Escala EVA: qué es y cómo se utiliza para valorar el dolor

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Escala EVA: qué es y cómo se utiliza para valorar el dolor
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EVA es el nombre que recibe una escala horizontal utilizada para medir el dolor en el ámbito de la sanidad. La escala EVA permite establecer una valoración del dolor que oscila entre 0 y 10, siendo el 0 la ausencia completa de dolor y el 10 un dolor insoportable.

La escala EVA se representa por medio de una línea horizontal, la cual se muestra al paciente para que marque la zona exacta en la que considera que se encuentra el grado de dolor que padece. Una vez marca en la línea, el profesional sanitario procede a la medición haciendo uso de una regla.

Qué es la escala EVA

Qué es la escala EVA

La escala EVA (Escala Visual Analógica) es una línea recta de 10 centímetros de longitud. En su extremo izquierdo aparece la indicación “sin dolor”, y en el extremo derecho la de “dolor insoportable”. Es el paciente quien debe señalar cuál es el punto de dicha línea que mejor se ajusta a cómo percibe la intensidad del dolor que está sufriendo.

Fue desarrollada originalmente por Huskisson en 1974 y desde entonces se ha convertido en una de las herramientas más utilizadas y validadas para la medición subjetiva del dolor en la práctica clínica y la investigación.

Antes de aplicar la escala EVA el profesional sanitario debe determinar si el paciente se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales. En el caso de niños o adultos con algún tipo de enfermedad neurodegenerativa, como por ejemplo el alzhéimer, es posible utilizar una escala diseñada con colores, o incluso con caras que expresen distintos grados de dolor (escala de Wong-Baker).

¿Por qué se usa la escala EVA?

EVA es la escala de dolor más utilizada en la actualidad. Su auge en el ámbito sanitario se debe en parte a que no existe ningún procedimiento que indique de forma objetiva cuál es la intensidad del dolor que sufre cada paciente.

La razón es que el dolor tiene un gran componente de origen psíquico y emocional. Además, en la valoración que cada paciente hace del dolor que sufre influyen componentes neurohormonales. Así, existe una gran diversidad de resultados posibles.

Entre las principales ventajas de la escala EVA destacan:

  • Sencillez de uso: no requiere equipamiento especial ni conocimientos previos por parte del paciente.
  • Rapidez: su aplicación apenas lleva unos segundos.
  • Sensibilidad: detecta cambios en la intensidad del dolor con mayor precisión que las escalas verbales simples.
  • Reproducibilidad: permite comparar mediciones a lo largo del tiempo en el mismo paciente.
  • Validez: ha sido ampliamente validada en numerosos estudios científicos para diferentes tipos de dolor.

Por lo tanto, este tipo de escalas son especialmente útiles para comprobar la evolución del paciente, pero no sirven para la extrapolación de datos a la población en su conjunto.

Aun así, la escala EVA es de gran utilidad para valorar por ejemplo cómo la administración de analgésicos puede controlar el dolor que sufre el paciente. De este modo, para los profesionales sanitarios resulta más sencillo establecer las pautas de tratamiento en relación con los niveles de dolor presentados. Y, por supuesto, esta escala les permite conocer cómo está respondiendo el paciente al tratamiento establecido.

Resultados de la escala EVA

La escala de evaluación del dolor permite establecer un total de tres niveles de dolor:

  • < 4: los valores inferiores a 4 señalan que la intensidad del dolor que sufre el paciente es leve o leve-moderada. Generalmente puede manejarse con analgésicos no opioides como paracetamol o ibuprofeno.
  • 4 - 6: si el paciente señala un área de la escala EVA entre 4 y 6 centímetros, quiere decir que su dolor oscila entre moderado y moderado-grave. Puede requerir analgésicos más potentes o combinaciones de fármacos.
  • > 6: cuando la evaluación del dolor es mayor a 6, el paciente se encuentra en una situación de dolor grave, muy grave o insoportable. Puede requerir opioides u otros tratamientos especializados.

Estas categorías orientan al profesional sanitario en la toma de decisiones terapéuticas, siguiendo el esquema de la escalera analgésica de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Otras escalas de valoración del dolor

Además de la escala EVA, existen otras herramientas utilizadas en la práctica clínica para medir el dolor:

  • Escala numérica (EN): el paciente asigna un número del 0 al 10 a su dolor de forma verbal, sin necesidad de una línea visual. Es especialmente útil en consultas telefónicas o cuando el paciente tiene dificultades visuales.
  • Escala verbal simple (EVS): clasifica el dolor en categorías como «sin dolor», «dolor leve», «dolor moderado» y «dolor intenso». Es la más sencilla, aunque menos sensible.
  • Escala de caras de Wong-Baker: diseñada para niños y pacientes con dificultades cognitivas. Utiliza dibujos de expresiones faciales que van desde una cara sonriente hasta una cara que llora.
  • Cuestionario de McGill: más complejo, evalúa no solo la intensidad sino también la cualidad del dolor (punzante, quemante, opresivo, etc.).

La elección de una u otra escala depende de las características del paciente, el contexto clínico y el objetivo de la evaluación.

La importancia de controlar el dolor

La importancia de controlar el dolor

El hecho de sentir dolor es una percepción que responde a la subjetividad. Así, hay algunos casos en los que los pacientes consideran que solo está en su mente y, por lo tanto, no deben prestarle atención. Esto puede llevar en ocasiones al paciente a no continuar con el tratamiento médico establecido.

Pues bien, a pesar de que la respuesta psicológica es una de las más notorias, no es la única complicación que se deriva del dolor. Y es que este produce además diversas alteraciones en las funciones normales del organismo, afectando al metabolismo y a la circulación sanguínea, entre otros factores.

No hay que olvidar que el dolor es uno de los estresores más poderosos que existen. Por lo tanto, si se mantiene durante un largo período de tiempo puede ocasionar los mismos resultados que la ansiedad y el estrés crónico: alteraciones del sueño, depresión, irritabilidad y disminución de la función inmunitaria.

Además, el dolor crónico no tratado puede generar un fenómeno conocido como sensibilización central, en el que el sistema nervioso amplifica las señales de dolor, haciendo que este se perciba con mayor intensidad incluso ante estímulos menores.

Es por todo ello que resulta tan importante controlar en la medida de lo posible el dolor. De este modo mejora la calidad de vida del paciente, y, además, las funciones de su organismo recobran la normalidad. Un adecuado manejo del dolor permite al paciente participar activamente en su rehabilitación, mantener sus actividades cotidianas y preservar su bienestar emocional.

Referencias

  1. Huskisson EC. Measurement of pain. Lancet. 1974;2(7889):1127-1131. PubMed
  2. Hawker GA, Mian S, Kendzerska T, French M. Measures of adult pain: Visual Analog Scale for Pain (VAS Pain), Numeric Rating Scale for Pain (NRS Pain), McGill Pain Questionnaire (MPQ), Short-Form McGill Pain Questionnaire (SF-MPQ), Chronic Pain Grade Scale (CPGS), Short Form-36 Bodily Pain Scale (SF-36 BPS), and Measure of Intermittent and Constant Osteoarthritis Pain (ICOAP). Arthritis Care Res. 2011;63(S11):S240-S252. PubMed
  3. Organización Mundial de la Salud. Directrices de la OMS sobre el tratamiento farmacológico del dolor. OMS
  4. Serrano-Atero MS, Caballero J, Cañas A, García-Saura PL, Serrano-Álvarez C, Prieto J. Valoración del dolor (I). Rev Soc Esp Dolor. 2002;9(2):94-108.
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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