Eros y Tánatos: pulsión de vida y pulsión de muerte

Eros y Tánatos: pulsión de vida y pulsión de muerte

Sigmund Freud -creador de la corriente psicológica del psicoanálisis- a menudo describía el funcionamiento del aparato psíquico y  de las energías psicosexuales en términos mecánicos, quizás influenciado por el dominio de la máquina de vapor a fines del siglo XIX. Con ese razonamiento, también tendía a pensar en la libido como un productor de energías. En 1920,  concluyó que todos los instintos pertenecían a una de dos clases principales en las cuales los clasificó: instintos de vida o instintos de muerte.

Estos instintos eran para Freud la base de todo el comportamiento humano, incluido el comportamiento agresivo, el cual proviene de la interacción compleja entre los instintos de vida y de muerte, y la tensión constante entre ellos. Para hacer referencia a estos dos instintos básicos que componen el comportamiento humano, el autor utilizó el nombre de dos dioses de la mitología griega, Eros y Tánatos.

Antes de profundizar en la teoría de las pulsiones propuesta por Freud, nos introduciremos en la mitología griega para descubrir la importancia de los dioses Eros y Tánatos, y la relación de estos con los instintos de vida y de muerte.

Índice
  1. Eros: el dios del amor
  2. Tánatos: dios de la muerte
  3. Pulsión de vida: Eros
    1. El instinto sexual
  4. Pulsión de muerte: Tánatos
    1. El instinto agresivo

Eros: el dios del amor

En la mitología griega antigua, Eros fue considerado el dios del amor y el deseo sexual, también conocido como Cupido en la mitología romana. Este dios tenía la capacidad de disparar flechas con su arco mágico para hacer que las personas se enamoraran.

Existen varias genealogías acerca de los verdaderos progenitores de Eros. Algunas de ellas indican que el dios sería hijo de Hermes (dios mensajero) y Artemisa (diosa de la caza, los bosques, los animales y protectora de la virginidad), otras proponen que era el hijo de Hermes y Afrodita, también hijo de Ares (dios de la Guerra) y Afrodita, de Nyx (diosa de la noche) y Erebo (dios de la oscuridad) y por último, según Platón, habría sido concebido por Poros (dios de la abundancia) y Penia (diosa de la pobreza).

Una de las historias más conocidas y romántica de la mitología griega es la que involucra a Eros y a la princesa mortal Psique. En esta historia, Afrodita (madre de Eros en algunas genealogía) se encontraba celosa de la belleza de una princesa llamada Psique, porque era muy hermosa. Dado su carácter vengativo, Afrodita ordenó a Eros (su hijo) a utilizar sus poderes para que la joven mortal se enamorarse de alguien muy feo. Pero cuando Eros encontró a Psique,no pudo disparar su flecha, pues inmediatamente se enamoró de ella.

Tánatos: dios de la muerte

Tánatos: dios de la muerte

Según la mitología griega Tánatos era el hijo de Nyx (diosa de la noche) y de Erebos, hermano de Hypnos (dios del sueño). Este representaba a la muerte y aparecía a los humanos para llevarlos al inframundo cuando el tiempo asignado por los Destinos había expirado.

Se creía que Tánatos era despiadado e indiscriminado, y tanto los mortales como los dioses lo odiaban. Sin embargo, a veces podía ser burlado. En uno de los mitos más conocidos donde aparece Tánatos, el dios Zeus lo envía a encadenar al rey Sísifo en el Inframundo, ya que había llegado su hora de muerte, pero el rey Sísifo engaño a Tánatos y logró encadenarlo en sus propias ataduras, protegiendo a todos los mortales de la muerte mientras el dios estaba encadenado. Ares (dios de la guerra), enojado porque en las guerras nadie moría, liberó a Tánatos y le dio a Sísifo para que completara su orden.

Pulsión de vida: Eros

Según Freud, el instinto o pulsión de vida es el impulso de supervivencia, el que nos mantiene vivos. El objetivo del instinto de supervivencia es satisfacer nuestras necesidades básicas y preservar la especie humana. Para el padre del psicoanálisis, dentro de esa pulsión de vida el instinto más importante era el instinto sexual.

Freud nombro al instinto de vida con el nombre de Eros (dios griego del amor). Eros es asociado a las emociones positivas de amor, al comportamiento prosocial, la cooperación, la colaboración y otros comportamientos que respaldan a sociedades armoniosas.

La pulsión de vida es impulsada por una poderosa energía llamada libido. A partir de los 3 años de edad esta energía comienza a ser controlada por el Yo de la personalidad, quien no permite que la energía psíquica fluya libremente.

Los instintos que se encuentran dentro de la pulsión de vida son aquellos en los que confiamos para la supervivencia, el placer y la reproducción. Dichos instintos son una necesidad para mantener la existencia humana, tanto individual como global; estos a menudo son llamados instintos sexuales, pero esto no significa que se encuentren asociados solamente a la parte sexual y reproductiva del ser humano; impulsos básicos como la sed, el hambre, la necesidad de protección y la elusión del dolor también son tomados en cuenta.

El instinto sexual

El instinto sexual se manifiesta sobre todo en la infancia, comienza desde la fase oral y va disminuyendo al ingresar al período de latencia. Durante este período el instinto sexual alcanza su objetivo de obtener placer, que no solo es de los genitales, sino también de otras partes del cuerpo, por lo tanto, el individuo tiende a ignorar cualquier objeto que no sea el conveniente para la producción de placer.

Pero el placer no solo se da a través de la satisfacción sexual. En la infancia el niño intenta satisfacer sus necesidades constantemente. La necesidad de hambre, de protección y de afecto están presentes desde el nacimiento y continúan a lo largo de la vida. Por ejemplo: un bebé necesita comer, necesita afecto y sentirse protegido, para lograr satisfacer esas necesidades utiliza su mejor arma, el llanto.

La libido se encuentra impulsada por el ello y regida por el principio de placer. Esta fuerza impulsa al individuo a satisfacer su necesidad de placer. Pero para que la libido satisfaga la necesidad de placer tiene que encontrar un objeto de gratificación. Una vez que encuentra dicho objeto, dirige su energía hacia el mismo a través de un proceso llamado catexis.

El término catexis fue empleado por Freud para referirse a la dirección de la energía psíquica. Para este la catexis es la inversión de la energía sexual dirigida hacia un objeto, idea o persona.

Durante el desarrollo, una parte de la excitación sexual que proporciona el propio cuerpo del sujeto se inhibe por ser inservible para la función reproductiva y, en algunos casos, se lleva a la sublimación. La sublimación es el mecanismo de defensa más evolucionado; este transforma los impulsos instintivos “inadecuados” en actos adecuados al contexto social; en otras palabras, se desvía la energía sexual hacia otra vía no sexualizada.

Las fuerzas que pueden emplearse para las actividades culturales se obtienen en gran medida mediante el mecanismo de defensa de supresión, el cual envía hacia el inconsciente los elementos perversos de la excitación sexual.

Si se tiene en cuenta esta evolución del instinto sexual, se pueden distinguir tres etapas de la civilización: en la primera, el instinto sexual puede ejercerse libremente sin tener en cuenta los objetivos de la reproducción; en la segunda, todo el instinto sexual se suprime, excepto lo que sirve a los objetivos de la reproducción; en la tercera, solo se permite la reproducción legítima como objetivo sexual. Esta tercera etapa se refleja en nuestra moralidad sexual "civilizada".

Pulsión de muerte: Tánatos

Pulsión de muerte: Tánatos

La teoría del psicoanálisis sostiene que los instintos de vida y muerte son instintos primarios y todos los demás instintos se derivan de estos. El instinto de muerte fue nombrado por Freud como Tánatos, haciendo referencia a el dios griego de la muerte. Luego de que el padre del psicoanálisis utilizara el nombre del dios para referirse a la muerte, fue utilizado por la comunidad científica para hacer referencia al estudio de los fenómenos relacionados con esta, por una disciplina integral denominada como Tanatología.

La pulsión de muerte controla la agresión, los comportamientos arriesgados y la muerte. Se puede decir que nuestro instinto de muerte adopta el enfoque de "nacer para morir" y busca la extinción, a menudo haciendo que los humanos participen en actividades que los acercan a la muerte, por ejemplo: la guerra, los enfrentamientos o los crímenes.

Al contrario de la pulsión de vida, la pulsión de muerte no tiene límites, y empuja a los humanos a la desaparición; esto demuestra que los instintos de vida y muerte son dos deseos centrales conflictivos que se oponen entre sí.

Freud afirmó que las personas que habían experimentado un evento traumático solían recrear la experiencia tiempo después. Esto sucede en las personas que padecen un trastorno de estrés postraumático (TEPT), por ejemplo, los soldados de la guerra que regresan a su casa generalmente presentan TEPT. El autor fue testigo de esto con los soldados veteranos de la Primera Guerra Mundial, y concluyó que los humanos tienen un sub deseo consciente de morir. Este "deseo de muerte" se ve en gran medida atenuado por el instinto de vida.

La oposición de los dos impulsos básicos contribuyen al desarrollo de la personalidad y el comportamiento humano. Estas dos fuerzas primitivas buscan la satisfacción y expresión constante, y al mismo tiempo se oponen entre sí, creando un conflicto interno en el subconsciente. Este conflicto, según Freud, es el origen de toda agresión. En algunos casos los impulsos de crueldad y agresividad surgen de factores independientes a la energía sexual, pero pueden unirse a ella cuando ocurren modificaciones en la libido en una etapa temprana.

La energía destructiva de la pulsión de muerte puede ser expresada en la agresión a los demás, así también como en el comportamiento autodestructivo. El fundador del psicoanálisis determinó que el comportamiento autodestructivo como el intento de suicidio, la búsqueda e situaciones agresivas, o el abuso de alcohol y drogas, son una expresión de la energía psíquica creada por nuestro instinto de muerte. Cuando esta energía se dirige hacia otros, se manifiesta mediante la ira y la violencia.

El instinto agresivo

De acuerdo con la teoría de las pulsiones, la agresión es una fuerza instintiva global.

Freud consideró el impulso agresivo como parte de Ello, la parte del aparato psíquico que motiva el comportamiento, contraria a el Yo y el Superyó, que se oponen y reprimen los impulsos agresivos. El conflicto entre las diferentes partes de la personalidad crean una gran tensión en el individuo, que luego utiliza mecanismos de defensa o formas de enfrentar y bloquear la conciencia ante ese conflicto.

Anna Freud -hija de Freud y especialista en psicoanálisis-, enfatizó en el vínculo entre padres e hijos como una de las causas del comportamiento patogénico, y propuso que los apegos emocionales en la primera infancia ayudan a "fusionar y neutralizar" los impulsos agresivos en la vida posterior.

De acuerdo a la teoría de Freud, la agresión nunca puede ser eliminada, sin embargo puede ser controlada, canalizándola hacia formas que implican gratificación simbólica a través del mecanismo de sublimación. Esta gratificación indirecta resulta en la liberación de la energía psíquica controlada, y la represión de esa energía puede conducir a un comportamiento agresivo.

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