Cambios en la piel según las estaciones

· Actualizado: Belleza
Cambios en la piel según las estaciones
Tabla de contenidos

Las diferentes épocas del año transforman nuestras emociones, nuestra forma de entender el mundo y de vernos. Hacen que nos alegremos, nos deprimamos, nos sintamos más vivos o algo más cansados. Por eso no resulta tan sorprendente que existan también cambios en la piel en función de la estación del año. Y hoy queremos hablar precisamente sobre cómo cada temporada afecta a nuestra piel y qué podemos hacer para protegerla.

Cómo afecta cada estación a la piel

No solo influyen las estaciones como tal. En general, el clima, la radiación ultravioleta, la humedad ambiental, la temperatura y el viento son los factores determinantes. La combinación de estos elementos varía a lo largo del año y provoca respuestas distintas en la piel.

Primavera

La primavera es uno de los ejemplos más clásicos. Está más que demostrado que una gran parte de la población se encuentra en un estado más cansado o apagado cuando llega esta estación. Pues bien, eso ocurre también con la propia piel, que va perdiendo luminosidad y color. Además, la piel se vuelve algo más tensa, y por tanto el cutis se estresa, lo que favorece el desgaste y la aparición de arrugas prematuras. Las alergias primaverales (polen, gramíneas) también pueden irritar la piel y provocar rojeces o dermatitis de contacto.

Verano

En verano la situación cambia notablemente. Para empezar, existe el riesgo evidente de las quemaduras provocadas por la radiación solar, que aparte de romper las fibras de colágeno y elastina —acelerando el fotoenvejecimiento— también pueden llegar a producir melanoma en el peor de los casos. Otro efecto frecuente son las alergias solares, que en muchos casos se manifiestan en la piel a través de sarpullidos o erupciones.

Las altas temperaturas también pueden favorecer la aparición de arañas vasculares, al afectar directamente a la circulación sanguínea, especialmente en las piernas. Asimismo, el exceso de sudoración puede obstruir los poros y agravar problemas como el acné o la foliculitis.

Otoño e invierno

El otoño y el invierno, por otro lado, al ser meses fríos presentan sus propios desafíos. El peligro más destacado es la deshidratación. Las temperaturas bajas, el viento y la calefacción reducen drásticamente la humedad ambiental, lo que debilita la barrera cutánea. La piel pierde agua transepidérmica con mayor facilidad, se reseca e incluso puede llegar a descamarse. Este deterioro de la barrera lipídica hace que la piel sea más vulnerable a irritaciones y eccemas.

La protección solar, imprescindible todo el año

Un error frecuente es pensar que la protección frente a la radiación ultravioleta solo es necesaria en verano. La realidad es que los rayos UVA están presentes durante todo el año, incluso en días nublados o en invierno. La radiación UVA penetra en las capas profundas de la piel y es responsable del fotoenvejecimiento y del daño acumulativo en el ADN celular. Por ello, los dermatólogos recomiendan aplicar un fotoprotector de amplio espectro (SPF 30 como mínimo) durante las cuatro estaciones, especialmente en el rostro, el cuello y las manos.

La humedad ambiental y la barrera cutánea

Los cambios bruscos de humedad son otro factor que muchas personas pasan por alto. Las variaciones de humedad ambiental afectan directamente a la función barrera de la piel. En verano, la humedad elevada puede favorecer la proliferación bacteriana y la obstrucción de poros. En invierno, la sequedad ambiental —agravada por la calefacción interior— provoca una pérdida excesiva de agua transepidérmica, lo que debilita la capa córnea y facilita la entrada de alérgenos e irritantes. Mantener una hidratación adecuada tanto interna (ingesta de agua) como externa (emolientes y humectantes) es clave para preservar esta barrera natural.

Cómo adaptar la rutina de cuidado a cada estación

[caption id=“attachment_5176” align=“aligncenter” width=“750”]Hidratar la piel Hidratar la piel: medida clave en cualquier estación del año[/caption]

La clave para mantener la piel sana todo el año reside en adaptar la rutina de cuidados a las necesidades específicas de cada temporada:

  • Primavera: conviene reforzar la limpieza facial para eliminar alérgenos y optar por hidratantes ligeras. Es buen momento para incorporar antioxidantes tópicos (como la vitamina C) que preparen la piel para la mayor exposición solar.
  • Verano: además del fotoprotector de amplio espectro, se recomienda usar texturas ligeras, no comedogénicas, y reapliar la protección solar cada dos horas si se está al aire libre. La hidratación sigue siendo fundamental, aunque con fórmulas más fluidas.
  • Otoño: es la estación ideal para reparar el daño acumulado durante el verano. Se pueden introducir tratamientos con retinoides o ácidos exfoliantes suaves (como el ácido glicólico) bajo supervisión dermatológica, y aumentar progresivamente la hidratación.
  • Invierno: la prioridad es reforzar la barrera cutánea con emolientes ricos en ceramidas y ácidos grasos esenciales. Conviene evitar duchas excesivamente calientes y largas, ya que eliminan los lípidos naturales de la piel.

Las arañas vasculares se pueden prevenir con ejercicio regular y una dieta equilibrada; el movimiento favorece la circulación y reduce el riesgo de que aparezcan, aunque también existen cosméticos y tratamientos médicos específicos para abordarlas.

En conclusión, las diferentes estaciones producen cambios significativos en la piel que pueden llegar a afectar muy negativamente su estado. Por eso es de vital importancia conocer los riesgos que conlleva cada época del año, adaptar la rutina de cuidados de forma estacional y mantener hábitos de fotoprotección y de hidratación durante los doce meses.

Referencias

  1. Flament, F., Bazin, R., Laquieze, S., Rubert, V., Simonpietri, E., & Piot, B. (2013). Effect of the sun on visible clinical signs of aging in Caucasian skin. Clinical, Cosmetic and Investigational Dermatology, 6, 221-232. https://doi.org/10.2147/CCID.S44686
  2. Krutmann, J., Bouloc, A., Sore, G., Bernard, B. A., & Passeron, T. (2017). The skin aging exposome. Journal of Dermatological Science, 85(3), 152-161. https://doi.org/10.1016/j.jdermsci.2016.09.015
  3. Engebretsen, K. A., Johansen, J. D., Kezic, S., Linneberg, A., & Thyssen, J. P. (2016). The effect of environmental humidity and temperature on skin barrier function and dermatitis. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, 30(2), 223-249. https://doi.org/10.1111/jdv.13301
  4. Académia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Decálogo de fotoprotección. https://aedv.es/comunicacion/campanas-de-prevencion/euromelanoma/decalogo-de-fotoproteccion/
  5. Rawlings, A. V., & Harding, C. R. (2004). Moisturization and skin barrier function. Dermatologic Therapy, 17(s1), 43-48. https://doi.org/10.1111/j.1396-0296.2004.04S1005.x
Sergio Pérez

Escrito por

Sergio Pérez

Redactor

Redactor especializado en salud y bienestar en eSalud.

Artículos relacionados