Discopatía degenerativa: qué es y cómo tratarla
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Las patologías de la columna vertebral pueden resultar muy limitantes para quienes las padecen. Desde molestias leves hasta dolores intensos y persistentes, estas afecciones repercuten de forma significativa en la calidad de vida, tal y como ocurre con la discopatía degenerativa.
Si sospechas que podrías padecer discopatía degenerativa o presentas factores de riesgo para desarrollarla, en este artículo encontrarás información sobre sus causas, síntomas, diagnóstico y opciones de tratamiento.
Qué es la discopatía degenerativa
La discopatía degenerativa es una afección que se produce por el desgaste progresivo de los discos intervertebrales de la columna vertebral. Estos discos actúan como amortiguadores entre las vértebras, facilitando la movilidad y absorbiendo los impactos durante el movimiento.
Con el paso del tiempo, los discos pierden hidratación y elasticidad, lo que provoca una pérdida de sus propiedades biomecánicas. Como consecuencia, se produce un acercamiento progresivo entre las vértebras que puede comprometer las raíces nerviosas que discurren a lo largo de la columna vertebral (1).
En algunos casos, la afección afecta inicialmente a un número reducido de discos intervertebrales, aunque con el avance de la enfermedad puede extenderse a segmentos más amplios. La evolución dependerá en gran medida de las características individuales de cada paciente.
Actividades cotidianas como correr o caminar pueden convertirse en una fuente importante de molestias debido a la disminución de la capacidad de los discos para amortiguar el impacto generado durante el movimiento (2).
Síntomas
Los síntomas de la discopatía degenerativa suelen manifestarse principalmente en la zona cervical y la región lumbar, aunque su localización dependerá del nivel vertebral en el que se encuentren los discos afectados. Los síntomas más frecuentes son (3):
- Dolor de intensidad variable, de carácter intermitente, con una duración que puede oscilar entre días y meses.
- Adormecimiento y hormigueo en las extremidades.
- Dolor en la parte baja de la espalda, con posible irradiación hacia muslos y glúteos.
- Dolor al levantar peso, girar el tronco o inclinarse.
- Dolor que disminuye al cambiar de postura con frecuencia.
- Dolor que se agrava al permanecer sentado durante períodos prolongados.
- Dolor incapacitante y persistente.
- Debilidad muscular en pies y piernas.
- Dolor que mejora al caminar o al realizar movimientos suaves y progresivos.
- Dolor cervical que se irradia desde el cuello hasta el brazo y las manos.

A quién acudir para un diagnóstico
Para obtener un diagnóstico adecuado ante la sospecha de discopatía degenerativa, es recomendable acudir a un traumatólogo o a un especialista en cirugía ortopédica y traumatología. Estos profesionales están especializados en el diagnóstico y tratamiento de las afecciones del aparato locomotor, incluidas las patologías de la columna vertebral.
Diagnóstico
El diagnóstico de la discopatía degenerativa comienza con una exploración física detallada de la espalda, el cuello y las extremidades. El especialista evaluará la flexibilidad de la columna, el rango de movimiento y buscará signos de afectación de las raíces nerviosas causada por cambios degenerativos en los discos intervertebrales (4).
La exploración incluye también una valoración de los reflejos osteotendinosos y la fuerza muscular, con el fin de comprobar que funcionan con normalidad. Además, el profesional puede solicitar al paciente que señale en qué zonas del cuerpo se manifiestan síntomas como dolor, entumecimiento, hormigueo o debilidad.
Asimismo, pueden ser necesarias pruebas de imagen complementarias como una resonancia magnética o una radiografía para estudiar con mayor detalle el estado de la columna vertebral y confirmar el diagnóstico (5).
Causas de la discopatía degenerativa
Las causas de la discopatía degenerativa no se limitan al envejecimiento natural. Existen diversos factores que pueden acelerar su aparición y que, aunque parezcan poco significativos al principio, constituyen indicios de un posible desarrollo futuro de esta patología (1, 6):
- Lesiones discales: los traumatismos en el disco intervertebral pueden desencadenar el proceso degenerativo. Las lesiones que provocan inestabilidad e inflamación del disco favorecen la aparición de este trastorno.
- Alteraciones vasculares: el aporte sanguíneo en la zona de la columna vertebral es limitado en comparación con otras regiones del cuerpo. Un flujo sanguíneo insuficiente dificulta la correcta nutrición y regeneración de los discos intervertebrales, contribuyendo a su deterioro.
- Deshidratación del disco intervertebral: con el envejecimiento, los discos intervertebrales pierden contenido acuoso de forma progresiva, lo que reduce su capacidad de amortiguación durante los movimientos cotidianos.
- Actividades de alto impacto: la realización de actividades cotidianas que impliquen sobrecarga o la práctica de deportes de alto impacto sobre la columna vertebral pueden favorecer el desarrollo de discopatía degenerativa, especialmente en la zona lumbar.
Otros factores asociados a esta patología son el sobrepeso, el sedentarismo y la manipulación habitual de cargas pesadas en el ámbito laboral.

Prevención
Existen diversas medidas que pueden contribuir a prevenir o retrasar la aparición de la discopatía degenerativa (7):
- Alimentación equilibrada: el consumo de alimentos ricos en vitaminas y minerales, especialmente calcio y vitamina D, contribuye a fortalecer las estructuras de la columna vertebral y reduce el riesgo de degeneración discal.
- Estilo de vida saludable: mantener un estilo de vida activo, evitar el tabaquismo y moderar el consumo de alcohol son factores protectores frente a esta patología.
- Ejercicio físico regular: realizar ejercicios que fortalezcan la musculatura paravertebral y del core ayuda a proteger la columna. Además, una buena rutina de hábitos saludables contribuye a mantener un peso adecuado y a prevenir el sobrepeso y la obesidad.
- Gestión del estrés y la ansiedad: mantener un buen equilibrio emocional puede ayudar a reducir la tensión muscular en la zona paravertebral. En situaciones de estrés, los músculos cercanos a la columna tienden a contraerse de forma sostenida, lo que puede acelerar el desgaste de los discos intervertebrales.
Es recomendable también evitar las sobrecargas y los impactos de alta intensidad sobre la columna vertebral, así como adoptar una correcta higiene postural en las actividades diarias.
Tratamiento
Dado que cada caso de discopatía degenerativa debe ser evaluado de forma individualizada por un especialista, será este quien determine el tratamiento más adecuado tras el correspondiente diagnóstico. El objetivo principal del tratamiento es aliviar el dolor y mejorar la funcionalidad del paciente (8).
Entre las principales estrategias terapéuticas se encuentran las rutinas de ejercicio terapéutico dirigidas a tonificar y fortalecer la musculatura, así como a mejorar la flexibilidad de las estructuras que rodean la columna vertebral.
El ejercicio regular permite mejorar el flujo sanguíneo en la zona, lo que contribuye a nutrir y oxigenar las articulaciones y los músculos. Además, favorece la reducción de la inflamación asociada a esta patología.
En función de la gravedad del caso, el tratamiento de la discopatía degenerativa puede incluir las siguientes medidas (8, 9):
- Fisioterapia y rehabilitación.
- Administración de analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos (AINE).
- Terapias de aplicación de calor y frío (termoterapia y crioterapia).
- Movilización y manipulación espinal.
En los casos más graves o que no responden al tratamiento conservador, puede valorarse la intervención quirúrgica, que incluye opciones como el reemplazo del disco intervertebral afectado mediante una prótesis o la fusión vertebral (artrodesis) (10).
Referencias
- Battié, M. C., & Joshi, A. B. (2020). Degenerative disc disease: what is in a name? Spine, 45(24), E1676-E1680.
- Adams, M. A., & Roughley, P. J. (2006). What is intervertebral disc degeneration, and what causes it? Spine, 31(18), 2151-2161.
- Luoma, K., et al. (2000). Low back pain in relation to lumbar disc degeneration. Spine, 25(4), 487-492.
- Cheung, K. M., et al. (2009). Prevalence and pattern of lumbar magnetic resonance imaging changes in a population study of one thousand forty-three individuals. Spine, 34(9), 934-940.
- Defined Group (2007). Diagnosis of lumbar disc disease. European Spine Journal, 16(Suppl 3), S305-S311.
- Vergroesen, P. P., et al. (2015). Mechanics and biology in intervertebral disc degeneration: a vicious circle. Osteoarthritis and Cartilage, 23(7), 1057-1070.
- Shiri, R., et al. (2010). The association between smoking and low back pain: a meta-analysis. The American Journal of Medicine, 123(1), 87.e7-87.e35.
- Biyani, A., & Andersson, G. B. (2004). Low back pain: pathophysiology and management. Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons, 12(2), 106-115.
- MedlinePlus. Degeneración de los discos intervertebrales. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000437.htm
- Phillips, F. M., et al. (2013). Lumbar spine fusion for chronic low back pain due to degenerative disc disease. Spine, 38(7), E409-E422.

Escrito por
Rafael AragónPsicólogo clínico
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud
Universidad de Valencia
Psicólogo clínico y psicoterapeuta. Licenciado en Psicología por la Universidad de Valencia y con máster en Psicología Clínica y de la Salud. Contribuye con artículos basados en la evidencia científica y su experiencia clínica.