Crisis de los 30 años: lo que debemos tener en cuenta
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Cuando se acerca el umbral de los 30, tiende a generarse en algunas personas una crisis evolutiva, a la que llamamos la crisis de los 30. Cabe remarcar que toda crisis evolutiva implica cambios, y esta crisis conlleva transformaciones a la hora de pensar la adultez y de pensarse como adulto, lo cual implica una creación de sí mismo y de un nuevo entorno si se desea.
Pero antes de continuar hablando de este cambio que ocurre en las personas en algunas etapas de la adultez, debemos saber a qué nos referimos cuando hablamos de crisis.
¿Qué es una crisis?
En psicología, cuando hablamos de crisis no nos referimos necesariamente a una situación o evento traumático. Nos referimos a la reacción que presenta una persona hacia un evento. Un individuo puede verse profundamente afectado por un evento en particular, mientras que a otras personas el mismo evento puede no causarles efectos negativos.
Según el modelo de seis pasos para la intervención en crisis propuesto por James y Gilliland, la crisis se origina por una percepción o experiencia de un evento o situación que se percibe como una dificultad intolerable, que excede los recursos actuales del sujeto y sus mecanismos de afrontamiento (James y Gilliland, 2013).
Existen diferentes tipos de crisis:
Crisis existenciales: son conflictos internos que se encuentran relacionados con cuestiones como el propósito de la vida, hacia dónde queremos llegar y la espiritualidad. La crisis de la adultez es un ejemplo de una crisis que se encuentra enraizada en preocupaciones existenciales.
Crisis de desarrollo: son crisis que ocurren como parte del proceso de crecimiento y desarrollo. Esto sucede a lo largo de varios períodos de la vida, por ejemplo, en el comienzo de la adolescencia, la juventud y la adultez.
Crisis personales: son crisis causadas por un evento particular. Una crisis personal puede ser desencadenada por la pérdida de un empleo, la ruptura de una relación, un divorcio o eventos traumáticos. En algunos casos, las crisis personales pueden no ser evidentes, pero aun así pueden llevar a cambios drásticos en el comportamiento y el estado de ánimo de una persona.
Signos característicos de una crisis
Algunos de los síntomas más comunes que podemos experimentar ante un episodio de crisis son:
- Cambios drásticos en los hábitos de sueño
- Padecer trastornos del sueño como insomnio, terrores nocturnos, parálisis del sueño o narcolepsia
- Cambios repentinos en el estado de ánimo
- Irritabilidad
- Fluctuación en los niveles de autoestima (pasar de alta a baja autoestima en reiteradas ocasiones)
- Falta de concentración
- Aislamiento social
- Fatiga física y emocional
- Miedo excesivo, preocupación o ansiedad
- Angustia o depresión
- Trastornos gastrointestinales
- Incapacidad para hacer frente a los problemas
- Abuso de alcohol u otras sustancias psicoactivas
- Abandono de actividades cotidianas
- Disminución del rendimiento laboral o académico
- Trastornos alimentarios: dejar de comer o comer en exceso

La crisis de los 30 años
Al pasar por la crisis de los 30, quienes nos encontramos llegando a esa edad atravesamos un dilema existencial en el cual tendemos a cuestionarnos varios aspectos de nuestra vida.
Ya no tenemos 20 años, hemos cambiado, lo que conlleva abrirle la puerta a las responsabilidades, incertidumbres y cambios radicales que irán irrumpiendo poco a poco en nuestra manera de vivir.
Quizás ese futuro idílico con el que fantaseamos no es el que tenemos, y en ese momento nos comenzamos a hacer una serie de preguntas para intentar resolver por qué estamos donde estamos.
A partir de los 30 se comienza a mirar hacia atrás, lo que se ha dejado, lo que se podría haber realizado, adónde se podría haber llegado, etc. Pero también se mira hacia adelante, hacia dónde se llegó, qué es lo que se espera de ahora en más, y también nos preguntamos si hay tiempo para cambiar ciertas cosas.
En esta etapa tomamos conciencia de que quizás no estamos en el lugar donde queríamos estar y posiblemente no llegamos al lugar donde queríamos llegar.
Es como mirarse en un espejo que teníamos guardado en el sótano desde hace muchos años y ver una imagen a la cual siempre temimos pero nunca tuvimos el valor de enfrentar.
Es normal dentro de esta crisis sentir que nos falta algo en la vida que nos hace sentir incompletos, ya sea desde el plano sentimental, social, laboral o personal.
“El otro día le pregunté a un hombre de 31 años si había tenido su crisis. Y me dijo que no, que simplemente no sabía ni adónde había llegado ni hacia dónde iba. Y justamente, esa es la crisis de los 30.” Sergio Alonso, psicoanalista español.
Erik Erikson (psicoanalista estadounidense de origen alemán), en su teoría del desarrollo psicosocial postuló que la personalidad es influenciada por la sociedad. Y es sabido que la cultura de cada sociedad y el entorno en el que nos encontramos son la base de la conducta y la personalidad de las personas; por tanto, la personalidad de cada sujeto puede presentar variaciones en el transcurso de los años. Un momento crucial en el que pueden cambiar varios aspectos de la personalidad es cuando se está atravesando la crisis de los 30.
En la mayoría de las personas, el “yo” nunca termina de desarrollarse, pues para ello se deben haber satisfecho todas las necesidades del individuo, y solo en ese momento el “yo” podrá desarrollarse saludablemente.
A menudo quienes pasan por la crisis de los 30 años se sienten perdidos, angustiados, ansiosos, decepcionados y con una gran incertidumbre respecto al futuro.
Tomar conciencia del tiempo
Ya pasamos los 20, y en un abrir y cerrar de ojos quizás ya estemos en los 40. Esto nos hace tomar conciencia de que nuestra juventud ya ha terminado, ahora somos adultos jóvenes y vamos en camino hacia la etapa de adultez plena.
En esta etapa se atraviesa una crisis creadora, innovadora y fermental, lo cual conlleva peligros y posibilidades y nos permite repensar críticamente nuestra existencia previa (Fierro, 2016).
Este es el momento de asumir ciertas responsabilidades y cambiar lo que hasta el momento limita nuestra felicidad.
Reflexionar sobre el pasado
Este es el momento en que nos vemos reflejados en nuestra infancia y nos cuestionamos acerca de dónde hemos estado y cómo hemos llegado aquí.
En esta etapa surgen diferentes interrogantes. Algunos ejemplos: ¿por qué elegí esta carrera? ¿Por qué dejé de hacer lo que me gusta? ¿Por qué tomé esa decisión? ¿Por qué acepté este trabajo? Estas interrogantes a menudo siguen sin resolverse durante un período de tiempo variable en cada persona.
Los cuestionamientos existenciales sobre el pasado vienen acompañados generalmente de sentimientos de culpa, irritabilidad, depresión, incertidumbre, inseguridad, ansiedad e impotencia.
Reflexionar sobre el futuro
“El sujeto puede vivir en la peor de las miserias, pero no puede vivir una vida sin sentido.” Jacques Lacan
Y esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de reflexión a futuro.
Algunos pensamos que a los 30 ya vamos a tener resueltos una gran cantidad de temas, mas nos damos cuenta de que nuestro futuro aún está en vías de construcción.
¿No hay un camino claro en la carrera que hemos elegido? ¿El trabajo se nos torna aburrido o demasiado competitivo? ¿Aún no tengo mi propia familia? ¿Y mi casa propia? Estas interrogantes son las que generalmente nos planteamos al pasar por esta crisis alrededor de los 30 años. Si estos son tus planteamientos, estás en el momento exacto para volver a evaluar.
Aún hay tiempo para la formación de posgrado, también hay tiempo para comenzar otra carrera donde creamos que encontraremos una verdadera vocación. Podemos salir a buscar otro empleo si creemos que el nuestro no nos hace felices o no llegaremos a donde deseamos.
La crisis de pareja e hijos que se produce hacia los 30 surge porque el sujeto comienza a darse cuenta de que el tiempo corre, de que quizás ya se encuentre demasiado mayor para algunas cosas y de que ya es tiempo de formar una familia con una pareja estable e hijos.
Es momento de esperar a que el amor llegue (si aún no ha llegado), o salir en busca del mismo. Si ya te encuentras en pareja, quizás sea el momento de dar el siguiente paso y evaluar la posibilidad de comenzar a buscar vuestros propios hijos.
Referencias
- Erikson, E. H. (1980). Identity and the Life Cycle. W. W. Norton & Company.
- Fierro, A. (2016). Desarrollo y cambio de personalidad en la edad adulta. En V. Bermejo (Ed.), Desarrollo cognitivo. Síntesis.
- James, R. K., y Gilliland, B. E. (2013). Crisis Intervention Strategies (7.ª ed.). Brooks/Cole.
- Lacan, J. (1966). Écrits. Éditions du Seuil.
- Maslow, A. H. (1943). A theory of human motivation. Psychological Review, 50(4), 370-396.

Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.