante este tipo de cognición nos hacemos una idea concreta sobre la tarea a realizar, de tal forma que nos sirve para desarrollar un planteamiento y una estrategia lo más eficaz posible. Se refiere sobre todo al conocimiento que tenemos sobre los objetivos y las características de la tarea que queremos llevar a cabo.

Profundizando en la tarea en sí, sobre la dificultad que pueda tener y cuáles son las adversidades con las que nos podemos encontrar, de modo que consigamos anticiparnos a ellas.

  • Conocimiento de las estrategias

Las personas necesitamos también saber con qué alternativas contamos, cuáles son las opciones que tenemos para ver el repertorio de posibilidades para llevar a cabo una tarea.

Esto supone una mente abierta, para tomar decisiones sobre cuál es la estrategia que mejor puede adaptarse a lo que realmente queremos conseguir.

Control metacognitivo

Cuando hablamos de control metacognitivo también nos referimos al aprendizaje autorregulado. Esta idea es la que concuerda básicamente con la perspectiva constructivista, ya que se considera al aprendiz un componente activo, competente y participante. Gracias al control cognitivo del que disponemos somos capaces de involucrarnos, iniciar y dirigir nuestro propio aprendizaje.

El aprendizaje autorregulado o control metacognitivo está, por lo tanto, regulado y dirigido por nosotros mismos con la intención de llegar a un objetivo o meta.

El control metacognitivo incluye tres procesos fundamentales:

  1. Planificación: antes de comenzar una tarea, se establecen los objetivos, se seleccionan las estrategias más adecuadas y se anticipan las posibles dificultades.
  2. Supervisión (monitorización): durante la ejecución de la tarea, se evalúa si la estrategia elegida está funcionando, si se está avanzando hacia el objetivo y si es necesario hacer ajustes.
  3. Evaluación: una vez finalizada la tarea, se analiza el resultado obtenido, la eficacia de las estrategias empleadas y qué se podría mejorar en el futuro.

La metacognición y tipos de aprendizaje

que es la metacognicion

Haciendo un análisis detallado sobre lo que implica la metacognición y los tipos de metacognición que utilizamos para adquirir conocimientos, aprender y elaborar estrategias cognitivas, nos encontramos ante diversos tipos de aprendizajes.

Desde una perspectiva teórica vamos a conocer los propuestos por Ausubel en relación a la metacognición, los cuales han tenido una creciente relevancia en el ámbito de la educación.

A continuación, teniendo en vista la relación entre conocimiento y aprendizaje, entre aprendizaje y estrategias cognitivas y metacognitivas, y entre estas y el enfoque del aprendizaje propuesto por Ausubel et al. (1973), haremos referencia a algunos aspectos de dicha perspectiva teórica.

  • Aprendizaje receptivo

El aprendiz actúa como receptor ante la información que se le ofrece, ya sea a través del profesor, de materiales impresos, información audiovisual u otros medios destinados a la transmisión de conocimientos. En este tipo de aprendizaje, la metacognición desempeña un papel limitado, ya que el estudiante no participa activamente en la construcción del conocimiento.

  • Aprendizaje memorístico

Supone un procedimiento mecánico y repetitivo, en el que el alumno realiza asociaciones arbitrarias, donde ni siquiera tiene que comprender la información. Se memorizan datos, conceptos y hechos sin saber muy bien la relación que hay entre ellos. La metacognición se ve reducida a estrategias de repetición.

  • Aprendizaje significativo

Es el tipo de aprendizaje más valorado, se consigue cuando las tareas están interrelacionadas de una forma coherente. El alumno decide aprender y actúa como constructor y artífice de su propio conocimiento. Da un sentido a la información, organizándola, relacionando conceptos y creando una estructura conceptual. Construye nuevos conocimientos mediante una motivación intrínseca, apoyándose en los ya adquiridos, asimilados y consolidados previamente. La metacognición es esencial en este proceso, ya que el estudiante reflexiona activamente sobre qué sabe y cómo integrar la nueva información.

  • Aprendizaje por descubrimiento

Antes de incorporar lo aprendido a una estructura cognitiva, el alumno ha de descubrir el material por sí mismo. A este tipo de aprendizaje se puede llegar mediante diversos estímulos, ya sea por la guía de un profesor o instructor, o incluso de forma autónoma a través de la propia experiencia personal. Requiere un alto grado de metacognición, ya que el aprendiz debe planificar, supervisar y evaluar constantemente su proceso de descubrimiento.

Metacognición y salud mental

La metacognición desempeña un papel fundamental en la salud mental y el bienestar psicológico. La capacidad de reflexionar sobre los propios pensamientos, emociones y comportamientos es clave en múltiples aspectos de la salud mental:

Regulación emocional

Las personas con buenas habilidades metacognitivas son más capaces de identificar, comprender y gestionar sus emociones. Esto se traduce en una mayor resiliencia frente al estrés y en una menor tendencia a desarrollar trastornos emocionales.

Metacognición en los trastornos psicológicos

Las investigaciones han demostrado que los déficits metacognitivos están presentes en diversos trastornos mentales:

  • Trastorno de ansiedad generalizada: los pacientes suelen presentar creencias metacognitivas disfuncionales, como la creencia de que preocuparse es útil o la percepción de que no pueden controlar sus pensamientos.
  • Depresión: se asocia con un estilo metacognitivo rumiativo, en el que la persona queda atrapada en un ciclo repetitivo de pensamientos negativos sobre sí misma.
  • Trastorno obsesivo-compulsivo: las creencias metacognitivas sobre la importancia y el significado de los pensamientos intrusivos desempeñan un papel central.
  • Trastornos de la personalidad: especialmente en el trastorno límite de la personalidad, se observan dificultades en la metacognición interpersonal.
  • Esquizofrenia: los déficits metacognitivos son frecuentes y afectan tanto a la comprensión de los propios estados mentales como a los de los demás.

Terapia metacognitiva

Adrian Wells desarrolló la terapia metacognitiva (TMC), un enfoque terapéutico que se centra en modificar las creencias metacognitivas disfuncionales y las estrategias de regulación del pensamiento (como la rumiación y la preocupación). Este enfoque ha demostrado eficacia en el tratamiento de la ansiedad, la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo.

Estrategias para mejorar la metacognición

Las habilidades metacognitivas pueden desarrollarse y fortalecerse de forma activa. Algunas estrategias útiles incluyen:

En el ámbito educativo

  • Diarios de aprendizaje: registrar lo aprendido, las dificultades encontradas y las estrategias empleadas.
  • Autoevaluación: antes y después de una tarea, evaluar el propio nivel de conocimiento y comprensión.
  • Pensamiento en voz alta: verbalizar el proceso de razonamiento mientras se resuelve un problema.
  • Mapas conceptuales: organizar visualmente la información para identificar relaciones y lagunas de conocimiento.
  • Preguntas metacognitivas: formularse preguntas como «¿Qué sé sobre este tema?», «¿Qué estrategia me va a funcionar mejor?», «¿Estoy entendiendo bien la información?».

En la vida cotidiana

  • Práctica de la atención plena (mindfulness): entrenar la capacidad de observar los propios pensamientos sin juzgarlos.
  • Reflexión diaria: dedicar unos minutos al día a reflexionar sobre las decisiones tomadas y los pensamientos experimentados.
  • Análisis de errores: cuando algo no sale como se esperaba, analizar qué falló en el proceso de pensamiento y cómo mejorar.
  • Lectura activa: al leer, detenerse periódicamente para comprobar la comprensión y conectar la información nueva con lo ya conocido.

Habilidades metacognitivas en el aula

Ejemplos de metacognición en Psicología

En el ámbito educativo la metacognición tiene un papel tremendamente relevante. El objetivo es desarrollar en las aulas un contexto que favorezca el aprendizaje significativo, que tenga en cuenta las habilidades y capacidades de los alumnos para generar competencias cognitivas.

Para ello hay que favorecer la conexión entre el alumno y el objeto de estudio. El profesor debe tener en cuenta que cada alumno tiene un nivel y un ritmo para llevar a cabo su aprendizaje. Las estrategias a desarrollar con el alumnado han de ser personalizadas y adaptadas a sus necesidades.

El papel del docente

El profesorado puede fomentar la metacognición en el aula mediante las siguientes prácticas:

  • Modelar el pensamiento metacognitivo, verbalizando su propio proceso de razonamiento.
  • Proporcionar retroalimentación que invite a la reflexión, más allá de indicar si una respuesta es correcta o incorrecta.
  • Crear un entorno seguro donde los errores se vean como oportunidades de aprendizaje.
  • Enseñar de forma explícita las estrategias metacognitivas y cuándo aplicarlas.
  • Promover el trabajo cooperativo que requiera discusión y justificación del pensamiento.

Conclusiones sobre la metacognición

El concepto que hemos abordado, el de la metacognición, está estrechamente ligado a la capacidad del ser humano para conocerse a sí mismo, tomar conciencia de sus acciones y poner en marcha estrategias para el aprendizaje y la adquisición de conocimientos.

Mediante esta capacidad los seres humanos disponemos de un recurso extraordinario para el autodesarrollo, el autodescubrimiento, la autorrealización y el autoconocimiento. Nos dota de posibilidades para ser los protagonistas activos de nuestra propia experiencia.

El concepto de metacognición está en estrecha relación con los conceptos de la teoría de la mente y el constructivismo. Todos ellos sirven para que comprendamos mejor cómo se desarrolla nuestro aprendizaje y qué medidas es necesario emplear para elaborar estrategias que favorezcan nuestras potencialidades, capacidades y recursos para sacar el mayor provecho posible a nuestra experiencia de una forma beneficiosa y saludable.

Además, la creciente investigación sobre el papel de la metacognición en la salud mental abre nuevas vías para comprender y tratar los trastornos psicológicos, convirtiendo esta capacidad en un objetivo terapéutico de primer orden.

Referencias

  1. Flavell, J. H. (1976). Metacognitive aspects of problem solving. In L. B. Resnick (Ed.), The nature of intelligence (pp. 231-235). Lawrence Erlbaum.
  2. Brown, A. L. (1978). Knowing when, where, and how to remember: A problem of metacognition. In R. Glaser (Ed.), Advances in instructional psychology (Vol. 1). Lawrence Erlbaum.
  3. Schraw, G., & Dennison, R. S. (1994). Assessing metacognitive awareness. Contemporary Educational Psychology, 19(4), 460-475. PubMed
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  5. Ausubel, D. P. (1963). The psychology of meaningful verbal learning. Grune & Stratton.
  6. Carretero, M. (2001). Metacognición y educación. Aique.
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  8. Lysaker, P. H., et al. (2013). Metacognition in schizophrenia: Correlates and stability of deficits in theory of mind and self-reflectivity. Psychiatry Research, 190(1), 18-22. PubMed
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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