¿Qué son las emociones?
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué dice la ciencia sobre las emociones?
- 2.Componentes de las emociones
- Componente cognitivo (experiencia subjetiva)
- Componente fisiológico (activación corporal)
- Componente conductual (expresión)
- 3.La función adaptativa de las emociones
- 4.¿Qué sucede cuando reprimimos y no atendemos a nuestras emociones?
- 5.Emociones primarias y emociones secundarias
- Emociones primarias
- Emociones secundarias
- 6.La inteligencia emocional
- 7.Estrategias para una buena gestión emocional
- 8.Cuándo buscar ayuda profesional
- 9.Referencias
Las emociones son una respuesta intrínseca que tenemos todos los seres humanos, en principio, a modo de supervivencia. Las emociones básicas son adaptativas y sirven para que nuestro organismo ofrezca una respuesta ante el entorno en el que nos encontramos.
La emoción, aunque es una reacción subjetiva ante el ambiente, viene acompañada de una serie de cambios fisiológicos y endocrinos en nuestro organismo. Decimos que es subjetiva puesto que cada persona ante esa misma circunstancia del ambiente responderá de forma diferente, e incluso con otro tipo de emoción. Aunque existen situaciones comunes en las que nuestro cerebro responde automáticamente con la misma emoción, como es el miedo. Situaciones reales de peligro en las que se ve nuestra vida amenazada.
En nuestra cultura, hasta hace poco tiempo, se subestimaron las respuestas emocionales. Consideradas en algunos casos como una muestra de debilidad y fragilidad del propio individuo. Se han intentado tapar de muchos modos: reprimiéndolas, autoengañándose e intentando evitarlas a toda costa. Se ha podido comprobar cómo esconder las emociones trae consecuencias que a todos nos perjudican, de una manera u otra.
Nuestro mundo emocional está condicionado por nuestras experiencias y los aprendizajes que hemos ido adquiriendo a lo largo de la vida. Podríamos decir que conforme nos vamos desarrollando, las emociones van transformándose y aumentando en complejidad. La regulación de las emociones y la gestión emocional es algo básico, fundamental y necesario; tanto para nuestro autoconocimiento como para nuestro desarrollo personal.
Veremos a continuación con mayor profundidad en qué consisten las emociones, cómo nos determinan e influyen, y cuáles son los aspectos básicos a los que debemos atender para que no gobiernen nuestras vidas. Lo importante en todo caso es que hagamos de las emociones nuestras aliadas y no nuestras enemigas, puesto que forman parte de nosotros de forma inexorable.
¿Qué dice la ciencia sobre las emociones?

Las nuevas investigaciones han declarado que en realidad existen 4 emociones básicas y no seis como se creía hasta entonces. Se creía esto debido a los primeros estudios sobre las emociones realizados por el psicólogo estadounidense Paul Ekman, quien descubrió estas seis emociones mundialmente conocidas a través de las expresiones faciales, siendo independientes de la cultura o condición personal. Las emociones que este autor declaró como básicas fueron las siguientes: tristeza, miedo, felicidad, ira, asco y sorpresa.
Se llevó a cabo un estudio sobre las emociones básicas por los investigadores de la Glasgow University, en el Reino Unido, donde se presentó un nuevo cambio de paradigma. Concluyendo el estudio que las emociones básicas eran 4 y no seis como se había creído hasta ahora tras las investigaciones de Paul Ekman. Estos resultados se obtuvieron tras observar distintos músculos faciales en un conjunto de personas heterogéneo. A estos músculos faciales que todas las personas tenemos en común fueron denominados como «unidades de acción», estando implicados en la señalización de diversas emociones, dependiendo a su vez del tiempo de contracción y relajación de cada músculo facial.
La conclusión actual es que mientras que las expresiones emocionales de felicidad y alegría sí son claramente distintas, las emociones del miedo y la sorpresa comparten un gesto en común como son los ojos abiertos. Al igual que la ira y el asco comparten la nariz arrugada. Por lo tanto, se estaría hablando de emociones básicas exclusivamente de tristeza, alegría, ira y miedo.
No obstante, conviene señalar que esta clasificación sigue siendo objeto de debate en la comunidad científica. Investigaciones más recientes, como las del neurocientífico Antonio Damasio o la psicóloga Lisa Feldman Barrett, proponen modelos alternativos. Barrett, en su teoría de la emoción construida, sugiere que las emociones no son reacciones automáticas preprogramadas, sino construcciones que el cerebro elabora a partir de la experiencia, el contexto y el aprendizaje cultural.
Componentes de las emociones
Las emociones son fenómenos complejos que involucran tres componentes principales que actúan de forma simultánea:
Componente cognitivo (experiencia subjetiva)
Es la experiencia consciente de la emoción, la forma en que interpretamos y evaluamos la situación que la desencadena. Incluye los pensamientos, creencias y expectativas asociados a la emoción. Dos personas pueden experimentar una emoción diferente ante la misma situación en función de cómo la interpreten.
Componente fisiológico (activación corporal)
Las emociones producen cambios corporales automáticos mediados por el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino: aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, sudoración, cambios en la respiración, liberación de hormonas como el cortisol o la adrenalina, y alteraciones en la actividad cerebral.
Componente conductual (expresión)
Es la manifestación externa de la emoción a través de la expresión facial, el tono de voz, la postura corporal, los gestos y las acciones. Este componente tiene una función comunicativa esencial: permite a los demás interpretar nuestro estado emocional y responder en consecuencia.
La función adaptativa de las emociones
Una de las características fundamentales de la emoción es que aparece de una forma inmediata, súbita y brusca. Se trata de un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que van formando patrones distintivos, dependiendo de la emoción. Ciertos estímulos, ya sean reales o rememorados mentalmente, provocan en nosotros una emoción con sus respuestas automáticas. Las emociones consideradas como primarias provienen de los mecanismos innatos de nuestro cerebro, mientras que las emociones secundarias representan más bien un repertorio conductual aprendido a lo largo de nuestra vida.
Las emociones aparecen ante un determinado momento de forma más o menos intensa e inmediata. Se podría decir que nos mandan un mensaje aportándonos información sobre lo que ocurre en nuestro entorno, para que le prestemos atención. ¿Qué sucede cuando nos empeñamos en evitar las emociones? Como hemos dicho anteriormente, son adaptativas y nos están mostrando algo importante; no aparecen por capricho ni para molestarnos. Por lo tanto, lo más conveniente en cualquier caso es atender a la respuesta emocional.
Una respuesta emocional puede estar indicándonos diversas cuestiones importantes. Por ejemplo, cuando aparece el miedo significa que hay que prestar una especial atención al peligro, intentando poner todos los recursos de los que disponemos ya sea para huir o enfrentarse a él. Si tras una pérdida significativa, como es un duelo, nos invade la tristeza, sentirla es lo más conveniente. La tristeza nos ayuda a la reflexión, indagación e introspección, nos señala asuntos importantes que nos ayudan mejor a comprendernos a nosotros mismos.
Cada emoción básica cumple una función adaptativa específica:
| Emoción | Función adaptativa | Respuesta que facilita |
|---|---|---|
| Miedo | Protección ante amenazas | Huida, evitación, alerta |
| Alegría | Refuerzo de conductas beneficiosas | Aproximación, exploración, vinculación |
| Tristeza | Reintegración y reflexión | Introspección, petición de ayuda, aceptación |
| Ira | Defensa ante obstáculos o injusticias | Acción, establecimiento de límites |
Cualquier emoción, ya sea primaria o secundaria como la envidia, los celos y la culpa, son señales muy valiosas que nos alertan cada una de ellas sobre un problema en particular que está aconteciendo. La función que tienen es remitirnos a ese problema.
Hacemos una buena gestión de las emociones cuando estamos dispuestos a escucharlas y aprovecharlas. Aprendiendo así a que cada problema nuestro específico está asociado con alguna emoción. La emoción es capaz de detectar los problemas para que aprendamos de ellos. A diferencia de lo que se ha podido pensar culturalmente, la emoción no representa el problema, sino que es el camino que resuelve el problema detectado.
¿Qué sucede cuando reprimimos y no atendemos a nuestras emociones?
Durante demasiado tiempo las emociones se han infravalorado. Hemos creído que eran poco importantes y un síntoma de debilidad. Nos hemos sentido confusos y desorientados por no saber qué hacer con ellas. Esto es debido a la gran importancia que se le ha otorgado a nuestra racionalidad.
A través de la razón hemos intentado ocultar muchas de las emociones que nos resultan molestas, como son las llamadas «emociones negativas». Muchas de ellas suponen también un estado afectivo que nos indica estados personales, deseos y motivaciones. En vez de aprender a conocernos, escuchando a nuestras emociones, hemos luchado contra ellas con la intención de que no aparezcan. Pero sabemos que no tiene sentido alguno intentar reprimirlas u ocultarlas, ya que esa lucha contra nosotros mismos hace que esas emociones se transformen en sentimientos de malestar, dolor emocional y sufrimiento.
Hoy día se hace mucho hincapié en la gestión de emociones, ya que tenemos un mayor conocimiento acerca de lo que suponen. Las dificultades para la gestión emocional se vinculan con el estrés, la ansiedad, y diversos problemas psicológicos como la depresión y trastornos de ansiedad. Además de enfermedades psicosomáticas que debilitan nuestro sistema inmunitario afectando gravemente a nuestra salud.
Las investigaciones en psiconeuroinmunología han demostrado que la supresión emocional crónica puede tener consecuencias físicas medibles:
- Aumento de los niveles de cortisol (hormona del estrés), que a largo plazo debilita el sistema inmunitario.
- Mayor riesgo cardiovascular: la represión de la ira, por ejemplo, se ha asociado con un mayor riesgo de hipertensión y enfermedad coronaria.
- Alteraciones digestivas: el estrés emocional mantenido puede agravar trastornos como el síndrome del intestino irritable.
- Dolor crónico: las emociones no expresadas pueden manifestarse como tensión muscular persistente, cefaleas o dolor de espalda.
No hemos tenido una educación emocional, por eso no hemos sabido cómo reaccionar ante ellas. Las hemos interpretado como un enemigo, cuando las emociones surgen para alertarnos y guiarnos. Nos resulta complejo diferenciarlas, atenderlas e identificarlas. Es por esto que en la actualidad han surgido multitud de libros acerca de las emociones. También en las escuelas y en la educación se han puesto en marcha programas de educación emocional.
Emociones primarias y emociones secundarias

Emociones primarias
Las emociones primarias son innatas y desde que nacemos están presentes. Van apareciendo en nuestros primeros años de vida y se van desarrollando y haciendo más complejas a medida que las vamos manifestando a través del lenguaje, expresiones faciales, utilizando signos, símbolos y mediante el aporte de significados.
Cada persona experimenta sus emociones de un modo particular, puesto que depende de sus anteriores experiencias, los aprendizajes que haya hecho, su carácter y situaciones concretas. Lo que sí es característico para todos nosotros es que las emociones básicas vienen acompañadas de reacciones fisiológicas concretas. Mientras que las secundarias han sido reacciones adquiridas.
Entre las respuestas emocionales primarias destacamos las 4 que hemos comentado anteriormente, que han sido las catalogadas en la actualidad como las emociones básicas y por lo tanto innatas en todo ser humano:
- Miedo: esta emoción aparece como una señal de anticipación a una amenaza o un peligro. Nos produce ansiedad, incertidumbre e inseguridad. Nos proporciona unas señales características para comprender que debemos estar alerta ante la situación que nos encontramos. «El miedo es una valiosísima señal que indica una desproporción entre la amenaza a la que nos enfrentamos y los recursos con que contamos para resolverla. Sin embargo, nuestra confusión e ignorancia lo han convertido en una “emoción negativa” que debe ser eliminada.» (Norberto Levy)
- Alegría: produce euforia, sensación de bienestar y seguridad. Esta es sin lugar a dudas la emoción más aceptada. Aparece ante circunstancias en las que podemos estar en paz, contentos y cómodos. Nos invita a repetir esas circunstancias en las que nos sentimos bien.
- Tristeza: nos conduce hacia la pena, la soledad y la introspección. Bajo este estado surge la nueva posibilidad de una nueva reintegración personal. Nos cuestionamos la forma de ver las cosas y de vivirlas, para adquirir nuevos valores y aprendizajes.
- Ira: se presenta a través de la rabia, la furia, la irritabilidad, impaciencia, indignación y resentimiento. Nos indica algo que nos produce malestar. La ira es una forma intermedia entre el enfado y el odio. Es una señal de que hay algo que no hemos resuelto de nosotros mismos, que nos genera ese malestar ante una situación determinada, apareciendo intensamente mediante la ira.
Estas emociones básicas poseen componentes conductuales particulares. Las mostramos externamente de forma diferente dependiendo de diversos factores. Podemos, en cierta medida, controlar su intensidad, basándonos en nuestro aprendizaje familiar y grupal en relación a nuestra cultura. Las emociones se ven reflejadas a través de: expresiones faciales, distanciamiento o acercamiento, acciones y gestos, comunicación no verbal.
Los demás componentes de cómo se expresan las emociones serían fisiológicos y por lo tanto involuntarios. Se manifiestan de las siguientes formas: sonrojo, temblores, sudoración, aumento del ritmo cardíaco, dilatación pupilar y respiración agitada.
Emociones secundarias
Las emociones secundarias, a diferencia de las primarias, no son innatas y no se tratan de emociones que estén relacionadas con nuestra supervivencia. Este tipo de emociones han sido aprendidas en relación al entorno y la cultura en la que nos hemos desarrollado. Tienen que ver con los aprendizajes que hemos hecho y el cómo percibimos cada situación. Tienen un componente, por ende, claramente cultural y personal.
Entre las emociones secundarias podríamos destacar algunas que todos conocemos, como la envidia, la vergüenza, la culpa y los celos. Son emociones más complejas y por lo tanto requieren de cierto desarrollo cognitivo. También son conocidas como «emociones sociales», puesto que surgen sobre todo en contexto de relación con otras personas. Además, están muy influenciadas por el proceso de socialización, por eso pueden ser distintas dependiendo de la cultura.
Entre sus características destacamos las siguientes:
- Tienen una gran influencia en la autoestima y el autoconcepto de la persona que las manifiesta.
- Están estrechamente influenciadas por las normas sociales, la cultura y el contexto predominante.
- Surgieron a través de las primeras representaciones humanas, en cuanto el ser humano tuvo conciencia de sí mismo.
- Sirven para la construcción de la identidad personal y son una gran fuente de autoconocimiento.
Tal y como podemos comprobar, las emociones secundarias también resultan útiles y es importante que les prestemos atención, puesto que nos aportan mucha información acerca de nosotros mismos. Son como una especie de sabiduría interna, a la que es conveniente escuchar y atender. Puede que muchas de nuestras reacciones no las comprendamos y nos resulten desagradables. Sin embargo, forman parte de lo que nosotros mismos somos y nos ayudan a comprendernos mejor.
La inteligencia emocional
El concepto de inteligencia emocional, popularizado por el psicólogo Daniel Goleman en 1995, se refiere a la capacidad de reconocer, comprender y gestionar nuestras propias emociones, así como las de los demás. Se compone de cinco habilidades fundamentales:
- Autoconciencia emocional: capacidad de identificar y nombrar las propias emociones en el momento en que se producen.
- Autorregulación: habilidad para gestionar las emociones de forma apropiada, sin suprimirlas ni dejarse dominar por ellas.
- Motivación: capacidad de dirigir las emociones hacia objetivos personales, manteniendo el esfuerzo a pesar de las dificultades.
- Empatía: habilidad para reconocer y comprender las emociones de los demás, poniéndose en su lugar.
- Habilidades sociales: capacidad de gestionar las relaciones interpersonales de forma eficaz, incluyendo la comunicación, la resolución de conflictos y el trabajo en equipo.
Las investigaciones han demostrado que la inteligencia emocional es un predictor significativo del bienestar psicológico, la satisfacción en las relaciones interpersonales, el rendimiento laboral y la salud física.
Estrategias para una buena gestión emocional
En definitiva, tanto en las emociones primarias como en las secundarias, es importante dejar que aparezcan para poder escucharlas y atenderlas. Al intentar ocultarlas y evitarlas, estamos en muchas ocasiones otorgándoles un poder sobre nosotros amplificando su intensidad. Nuestra salud se ve deteriorada cuando no hacemos una buena gestión emocional, al igual que nuestras relaciones personales se ven condicionadas y afectadas.
Algunas estrategias respaldadas por la evidencia científica para mejorar la regulación emocional incluyen:
- Identificar y nombrar la emoción: el simple hecho de ponerle nombre a lo que sentimos (un proceso conocido como «etiquetado afectivo») reduce la activación de la amígdala cerebral y disminuye la intensidad emocional.
- Reevaluación cognitiva: consiste en reinterpretar la situación que provoca la emoción desde una perspectiva diferente, lo que puede modificar la respuesta emocional.
- Mindfulness o atención plena: observar las emociones sin juzgarlas permite aceptarlas sin dejarse arrastrar por ellas. Diversas investigaciones han demostrado su eficacia en la reducción del estrés y la ansiedad.
- Expresión emocional adecuada: comunicar lo que sentimos de forma asertiva a las personas de nuestro entorno favorece la salud emocional y fortalece las relaciones.
- Actividad física: el ejercicio regular libera endorfinas y favorece la regulación de neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, como la serotonina y la dopamina.
- Escritura expresiva: escribir sobre las propias emociones y experiencias difíciles ha demostrado beneficios para la salud física y mental.
Cuándo buscar ayuda profesional
Aunque gestionar las emociones es una habilidad que todos podemos desarrollar, existen situaciones en las que resulta recomendable buscar la ayuda de un profesional de la salud mental:
- Cuando las emociones interfieren significativamente en la vida cotidiana (trabajo, relaciones, actividades diarias).
- Cuando se experimenta una tristeza intensa y prolongada que no mejora con el tiempo.
- Cuando la ansiedad es constante y desproporcionada respecto a las situaciones que la provocan.
- Cuando la ira se manifiesta de forma explosiva o violenta de manera recurrente.
- Cuando se recurre al consumo de sustancias (alcohol, drogas) para manejar las emociones.
- Cuando aparecen síntomas físicos persistentes sin causa médica aparente (somatización).
No seas esclavo de tus emociones, aprende y alíate con ellas para sacarle todo el provecho a tu sabiduría interna.
Referencias
- Ekman P. Emotions Revealed: Recognizing Faces and Feelings to Improve Communication and Emotional Life. Times Books; 2003.
- Jack RE, Garrod OGB, Schyns PG. Dynamic facial expressions of emotion transmit an evolving hierarchy of signals over time. Current Biology. 2014;24(2):187-192.
- Goleman D. Inteligencia emocional. Editorial Kairós; 1995.
- Damasio AR. El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. Editorial Crítica; 1994.
- Barrett LF. How Emotions Are Made: The Secret Life of the Brain. Houghton Mifflin Harcourt; 2017.
- Gross JJ. Emotion Regulation: Current Status and Future Prospects. Psychological Inquiry. 2015;26(1):1-26.
- Pennebaker JW. Writing about emotional experiences as a therapeutic process. Psychological Science. 1997;8(3):162-166.
- Nummenmaa L, Glerean E, Hari R, Hietanen JK. Bodily maps of emotions. Proc Natl Acad Sci USA. 2014;111(2):646-651.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.