Cómo estimula la cafeína al sistema nervioso
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Probablemente todos en algún momento hemos pronunciado la frase “Un café, por favor”. La taza de café por las mañanas es un hábito arraigado en numerosas culturas, pero lo que no todos saben es que esa simple decisión puede modificar de forma significativa el transcurso de su día.
Un simple café puede hacer fluctuar el estado de ánimo de una persona e interferir en el curso de su rutina diaria. El café se encuentra compuesto en gran parte por cafeína (1,3,7-trimetilxantina), una sustancia psicoactiva que actúa como estimulante del sistema nervioso central. A continuación profundizaremos acerca de esta sustancia, su mecanismo de acción, sus efectos y sus beneficios.
¿Qué es la cafeína?
La cafeína es un alcaloide del grupo de las xantinas y actúa como estimulante del sistema nervioso central. Cuando hablamos de estimulante nos referimos a cualquier sustancia que aumente los niveles de actividad motriz y cognitiva, reduciendo la sensación de fatiga.
Desde el punto de vista farmacológico, la cafeína es un antagonista competitivo no selectivo de los receptores de adenosina, principalmente de los subtipos A₁ y A₂A. Esto significa que la molécula de cafeína se une a los mismos receptores que la adenosina, pero sin activarlos, bloqueando así el efecto inhibidor que la adenosina ejerce sobre la actividad neuronal.
Esta sustancia puede hacer temporalmente que un individuo se sienta más despierto y enérgico, pero también puede producir nerviosismo y dependencia.
Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), aproximadamente el 90 por ciento de la población mundial ingiere alguna forma de cafeína. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) establece que el consumo de hasta 400 mg de cafeína al día es seguro para adultos sanos, mientras que para mujeres embarazadas o en período de lactancia el límite recomendado es de 200 mg al día. En niños y adolescentes, la EFSA aconseja no superar los 3 mg por kilogramo de peso corporal al día.
Semivida de eliminación
Un dato farmacológico relevante es la semivida de eliminación de la cafeína, que se sitúa en torno a las 5 horas en adultos sanos. Esto significa que, tras consumir una taza de café, aproximadamente la mitad de la cafeína ingerida seguirá presente en el organismo pasadas cinco horas. No obstante, este valor puede variar notablemente: el tabaquismo acorta la semivida, mientras que el embarazo, los anticonceptivos orales y determinadas enfermedades hepáticas la prolongan.
La cafeína en distintas bebidas
El café —la bebida con mayor contenido de cafeína— es utilizado diariamente por una gran cantidad de personas para empezar el día con energía, pero no en todas las personas surte el mismo efecto.
El efecto del café en cada persona depende también de la manera en la que se prepare, pues es sabido que existen varios tipos de café y no todos se elaboran de la misma forma ni con las mismas concentraciones de cafeína. Por ejemplo, no es lo mismo un café espresso que un café con leche: aunque ambos partan de la misma base, el segundo contiene menor proporción de cafeína por ración al diluirse con la leche añadida. A modo orientativo, una taza de café filtrado (240 ml) contiene entre 80 y 100 mg de cafeína, un espresso (30 ml) aporta unos 60 mg, y una taza de té negro ronda los 40-70 mg.
Síndrome de abstinencia de la cafeína
Si se consume cafeína de forma habitual y se desea abandonar su consumo, suspenderlo de manera brusca puede provocar un síndrome de abstinencia, reconocido oficialmente como entidad clínica en el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales). Los síntomas más frecuentes incluyen cefalea, fatiga, irritabilidad, dificultad de concentración y estado de ánimo deprimido. Estos síntomas suelen aparecer entre 12 y 24 horas después de la última ingesta y pueden prolongarse de dos a nueve días. Lo más recomendable es reducir el consumo de forma gradual.
Debemos aclarar que el consumo excesivo o la sobredosis de esta sustancia puede ser perjudicial para la salud y alterar las funciones cognitivas. Se han descrito casos de intoxicación grave con dosis superiores a 1.200 mg en una sola toma.
Efectos adversos de la cafeína
Como toda sustancia psicoactiva, el consumo excesivo de cafeína puede generar alteraciones tanto en la salud física como en la emocional. Entre sus efectos adversos más frecuentes se encuentran:
- Irritabilidad
- Acidez gástrica
- Nerviosismo
- Náuseas y vómitos
- Aumento de la presión arterial
- Cefalea
- Confusión
- Palpitaciones y taquicardia
- Temblores en las extremidades
- Aumento de la micción (efecto diurético)
- Diarrea
- Dolor muscular
- Insomnio
- Trastornos del sueño

La cafeína y el sistema nervioso central
El principal efecto de la cafeína en el cerebro es el mantenimiento del estado de alerta. Este estado puede permanecer durante varias horas y ayuda a sentirse más despierto y menos cansado.
Los efectos de esta sustancia se deben principalmente a la interacción de la cafeína con los receptores de adenosina. La adenosina es un neuromodulador endógeno que promueve el sueño y la relajación. A lo largo del día, la adenosina se acumula progresivamente en el cerebro como subproducto del metabolismo energético neuronal. Cuando la adenosina se une con sus receptores específicos (A₁ y A₂A), inhibe la tendencia de las neuronas a disparar y esto ralentiza la actividad neuronal.
La cafeína y la adenosina poseen una estructura molecular similar. Así, cuando la cafeína está presente en el cerebro, compite con la adenosina para unirse a los mismos receptores. Normalmente, la adenosina causaría somnolencia y ralentizaría la actividad neuronal, pero como la cafeína bloquea los receptores sin activar la señal inhibitoria, el efecto es el opuesto: las neuronas mantienen su nivel de excitación e incluso se muestran más activas de lo habitual.
Además del bloqueo de los receptores de adenosina, la cafeína produce un aumento secundario de la liberación de dopamina en el núcleo accumbens, lo que contribuye a la sensación subjetiva de bienestar y a su potencial adictivo.
Ante el consumo de cafeína, la glándula hipófisis responde liberando hormonas que estimulan a las glándulas suprarrenales para que produzcan adrenalina (epinefrina). La adrenalina desencadena una respuesta de alerta que prepara al cerebro y al cuerpo para reaccionar ante posibles amenazas.
En el caso de las personas que padecen hipervigilia, no se recomienda el consumo de cafeína, puesto que ya presentan una alteración de la consciencia que las mantiene en estado de alerta durante un tiempo prolongado.
La cafeína se utiliza en medicina como principio activo en medicamentos para tratar la cefalea y la somnolencia, pero no es una buena aliada si se padecen trastornos del sueño o de ansiedad, ya que mediante la ingesta de esta sustancia dichos problemas pueden empeorar.
El consumo constante y excesivo de cafeína puede generar cefaleas y migrañas crónicas. No obstante, si se consume cafeína de forma regular, el organismo desarrolla tolerancia farmacológica, lo que significa que con el tiempo se necesitan dosis mayores para obtener el mismo efecto estimulante.
Beneficios del consumo moderado de cafeína
Según diversas investigaciones, el consumo de cafeína aumenta la actividad de los lóbulos frontales cerebrales. Los lóbulos frontales son las áreas del cerebro responsables de la memoria de trabajo y la atención. Por lo tanto, se estima que el consumo moderado de cafeína puede favorecer el rendimiento de estas funciones cognitivas.
Consumir cafeína puede ser un buen aliado para mantenerse despierto en situaciones que lo requieran, por ejemplo, durante largas jornadas laborales o cuando se realizan viajes nocturnos.
La cafeína aporta antioxidantes (como los ácidos clorogénicos), que ayudan a neutralizar radicales libres que podrían dañar nuestras células, contribuyendo así a prevenir el envejecimiento prematuro.
Puede facilitar la digestión. Gracias a que estimula la secreción de ácido gástrico y activa la producción de bilis, si se ingiere después de las comidas puede favorecer el proceso digestivo.
Estudios epidemiológicos también sugieren una asociación entre el consumo habitual de café y un menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el párkinson y el alzhéimer, aunque se necesitan más ensayos clínicos para confirmar una relación causal.
Referencias
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Escrito por
Melissa BacigalupiEditora jefe
Máster en Salud Pública
University of South Florida
Periodista especializada en salud. Graduada en la University of South Florida, donde también realizó un máster en Salud Pública. Ha trabajado como periodista de salud para diversos medios de comunicación cubriendo temas desde enfermedades infecciosas hasta salud mental. Editora jefe de eSalud.com.