¿Qué son los diuréticos y cómo administrarlos de manera segura?
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué son los diuréticos?
- 2.Tipos de diuréticos
- Diuréticos de asa
- Diuréticos tiazídicos
- Diuréticos ahorradores de potasio
- Diuréticos osmóticos
- Inhibidores de la anhidrasa carbónica
- ¿Cómo se administran?
- 3.¿Qué enfermedades se tratan con los diuréticos?
- 4.Efectos secundarios
- 5.Interacciones con otros medicamentos
- 6.Recomendaciones para un uso seguro
- Embarazo y lactancia
- 7.Preguntas frecuentes
- ¿Se pueden usar los diuréticos para adelgazar?
- ¿Cuánto tiempo puedo tomar diuréticos?
- ¿Los diuréticos pueden afectar a los riñones?
- 8.Referencias
Al definir qué son los diuréticos, se habla de un tipo de medicamento que ayuda a reducir la acumulación de líquido en el organismo. Este proceso se logra mediante un aumento de la excreción de orina, lo que a su vez puede incidir en la eliminación de otras sustancias como el sodio, el cloro y el potasio.
Debido a esto, es posible que ayude en el tratamiento de otras afecciones como problemas del corazón y pulmonares. Sin embargo, algunas personas los han utilizado para bajar de peso. Esto es posible únicamente cuando el aumento de peso es provocado por retención de líquido, y su uso con este fin sin supervisión médica puede ser peligroso.
¿Qué son los diuréticos?
También conocidos como píldoras de agua, los diuréticos son fármacos que favorecen la excreción de líquidos al provocar que los riñones produzcan más orina. Esto facilita la eliminación de sustancias como el sodio y el cloro. Para obtener este efecto, los túbulos renales absorben menos líquido, permitiendo aumentar la cantidad de orina que se expulsa.

Al haber menos líquido circulando en el organismo, el corazón puede funcionar mucho mejor, lo cual sirve para mantener la presión arterial en niveles adecuados. A su vez, se considera el tratamiento ideal para la insuficiencia cardíaca y el edema. En este último caso se trata de la acumulación de líquido en ciertas partes del cuerpo.
Tipos de diuréticos
La manera en que actúa este fármaco dependerá del tipo de diurético que se utilice. Cada tipo actúa en una zona diferente de la nefrona (la unidad funcional del riñón) y tiene características farmacológicas distintas:
Diuréticos de asa
Están considerados como los diuréticos más potentes, permitiendo la eliminación de sodio en un 25 %. Tienen su efecto en la rama ascendente del asa de Henle, de ahí el nombre de este tipo de medicamentos. Al actuar en esta zona, se produce un efecto inhibidor del transporte de sodio y cloro. Esto se traduce en una mayor eliminación de sodio y agua del organismo.
Los diuréticos de asa más utilizados son la furosemida, la torasemida y la bumetanida. Tienen un inicio de acción rápido (15-30 minutos por vía oral, 5 minutos por vía intravenosa) y una duración relativamente corta (4-6 horas), por lo que a menudo se administran dos veces al día.
Son especialmente útiles en situaciones de edema agudo de pulmón, insuficiencia cardíaca descompensada y cuando se necesita una diuresis intensa y rápida.
Diuréticos tiazídicos
Se consideran como el tratamiento de primera línea para pacientes que sufren hipertensión. Y es que este fármaco permite que los vasos se dilaten, permitiendo un mejor flujo de sangre. Inhiben el transporte de sodio y cloro en el túbulo contorneado distal, provocando que aumente la cantidad de potasio que se elimina.
Los más utilizados son la hidroclorotiazida, la clortalidona y la indapamida. Tienen una duración de acción más prolongada que los diuréticos de asa (12-24 horas), lo que permite una sola toma al día.
Diuréticos ahorradores de potasio
Tienen su efecto en la porción distal del túbulo renal. De esta manera, es posible que aumente la excreción de sodio sin que se elimine el potasio. Algunos médicos suelen optar por un tratamiento combinado con otros diuréticos que sí eliminan el potasio para contrarrestar la pérdida de este mineral.
Se dividen en dos subgrupos:
- Antagonistas de la aldosterona: como la espironolactona y la eplerenona. Bloquean la acción de la aldosterona, una hormona que promueve la retención de sodio y la excreción de potasio. La espironolactona ha demostrado reducir la mortalidad en pacientes con insuficiencia cardíaca grave.
- Bloqueantes directos del canal de sodio: como la amilorida y el triamtereno. Actúan directamente sobre los canales de sodio del túbulo colector.
Diuréticos osmóticos
Aunque menos utilizados en la práctica clínica habitual, los diuréticos osmóticos como el manitol actúan aumentando la osmolaridad del plasma y del filtrado tubular, lo que arrastra agua e impide su reabsorción. Se administran por vía intravenosa y se utilizan principalmente en situaciones de urgencia como el edema cerebral o el glaucoma agudo.
Inhibidores de la anhidrasa carbónica
La acetazolamida es el representante principal de este grupo. Actúa inhibiendo la enzima anhidrasa carbónica en el túbulo proximal, lo que reduce la reabsorción de bicarbonato y, secundariamente, de sodio y agua. Su uso como diurético es limitado, pero se emplea en el tratamiento del glaucoma, la epilepsia y el mal de altura.
¿Cómo se administran?
Los diuréticos pueden ser administrados por vía oral en presentaciones de comprimidos o tabletas. También por vía parenteral (intravenosa o intramuscular) en ampollas, especialmente cuando se necesita un efecto rápido o el paciente no puede tomar medicación oral.
Se recomienda generalmente tomar los diuréticos por la mañana para evitar que el aumento de la micción interfiera con el descanso nocturno. Si se necesitan dos dosis diarias, la segunda debe tomarse a primera hora de la tarde.
¿Qué enfermedades se tratan con los diuréticos?
Al estar relacionados estrechamente con la eliminación de líquido del organismo, muchos los consideran como un tratamiento efectivo para la pérdida de peso. Sin embargo, se utilizan por excelencia para tratar las siguientes patologías:
- Hipertensión arterial: los diuréticos tiazídicos son uno de los tratamientos de primera línea para regular los niveles de presión arterial.
- Insuficiencia cardíaca: los diuréticos de asa y los ahorradores de potasio son fundamentales en el manejo de la retención de líquidos asociada a la insuficiencia cardíaca.
- Cuadros edematosos persistentes: edemas de origen cardíaco, hepático o renal.
- Enfermedad renal crónica: para el manejo de la sobrecarga de líquidos.
- Hiperaldosteronismo secundario provocado por hipertensión portal. Para estos casos, se recomienda usar un diurético antialdosterónico, como el caso de la espironolactona.
- Osteoporosis: el uso de diuréticos tiazídicos favorece la retención de calcio, lo que puede aumentar la densidad mineral ósea y reducir el riesgo de fractura de cadera en adultos mayores.
- Síndrome nefrótico.
- Cirrosis hepática: para el manejo de la ascitis y los edemas.
- Diabetes insípida.
- Glaucoma: los inhibidores de la anhidrasa carbónica reducen la producción de humor acuoso.
Hay que tener en cuenta que en todos estos casos se recomienda que se siga una dieta baja en sodio para mejorar la eficacia del diurético.
Efectos secundarios
Estos fármacos presentan efectos secundarios así como cualquier otro medicamento, lo cual puede generar muchas molestias al paciente. Por ello es clave conocer estas reacciones para tener una noción real de qué son los diuréticos y cómo deben manejarse.

Entre los efectos adversos más comunes destacan:
- Alteraciones hidroelectrolíticas: considerado como la reacción más común hacia los diuréticos. Al favorecer la eliminación del sodio puede provocarse hiponatremia, con complicaciones del sistema nervioso central. También puede observarse una disminución o aumento de los niveles de potasio en el organismo, dependiendo del tipo de diurético que se esté administrando. La hipopotasemia (potasio bajo) es especialmente peligrosa porque puede causar arritmias cardíacas. Por tal razón, se recomienda monitorizar la concentración de electrolitos de forma regular.
- Es posible que al interactuar con otros medicamentos como antihipertensivos, AINE, heparina o el trimetoprima-sulfametoxazol se produzcan ciertos desequilibrios.
- Hiperuricemia: al reducirse la cantidad de líquido que circula en el organismo, existe predisposición al aumento de los niveles de ácido úrico en sangre. Esto puede precipitar un ataque de gota en personas predispuestas. Suele presentarse mayormente con diuréticos tiazídicos o de asa.
- Hipo/hipercalcemia: cuando se utilizan diuréticos tiazídicos se puede producir acumulación de calcio ya que disminuye su excreción. Por el contrario, si el tratamiento es a base de diuréticos de asa, su eliminación será mayor.
- Mareos y sensación de inestabilidad.
- Náuseas y vómitos.
- Dolor de cabeza.
- Deshidratación, razón por la cual a veces será necesario aumentar la ingesta de agua.
- Dolor articular (asociado al aumento de ácido úrico).
- Problemas cardíacos asociados a la pérdida de potasio, que pueden llegar a ser graves.
- Aumento de la frecuencia urinaria.
- Sarpullidos y molestias cutáneas.
- Calambres musculares (frecuentemente por la pérdida de potasio y magnesio).
- Sensibilidad a la luz del sol (fotosensibilidad, especialmente con tiazidas).
- Disfunción eréctil (más frecuente con tiazidas y espironolactona).
- Ototoxicidad, un efecto secundario asociado específicamente a los diuréticos de asa, especialmente a dosis altas o en administración rápida por vía intravenosa.
- Ginecomastia: la espironolactona puede causar aumento del tejido mamario en varones debido a su efecto antiandrogénico.
Interacciones con otros medicamentos
Para entender qué son los diuréticos y cómo funcionan, también es necesario tener noción de los efectos que puede provocar su administración junto con otros fármacos. Entre las interacciones más reconocidas se encuentran:
- Inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA) y antagonistas de los receptores de angiotensina II (ARA II): puede producirse una hipotensión de primera dosis asociada a dosis altas de ambos medicamentos. Se recomienda iniciar con una dosis baja de diuréticos y luego ir ajustando. En el caso de los ahorradores de potasio, puede ocurrir una acumulación excesiva de potasio (hiperpotasemia) e hipotensión, lo cual requiere un control cercano de estos pacientes.
- AINE: pueden reducir el efecto de los diuréticos al favorecer la retención de sodio y agua, por lo que el médico debe ir aumentando la dosis hasta evidenciar que funciona el tratamiento.
- Antiarrítmicos: la interacción suele darse con los glucósidos digitálicos. La pérdida de potasio causada por los diuréticos aumenta la toxicidad de la digoxina, pudiendo provocar arritmias graves. En estos casos se recomienda utilizar un diurético ahorrador de potasio para controlar esta situación.

- Cuando se trata de pacientes diabéticos que usan diuréticos tiazídicos, es posible que tengan un efecto hiperglucemiante, por lo que es necesario realizar ajuste de los fármacos hipoglucemiantes.
- Los corticoides aumentan la cantidad de potasio que se excreta, por lo que no deben ser utilizados junto con diuréticos no ahorradores de potasio sin control médico.
- El uso de litio y diuréticos tiazídicos aumenta la concentración sérica de litio, pudiendo provocar una intoxicación.
- Aminoglucósidos: al combinarlos con diuréticos de asa aumenta el riesgo de padecer nefrotoxicidad u ototoxicidad.
- Fenitoína: si se utilizan diuréticos de asa es posible que su efecto disminuya en un 50 %, siendo esencial realizar un ajuste de la dosis.
Recomendaciones para un uso seguro
Para garantizar un uso adecuado y seguro de los diuréticos, se deben tener en cuenta las siguientes recomendaciones:
- Seguir estrictamente las indicaciones del médico en cuanto a dosis, frecuencia y horario de toma.
- Realizar controles analíticos periódicos para monitorizar los niveles de electrolitos (sodio, potasio, magnesio), la función renal y el ácido úrico.
- Mantener una dieta equilibrada con un aporte adecuado de potasio (plátanos, naranjas, tomates, espinacas) cuando se utilizan diuréticos que eliminan este mineral, salvo indicación contraria del médico.
- Pesarse regularmente para detectar cambios bruscos de peso que puedan indicar retención o pérdida excesiva de líquido.
- Hidratarse adecuadamente, especialmente en épocas de calor o durante la práctica de ejercicio físico.
- No automedicarse: los diuréticos deben ser siempre prescritos por un médico que evalúe la indicación, el tipo más adecuado y la dosis necesaria.
Embarazo y lactancia
Una de las mayores preocupaciones es la administración de estos fármacos durante el curso de la gestación. Debido a que no existen estudios que avalen su seguridad de forma concluyente, se recomienda evitar su uso salvo que el beneficio supere claramente el riesgo.
En cuanto a la lactancia, los diuréticos se excretan por la leche materna, lo cual puede ser perjudicial para el bebé. Además, pueden reducir el flujo de leche, interfiriendo en la lactancia efectiva. Sin embargo, algunos como la clortalidona, espironolactona e hidroclorotiazida se excretan en cantidades mínimas, considerándose su uso compatible con la lactancia bajo supervisión médica.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden usar los diuréticos para adelgazar?
No se recomienda. Los diuréticos eliminan agua del organismo, no grasa. La pérdida de peso que producen es temporal y se recupera al rehidratarse. Además, su uso sin indicación médica puede provocar deshidratación y desequilibrios electrolíticos peligrosos.
¿Cuánto tiempo puedo tomar diuréticos?
La duración del tratamiento depende de la patología que se esté tratando. En la hipertensión y la insuficiencia cardíaca, el tratamiento suele ser crónico (de por vida). En caso de edemas puntuales, el tratamiento puede ser temporal. Siempre debe ser el médico quien determine la duración.
¿Los diuréticos pueden afectar a los riñones?
A dosis adecuadas y bajo supervisión médica, los diuréticos son seguros para la función renal. Sin embargo, un uso inadecuado (dosis excesivas, deshidratación, combinación con fármacos nefrotóxicos) puede comprometer la función renal, especialmente en personas con enfermedad renal previa.
Referencias
- Wile D. Diuretics: a review. Ann Clin Biochem. 2012;49(Pt 5):419-431.
- Roush GC, Kaur R, Ernst ME. Diuretics: a review and update. J Cardiovasc Pharmacol Ther. 2014;19(1):5-13.
- Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS). Fichas técnicas de medicamentos. Disponible en: https://cima.aemps.es
- MedlinePlus. Diuréticos. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003428.htm
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Hypertension in adults: diagnosis and management. Clinical guideline NG136. 2019.
- Sociedad Española de Cardiología (SEC). Guía clínica sobre insuficiencia cardíaca. Disponible en: https://secardiologia.es

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.