Cómo bajar la fiebre en bebés, niños y adultos: medicamentos y trucos caseros
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No son pocas las enfermedades que suelen cursar con fiebre, independientemente de la causa que las produzca. Es por ello que casi todos nosotros, al menos una vez en la vida, nos hemos visto afectados por este mecanismo de defensa de nuestro organismo.
Es importante entender que la fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino una respuesta defensiva del cuerpo ante infecciones u otros procesos. El sistema inmunitario eleva la temperatura corporal para crear un entorno menos favorable para los microorganismos invasores. Por ello, no siempre es necesario tratarla: el objetivo principal debe ser mejorar el confort del paciente, no reducir el número del termómetro a toda costa.
No obstante, cuando la fiebre es elevada o prolongada, puede provocar malestar significativo y, en determinadas situaciones, es fundamental actuar con rapidez y saber cuándo acudir a urgencias.
¿Cuándo acudir a urgencias?
Antes de explicar cómo manejar la fiebre en casa, es imprescindible conocer las señales de alarma que requieren atención médica urgente:
- Bebés menores de 3 meses con cualquier fiebre (≥ 38 °C): constituye siempre una urgencia pediátrica, independientemente del estado general del bebé.
- Fiebre superior a 40 °C que no responde a las medidas habituales.
- Manchas en la piel (petequias) que no desaparecen al presionar.
- Rigidez de cuello, dificultad para respirar o decaimiento extremo.
- Llanto inconsolable o irritabilidad marcada en lactantes.
- Fiebre que persiste más de 48-72 horas sin causa aparente.
¿Cómo bajar la fiebre en bebés?
Cuando hablamos de fiebre, sin duda alguna, el grupo de edad más susceptible son los bebés, especialmente los recién nacidos y los lactantes en general.
La presencia de fiebre en estos pacientes es un signo de alarma tanto para los padres como para los pediatras. Una fiebre a estas edades no abordada adecuadamente puede dar paso a la deshidratación y, en algunos casos, a convulsiones febriles.

Sobre las convulsiones febriles, conviene saber que, aunque son muy alarmantes para los padres, en la gran mayoría de los casos son benignas y no provocan daño neurológico. Suelen presentarse entre los 6 meses y los 5 años de edad, y no siempre requieren tratamiento específico más allá de controlar la fiebre y mantener la calma.
Sin embargo, debes tener en cuenta que no siempre necesitas tener un médico a tu lado para controlar estos eventos febriles. Desde casa, si tienes los recursos necesarios, podrás disminuir la fiebre a tu bebé antes de lo que imaginas.
Medidas físicas
El primer recurso al que debes recurrir cuando tu bebé presenta fiebre son, sin lugar a dudas, las medidas físicas.
¿Qué son exactamente las medidas físicas? En el ámbito médico se hace referencia específicamente a todos aquellos mecanismos que ayuden a disipar el calor:
- Baños con agua templada (nunca fría ni muy caliente) y frotamientos suaves con las manos sobre el cuerpo del bebé.
- No abrigar en exceso: retirar capas de ropa innecesarias y mantener un ambiente con temperatura agradable.
- Ofrecer líquidos con frecuencia: leche materna, fórmula o agua, según la edad, para prevenir la deshidratación.
En casos leves, con un buen baño y unos 5 minutos de frotamiento por sus brazos y su torso, debería bastar para disminuir su temperatura corporal considerablemente.
Si luego de realizar esto y medirle la temperatura nuevamente persiste la fiebre, no dudes en repetir estas acciones un par de veces más. En caso de no obtener un resultado positivo, se debe acudir al siguiente paso.
Medicamentos
Cuando se trata del uso de medicamentos en bebés, independientemente de su naturaleza, estos deben ser dosificados estrictamente por un médico pediatra.
¿La razón? A estas edades, la gran mayoría de los medicamentos se dosifican por kilogramo de peso, no por edad, y se administran en presentación de jarabe. Algo muy diferente a lo que estamos acostumbrados los adultos.
Si ya has intentado bajar la fiebre de tu bebé con medidas físicas y esta no cede de ninguna manera, lo más probable es que, cuando te dirijas al médico, le receten a tu niño alguna de las siguientes opciones:
- Paracetamol (acetaminofén) en jarabe: es el antipirético de primera elección en lactantes. La dosis se calcula según el peso del bebé (habitualmente 10-15 mg/kg cada 4-6 horas).
- Ibuprofeno en jarabe: solo se recomienda a partir de los 6 meses de edad. La dosis habitual es de 5-10 mg/kg cada 6-8 horas.
Precauciones importantes:
- Nunca administres ácido acetilsalicílico (aspirina) a niños ni adolescentes. Su uso se asocia al síndrome de Reye, una enfermedad rara pero potencialmente mortal que afecta al hígado y al cerebro.
- No se recomienda el ibuprofeno en menores de 6 meses por inmadurez renal.
- No alternes paracetamol e ibuprofeno de forma rutinaria salvo indicación expresa del pediatra, ya que aumenta el riesgo de errores de dosificación.
En cualquier caso, te recomendamos que le dejes la dosificación a tu pediatra de confianza. Recurrir a la medicación casera puede ocasionar riesgos de salud más allá de lo que puede provocar la propia fiebre.
¿Cómo bajar la fiebre en niños?
En niños, la situación no es tan distinta a la de los bebés. Este grupo de edad también es susceptible a la deshidratación y a las convulsiones febriles, que se consideran de riesgo al menos hasta los 5 años de edad aproximadamente.

Recuerda que la fiebre, por sí sola, no siempre necesita tratamiento farmacológico. Si el niño está activo, juega, come razonablemente bien y no muestra malestar importante, puede ser suficiente con ofrecer líquidos, ropa ligera y vigilar su evolución. El objetivo es que el niño se sienta cómodo, no eliminar la fiebre a toda costa.
De los 5 años en adelante, la progresión de la fiebre suele ser un poco menos problemática. Mientras que, a partir de los 9 años de edad, algunos pediatras consideran pertinente acudir a casi las mismas alternativas terapéuticas que se utilizarían en un adulto.
En tal sentido, en niños podemos optar por las siguientes alternativas para disminuir la temperatura corporal:
Medidas físicas
Los mismos consejos que te hemos explicado anteriormente en cuanto a medidas físicas se refiere los puedes aplicar en cualquier edad.
Solo tienes que recordar que, para que este pequeño recurso casero tenga efecto, debes procurar que los baños sean con agua templada, no fría ni caliente. Y, por supuesto, no olvides frotar con tus manos suavemente el cuerpo de tu niño, haciendo énfasis en sus brazos y en su torso.
Una vez hecho esto, vuelve a tomar la temperatura de tu niño. Si el termómetro sigue marcando más de 37,8 °C luego de varios intentos, no dudes en acudir a tu médico de confianza.
Uso de fármacos
Igualmente, la dosificación de los medicamentos en niños también se realiza de manera muy similar a la de los bebés: siempre según el peso del niño, no según su edad.
Los fármacos de elección siguen siendo el paracetamol y el ibuprofeno, en presentación de jarabe para los más pequeños. La utilización de estos medicamentos en niños debe ser indicada por un médico pediatra.
Sin embargo, en niños de 9 años en adelante o de más de 20 kg, puedes optar por suministrarles comprimidos, siempre que el pediatra lo autorice.
En el caso del paracetamol, un comprimido de 500 mg cada 6-8 horas. En el caso del ibuprofeno, un comprimido de 200 mg o de 400 mg cada 8 horas. Estas dosis son orientativas y deben ajustarse al peso del niño.
Recuerda: nunca administres aspirina a niños ni adolescentes por el riesgo de síndrome de Reye.
En cualquier circunstancia, jamás debes bajar la guardia. Si aun acudiendo a todas estas alternativas mencionadas la fiebre no desaparece en 48-72 horas, lo más probable es que la causa se deba a una enfermedad que requiere evaluación médica. No dudes en acudir a urgencias lo antes posible.
¿Cómo bajar la fiebre en adultos?
Cuando se trata de fiebre en adultos, por lo general, suele ser mucho más llevadera que en bebés y en niños.

Dependiendo del origen de dicha fiebre, muchos adultos, a pesar de presentar este signo, pueden hacer su vida normal.
La manera más adecuada de disminuir la fiebre en adultos es la siguiente:
Baños con agua templada
Muy pocos adultos suelen contemplar esta opción y se van directamente a la toma de medicamentos. Sin embargo, lo cierto es que los baños con agua templada y los frotamientos corporales son uno de los métodos caseros más eficaces para mejorar el confort durante un proceso febril.
Si eres de los que rehúyen de las pastillas y de la medicina convencional, no dudes en acudir a este recurso.
Alternativas farmacológicas
Si las medidas físicas no han sido efectivas, la toma de algunos medicamentos puede ser la solución más inmediata para aliviar el malestar.
De todos los antipiréticos disponibles, los más utilizados y seguros en adultos son:
- Paracetamol: 1 comprimido de 500-650 mg cada 6-8 horas (máximo 3-4 g al día).
- Ibuprofeno: 1 comprimido de 400-600 mg cada 8 horas, preferiblemente con alimento.
- Diclofenaco: 1 comprimido de 50 mg cada 8 horas.
Si aun siguiendo este esquema terapéutico la situación no cede, acude lo antes posible a urgencias. Los profesionales sanitarios serán quienes plantearán un diagnóstico certero y un tratamiento efectivo ante la situación.
Referencias
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Fiebre en el niño. En Familia AEP. Disponible en: https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/fiebre-en-ninos
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Fever in under 5s: assessment and initial management. NICE guideline [NG143], noviembre 2019, actualizada en 2021. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/ng143
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Convulsiones febriles. En Familia AEP. Disponible en: https://enfamilia.aeped.es/temas-salud/convulsiones-febriles
- Asociación Española de Pediatría (AEP). Uso de antitérmicos en pediatría. Protocolos diagnóstico-terapéuticos de la AEP. Disponible en: https://www.aeped.es/protocolos/
- Sullivan JE, Farrar HC; Section on Clinical Pharmacology and Therapeutics, Committee on Drugs. Fever and antipyretic use in children. Pediatrics. 2011;127(3):580-587. doi:10.1542/peds.2010-3852

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.