Alergia primaveral

La alergia es una reacción anormal del sistema de defensa del organismo ante una sustancia que, por sí misma, no causa ningún daño a las personas no alérgicas y es totalmente inofensiva.

El proceso mediante el cual una persona, que previamente toleraba sin problemas una sustancia, comienza a desarrollar una alergia frente a la misma, se denomina “sensibilización”. Nos hacemos alérgicos a aquellas cosas con las que estamos en contacto a menudo.

Una de las causas más frecuentes de sensibilización es el “polen”. Un grano de polen es la célula germinal masculina esencial para la reproducción de gran variedad de plantas; se libera de una planta y se transfiere a otra mediante insectos o por el viento. Las plantas que transmiten el polen mediante insectos producen granos de polen pesados, destinados a pegarse en las patas de éstos, y suelen ser de vivos colores para atraer a los distribuidores de su polen. Raras veces, estas plantas causan enfermedades alérgicas. Las plantas que transmiten el polen mediante el viento no tienen flores de colores, y liberan grandes cantidades de polen ligero, que es más peligroso para las personas alérgicas.

Los pólenes suelen estar presentes en la atmósfera de forma cíclica o estacional, de ahí que el paciente alérgico pueda mostrar una sintomatología estacional o perenne. Generalmente, la mayor concentración de polen se halla al inicio de la primavera, pero cada planta tiene su periodo de polinización que, aunque no varíe mucho de un año a otro, está en relación con las condiciones climáticas. La lluvia de finales de invierno facilita una floración más espléndida en primavera y, por tanto, una mayor cantidad de polen en el aire. La estación de la polinización se inicia ya avanzada la primavera cuanto más al norte nos encontremos, y puede empezar tan temprano como en enero en áreas del sureste, con una duración desde enero hasta octubre.

Los árboles polinizan más pronto, de enero o febrero a abril o mayo, con fluctuaciones según las regiones. Las gramíneas son las que siguen en el ciclo, iniciando su polinización en abril y continuando hasta mediados de junio. Las malezas generalmente liberan polen hasta finales de verano y principios de otoño.

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Pólenes alergénicos más frecuentes

Síntomas de la alergia primaveral

Las alergias más frecuentes son las que afectan el aparato respiratorio y, entre ellas, las más frecuentes son la Rinitis y el Asma; en la primera se afectan las vías respiratorias altas (nariz) y en el asma, las vías respiratorias bajas (pulmones).

La Rinitis Alérgica provoca estornudos, picor en la nariz, taponamiento nasal, goteo o destilación continua, a veces se acompaña de dolor de cabeza, y, en muchos pacientes, puede asociarse con síntomas oculares como lagrimeo, ojos enrojecidos o irritados que les molesta la luz, con sensación de escozor y picor ocular intenso. Es lo que llamamos Conjuntivitis.

En el Asma se produce una obstrucción de los conductos que llevan el aire a los pulmones (bronquios). El resultado de esta obstrucción es una dificultad más o menos intensa para respirar, con episodios transitorios de estrechamiento de la vía área, que se manifiesta en forma de accesos de dificultad respiratoria, fatiga o sensación de ahogo, y generalmente se acompañan de tos incontrolable intensa, con o sin expulsión de flemas, con ruidos en el pecho, pitos o silbidos, y sensación de presión en el pecho. Es importante saber que ni la tos ni el esputo de los asmáticos son contagiosos; no deben de confundirse con los síntomas de las bronquitis y catarros invernales, que normalmente se acompañan de fiebre.

¿Cómo tratar este tipo de alergia?

Si estos síntomas se producen siempre en la misma época del año , se debe acudir a consulta del especialista en alergología, a confirmar la enfermedad mediante la realización de pruebas diagnósticas. El especialista le explicará si sus síntomas se producen porque ha desarrollado una alergia a uno o a varios pólenes, y si la aparición de sus síntomas está en función de la presencia atmosférica de éste o estos polenes en su lugar de residencia.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance suficientes armas para un diagnóstico correcto de la etiología del proceso, y, en consecuencia, para realizar una prevención específica frente al polen antes de que el paciente presente los síntomas. Si el paciente conoce y entiende su clínica, favorecerá en parte la buena evolución de su enfermedad.

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