El temor a las dioxinas y furanos
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Coincidiendo con la crisis de la cultura modernista, surge el convencimiento de que el progreso científico produce un riesgo cierto pero imprevisible. El hombre de nuestros días no sólo teme a las catástrofes naturales que la experiencia ancestral ha puesto ante sus ojos, teme también a las catástrofes científico-tecnológicas, que son el testimonio del peligro que encierran los adelantos científicos.
No duda que este nuevo temor puede concretarse en cualquier lugar y como consecuencia de cualquier producto o actividad. Tampoco acepta que la falta de pruebas, capaces de mostrar algún efecto perjudicial, sea suficiente para garantizar la inocuidad de los productos con los que debe convivir. Intuye la posibilidad de que estudios futuros serán capaces de demostrar lo contrario. Quizás sean las “dioxinas” y “furanos” los que mejor representan este tipo de temores difuminados.
Con el término “dioxinas / furanos” se conoce a un grupo de 210 compuestos orgánicos formados por hidrógeno, oxígeno, carbono y cloro de los cuales 75 son dibenzoparadioxinas cloradas y los 135 restantes son dibenzofuranos clorados. Todos ellos tienen una estructura molecular que se caracteriza por ser plana, debido a la unión de dos anillos aromáticos por dos átomos de oxígeno, en el caso de las dioxinas, y por uno, en el caso de los furanos. Estas moléculas aromáticas de tres ciclos tienen unas propiedades físicas y un comportamiento químico similar, aunque su toxicidad varía con el número de átomos de cloro que contiene la molécula y con la posición que ocupan.

Su elevada solubilidad en los lípidos y baja solubilidad en el agua da lugar a una acumulación de dioxinas/furanos en los tejidos grasos, propiedad que facilita su incorporación, por medio de la dieta, a los animales depredadores situados en los niveles superiores de la cadena trófica. La gran estabilidad química que tienen estos compuestos, permite que se mantengan en el ambiente durante periodos de tiempo muy prolongados, y la baja volatilidad justifica su presencia en la atmósfera, en el agua y en suelo.
Desde principios del siglo XX se sabe que estos compuestos son extremadamente tóxicos, y se consideró que no debían producirse a causa del elevado riesgo que encierran.
Las dioxinas/furanos no se han fabricado nunca de manera intencionada, excepto por motivos analíticos y para actividades de investigación. Están presentes en el medio debido a la actividad de la propia naturaleza, y como resultado no deseado de varios procesos industriales y actividades urbanas en los que se forman. Los problemas ocasionados por estos compuestos están muy relacionados con la formación de subproductos en los procesos de fabricación y con la gestión de los residuos.
Existe un grupo de compuestos, que fueron utilizados o que están siendo utilizados para distintas finalidades, entre cuyas impurezas aparecen dioxinas/furanos en cantidades extremadamente pequeñas. Así ocurre con el pentaclorofenol empleado para conservar la madera, con los fenoxiácidos clorados utilizados en la formulación de herbicidas y con fines bélicos en la Guerra del Vietnam, con los bifenilos clorados de los transformadores o con el insecticida llamado lindano. En otros procesos de fabricación de productos químicos se forman estos contaminantes, y su principal destino son las aguas residuales, como ocurre en el blanqueo de la pasta de papel con cloro, la fabricación de cloruro de vinilo o las industrias de níquel, magnesio o aluminio. La incineración, especialmente la de residuos, o ciertos procesos involucrados en la obtención de acero, son ejemplos de emisiones de dioxinas/furanos a la atmósfera. Asimismo, se encuentran cantidades significativas de estos contaminantes en los vertederos destinados a los residuos que se forman en este tipo de instalaciones.
La acumulación en suelos, sedimentos, materia orgánica o vertederos, junto a la persistencia de las dioxinas/furanos, hace que estos sistemas receptores del contaminante actúen como fuentes secundarias, debido a su capacidad de movilizarlos y redistribuirlos, contribuyendo a que se localicen en la mayor parte del planeta y puedan hacer sentir sus efectos a los diferentes organismos terrestres y marítimos.
A pesar de su ubicuidad y de los diferentes accidentes ocurridos, en los que ha habido una exposición de la población a niveles de dioxinas/furanos muy superiores, cien o mil veces mayores, a los habituales, no se ha producido ningún episodio que se pueda calificar como desastre o como grave, en términos de daños humanos. El riesgo que se percibe actualmente se debe a sus efectos nocivos a largo plazo.
Se han puesto en marcha numerosos programas de investigación destinados a identificar y cuantificar los procesos de generación, a medir las emisiones a la atmósfera y agua o las cantidades que acompañan a los residuos, a determinar las concentraciones en el medio ambiente, a conocer la concentración en los distintos alimentos que componen la dieta humana, a determinar los niveles de exposición de los individuos, al estudio de los aspectos toxicológicos y mecanismos de eliminación por parte del organismo humano y a perfeccionar los métodos de análisis y de control. Todos estos estudios son la base para determinar los riesgos, para establecer programas de prevención y para modificar la legislación que regula su formación y emisión.
Es probable que las dificultades que entrañan estas tareas, y el interés mostrado por los medios de comunicación, hayan contribuido a que se les conceda una importancia excesiva para unos, y a que se hayan creado situaciones de angustia, ante ciertas instalaciones a las que se han asociado y ante ciertos productos con los que se han relacionado, para otros.
Efectos sobre la salud humana
A pesar de su presencia ubicua en el medio ambiente, las dioxinas y furanos han demostrado tener efectos nocivos sobre la salud cuando la exposición supera ciertos umbrales. Los principales efectos documentados incluyen:
- Cloracné: una afección cutánea característica de la intoxicación aguda por dioxinas, que se manifiesta con lesiones acneiformes en la cara y el cuerpo.
- Alteraciones hepáticas: daño en la función del hígado, incluyendo hepatotoxicidad.
- Efectos sobre el sistema inmunitario: reducción de la capacidad de respuesta inmunitaria.
- Alteraciones endocrinas: las dioxinas actúan como disruptores endocrinos, interfiriendo con el sistema hormonal.
- Efectos sobre la reproducción: se han asociado con reducción de la fertilidad y alteraciones en el desarrollo fetal.
- Potencial carcinógeno: la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado la 2,3,7,8-TCDD (la dioxina más tóxica) como carcinógeno para el ser humano (Grupo 1).
¿Cómo reducir la exposición?
Las principales vías de exposición humana a las dioxinas son los alimentos, especialmente los de origen animal (carnes grasas, pescado, productos lácteos). Algunas medidas para minimizar la exposición incluyen:
- Reducir el consumo de grasas de origen animal, ya que las dioxinas se acumulan en el tejido graso.
- Mantener una dieta variada y equilibrada que incluya frutas, verduras y cereales.
- Consumir pescado de procedencia controlada, especialmente en zonas con contaminación conocida.
- Evitar la quema incontrolada de residuos, especialmente plásticos y materiales tratados.
Regulación y control
La Unión Europea ha establecido límites máximos de dioxinas y furanos en alimentos mediante el Reglamento (CE) n.º 1881/2006 y sus actualizaciones posteriores. La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) revisa periódicamente la evaluación del riesgo asociado a estos contaminantes.
En 2018, la EFSA estableció una ingesta semanal tolerable (IST) de 2 pg TEQ/kg de peso corporal, significativamente inferior a la establecida anteriormente. Esta revisión se basó en los efectos sobre la calidad del esperma como punto final más sensible.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud. Dioxinas y sus efectos en la salud humana. who.int
- EFSA. Risk for animal and human health related to the presence of dioxins and dioxin-like PCBs in feed and food. EFSA Journal. 2018;16(11):5333.
- IARC. Polychlorinated dibenzo-para-dioxins and polychlorinated dibenzofurans. IARC Monographs. 1997;69.
- Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). aesan.gob.es

Escrito por
Gabriel GinerEditor
Fundador y editor de eSalud. Apasionado de la salud digital y la divulgación sanitaria, dirige el proyecto editorial desde sus inicios con el compromiso de acercar la información de salud a todos los lectores.