Frustración

El ser humano, se esfuerza constantemente por establecer una relación satisfactoria con el entorno. Intenta satisfacer sus necesidades para vivir felizmente y funcionar de manera efectiva. Pero a veces, el proceso para alcanzar el equilibrio entre la relación con el entorno y la salud mental no es fácil, ya que no siempre puede satisfacer  sus necesidades, porque en el mundo real existen diferentes contratiempos e imprevistos, que a veces, no le permiten lograr sus objetivos u ocasionan cambio de planes.

Los distintos obstaculos o imprevistos que crean una barrera entre lo que se quiere lograr y lo que realmente se logra, a veces genera una emoción con sentimientos de impotencia, rabia y  tristeza, esta emoción es conocida como frustración.

¿Qué es la frustración?

La frustración es una respuesta emocional que ocurre en situaciones en las que el sujeto se siente bloqueado e indignado al no poder alcanzar un objetivo deseado. En general, cada vez que alcanzamos uno de nuestros objetivos, nos sentimos complacidos  y contentos y, cada vez que no podemos alcanzar nuestras metas, podemos sucumbir a la frustración y sentirnos irritables, molestos y enojados. 

Desde niños comenzamos a reaccionar ante este sentimiento que nos genera un malestar interior. En primeras instancias cuando el niño comienza a sentir frustración – a partir del año de vida- por objetivos que no puede alcanzar, éste se siente impotente, no entiende porque le está sucediendo eso, cómo puede ser que haya algo que no pueda lograr; estos sentimientos generan en el pequeño emociones negativas tales como la ira, decepción, angustia, pero de esta manera comienzan a comprender que no todo es posible y que no siempre se obtiene lo que se desea.

Condicionantes de la frustración: factores internos y externos

El no poder alcanzar los objetivos puede estar condicionado por factores internos o externos.

Los factores internos resultan de la decepción que se produce en el sujeto cuando no puede alcanzar lo que desea por causas personales reales o imaginarias, tales como la falta de auto-confianza o el temor ante cierto tipo de situaciones sociales. Otro tipo de frustración interna tiene lugar cuando una persona tiene objetivos contrapuestos que interfieren entre sí.  Los conflictos internos del individuo son otra fuente de frustración, pues la mente está dividida contra sí misma.

Los factores externos que provocan en el individuo un estado de frustración, involucran condiciones fuera de la persona, tales como bloqueos físicos que se cruzan en el camino, estos pueden incluir a otras personas o cosas que se interponen en el camino de los objetivos deseados.

Tolerancia a la frustración

Tolerancia a la frustración

Dado que muchas de las cosas que realmente queremos requieren un grado de frustración, ser capaz de manejar la frustración es necesario para que podamos permanecer positivos, incluso en circunstancias difíciles.

Todo sujeto presenta cierto tipo de tolerancia a la frustración. Esta tolerancia disminuye ante repetidos episodios frustrantes o ante la presencia de personas que generan altos niveles de frustración en el individuo; por este motivo es importante comenzar a manejar la tolerancia a la frustración desde pequeños.

Cuando un niño tropieza y su padre va rápidamente a socorrerlo, este va perdiendo su capacidad de hacerle frente al sentimiento de frustración que se generó ante la caída. Él mismo necesita saber que puede hacerlo, que él puede levantarse, seguir adelante y dejar atrás lo ocurrido, por eso debemos dejar a el niño – si él desea- hacerse cargo de esa situación.

La frustración mal tolerada tiende a ser tóxica para quien la presenta y para quienes lo acompañan, puesto que la misma provoca acumulacion de resentimiento que puede ser desencadenado ante cualquier circunstancia. Generalmente las personas que tienen una baja tolerancia a la frustración presentan emociones negativas, se vuelven pesimistas, cierran su mente y se niegan a darse o dar una nueva oportunidad.

Emociones y sentimientos que acompañan la frustración

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La ira y a frustración

Algunas personas a menudo confunden los dos términos, usándolos de manera intercambiable y de manera incorrecta. Aunque son similares, pueden ser el resultado de diferentes causas y también pueden causar diferentes respuestas. La frustración rara vez causa un efecto tan profundo como la ira, considerando esta última como una de las emociones más fuertes y poderosas.

La ira y la frustración pueden ser muy parecidas en algunos aspectos, ya que son consideradas emociones negativas. Pero a diferencia de la ira -que puede hacer reaccionar violentamente-, la frustración puede hacer que el individuo se sienta molesto y vulnerable, pero rara vez llegará a la violencia física a causa de la frustración.

Probablemente si una persona tiende a padecer ira constantemente o padece un trastorno explosivo intermitente, presentará más episodios de frustración; en estos casos la frustración si podría ser un disparador hacia la violencia física.

¿Cómo aprender a manejar la frustración?

Para poder lograr que la frustración no se apodere de nuestra mente esta tiene que ser controlada y canalizada de manera positiva. Se debe presentar cierta capacidad para poder diferenciar lo real de lo ideal.

Para conseguir una buena tolerancia a la frustración se debe de tomar conciencia de que lo idílico no siempre se volverá real, centrarse en el aquí y ahora, y  buscar maneras factibles de lograr los objetivos.

Una buena forma de controlar la frustración es con ejercicios de relajación, donde la respiración juega un papel muy importante para lograr desconectar esas emociones negativas que salen a flote con la frustración.

Relajarse, respirar, llenar nuestra mente de pensamientos positivos, volver a respirar y dejar que los pensamientos y emociones negativas se alejen poco a poco.

La frustración es una reacción natural de nuestra mente, por tanto hay que dejarla fluir y manejarla como tal, pues al intentar suprimirla o ignorarla sólo se genera más frustración acumulada.

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