Coma inducido

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Coma inducido
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Se conoce como coma inducido a un estado de inconsciencia profunda mediante la administración de determinados fármacos. Se trata de un procedimiento médico que se aplica en aquellos casos en los que el paciente presenta alguna lesión que aumente la presión intracraneal. Así, en el coma inducido el paciente permanece completamente sedado, de forma que no responde a ningún tipo de estímulo.

¿Qué es el coma inducido?

El coma inducido, también denominado coma farmacológico, es un procedimiento médico en el que se somete al paciente a sedación profunda con el principal objetivo de reducir su consumo tanto de oxígeno como de energía. De este modo se busca proteger el cerebro del paciente, proporcionándole tiempo para que se recupere de las lesiones.

Los fármacos más utilizados para inducir este estado son los barbitúricos (como el pentobarbital o el tiopental) y el propofol, que actúan deprimiendo la actividad del sistema nervioso central y reduciendo el metabolismo cerebral [1].

Por lo general, el equipo médico decide aplicar el coma inducido cuando hay un alto riesgo de que se desarrolle una lesión secundaria en el cerebro debido a la presión intracraneal. La hinchazón e inflamación son una respuesta natural del organismo durante el proceso de curación.

No obstante, en el cerebro pueden resultar dañinas, ya que una presión excesiva puede dar lugar a que determinadas zonas de este órgano no reciban la sangre que necesitan para funcionar de forma adecuada.

De este modo, mediante el coma inducido se reduce el flujo de sangre y la actividad cerebral, logrando con ello la disminución de la presión intracraneal. En consecuencia, la inflamación e hinchazón se reducen.

Una vez los médicos determinan que el paciente cumple las condiciones necesarias para salir del coma inducido, le retiran la sedación de forma progresiva. A partir de ese momento se llevan a cabo una serie de pruebas neurológicas y exámenes para evaluar las posibles secuelas. La pérdida de memoria a corto plazo es una consecuencia frecuente del coma inducido [2].

¿De qué sirve el coma inducido?

¿De qué sirve el coma inducido?

El principal objetivo de este procedimiento médico es que el paciente permanezca durante un determinado periodo de tiempo en un estado de inconsciencia. De este modo se reduce el dolor y se facilita la aplicación de otros tratamientos, al mismo tiempo que se permite que el cerebro siga funcionando para mantener las constantes vitales.

Son varias las razones que pueden llevar a someter a un paciente a un coma inducido. Una de las más frecuentes es una lesión cerebral traumática grave, que dé lugar a un aumento de la presión intracraneal [3].

También es habitual tras una operación neurológica, cuando existe un cierto riesgo de que el cerebro del paciente no reciba la cantidad de oxígeno que necesita para funcionar de manera adecuada.

Del mismo modo, el coma inducido se aplica cuando el paciente presenta una enfermedad respiratoria grave, como una neumonía severa, que le obligue a necesitar ventilación mecánica asistida.

Y, por último, este procedimiento también puede aplicarse en aquellos casos en los que el dolor físico del paciente es muy intenso debido a las lesiones que padece.

Causas del coma inducido

Existen una serie de trastornos, generalmente neurológicos, por los que en ocasiones los médicos deciden aplicar el coma inducido.

Ictus

El ictus cerebral es una enfermedad caracterizada por la interrupción repentina del flujo sanguíneo en el cerebro, ya sea por la obstrucción de un vaso sanguíneo o por la rotura del mismo; en determinadas ocasiones pueden darse ambas condiciones. Así, en función de cuál sea su origen, se diferencia entre ictus isquémico (obstrucción de una arteria cerebral) o ictus hemorrágico (sangrado de una arteria cerebral). A día de hoy es una de las principales causas de muerte y de discapacidad permanente entre la población adulta [4].

Algunos de los síntomas que alertan de esta situación son los siguientes: pérdida repentina de la fuerza en un lado del cuerpo, alteración de la sensibilidad, pérdida de visión, dificultad repentina para hablar y entender el lenguaje, y dolor de cabeza intenso.

Meningitis

Se conoce como meningitis a la inflamación de las membranas que rodean el cerebro y la médula espinal. Por lo general, se desarrolla a causa de una infección de origen vírico, aunque también puede tener su origen en una bacteria u otro microorganismo [5].

Los síntomas propios de la meningitis son los siguientes: dolor de cabeza, fiebre elevada y rigidez del cuello. Ante la aparición de estos indicios es fundamental solicitar asistencia médica de manera urgente.

Sepsis

La sepsis es un trastorno de carácter grave que se da cuando el organismo genera una respuesta inflamatoria descontrolada ante una infección. Las sustancias químicas liberadas por el sistema inmunitario provocan una inflamación generalizada que disminuye el flujo sanguíneo. Como consecuencia, los órganos no reciben los nutrientes y el oxígeno que necesitan, una situación crítica que puede derivar en un shock séptico [6].

Aunque cualquier persona puede desarrollar sepsis, existen ciertos grupos de población en los que esta enfermedad es más frecuente. Es el caso de bebés, niños y personas mayores. También presentan mayor riesgo los pacientes con trastornos como diabetes, VIH o cáncer.

Aneurisma

Un aneurisma cerebral es la dilatación anómala de un vaso sanguíneo en el cerebro. Existe un alto riesgo de rotura, en cuyo caso se produce una hemorragia cerebral. Se trata de una situación potencialmente mortal que requiere tratamiento médico inmediato [7].

Los síntomas que indican la rotura de un aneurisma son: dolor de cabeza intenso que aparece de forma súbita, vómitos, rigidez en el cuello, convulsiones, pérdida del conocimiento y confusión.

Riesgos y secuelas

Riesgos del coma inducido

Los riesgos que presenta este procedimiento médico son considerables. Hay que tener en cuenta que el coma inducido se aplica cuando el estado físico y/o neurológico del paciente es muy grave. Hasta el momento, a pesar de los numerosos estudios que se han llevado a cabo acerca del coma inducido y sus beneficios, la evidencia científica sobre su eficacia sigue siendo objeto de debate [8].

Si bien es cierto que mientras el paciente permanece en coma inducido está inconsciente y, por lo tanto, no sufre, los beneficios en lo relativo a su recuperación no se han podido demostrar de un modo concluyente en todos los escenarios clínicos.

Entre los riesgos asociados al coma inducido se encuentran las infecciones nosocomiales, la hipotensión arterial, la trombosis venosa profunda y las complicaciones derivadas de la ventilación mecánica prolongada [2].

Secuelas del coma inducido

Algunas de las secuelas que se presentan con mayor frecuencia son de carácter motor, como por ejemplo la parálisis parcial o total del cuerpo, así como la pérdida de fuerza y destreza en las extremidades.

Las secuelas cognitivas también son habituales en pacientes que han permanecido en estado de coma inducido durante un largo periodo de tiempo: deterioro de la memoria, dificultad para controlar los impulsos o alteraciones del lenguaje y la deglución [2].

¿Cuánto tiempo se puede permanecer en coma inducido?

Una de las cuestiones más habituales tiene que ver con el periodo de tiempo que se puede permanecer en coma inducido. Lo cierto es que no existe una respuesta definitiva, ya que depende en primer lugar de la causa que ha llevado a la aplicación de este procedimiento y, en segundo lugar, de la evolución clínica del propio paciente.

En algunos casos el paciente permanece en coma inducido unos pocos días, mientras que en otros la situación puede prolongarse durante varias semanas o incluso meses. El equipo médico evalúa de forma continua la necesidad de mantener la sedación [3].

Despertar del coma inducido

Despertar del coma inducido

Las probabilidades de despertar del coma inducido son generalmente mayores que las de un paciente que haya entrado en coma de forma espontánea. La razón es que en este caso se trata de un estado controlado por los médicos, en el que la sedación se aplica de manera artificial y puede retirarse progresivamente.

Las probabilidades de despertar del coma inducido varían en función del tiempo que haya permanecido el paciente en ese estado, así como de la gravedad de la lesión subyacente. Diversos estudios indican que cuanto más breve sea la duración del coma inducido, mejores son las perspectivas de recuperación tanto a nivel físico como cognitivo [9].

Cuando el coma inducido se prolonga durante periodos extensos, las probabilidades de una recuperación completa se reducen significativamente. En aquellos casos en los que el periodo de sedación es muy prolongado, es más probable que persistan secuelas de diversa gravedad, debido al tiempo de inactividad cerebral.

Proceso

Una vez el paciente despierta tras haber permanecido un determinado periodo de tiempo en coma inducido, su interacción con el entorno no es en absoluto inmediata. Este es un factor importante que deben tener en consideración tanto los familiares como el propio equipo sanitario.

La recuperación es un proceso gradual que puede durar más o menos tiempo en función de la gravedad de la lesión, del tiempo que el cerebro haya permanecido en estado de inconsciencia y de las secuelas presentes.

Tiempo que se tarda en despertar del coma inducido

Una vez los médicos retiran la sedación farmacológica, no todos los pacientes despiertan del coma inducido en cuestión de minutos. Es más, en algunos casos puede demorarse varias horas e incluso días.

Son varios los factores que determinan de algún modo el tiempo de recuperación, siendo los más relevantes los siguientes. Por un lado, el tiempo que el paciente haya permanecido en coma inducido; tal y como se ha señalado, cuanto mayor sea el periodo de inactividad cerebral, aumentan de forma notable las probabilidades de que algunas de las funciones del cerebro se vean afectadas.

Por otro lado, la propia intensidad de la sedación, la cual varía en función de la lesión presentada por el paciente y su estado tanto físico como neurológico. Además, influye la edad del paciente; por lo general, son las personas adultas jóvenes quienes presentan un periodo de recuperación más rápido [9].

Y, por último, la gravedad de la lesión que haya llevado a aplicar este procedimiento.

Coma inducido y sedación

Hay quienes consideran ambos procedimientos médicos como sinónimos, pero son conceptos diferentes. En el caso del coma inducido, el paciente es sometido a un estado de inconsciencia profunda. Mientras que en la sedación, este permanece en un estado de semi-inconsciencia para que se encuentre lo más cómodo posible durante una intervención quirúrgica o un procedimiento diagnóstico.

La sedación se administra mediante un catéter intravenoso y sus efectos secundarios son generalmente mínimos. Por el contrario, el coma inducido únicamente se puede aplicar en las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los centros hospitalarios y, en un alto porcentaje de casos, puede dar lugar a una serie de secuelas [2].

Conclusión

A modo de conclusión, es importante destacar que las secuelas neurológicas del coma inducido pueden ser de carácter grave. Es por ello que en ningún caso se recomienda su aplicación de manera indiscriminada. Debe realizarse únicamente cuando sea estrictamente necesario; es decir, cuando una lesión cerebral dé lugar a un aumento de la presión intracraneal o cuando el estado del paciente así lo requiera.

Durante este procedimiento el cerebro se mantiene en un estado de mínima actividad, mientras sus constantes permanecen monitorizadas en todo momento. De este modo se protege el cerebro y se le brinda al organismo un periodo de tiempo para que se recupere.

Referencias

  1. Roberts, I. (2000). Barbiturates for acute traumatic brain injury. Cochrane Database of Systematic Reviews, (2). CD000033.
  2. Mah, J. et al. (2018). Long-term outcomes after prolonged sedation in the ICU. Critical Care Medicine, 46(10), e974–e980.
  3. Stocchetti, N., & Maas, A. I. (2014). Traumatic intracranial hypertension. New England Journal of Medicine, 370(22), 2121–2130.
  4. Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Guía de actuación clínica en el ictus. Disponible en: https://www.sen.es
  5. van de Beek, D. et al. (2016). Community-acquired bacterial meningitis. The Lancet, 388(10063), 3036–3047.
  6. Singer, M. et al. (2016). The Third International Consensus Definitions for Sepsis and Septic Shock (Sepsis-3). JAMA, 315(8), 801–810.
  7. Rinkel, G. J. et al. (1998). Prevalence and risk of rupture of intracranial aneurysms: a systematic review. Stroke, 29(1), 251–256.
  8. Cottenceau, V. et al. (2011). Comparison of effects of equipotent doses of propofol versus midazolam on cerebral blood flow and metabolism in traumatic brain injury. Anesthesiology, 114(3), 533–541.
  9. Wijdicks, E. F. M., & Cranford, R. E. (2005). Clinical diagnosis of prolonged states of impaired consciousness in adults. Mayo Clinic Proceedings, 80(8), 1037–1046.
Janire Manzanas

Escrito por

Janire Manzanas

Periodista de salud

Universidad del País Vasco

Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.

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