Grupo familiar como campo de intervención

La familia como grupo se organiza a través de vínculos que la definen como tal: vínculos de unión, vínculos de filiación parental y fraterna, en sus dimensiones inter y transgeneracionales.

El grupo familiar no siempre fue considerado en su totalidad como un conjunto, como una unión; por el contrario, durante mucho tiempo, con el enfoque del reduccionismo se tomaba a cada individuo por separado. Gracias a exitosas investigaciones en el campo de la psiquiatría se pudo crear un nuevo enfoque sistémico que toma a la familia como grupo, donde todas sus partes se encuentran directamente relacionadas.

Historia de la terapia familiar

Existen dos grupos claves en la historia de la terapia familiar. El primer grupo sigue la corriente del psicoanálisis y, el segundo grupo, creado posteriormente, se centra más en la visión antropológica del hombre, estudiando los comportamientos humanos de manera integral.

Ya a principios del siglo XX, los elementos de la terapia familiar podían ser encontrados en el trabajo social centrado en la familia y en el trabajo de los psicoanalistas y psiquiatras infantiles, como Nathan Ackerman -considerado el precursor de la terapia familiar-.

Al igual que varios psiquiatras y psicólogos de la época, Ackerman (1930) teoriza que el bienestar psicológico del individuo está directamente relacionado con la condición de la familia.

Ackerman  incorpora en su práctica ideas tanto de la terapia psicodinámica tradicional como de la terapia de sistemas familiares, enfatizando que la familia es una unidad social. Luego de la publicación de sus dos libros más importantes  -“Diagnostico familiar” y  “La unidad de la familia”-, junto con su colega Don Jackson, Ackerman instauró la revista profesional, Family Process; la cual hasta el día de hoy sigue siendo considerada uno de los principales recursos en el campo de la salud mental familiar y la terapia familiar

Mas adelante, a principios de la década del 50, el psiquiatra americano Murray Bowen busco un enfoque novedoso y alternativo a la terapia familiar tradicional, dando origen a la terapia familiar sistémica. Para Bowen, la familia era el pensamiento original de la psicología tradicional, y era la unidad básica del funcionamiento emocional.

La teoría de sistemas familiares se extiende más allá de la familia a grupos no familiares, incluidas las grandes organizaciones y la sociedad en general. La misma utiliza el pensamiento sistémico para describir las complejas interacciones dentro de la unidad.

La terapia familiar sistémica fue formalmente aceptada en la comunidad psicoterapéutica en la década de 1960 y ha seguido evolucionando a lo largo de los años.

 

La intervención en el grupo familiar

La intervención en el grupo familiar

El grupo familiar es el nivel empírico, concreto sobre el cual se interviene clínicamente. Intervención que nace y se construye en el encuentro, en ese choque de singularidades que se da en ese corte transversal, de la longuitudinalidad de una historia familiar.

Intervenir no sólo hace alusión a la mediación terapéutica, puesto que se puede intervenir a su vez desde los planos diagnósticos, pronósticos y profilácticos en la dinámica vincular, pero más allá de ésto, es importante interrogarnos acerca de nuestra manera de mediar.

La intervención en psicología social tendrá como acto fundador la expresión de la demanda, que desde la teoría pichoniana viene a ser enunciada y denunciada por el portavoz del grupo familiar. Es decir, el psicólogo interviene pues es llamado a intervenir. Y la finalidad de la intervención consiste en que los procesos de cambio puedan emerger en ese encuentro mediador o provocador que esta implica. En tanto la misma tiene como objeto y efecto poner a luz los procesos informales que actúan más o menos clandestinamente.

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Intervenir es venir entre, interponerse, es sinónimo de mediación, intersección, ayuda, apoyo; pero puede ser en otro contexto sinónimo de intromisión, intrusión en las que la intervención violenta puede convertirse en mecanismo regulador. En todos ellos la intervención aparece como el acto de un tercero que sobreviene en relación con un estado preexistente. Las ciencias humanas le dan un sentido más técnico y preciso. En psicología clínica, se trata del acto en el cual el psicólogo establece entre él y el sujeto cierto tipo de relación humana, que puede inducir una dinámica que tiene carácter terapéutico, es decir que propicia cambios.

Desde Pichón Riviere el proceso de enfermar se concibe como dificultad en la capacidad de adaptarse activamente a la realidad, su diferencia habilita el enfermar. Frente a esta inadaptación se recurre a la estereotipia. La intervención apuntaría en ese sentido, o sea, a que no se estereotipen las respuestas posibles ante las diferentes situaciones y así generar salud.

Rivière propuso que la psicosis en un miembro de la familia es una emergencia que involucra a todo el grupo familiar. Esta afirmación surgió gracias a su trabajo de investigación en el hospital psiquiátrico, que lo llevó a pensar en una concepción del vínculo, en el grupo interno, en la enfermedad mental. Para este autor el paciente es el miembro más fuerte del grupo familiar pues es él quien asume el peso del conflicto familiar, al asumirlo, y esto proporciona una economía psíquica para el conjunto.

Para la psicología social la intervención se convierte en un procedimiento clínico aplicado donde la investigación y la práctica pueden encontrarse ventajosamente reunidas. Aun antes de distinguir como metodología de aproximación al seno de las organizaciones, la intervención se encuentra asociada, en un sentido técnico, pero más restringido a todas las prácticas de formación.

El rol del terapeuta familiar

El  terapeuta familiar tiene como rol principal ayudar a las familias a descubrir su propio poder, identificar sus fortalezas y ayudarles a definir qué tipo de familia pretenden ser. Éste debe mostrar reacciones honestas a las familias, elogiando y estableciendo límites; debe incentivarlos a mirar honestamente su comportamiento y estilo de vida y brindarle herramientas que les ayuden a tomar decisiones sobre lo que quieren cambiar.

El encargado en la terapia familiar les hará conocer el poder de utilizar sus vidas como un instrumento de cambio; al compartir abiertamente sus problemas en las relaciones y sus propios valores, podrán intercambiar ideas y obtendrán otra visión de las cosas.

El terapeuta siempre debe tener en cuenta la importancia de la influencia de su comportamiento en el grupo familiar y no debe demostrarse crítico; si genuino, respetuoso, comprensivo. También debe comprender que la terapia familiar no es una ciencia separada y distinta del comportamiento.

Tiene en cuenta el poder de cada rol de los integrantes de la familia, la lucha de poderes entre semejantes -por ejemplo: padre-madre-, y evita la intelectualización abstracta, el etiquetado, la interpretación y la verborrea excesiva.

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