Adrenalina
Tabla de contenidos
- 1.¿Qué es la adrenalina y para qué sirve?
- 2.Receptores adrenérgicos
- 3.¿Cómo funciona la adrenalina?
- 4.Mecanismos de acción de la adrenalina
- 5.Efectos de la adrenalina
- Redistribuye el flujo sanguíneo
- Dilata las pupilas
- Descompone el glucógeno
- Frecuencia cardíaca más alta
- Aumenta el ritmo de respiración
- Reduce el tránsito intestinal
- Incrementa la sensibilidad ante los estímulos
- Aumenta la sudoración
- 6.Hormona de la activación
- 7.Adrenalina y deporte
- 8.Adrenalina y estrés
- 9.Usos médicos de la adrenalina
- Anafilaxia
- Parada cardiorrespiratoria y arritmias
- Anestesia local
- 10.Exceso de adrenalina
- 11.Síndrome de Pontius: adicción a la adrenalina
- 12.Referencias
La adrenalina se define como una sustancia polivalente que cumple dos grandes funciones en el organismo: hormona y neurotransmisor. Se conoce como la hormona de la activación porque pone en marcha los mecanismos de supervivencia más instintivos del ser humano. Esta respuesta fue descrita por primera vez por el fisiólogo estadounidense Walter Bradford Cannon en 1915, quien acuñó el término fight or flight (lucha o huida) en su obra Bodily Changes in Pain, Hunger, Fear and Rage para referirse a la reacción fisiológica que prepara al organismo para enfrentarse a una amenaza o escapar de ella. No obstante, si no se gestiona del modo adecuado, la adrenalina puede causar estados de ansiedad y enfermedades como el estrés crónico.
Merece la pena destacar la historia de Angela Cavallo, una mujer de Estados Unidos. En 1982, en Lawrenceville (Georgia), su hijo Tony estaba reparando un Chevrolet Impala de 1964 en el garaje de su casa cuando el gato hidráulico falló y el joven quedó atrapado debajo del automóvil. Angela Cavallo apenas pesaba unos 65 kg, pero fue capaz de levantar el coche lo suficiente para que dos vecinos recolocaran el gato y liberaran a su hijo. Una verdadera proeza de lo que en fisiología se denomina fuerza histérica (hysterical strength), en la que la descarga masiva de adrenalina le permitió luchar por la supervivencia de su hijo.
¿Qué es la adrenalina y para qué sirve?
La adrenalina, también denominada epinefrina, es una catecolamina producida por el organismo que se encarga de regular diversos procesos y funciones fisiológicas. Químicamente pertenece al grupo de las catecolaminas, junto con la noradrenalina y la dopamina, y se sintetiza a partir del aminoácido tirosina. Es, por un lado, una hormona que se transporta a través del torrente sanguíneo para alcanzar todos los tejidos del cuerpo. Y, por otro lado, la adrenalina actúa como neurotransmisor en el sistema nervioso central.
Por lo tanto, la adrenalina es una sustancia que produce el cuerpo de manera natural. Lo hace en la médula de las glándulas suprarrenales, las cuales están ubicadas en la parte superior de los riñones. Las células cromafines de la médula suprarrenal son las encargadas de su síntesis y liberación al torrente sanguíneo. No obstante, los laboratorios también pueden sintetizarla para desarrollar diversos fármacos que los médicos utilizan en caso de emergencia.
Lo cierto es que se trata de una de las sustancias más importantes del organismo, con una gran relevancia en numerosos procesos básicos para la supervivencia humana. En líneas generales, podemos señalar que la adrenalina es la hormona de la activación, lo cual nos da una idea de cuáles son sus funciones.
Predispone a las personas a reaccionar de manera rápida, sacando el máximo provecho de nuestro sistema muscular cuando es de vital importancia moverse a gran velocidad debido al acecho de un determinado peligro. Por lo tanto, esta hormona es esencial para prepararse para aquellas situaciones que exigen estar en alerta tanto a nivel físico como mental.
Receptores adrenérgicos
Para comprender cómo actúa la adrenalina, es fundamental conocer los receptores adrenérgicos, las proteínas de membrana a las que se une esta hormona para ejercer sus efectos. Se clasifican en dos grandes familias:
- Receptores alfa (α): se subdividen en α1 y α2. Los receptores α1 median la vasoconstricción de los vasos sanguíneos periféricos y la dilatación pupilar (midriasis). Los receptores α2, por su parte, tienen un papel regulador e inhiben la liberación de noradrenalina, actuando como mecanismo de retroalimentación negativa.
- Receptores beta (β): se subdividen en β1, β2 y β3. Los receptores β1 se encuentran principalmente en el corazón y aumentan la frecuencia y la fuerza de contracción cardíaca (efecto cronotrópico e inotrópico positivo). Los receptores β2 se localizan en el músculo liso bronquial y vascular, y median la broncodilatación y la vasodilatación en el músculo esquelético. Los receptores β3 participan en la lipólisis del tejido adiposo.
Esta distribución diferencial de receptores explica por qué la adrenalina produce efectos distintos según el tejido diana: vasoconstricción en la piel pero vasodilatación en el músculo, por ejemplo.
¿Cómo funciona la adrenalina?

En primer lugar, resulta interesante señalar que la vida media activa de la adrenalina es de aproximadamente dos minutos, ya que se metaboliza rápidamente por las enzimas catecol-O-metiltransferasa (COMT) y monoaminooxidasa (MAO). No obstante, sus efectos fisiológicos pueden prolongarse durante varios minutos e incluso hasta una hora.
Esta sustancia se segrega a raíz de situaciones que causan una reacción de alerta por parte del organismo: miedo, peligro, dolor, excitación intensa, etc. Cuando el cerebro percibe una amenaza, el hipotálamo activa el eje simpático-adrenomedular, enviando señales a través del sistema nervioso simpático a la médula suprarrenal, que libera adrenalina al torrente sanguíneo.
A través de la sangre, la adrenalina alcanza los diversos órganos diana. En el hígado estimula la glucogenólisis (descomposición del glucógeno en glucosa), potenciando así el aporte energético al sistema muscular. En cuanto al corazón, aumenta la fuerza de contracción ventricular (inotropismo positivo) al mismo tiempo que incrementa la frecuencia cardíaca (cronotropismo positivo).
Además, favorece la secreción de lágrimas y saliva en algunos contextos. También aumenta la sudoración, ya que la activación del sistema nervioso simpático estimula las glándulas sudoríparas ecrinas, lo que contribuye a la termorregulación durante el esfuerzo físico asociado a la respuesta de lucha o huida.
Mecanismos de acción de la adrenalina
Cuando el organismo libera la adrenalina, se ponen en marcha un conjunto de mecanismos biológicos coordinados que constituyen la respuesta de lucha o huida descrita por Cannon.
- Conciencia situacional: se conoce como tal al hecho de que el cerebro se centra única y exclusivamente en una misma cosa. Toda la atención se focaliza en la situación ante la que es necesario reaccionar, relegando a un segundo plano los estímulos irrelevantes.
- Priorización sensorial: en función de cuál sea la situación, el cerebro potencia selectivamente determinados sentidos. Por ejemplo, en un entorno oscuro se prioriza la audición, mientras que ante un peligro visual se agudizan la vista y la percepción espacial.
- Dilatación de las pupilas (midriasis): uno de los efectos más inmediatos ante la liberación de adrenalina es que las pupilas se dilatan por acción de los receptores α1 del músculo dilatador del iris, permitiendo la entrada de más luz y ampliando el campo visual.
- Redistribución del flujo sanguíneo: la adrenalina dilata los vasos sanguíneos del músculo esquelético (vía receptores β2) y contrae los de la piel y las vísceras (vía receptores α1). Simultáneamente, aumenta la frecuencia cardíaca. De este modo, el corazón bombea más sangre hacia los músculos, incrementando su aporte de oxígeno y glucosa, y con ello la capacidad de reacción.
Efectos de la adrenalina

La adrenalina no actúa de forma global e indiscriminada en el organismo. La razón es que sus efectos dependen del tipo de receptor adrenérgico presente en cada tejido. En cambio, viaja a diferentes zonas del cuerpo, provocando en ellas distintos efectos que, en su conjunto, dan lugar a ese estado de alerta y activación.
Es interesante conocer cuáles son los diferentes efectos de la adrenalina. Se dan cuando esta sustancia es segregada en cantidades elevadas en el organismo.
Redistribuye el flujo sanguíneo
Uno de los efectos de la adrenalina es que los vasos sanguíneos de los músculos esqueléticos y de los órganos vitales para la supervivencia se dilatan, al mismo tiempo que aquellos que se encuentran más cerca de la capa superficial de la piel y en las vísceras se contraen. Así, ante niveles altos de adrenalina, la presión arterial sistólica tiende a aumentar, mientras que la resistencia vascular periférica puede disminuir por la vasodilatación muscular.
Dilata las pupilas
Uno de los efectos más conocidos de la adrenalina es que dilata de forma notable las pupilas. Se trata de una reacción completamente normal porque de este modo entra más luz en el ojo, de modo que se tiene una mayor conciencia de todo lo que sucede alrededor y se mejora la visión periférica.
Descompone el glucógeno
La adrenalina favorece la glucogenólisis, es decir, la descomposición del glucógeno almacenado en el hígado y en el músculo esquelético, liberando glucosa al torrente sanguíneo. Esta glucosa proporciona la energía inmediata que el organismo necesita para un esfuerzo extraordinario a nivel físico y mental. Además, estimula la lipólisis en el tejido adiposo a través de los receptores β3, movilizando ácidos grasos como fuente de energía complementaria.
Frecuencia cardíaca más alta
Esta sustancia hace que la frecuencia cardíaca aumente de forma significativa a través de los receptores β1 del nódulo sinoauricular, de modo que el cuerpo humano está más preparado para realizar cualquier tipo de esfuerzo. Y es que, al bombear mayor cantidad de sangre, los músculos reciben más oxígeno y glucosa, permitiéndoles generar mayor fuerza y velocidad.
Es por ello que en situaciones de peligro, en las que el cuerpo se pone en alerta gracias a la adrenalina, las personas son capaces de correr a mayor velocidad y realizar esfuerzos que de otro modo serían imposibles.
Aumenta el ritmo de respiración
La adrenalina causa que la frecuencia tanto de inspiración como de expiración aumente de forma notable, y además produce broncodilatación a través de los receptores β2 del músculo liso bronquial. Así, las vías respiratorias se ensanchan, la sangre se oxigena mejor y es posible rendir más tanto a nivel físico como mental. Este efecto broncodilatador es precisamente la razón por la que la adrenalina se utiliza en el tratamiento de la anafilaxia y las crisis asmáticas graves.
Reduce el tránsito intestinal
Otro de los efectos de la adrenalina es que frena de forma notable la motilidad intestinal. La razón es que la digestión consume una gran cantidad de energía, la cual es necesaria para llevar a cabo otros procesos en situaciones de alerta. Así, la mayor parte del flujo sanguíneo y la energía corporal se redirigen hacia el sistema muscular y el cerebro, los órganos prioritarios para la supervivencia.
Incrementa la sensibilidad ante los estímulos
Uno de los efectos psicológicos más habituales de la adrenalina es que aumenta la percepción sensorial ante cualquier estímulo externo. El umbral de detección de sonidos, movimientos y otras señales del entorno disminuye, lo que resulta fundamental en una situación de alerta, en la que es esencial estar al tanto de todo lo que sucede alrededor.
Aumenta la sudoración
La activación simpática asociada a la liberación de adrenalina estimula las glándulas sudoríparas ecrinas, lo que incrementa la producción de sudor. Este mecanismo cumple una función termorreguladora esencial: al prepararse para un esfuerzo físico intenso (lucha o huida), el organismo anticipa el aumento de temperatura corporal y activa la sudoración como mecanismo de refrigeración.
Hormona de la activación
Merece la pena destacar que todas las personas generan determinados niveles de adrenalina cuando realizan sus actividades diarias. No obstante, en la gran mayoría de los casos se trata de una dosis basal muy baja que no da lugar a ningún tipo de efecto perceptible.
No obstante, hay quienes buscan una gran sensación de bienestar. Y para ello llevan a cabo diversas actividades que favorecen la producción de mayores niveles de adrenalina por parte del organismo: ver una película de terror, practicar deportes extremos como el paracaidismo, etc. La descarga de adrenalina suele ir acompañada de una liberación de endorfinas, lo que genera una sensación de euforia y satisfacción.
La adrenalina se libera en situaciones tanto de estrés como de peligro y excitación. Es por ello que también recibe el nombre de hormona de la activación, ya que ayuda al cuerpo a activarse ante cualquier tipo de situación que exija una respuesta inmediata.
Adrenalina y deporte

Existen diferentes actividades en las que es necesario realizar movimientos muy rápidos, como por ejemplo el boxeo o el tenis. Pues bien, en ellas es importante lograr la liberación de la adrenalina para así incrementar la velocidad de reacción y la capacidad de respuesta neuromuscular. De este modo se consigue un mejor rendimiento deportivo.
Además, tal y como hemos señalado, uno de los efectos de la adrenalina es que logra la dilatación de las vías respiratorias (broncodilatación). Así, esta sustancia es de gran ayuda en aquellos deportes en los que es necesario sacar el máximo rendimiento del sistema muscular y del aparato cardiorrespiratorio.
Hay algunas actividades como el ciclismo en las que se dan picos de adrenalina en momentos puntuales. Es importante diferenciar los efectos relacionados con la adrenalina que se buscan con la práctica de distintos deportes.
En el caso de los deportes extremos, los participantes buscan una descarga de adrenalina muy rápida e intensa. Mientras, en los deportes de resistencia el principal objetivo es mantener la adrenalina bajo control hasta un determinado momento, como por ejemplo lograr meter un gol en un partido de fútbol o realizar un sprint final en una carrera.
Adrenalina y estrés
Uno de los efectos más negativos de la adrenalina es que puede favorecer el desarrollo de lo que se denomina estrés crónico. Se trata de una enfermedad que surge a consecuencia de la tensión mantenida en diferentes ámbitos de la vida. Desde el punto de vista médico, se define como la activación prolongada del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS), con acumulación sostenida de dos hormonas en la sangre: la adrenalina y el cortisol.
Cualquier situación que genere malestar a nivel físico o mental hace que el cerebro reaccione percibiendo un peligro y libere adrenalina. Es entonces cuando las personas, advirtiendo dichas amenazas, deben actuar de una forma adecuada para resolver la situación estresante.
No obstante, no siempre es así, de modo que la adrenalina y el cortisol se acumulan de forma crónica, generando con ello diversos cambios perjudiciales en el organismo: taquicardia, hipertensión arterial, estreñimiento, inmunosupresión, alteraciones del sueño, etc. Trastornos que perjudican de forma notable la salud, y que en ocasiones pueden poner incluso la vida en riesgo.
Usos médicos de la adrenalina

Esta sustancia se sintetizó en un laboratorio por primera vez en la historia en el año 1904. En el ámbito médico se utiliza en situaciones de extrema gravedad, en las que la vida del paciente está en peligro.
Anafilaxia
Es habitual su uso en casos de anafilaxia, cuando el paciente sufre una reacción alérgica de carácter severo que puede comprometer la vía aérea y provocar colapso cardiovascular. La adrenalina es el tratamiento de primera línea en la anafilaxia, ya que revierte la broncoconstricción, reduce el edema de las mucosas y contrarresta la hipotensión.
Para las personas con alergias graves conocidas (a alimentos, picaduras de insectos, etc.), existen dispositivos de autoinyección de adrenalina (conocidos comercialmente como EpiPen, Jext o Altellus, entre otros). Estos autoinyectores permiten al paciente o a un acompañante administrar una dosis intramuscular de adrenalina de forma rápida y sencilla ante los primeros síntomas de una reacción anafiláctica, incluso fuera del entorno hospitalario. Su uso precoz puede ser determinante para salvar la vida del paciente.
Parada cardiorrespiratoria y arritmias
La epinefrina también se utiliza para hacer frente a paradas cardiorrespiratorias, siendo un fármaco esencial en los protocolos de reanimación cardiopulmonar avanzada (RCPA). Asimismo, se emplea para tratar diversos tipos de arritmias. Esta sustancia estimula en gran medida el corazón, aumentando así la frecuencia y la fuerza de contracción cardíaca.
Anestesia local
Otro de los usos más comunes de la adrenalina es en combinación con anestésicos locales como la lidocaína. La razón es que contrae los vasos sanguíneos de la zona mediante la activación de receptores α1, favoreciendo así una mayor duración del efecto de la anestesia y reduciendo el sangrado en el campo quirúrgico.
Exceso de adrenalina
Niveles excesivamente altos de adrenalina pueden llegar a ser perjudiciales para la salud, e incluso dar lugar a diferentes problemas médicos que requieren atención urgente. Una de las causas patológicas del exceso de adrenalina es el feocromocitoma, un tumor de la médula suprarrenal que produce cantidades excesivas de catecolaminas.
Las consecuencias más comunes del exceso de adrenalina son tres. Por un lado, la hipertensión arterial, especialmente peligrosa en personas adultas. Por otro lado, dolor de cabeza de gran intensidad (cefalea), que dificulta la capacidad tanto de concentración como de atención. Y, por último, aumento de la temperatura corporal.
Además de las consecuencias físicas, los picos de adrenalina pueden causar síntomas muy similares a los de un ataque de ansiedad: náuseas, temblores, insomnio, visión borrosa, palpitaciones y sensación de opresión torácica.
Actualmente son muchas las personas que permanecen muy activas durante todo el día, generalmente debido al exceso de tareas en el trabajo. Pues bien, es importante recordar que esta situación no es en absoluto saludable si se mantiene en el medio y largo plazo. El cuerpo necesita descansar, por lo que es importante prestar atención a cualquier tipo de señal que indique la necesidad de bajar el ritmo.
Síndrome de Pontius: adicción a la adrenalina

El denominado síndrome de Pontius se describe como una alteración del sistema nervioso central que inhibe la percepción normal del peligro. Es importante señalar que este síndrome no está reconocido oficialmente por las principales clasificaciones diagnósticas internacionales (DSM-5 ni CIE-11), por lo que su existencia como entidad clínica independiente es objeto de debate en la comunidad científica.
Según las descripciones disponibles, quienes presentan esta condición tienen una percepción del peligro alterada, de modo que llevan a cabo actividades extremas para experimentar sensaciones intensas, sin ser plenamente conscientes del riesgo que suponen.
Es por ello que a quienes presentan estas características también se les conoce como «buscadores de sensaciones» (sensation seekers), un concepto descrito por el psicólogo Marvin Zuckerman. No son conscientes del peligro al que se someten realizando las diversas actividades.
La razón que se propone es que tienen una necesidad biológica de liberar grandes cantidades de adrenalina. Se trataría de una condición relativamente rara asociada a una búsqueda compulsiva de estímulos intensos.
No hay que confundir a las personas que presentan estas características con las que practican deportes extremos. Y es que los deportistas son conscientes del peligro, de modo que toman todas las precauciones necesarias para minimizar los riesgos. En cambio, los individuos con esta alteración llevan a cabo sus actividades sin una evaluación adecuada del peligro que implican, de modo que no toman las precauciones necesarias.
Referencias
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Escrito por
Janire ManzanasPeriodista de salud
Universidad del País Vasco
Graduada en Marketing y Dirección de Empresas por la Universidad del País Vasco. Lleva más de cinco años dedicándose al periodismo digital de salud, lo que le ha permitido adquirir un profundo conocimiento de los temas más relevantes para los lectores.