Dishidrosis: qué es, causas y tratamiento

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Dishidrosis: qué es, causas y tratamiento
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La dishidrosis es una enfermedad cutánea recurrente que se presenta en forma de brotes. Los pacientes desarrollan vesículas llenas de líquido en las manos y los pies que causan un prurito intenso. Esto provoca una fuerte necesidad de rascarse, siendo fundamental evitarlo para que el cuadro no se complique.

Cuando se habla de recurrente quiere decir que en cualquier momento puede aparecer un brote. Las personas afectadas atraviesan períodos de exacerbación, durante los cuales se observa la aparición de los síntomas, para luego pasar a un período de remisión. Un tratamiento adecuado puede ayudar a controlar los brotes y mejorar la calidad de vida.

¿Qué es la dishidrosis?

Se denomina también eccema dishidrótico o ponfólix. Se trata de una afección dermatológica que produce la aparición de ampollas o vesículas en las palmas de las manos y las plantas de los pies, así como en los dedos. Pertenece al grupo de enfermedades conocidas como dermatitis. En el caso de la dishidrosis, se trata de un eccema de causa predominantemente endógena, que puede desencadenarse por estrés, cambios de temperatura, infecciones u otros factores no siempre bien identificados.

Dishidrosis

Se presenta inflamación de la piel afectada, ocasionada por la aparición de pequeñas vesículas llenas de líquido. Estas se agrupan formando ampollas y provocan un prurito intenso. Una vez que se rompen, la piel se torna seca y adquiere una textura escamosa. Además, tiende a engrosarse, lo que ocasiona la aparición de fisuras. Todo ello se debe a que el tejido se reseca y se deshidrata.

Se trata de una patología no contagiosa. Sin embargo, existen períodos de remisión y otros en los que los síntomas se agravan. Se ha descrito como una enfermedad con cierto componente estacional, ya que aparece con mayor frecuencia durante la primavera y el verano (1).

Si bien se considera que tiene un origen endógeno, también se relaciona con factores externos. Determinadas situaciones de estrés pueden actuar como desencadenantes. Asimismo, puede asociarse a cuadros alérgicos como la dermatitis atópica: al entrar la piel en contacto con ciertas sustancias, se produce una reacción que favorece la aparición del eccema.

Se considera que afecta en proporciones similares a hombres y mujeres. No obstante, la evidencia indica que tiene mayor incidencia en adultos jóvenes, observándose sobre todo en personas de entre 15 y 30 años y representando del 5 % al 20 % de los eccemas de manos (2).

¿Cómo se manifiesta?

El eccema se inicia en los dedos y luego se extiende a la zona de las palmas, donde aparecen vesículas cuyo tamaño varía entre 1 y 2 milímetros. Habitualmente no se observan ampollas en otras partes del cuerpo; si esto ocurre, puede tratarse de otra afección cutánea. En algunos casos, puede afectar a las manos y a los pies al mismo tiempo, e incluso aparecer ampollas en los bordes laterales de los dedos.

Las ampollas contienen líquido que, al secarse, produce la descamación de la piel y, como consecuencia, la deshidratación del tejido. Estos cambios ocasionan una erosión dolorosa. En los casos en que la dishidrosis se presenta de forma crónica, es posible que se produzca una infección secundaria, sobre todo si la persona se rasca. Existe una mayor incidencia de sobreinfección por la bacteria Staphylococcus aureus, pudiendo observarse lesiones supurantes que dificultan el tratamiento (3).

En general, se trata de un cuadro que desaparece por sí solo tras 3 o 4 semanas. Aun así, existe el riesgo de que vuelvan a aparecer los síntomas. El período de remisión puede durar semanas o meses, siendo una enfermedad recurrente cuyos episodios aparecen y desaparecen durante años.

La evolución puede variar en cada persona, llegando incluso a cronificarse. En estos casos, los síntomas se atenúan pero no desaparecen del todo. Los cuadros más graves pueden interferir en la calidad de vida, dificultando la realización de actividades diarias. Las ampollas pueden aparecer incluso en la matriz ungueal, lo cual puede afectar al desarrollo de la uña y provocar alteraciones en su forma. Sin embargo, a medida que avanza la edad, el paciente puede lograr la remisión completa.

Causas

La dishidrosis es una enfermedad cutánea de etiología multifactorial. Aunque se han identificado algunos factores asociados a su aparición, en muchos casos no se logra determinar un desencadenante concreto.

Eccema dishidrótico

Entre los factores implicados se encuentran:

  • Predisposición genética: se ha comprobado que la existencia de antecedentes familiares de patologías dermatológicas aumenta el riesgo de padecer dishidrosis, sobre todo en casos de dermatitis atópica. Se ha observado que la herencia de determinados genes puede incrementar la susceptibilidad de la piel y del sistema inmunitario (4).
  • Reacciones alérgicas: la exposición a agentes alérgenos o sustancias irritantes puede provocar la aparición de ampollas en manos y pies. Se contempla también el contacto con cobalto y níquel. Es frecuente en personas que consumen tabaco.
  • Piel sensible: algunas personas presentan una mayor sensibilidad al entrar en contacto con determinadas superficies o sustancias, por lo que desarrollan con facilidad ampollas, sobre todo en las manos.
  • Infecciones fúngicas: es frecuente que la dishidrosis se asocie a infecciones por hongos, especialmente dermatofitos (5).
  • Factores ambientales: los cambios bruscos de temperatura, sobre todo cuando implican aumento de la humedad, pueden desencadenar la aparición de ampollas. También puede ocurrir en ambientes contaminados con sustancias irritantes en el aire.
  • Estrés y ansiedad: los factores emocionales se han relacionado estrechamente con la aparición de reacciones cutáneas. El estrés actúa como factor desencadenante de diversos problemas dermatológicos y favorece la aparición de eccema y ampollas.
  • Trastorno de la sudoración: cuando las glándulas sudoríparas sufren alguna alteración, el sudor puede acumularse bajo la piel, originando las ampollas. Es habitual que ocurra si se obstruyen los conductos excretores, creando las condiciones propicias para el desarrollo de la dishidrosis.
  • Enfermedades autoinmunes: el sistema inmunitario se ve afectado durante el curso de estas patologías, un factor que incide sobre la salud de la piel. Se ha comprobado que determinadas enfermedades autoinmunes contribuyen al desarrollo de este tipo de eccema.

Diagnóstico

El médico será el profesional capacitado para diagnosticar la dishidrosis. En primera instancia, se elaborará la historia clínica, indagando en los antecedentes familiares y médicos, además de los síntomas presentes. A continuación, se realizará un examen físico para estudiar las lesiones y su localización.

Esta afección puede confundirse con otras patologías, por lo que se procederá a realizar un diagnóstico diferencial. Además, puede ser necesario solicitar análisis de laboratorio para descartar la presencia de hongos o bacterias implicados en la aparición de las lesiones. También se realizarán pruebas epicutáneas (patch tests) para evaluar la reacción de la piel frente a distintas sustancias y determinar la posible causa del eccema (6).

Tratamiento

Hasta el momento, no se conoce una cura definitiva para esta enfermedad. El tratamiento de la dishidrosis se dirige a controlar los síntomas y reducir la frecuencia de los brotes. En este sentido, se pueden emplear las siguientes opciones terapéuticas:

  • Corticosteroides tópicos: se utilizan cremas o pomadas a base de corticosteroides para reducir la inflamación y eliminar las vesículas. Se aplican sobre la zona afectada y, en ocasiones, se cubre con un vendaje oclusivo para favorecer la absorción del medicamento. En cuadros graves, se puede complementar el tratamiento con corticosteroides orales, como la prednisona, aunque siempre durante períodos cortos por sus posibles efectos secundarios (7).
  • Fototerapia: el médico puede recomendar esta opción cuando el tratamiento tópico no logra el efecto esperado. Se utiliza luz ultravioleta de banda estrecha (UVB) o PUVA sobre la zona afectada.
  • Inhibidores de la calcineurina tópicos: no deben combinarse con fototerapia. Es habitual la aplicación de tacrolimús o pimecrolimús, que han demostrado eficacia con un menor riesgo de efectos secundarios que los corticosteroides a largo plazo. También son una alternativa adecuada en pacientes que no responden bien a los corticosteroides (8).
  • Control de la sudoración: una sudoración excesiva favorece el desarrollo de la dishidrosis. En estos casos, el médico puede pautar el uso de antitranspirantes con cloruro de aluminio o la inyección de toxina botulínica. De esta manera, se reduce la producción de sudor en manos y pies.

Tratamiento de la dishidrosis

Los pacientes deben comprender que, aunque el tratamiento contribuirá a la resolución de las lesiones, la dishidrosis puede volver a aparecer. La remisión total puede observarse con el paso de los años, pero previamente suelen cursarse varios períodos de exacerbación. Una vez diagnosticada, es importante saber identificar los síntomas iniciales para poder aplicar el tratamiento de forma temprana en cada brote.

Prevención

Al tratarse de una enfermedad crónica, se pueden seguir ciertas recomendaciones para reducir la frecuencia de los brotes y la intensidad de los síntomas:

  • Evitar rascarse, ya que puede agravar las lesiones o provocar infecciones. Además, favorece el engrosamiento de la piel, lo que dificulta el tratamiento.
  • Lavarse las manos y los pies con cuidado, utilizando un jabón neutro o suave. Evitar el uso de agua caliente y secar bien la piel, sobre todo entre los dedos.
  • Aplicar cremas emolientes sobre la piel de las manos y los pies para mantener una buena hidratación. Comprobar que no contengan alcohol ni sustancias irritantes. Se recomienda aplicarlas con la piel ligeramente húmeda.
  • Lavar bien los pies después de hacer ejercicio o practicar algún deporte.
  • En caso de alergia al níquel, evitar el contacto con objetos que lo contengan.
  • Al realizar tareas de limpieza (fregar, lavar los platos, etc.), utilizar guantes de vinilo o nitrilo. Comprobar que no estén perforados ni húmedos por dentro. El agua utilizada debe ser fría o tibia.
  • Utilizar calcetines de algodón para favorecer la transpiración.
  • Aprender a gestionar las emociones y practicar técnicas de relajación, como la meditación, la respiración profunda o el yoga.

Referencias

  1. Lofgren, S. M., & Warshaw, E. M. (2006). Dyshidrosis: epidemiology, clinical characteristics, and therapy. Dermatitis, 17(4), 165-181.
  2. Veien, N. K. (2009). Acute and recurrent vesicular hand dermatitis. Dermatologic Clinics, 27(3), 361-370.
  3. Wollina, U. (2010). Pompholyx: a review of clinical features, differential diagnosis, and management. American Journal of Clinical Dermatology, 11(5), 305-314.
  4. Molin, S., et al. (2011). Filaggrin mutations may confer susceptibility to chronic hand eczema characterized by combined allergic and irritant contact dermatitis. British Journal of Dermatology, 164(6), 1335-1338.
  5. Guillet, M. H., et al. (2007). Dyshidrotic eczema and dermatophytosis. Annales de Dermatologie et de Vénéréologie, 134(4 Pt 1), 343-346.
  6. Bryld, L. E., et al. (2003). Risk factors for hand eczema in Danish adults. Contact Dermatitis, 48(6), 286-292.
  7. Coenraads, P. J. (2012). Hand eczema. New England Journal of Medicine, 367(19), 1829-1837.
  8. Schnopp, C., et al. (2002). Topical tacrolimus (FK506) and mometasone furoate in treatment of dyshidrotic palmar eczema: a randomized, observer-blinded trial. Journal of the American Academy of Dermatology, 46(1), 73-77.
Rafael Aragón

Escrito por

Rafael Aragón

Psicólogo clínico

Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud

Universidad de Valencia

Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.

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