Para qué sirven los probióticos vaginales y cuándo los necesitas

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Para qué sirven los probióticos vaginales y cuándo los necesitas
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Para que la vagina se mantenga saludable y protegida, es necesario que su pH sea ácido. Esto permite la proliferación de microorganismos que actúan como defensa de esta zona. Al disminuir su población, se recomienda utilizar probióticos vaginales que favorezcan su restauración para así combatir cualquier patógeno.

Aunque se trata de productos muy beneficiosos, se recomienda usarlos con cautela. No en todas las situaciones se deben tomar como un tratamiento principal. Si deseas utilizar probióticos, aquí te ofrecemos toda la información que necesitas saber sobre este producto de la salud y cuándo utilizarlo.

¿Qué son los probióticos vaginales?

Son productos que contienen en su composición microorganismos vivos que se encargan de mantener la flora vaginal equilibrada. También son muy útiles en caso de ocurrir un desajuste, ya que este suplemento ayuda a restaurar esta flora para mantener la salud en la zona íntima.

Probióticos vaginales

Para lograr el efecto esperado, deben ser administrados en dosis adecuadas, ya que en exceso o cantidades insuficientes no se verán beneficios. Además, no se puede utilizar cualquier probiótico vaginal, ya que es necesario que se administren aquellos que están en menor cantidad o que faltan.

En el mercado se comercializan distintas presentaciones:

  • Comprimidos: deben ser administrados de manera oral, preferiblemente se acompañan con agua para tragarlos mejor. Posteriormente, serán absorbidos por las paredes intestinales para lograr que se lleve a cabo su efecto.
  • Cápsulas: funcionan de manera similar a los comprimidos.
  • Óvulos: se introducen en la vagina. Es necesario que entren en contacto con la mucosa para que hagan efecto.
  • Cremas: el contenido se coloca en un aplicador, se introduce en la vagina y luego se libera la crema.
  • Sobres: se disuelve el polvo en un vaso de agua para luego beber. Su mecanismo de acción es igual al de los comprimidos.

Los profesionales aseguran que la mejor alternativa son los probióticos de contacto directo, ya que tienen una acción más eficaz y rápida.

¿Cómo funcionan?

Para poder entender cómo actúan estos probióticos, es necesario conocer la flora vaginal. En la mucosa de la vagina viven una gran cantidad de microorganismos que ayudan a mantener el pH ácido de la vagina (normalmente entre 3,8 y 4,5). En su mayoría está habitada por lactobacilos, especialmente Lactobacillus crispatus, L. jensenii, L. gasseri y L. rhamnosus. Estos actúan como una barrera protectora y defensa ante la presencia de cualquier bacteria o patógeno que amenace la salud de la zona.

Microbiota vaginal

Cuando la microbiota vaginal se encuentra alterada, la vagina se encuentra expuesta a cualquier infección. Por lo que, al administrar un probiótico, este ayudará a restablecer el equilibrio, permitiendo combatir al agente externo. En otras palabras, quiere decir que el probiótico no solo ayuda a atacar al patógeno, sino que estimula la producción de microorganismos buenos para mantener la flora equilibrada tras la infección. Una vez repuesta, el cuerpo será capaz de defenderse por su cuenta sin ayuda de medicamentos.

Los lactobacilos protegen la vagina mediante varios mecanismos:

  • Producción de ácido láctico: mantiene el pH ácido, creando un ambiente hostil para los patógenos.
  • Producción de peróxido de hidrógeno: actúa como bactericida natural contra microorganismos dañinos.
  • Producción de bacteriocinas: sustancias antimicrobianas que inhiben el crecimiento de bacterias patógenas.
  • Competencia por adhesión: los lactobacilos se adhieren a las células epiteliales vaginales, impidiendo que los patógenos colonicen la mucosa.
  • Coagregación: se unen a los patógenos impidiendo que estos se adhieran a la pared vaginal.

¿Cuándo se deben usar?

Existen situaciones donde la flora de la vagina tiende a cambiar. Esto desencadena algunos problemas de salud en la zona, siendo necesario administrar probióticos vaginales. En este sentido, debe ser un profesional de salud la persona que indique el tratamiento más adecuado. Ante ninguna circunstancia se debe intentar la automedicación.

Algunas de las situaciones donde se suele recetar estos productos son:

Menstruación

Cuando ocurre el sangrado menstrual, el pH de la vagina cambia, pasando a ser un poco más alcalino. Esto llega a afectar la cantidad de lactobacilos que se producen ya que la sangre que se expulsa arrastra gran parte de la flora bacteriana. Además, las mujeres que usan tampones tienen mayor tendencia a que se alteren estos valores.

Cambios hormonales

Los ovarios producen estrógenos, una hormona sexual indispensable para la producción de glucógeno. Este carbohidrato es aprovechado por los lactobacilos para producir ácido láctico para mantener ácido el pH de la vagina. Si existe un cambio en la producción de esta hormona, se corre el riesgo de que los niveles de acidez sean menores, dando lugar a un mayor riesgo de contraer una infección.

Duchas vaginales y productos íntimos

La aplicación de duchas vaginales de manera recurrente puede provocar que la acidez de la vagina sea muy leve. Esto se debe a que favorece el arrastre de los microorganismos que habitan esta zona. Se recomienda que solo se apliquen de manera esporádica y bajo la instrucción de un profesional de la salud para evitar cualquier efecto contraproducente. De hecho, la mayoría de las sociedades ginecológicas desaconsejan el uso rutinario de duchas vaginales.

Además, se ha comprobado que algunos productos de uso íntimo también pueden afectar el pH, haciendo a la vagina más propensa a contraer infecciones.

Uso de ropa ajustada y salvaslips

La ropa ajustada no permite a la vagina transpirar adecuadamente. Al afectar el pH de la vagina, se produce un desequilibrio en la microbiota de esta zona, lo cual favorece la aparición de candidiasis.

Lo mismo sucede con los salvaslips, que a su vez provocan mayor humedad, favoreciendo la aparición de infecciones y constantes molestias.

Flora vaginal

Antibióticos

Se ha comprobado que estos medicamentos pueden incidir en la flora bacteriana de la vagina. Al estar formulados para atacar bacterias, no diferencian entre las buenas y las malas, disminuyendo la población de los microorganismos beneficiosos para el organismo.

Mala higiene tras mantener relaciones sexuales

Tras el acto sexual, es indispensable realizar un lavado de la zona íntima. De no hacerse, existe la posibilidad de que algún patógeno ingrese a la zona vaginal, pudiendo alterar la acidez de la vagina, con lo cual existe riesgo de una infección.

Además, el pH del semen es menos ácido (aproximadamente 7,2-8,0) que el de la mucosa vaginal, lo cual puede generar algunas alteraciones temporales en la zona.

Vaginosis bacteriana

La vaginosis bacteriana es una de las afecciones vaginales más frecuentes. Se produce cuando las bacterias patógenas, especialmente Gardnerella vaginalis, superan en número a los lactobacilos. Los probióticos vaginales se han mostrado eficaces como coadyuvantes del tratamiento antibiótico en estos casos, ayudando a reducir las recurrencias.

Candidiasis vaginal de repetición

En mujeres que sufren episodios recurrentes de candidiasis (más de tres episodios al año), los probióticos vaginales pueden ser útiles como tratamiento complementario y preventivo, restaurando la flora protectora que impide la proliferación excesiva de Candida.

Evidencia científica sobre los probióticos vaginales

La investigación sobre probióticos vaginales ha crecido considerablemente en los últimos años. Diversos estudios y metaanálisis han demostrado que:

  • La administración de Lactobacillus por vía vaginal reduce significativamente la tasa de recurrencia de vaginosis bacteriana cuando se utiliza como complemento al tratamiento con metronidazol o clindamicina.
  • Los probióticos orales con cepas específicas como L. rhamnosus GR-1 y L. reuteri RC-14 pueden colonizar la vagina tras su paso por el tracto gastrointestinal, mejorando la composición de la microbiota vaginal.
  • El uso preventivo de probióticos durante y después de la toma de antibióticos reduce el riesgo de desarrollar candidiasis vaginal secundaria.

No obstante, es importante señalar que no todos los probióticos son iguales y que la evidencia varía según la cepa específica utilizada. Por ello, es fundamental seguir las indicaciones de un profesional de la salud.

Recomendaciones para mantener una flora vaginal saludable

Además del uso de probióticos cuando sea necesario, se pueden seguir estas pautas para cuidar la microbiota vaginal:

  • Higiene adecuada: lavar la zona genital externa con agua tibia y un jabón de pH neutro o ligeramente ácido. Evitar jabones perfumados o agresivos.
  • Ropa interior de algodón: permite una mejor transpiración y reduce la humedad en la zona.
  • Evitar duchas vaginales: la vagina posee sus propios mecanismos de autolimpieza.
  • Alimentación equilibrada: una dieta rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados favorece indirectamente la salud de la flora vaginal.
  • Limitar el uso de salvaslips: o utilizar los que estén fabricados con materiales transpirables.
  • Cambiar la ropa húmeda: tras practicar natación o ejercicio, cambiarse la ropa interior cuanto antes.

En cualquiera de los casos mencionados, la aplicación de probióticos vaginales se sugiere como un complemento para un tratamiento. Mientras el medicamento principal busca combatir la infección, el probiótico va fortaleciendo la microbiota, permitiendo aumentar las defensas.

Es importante acudir al especialista si presentas:

  • Flujo vaginal con mal olor, color inusual o textura diferente a la habitual.
  • Picor, ardor o irritación persistente en la zona genital.
  • Dolor durante las relaciones sexuales.
  • Infecciones vaginales recurrentes (más de tres al año).
  • Sangrado vaginal fuera del periodo menstrual.

Referencias

  • Borges S, et al. The role of lactobacilli and probiotics in maintaining vaginal health. Archives of Gynecology and Obstetrics. 2014;289(3):479-489.
  • Reid G, et al. Oral use of Lactobacillus rhamnosus GR-1 and L. fermentum RC-14 significantly alters vaginal flora. FEMS Immunology & Medical Microbiology. 2003;35(2):131-134.
  • Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO). Diagnóstico y tratamiento de las infecciones vulvovaginales. Disponible en: https://www.sego.es
  • Stapleton AE, et al. Randomized, placebo-controlled phase 2 trial of a Lactobacillus crispatus probiotic given intravaginally for prevention of recurrent urinary tract infection. Clinical Infectious Diseases. 2011;52(10):1212-1217.
  • Martín R, Soberón N, Vázquez F, Suárez JE. La microbiota vaginal: composición, papel protector, patología asociada y perspectivas terapéuticas. Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. 2008;26(3):160-167.
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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