Dieta del grupo sanguíneo

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Dieta del grupo sanguíneo
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Algunas dietas pueden traer consecuencias muy perjudiciales para la salud, por lo que conviene informarse en profundidad antes de poner en riesgo el buen funcionamiento del organismo. Entre las muchas dietas que ganan popularidad de manera recurrente se encuentra la dieta del grupo sanguíneo, una propuesta que, como veremos, carece de evidencia científica que la respalde.

Veamos a continuación cuál es el origen de esta dieta, en qué consiste y qué dice la ciencia sobre sus supuestos resultados.

Qué es la dieta del grupo sanguíneo

El origen de esta dieta se encuentra en la hipótesis del naturópata Peter J. D’Adamo (hijo de James D’Adamo, quien propuso la idea original), plasmada en su libro Eat Right 4 Your Type (1996). En él, D’Adamo pretendía establecer una relación entre el grupo sanguíneo de las personas y los alimentos que resultan saludables, neutros o nocivos para cada tipo.

Se trata de una teoría basada en una interpretación particular de la evolución del ser humano, según la cual el grupo sanguíneo aporta información sobre los orígenes ancestrales de cada individuo. A partir de esa premisa, se clasifica a las personas en grupos con unas supuestas necesidades dietéticas concretas.

Para esta clasificación se utiliza el sistema ABO, el mismo que se emplea en los hospitales para comprobar la compatibilidad sanguínea en transfusiones.

De este modo, esta dieta sostiene que las personas deben consumir determinados alimentos en función de su grupo sanguíneo para mejorar su estado de salud, prevenir ciertas enfermedades y alcanzar su peso ideal.

Aunque a primera vista la relación entre el tipo de sangre y las necesidades alimentarias puede parecer plausible, no existe ninguna prueba científica de su eficacia, tal y como se detalla más adelante.

Las indicaciones dietéticas para cada grupo sanguíneo

Según el autor de esta teoría, el tipo de sangre refleja la conducta de los ancestros de cada individuo y hay que basarse en dichas conductas para alimentarse.

Tal y como explica D’Adamo, originariamente solo existía un único grupo de sangre, el tipo O, y con el desarrollo de la agricultura y de la sociedad aparecieron nuevos grupos sanguíneos: el tipo A, el tipo B y el tipo AB.

Verdades sobre la dieta del grupo sanguíneo

Cada uno de estos grupos tiene, según él, unas características concretas que precisan una dieta basada en ciertos alimentos. De esta forma, establece que, si se siguen estrictamente las indicaciones en cada caso, se obtendrá una mejora en el estado de salud, se prevendrán diversas enfermedades y se alcanzará un peso óptimo.

La clasificación que realiza para cada grupo sanguíneo es la siguiente:

  • Tipo O. Según D’Adamo, es el grupo más antiguo y desciende de los primeros cazadores. Por este motivo, se le recomienda una alimentación basada principalmente en una importante ingesta de proteínas de origen animal, concretamente carne. Supuestamente, su aparato digestivo es muy resistente y deben realizar ejercicio intenso para combatir el estrés. El tipo de dieta recomendado para este grupo es muy similar a la también popular dieta paleolítica, que igualmente carece de respaldo científico sólido.
  • Tipo A. Supuestos descendientes de los primeros agricultores, precisan una dieta vegetariana para mantenerse sanos y en forma. Según la teoría, tienen un aparato digestivo delicado y deben realizar ejercicios de baja intensidad y moderados. Deben evitar el consumo de carne y de lácteos.
  • Tipo B. Las personas que pertenecen a este grupo sanguíneo deberían consumir una gran cantidad de productos lácteos. Al ser supuestos descendientes de tribus nómadas, tienen un sistema digestivo tolerante y precisan mantener un equilibrio entre la actividad física y la actividad mental.
  • Tipo AB. Considerado un híbrido entre los tipos A y B, se recomienda a los individuos con este grupo sanguíneo que sigan las indicaciones señaladas para ambos grupos.

Qué dice la ciencia

Pese a que algunos seguidores de esta dieta afirman haber obtenido buenos resultados, no existe evidencia científica que respalde la relación entre el grupo sanguíneo y las necesidades dietéticas. La investigación disponible contradice de forma clara las premisas de D’Adamo.

Revisión sistemática de 2013

Una revisión sistemática publicada en The American Journal of Clinical Nutrition por Cusack et al. (2013) analizó toda la literatura científica disponible hasta la fecha y concluyó que no existían pruebas que validasen los supuestos beneficios de las dietas basadas en el grupo sanguíneo. Los autores señalaron que, a pesar de la popularidad de esta dieta, no se había realizado ningún estudio riguroso que demostrase su eficacia.

Estudio de la Universidad de Toronto (2014)

Un estudio posterior, realizado en la Universidad de Toronto por Wang et al. (2014) y publicado en PLOS ONE, analizó a 1.455 participantes. Los resultados arrojados por la investigación no establecían relación alguna entre el grupo de sangre y los efectos de la dieta. Los beneficios observados se debían a la calidad de los alimentos consumidos, no al grupo sanguíneo del individuo.

Por ejemplo, quienes siguieron la dieta recomendada para el tipo A (rica en vegetales) mostraron una disminución del índice de masa corporal (IMC), del colesterol, de la presión arterial, de la glucosa en sangre y de los triglicéridos. Sin embargo, estos beneficios se observaron independientemente del grupo sanguíneo del participante.

Por qué algunos obtienen resultados

Dado que la dieta del tipo A recomienda una alimentación basada en vegetales, los resultados positivos son esperables: la Academia de Nutrición y Dietética señala que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas «son saludables, nutricionalmente adecuadas y pueden aportar beneficios para la salud en la prevención y el tratamiento de ciertas enfermedades».

Los beneficios no se deben a la dieta del grupo sanguíneo en sí misma, sino al cambio hacia una alimentación más saludable, rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.

Conclusiones

La hipótesis de la dieta del grupo sanguíneo, que establece una relación directa entre cada tipo de sangre y los alimentos que deben consumirse, no está avalada científicamente. Las revisiones sistemáticas y los estudios clínicos disponibles han concluido de forma unánime que no existe tal relación.

Los testimonios de quienes afirman haber obtenido buenos resultados tras seguir esta dieta pueden deberse simplemente a un cambio nutricional hacia alimentos más saludables, como las legumbres, las verduras, los cereales integrales o la fruta.

Las personas vegetarianas que gozan de una buena salud y que pertenecen al grupo sanguíneo tipo O, o aquellas personas del grupo B que son intolerantes a la lactosa, no tendrán dudas en cuanto a la falta de validez de la dieta del grupo sanguíneo.

Conviene dar la importancia necesaria a las dietas y nunca poner en riesgo la salud adoptando hábitos cuyos supuestos beneficios carecen de respaldo científico. Adquirir hábitos saludables que incluyan una alimentación equilibrada y variada, junto con la práctica de ejercicio adaptado a las necesidades específicas de cada persona, es la forma más segura de mejorar el estado de salud sin correr riesgos.

Referencias

  1. Cusack, L., De Buck, E., Compernolle, V., & Vandekerckhove, P. (2013). Blood type diets lack supporting evidence: a systematic review. The American Journal of Clinical Nutrition, 98(1), 99–104.
  2. Wang, J., García-Bailo, B., Nielsen, D. E., & El-Sohemy, A. (2014). ABO Genotype, ‘Blood-Type’ Diet and Cardiometabolic Risk Factors. PLOS ONE, 9(1), e84749.
  3. Melina, V., Craig, W., & Levin, S. (2016). Position of the Academy of Nutrition and Dietetics: Vegetarian Diets. Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, 116(12), 1970–1980.
Sergio Pérez

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Sergio Pérez

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Redactor especializado en salud y bienestar en eSalud.

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