Principales enfermedades pulmonares graves
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Las enfermedades pulmonares han sido responsables de millones de muertes a lo largo de la historia. Según la Organización Mundial de la Salud, las infecciones de las vías respiratorias inferiores y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica se encuentran entre las diez principales causas de fallecimiento en el mundo (1). A pesar de los avances de la medicina moderna, siguen existiendo numerosas enfermedades pulmonares graves, algunas incurables y otras de muy difícil tratamiento.
En este artículo repasamos cinco de las más relevantes, seleccionadas por la gravedad de sus síntomas, su incidencia a nivel mundial y su impacto en la salud pública. Estas son las principales enfermedades pulmonares graves.
Neumonía: una de las enfermedades pulmonares graves más frecuentes
La neumonía es una enfermedad pulmonar de origen multifactorial. Puede estar causada por bacterias, virus u hongos, lo que dificulta en ocasiones la elección del tratamiento adecuado (2).
En esencia, se trata de una inflamación de los sacos alveolares, que son las estructuras donde se realiza el intercambio de oxígeno por dióxido de carbono (CO₂).

Esta inflamación puede provocar la acumulación de líquido o de pus en los alvéolos, lo que genera dificultad respiratoria progresiva.
Entre los síntomas más habituales de la neumonía se encuentran: fiebre, escalofríos, dolor torácico, tos con expectoración verdosa o purulenta, cianosis, dificultad respiratoria, taquipnea y malestar general.
El tratamiento se basa en antibióticos, antivirales o antifúngicos, según el agente causal identificado. La duración del tratamiento depende de la gravedad de la infección y del tipo de microorganismo implicado.
Uno de los mayores retos en el abordaje de la neumonía es la resistencia a los antibióticos que han desarrollado algunos microorganismos. La OMS considera la resistencia antimicrobiana una de las principales amenazas para la salud mundial, lo que complica el manejo de muchas infecciones pulmonares (3).
Fibrosis pulmonar
La fibrosis pulmonar es una enfermedad menos conocida que otras patologías respiratorias, pero destaca por la gravedad de sus consecuencias.
Se produce por una cicatrización anómala del tejido pulmonar, que provoca un engrosamiento y endurecimiento progresivo de los pulmones. En términos sencillos, el tejido pulmonar pierde su elasticidad natural, lo que impide que los pulmones se expandan correctamente al llenarse de aire (4).
Las causas específicas de la fibrosis pulmonar idiopática aún no se conocen con exactitud. Se sabe que puede ser una respuesta a determinados estímulos como lesiones pulmonares previas, exposición a ciertos contaminantes ambientales o sustancias tóxicas.
Además, se ha demostrado que los factores genéticos desempeñan un papel relevante tanto en la aparición como en la progresión de esta enfermedad (5).
Las personas más frecuentemente afectadas suelen tener entre 60 y 70 años, aunque se han descrito casos en pacientes más jóvenes e incluso en recién nacidos. La enfermedad es más prevalente en varones que en mujeres.
Por lo general, la fibrosis pulmonar se presenta de forma insidiosa, con una evolución lenta que puede prolongarse durante meses. Entre los síntomas más habituales se encuentran: dolor torácico, tos seca, dificultad para respirar tanto durante el esfuerzo físico como en reposo, fatiga, debilidad, pérdida de peso y acropaquia (dedos en palillo de tambor).

Lamentablemente, en la actualidad no existe una cura definitiva para la fibrosis pulmonar idiopática. Sin embargo, existen tratamientos antifibróticos (como pirfenidona y nintedanib) que pueden ralentizar la progresión de la enfermedad y aliviar los síntomas (6).
En los casos más avanzados, el trasplante pulmonar puede considerarse como última opción terapéutica.
Edema pulmonar
El edema pulmonar consiste en la acumulación anormal de líquido en los pulmones, concretamente en los espacios alveolares, lo que dificulta la respiración.
Se asocia con mayor frecuencia a la insuficiencia cardíaca congestiva, uno de los estadios más avanzados de la insuficiencia cardíaca, en el que el corazón ya no es capaz de bombear sangre de forma eficiente. Como consecuencia, se produce un aumento de la presión en los vasos sanguíneos pulmonares, lo que provoca la extravasación de líquido hacia los alvéolos (7).
Con esta acumulación de líquido, el intercambio gaseoso entre oxígeno y CO₂ se ve gravemente comprometido, lo que da lugar al conjunto de síntomas característicos de esta enfermedad.
Aunque la insuficiencia cardíaca es la causa más habitual, existen otras causas relevantes, como: ciertos medicamentos, la exposición a grandes alturas (edema pulmonar de altura), insuficiencia renal, infecciones pulmonares graves, reacciones alérgicas y el síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA).
Los síntomas más característicos del edema pulmonar son: expectoración espumosa o sanguinolenta (hemoptisis), dificultad para respirar en decúbito supino (ortopnea), sensación de falta de aire que despierta al paciente durante el sueño (disnea paroxística nocturna), dificultad respiratoria en reposo o al hablar, palidez cutánea y sudoración excesiva.
A pesar de la gravedad de sus síntomas, el edema pulmonar es una enfermedad tratable, aunque en muchos casos requiere ingreso en la unidad de cuidados intensivos y un abordaje terapéutico urgente que incluye diuréticos, oxigenoterapia y tratamiento de la causa subyacente (8).
Tromboembolismo pulmonar
El tromboembolismo pulmonar (TEP) es otra de las enfermedades pulmonares graves con mayor relevancia clínica. Consiste en la obstrucción total o parcial de las arterias pulmonares, lo que reduce o impide el flujo sanguíneo hacia los pulmones.
En la gran mayoría de los casos, el origen se encuentra en la formación de coágulos sanguíneos (trombos) que se desprenden de su lugar de origen y son transportados por la circulación hasta las arterias pulmonares. Estos trombos proceden con mayor frecuencia de las venas profundas de las extremidades inferiores, en lo que se conoce como trombosis venosa profunda (TVP) (9).
No obstante, el tromboembolismo pulmonar no siempre se debe a coágulos sanguíneos. En casos menos frecuentes, la obstrucción puede estar causada por émbolos gaseosos, grasos, de líquido amniótico, parasitarios o incluso por células tumorales.

Esta patología puede aparecer en diversas circunstancias, como: el postparto, tras un infarto de miocardio, después de una intervención quirúrgica, tras traumatismos graves, durante viajes prolongados con inmovilización, en pacientes oncológicos o con el uso de determinados anticonceptivos orales.
Los principales síntomas del TEP son: dolor torácico agudo (que empeora con la respiración), mareo, dificultad respiratoria súbita, inflamación y dolor en las extremidades inferiores, tos con expectoración sanguinolenta, cianosis y taquicardia.
El tratamiento se basa en la anticoagulación y, en los casos más graves, en la trombolisis o la trombectomía para eliminar el agente que obstruye las arterias pulmonares. Si se diagnostica y trata a tiempo, el pronóstico suele ser favorable (10).
Cáncer de pulmón
El cáncer de pulmón es, sin duda, una de las neoplasias más letales a nivel mundial. Según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), es la principal causa de muerte por cáncer en el mundo (11).
Su causa exacta no se ha identificado por completo, aunque se han descrito múltiples factores de riesgo bien establecidos, como el tabaquismo (responsable de aproximadamente el 85 % de los casos), la exposición profesional al asbesto, la inhalación de gas radón, los altos niveles de contaminación atmosférica y los antecedentes familiares de cáncer pulmonar (12).
Los principales síntomas del cáncer de pulmón son: dolor torácico persistente, tos crónica que no remite, hemoptisis (tos con sangre), fatiga, pérdida de peso involuntaria, dificultad para respirar, ronquera y dolor óseo en caso de metástasis.
El tratamiento se basa en cirugía, quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia. La eficacia del abordaje terapéutico depende de numerosos factores, como el tipo histológico del tumor, el estadio en el que se encuentra la enfermedad, la respuesta inmunológica del paciente, la afectación ganglionar y la presencia o ausencia de metástasis a distancia (13).
La detección precoz mediante programas de cribado con tomografía computarizada de baja dosis en poblaciones de riesgo ha demostrado reducir la mortalidad asociada al cáncer de pulmón (14).
Referencias
- Organización Mundial de la Salud. Las 10 principales causas de defunción. OMS. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/the-top-10-causes-of-death
- Mandell LA, Wunderink RG, et al. Infectious Diseases Society of America/American Thoracic Society consensus guidelines on the management of community-acquired pneumonia in adults. Clin Infect Dis. 2007;44(Suppl 2):S27-S72.
- Organización Mundial de la Salud. Resistencia a los antimicrobianos. OMS. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/antimicrobial-resistance
- Raghu G, Remy-Jardin M, et al. Diagnosis of idiopathic pulmonary fibrosis. An official ATS/ERS/JRS/ALAT clinical practice guideline. Am J Respir Crit Care Med. 2018;198(5):e44-e68.
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- Alberg AJ, Brock MV, et al. Epidemiology of lung cancer. Chest. 2013;143(5 Suppl):e1S-e29S.
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- National Lung Screening Trial Research Team. Reduced lung-cancer mortality with low-dose computed tomographic screening. N Engl J Med. 2011;365(5):395-409.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.